40 años de “Friday the 13th” y el horror en el campamento

Por Martín Imer


Cinemateca Uruguaya recuerda este viernes 13 de marzo el aniversario de una de las películas más importantes del cine de terror, que dio inicio a una larga y exitosa saga.

En la actualidad el subgénero del Slasher es ampliamente conocido por el espectador, ya que abundan las opciones en el mercado: cada año vemos desfilar por las salas la nueva entrega de la saga del asesino de turno o alguna masacre particular, con generosos detalles gráficos de cada muerte y algún mínimo espacio para lo que se puede llamar trama, generalmente una mera excusa para justificar las atrocidades expuestas en la pantalla grande. Sin embargo, esto era altamente inusual a fines de los ’70, ya que las películas que osaban exhibir tanta violencia generalmente eran marginadas a pocas salas, con un público muy limitado. Se dice que el Slasher lo comenzó Psicosis de Alfred Hitchcock, película que me cuesta asociarla a esta categoría ya que transcurre principalmente por los carriles del suspenso, aunque lo terminó de definir el hit que fue Noche de brujas en 1978. Es cierto que se hicieron otros films previos los cuales también sentaron las bases de lo que conocemos hoy pero tal vez ninguno logró en su momento el enorme éxito que tuvo la cinta de John Carpenter, recaudando 70 millones de dólares en su estreno original a partir de un presupuesto de tan solo U$S 300.000.

Por supuesto que después de este suceso los productores en Hollywood estaban ansiosos por explotar esta especie de sed de sangre que había mostrado el público, por lo que en 1980 llegó Friday the 13th a las salas de Estados Unidos. Debo aclarar, primeramente, que en esta nota me manejaré por el título en inglés de la película ya que generalmente se la conoce con dos nombres: Martes 13 (aquí se la llamó así) o Viernes 13, cambio que respondía únicamente a la tradición local del lugar en donde se estrenase — por todo eso del día de la mala suerte. En segundo lugar, también dejar las cosas claras: no se trata de ninguna obra genial ni de un trabajo de autor, algo que uno puede notar tan solo con ver los créditos. Fue dirigida por Sean S. Cunningham, director menor cuyo único film importante fue este (aunque como productor también tiene en su curriculum La última casa a la izquierda, polémico film de Wes Craven) y escrita por Victor Miller, guionista que tampoco logró destacarse más allá de este trabajo.

La película empieza en 1958, con el cruel asesinato de unos adolescentes aparentemente normales y felices en el campamento de Crystal Lake. Luego de esta breve escena tenemos una primera imagen icónica: el título de la película aparece en pantalla, en un principio muy pequeño, para ir acercándose más y más de forma tan rápida que rompe un vidrio. Tamaña introducción sirve para mostrar que definitivamente aquí no se irá por el carril de la sutileza, además de anticipar uno de los sustos más duraderos de toda la saga. Luego de esto, se supone que pasamos a la actualidad – para la época – y conocemos a través de algunos diálogos que el actual dueño del campamento está preparando todo para volver a abrir el sitio, trabajando allí junto a unos adolescentes. Los vecinos se muestran bastante alterados ante la idea e intentan advertir a los jóvenes de que no sigan con el plan, ya que en el pasado ocurrieron hechos terribles cuando estaba funcionando el lugar, como por ejemplo la muerte de un niño, Jason, el cual se ahogó en el lago ya que los cuidadores estaban distraídos. Sin embargo, los chicos no hacen caso y siguen adelante, sin saber que experimentarán una noche de puro terror debido a la presencia de alguien que comienza a asesinarlos uno por uno.

Como pueden leer, una premisa de lo más sencilla y actualmente sobreexplotada, pero que no se había hecho tanto en esa época ni había llegado a un público tan grande, gracias a la distribución del estudio Paramount. Friday the 13th, estrenada en Estados Unidos el 9 de mayo de 1980 (y no un Viernes 13, como podría uno imaginarse), fue un rotundo éxito desde el primer momento, recaudando en su primer fin de semana más de 5 millones de dólares con un presupuesto de U$S 550.000. Todo parece repetir la hazaña de Noche de brujas, aunque hay una diferencia clave: mientras la de Carpenter tuvo una decente recepción crítica en su momento (la cual fue creciendo con los años), a la de Cunningham se la destrozó sin piedad en su estreno y si bien actualmente se la considera un clásico de culto tampoco tiene tan buena reputación artística. Y si uno las compara, las diferencias son claras: la película que presentaba a Michael Myers tenía refinación visual, precisión narrativa y un estupendo manejo del suspenso, producto de un artesano en estado de gracia, mientras aquí… no existe nada de eso.


Friday the 13th es una película despareja, de continuo acierto y error. La fotografía no tiene grandes destaques, el montaje es bastante flojo (hay situaciones enteras que podrían pulirse o directamente sacarse), las actuaciones son de lo más olvidables y la dirección sin dudas no apuesta al virtuosismo, contentándose con que las cosas se vean y el asunto avance, aunque de una forma bastante plana que impide que la tensión se mantenga en las escenas, alternando crímenes brutales y algún momento de suspenso particular con situaciones totalmente banales. Sin embargo, todos esos puntos que definitivamente la perjudican se ven algo compensados por los elementos que realmente funcionan, como por ejemplo la existencia de un misterio sobre la figura del asesino. Si bien esto fue replicado en alguna otra secuela, hay que decir que aquí tiene un muy buen efecto, ya que durante una gran parte del film solo vemos de espalda a la persona que comete estos crímenes, resultando una imagen bastante inquietante — especialmente cuando simplemente aparece en pantalla para observar a la distancia a esos adolescentes, acechando a sus futuras víctimas. Resulta ingenioso también (aunque muy inverosímil) el ya famoso giro final en donde se revela que la figura malvada es la madre de ese niño ahogado, la señora Vorhees, la cual enloqueció por la muerte de su hijo y pretende matar a cada persona que intente volver a hacer funcionar el campamento. Es particularmente interesante en un primer visionado, ya que el hecho de no saber por qué están pasando esas cosas sin dudas engancha, y debido a que casi todas las otras películas están protagonizadas por Jason es fácil para muchos olvidarse de esta vuelta de tuerca, algo que incluso fue reconocido en la mítica escena inicial de Scream – vigila quien llama. No hay que dejar de destacar tampoco la buena labor en el maquillaje de Tom Savini, un trabajo que incluso a día de hoy sigue resultando impactante (la muerte de Kevin Bacon y el hachazo a la cara de Marcie Stanler se destacan como dos situaciones particularmente desagradables de ver).

Hay otros elementos que pasaron a convertirse en un clásico, como la acertada banda sonora de Harry Manfredini (el tema principal aún hoy pone los pelos de punta, mientras que el de los créditos es insólito para un film de este estilo) y por supuesto el otro giro final en el que se muestra a Jason, en esta oportunidad como un niño deforme saliendo del agua para espantar tanto a la protagonista como al público, un jumpscare que incluso algunos involucrados han admitido que fue inspirado – o robado, diría yo – de Carrie – extraño presentimiento. Se puede justificar que el elemento sobrenatural está presente en algún otro punto de la película, pero no deja de ser un momento sin sentido que terminó sentando las bases de lo que sería una de las franquicias de terror más populares de la historia. En Friday the 13th – parte 2, estrenada un año después, aparecería ese chico para vengar la muerte de su amada madre, aunque esta vez como un enorme hombre lleno de violencia. Y así seguirían: hasta el día de hoy tenemos 10 películas de la saga, un crossover entre Jason y el también icónico Freddy Krueger, y un reboot estrenado en 2009, el cual marcó la última aparición del asesino en pantalla grande debido a complicados asuntos legales que aún no se resuelven. Tal vez todo el peso de la saga y su popularidad le dan más importancia a la original y es lo que hace que sea tan recordada, ya que luego de 40 años todavía sigue siendo una de las producciones más queridas del género.


 

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