Adueñarse del alma de la gente. Entrevista con el actor Pepe Vázquez

Éste viernes se estrenó la obra “Y tendrá tus ojos”, de Pepe Vázquez, con dirección de Iván Solarich. Las funciones son 13, 14, 19, 20, 21 de abril, a las 20:30 horas, en la Sala Delmira Agustini del Teatro Solís. Pepe Vázquez contó a Granizo cómo vive este estreno y recordó distintos momentos de su largo camino en el teatro.


Por Mauricio Rodríguez

La obra se presenta así:

“Quiere ser una caricia al alma, un encuentro con lo mejor de nosotros seres humanos: la poesía. Poesía de siempre y poesía de ahora, pero también canto, música y anécdotas. Retazos de vida ya transitados. Espectáculo de cercanía, ameno y plácido. Sin control del tiempo ni de las emociones. Eso sí. Con la pretensión de lograr un espectáculo entrañable. “Y tendrá tus ojos” es un encuentro poético musical. Encuentro porque invita a la cercanía, la intimidad, la empatía entre artistas y público, para juntos disfrutar de la poesía, la música, algunas canciones y también relatos. Poesía de siempre y también de la nuestra, como las canciones y las anécdotas, propias y reconocibles. Una propuesta sujeta al delgado y firme hilo de la sensibilidad, que juega al drama, el placer, y la risa de la vida misma.

FICHA TÉCNICA:

Autor: Pepe Vázquez

Dirección: Iván Solarich

Elenco:

Pepe Vázquez

Bettina Mondino

Mariano Solarich

Dirección musical: Mario Villagrán

Producción: MORENO Producciones

Espacio escénico y vestuario: Felipe Maqueira

Diseño gráfico: Alejandro Persichetti

Realización audiovisual: Tatiana Burgos

Comunicación: INTO prod.

¿Cómo vivís una vez más subirte a un escenario?

El día que lo deje de vivir con nervios, no sé … Nervios no es miedo, tiene que ver con la responsabilidad. Supongo que es lo mismo que debe sentir un jugador de fútbol frente a un partido muy importante, siempre pensando en lo que viene. Te jugás la vida, eso es lo que yo siento. Por eso estoy en actividad, el día que no sienta eso, veremos… Estoy cerca (Risas).

¿Pensás cada tanto en el retiro?

No, porque estoy con la cabeza bien. Estoy de bastón, ya el físico empezó a decir basta en algunas partes, ¿viste? Si la biología dice que no, bueno, es otra historia. Pero además siempre hay papeles para viejos, y es mejor que los viejos hagamos papeles de viejos. Nos salen mejor y hay que hacer menos esfuerzo (Risas).

¿Qué tiene que tener una obra para que vos digas “quiero hacerla”?

Ése es un tema que me gusta, ¿ves? La responsabilidad y el contenido. Cuando digo contenido, no me refiero a política. En una época siempre se pensaba en la política cuando se hablaba de contenido. La política por añadidura siempre, de acuerdo al momento en que ocurra la acción, lo que pasa, si te interesa, etc. Bueno, lo que tiene que tener es contenido. Hay un librito de una escritora que escribió hace años, que fue profesora de literatura, Laura Escalante. Escribió sobre su experiencia en el teatro y decía que cada vez que había una función, cuando hacíamos una función con el elenco que ella dirigía, miraba por una cortinita al público en silencio, atendiendo. Y escribió: “yo sentía que por una hora, hora y media, nos adueñábamos del alma de la gente”. La escena es bellísima. Pero entraña una enorme responsabilidad porque Hitler también se adueñó del alma del pueblo alemán. Entonces hay que ver de qué cosa le habla uno a la gente, hasta con qué la va a hacer reír, ¿cómo la voy a hacer reír? Por ejemplo, cuando hacés reír con una mirada. Porque el humor no es una acumulación de chistes, es una mirada.

A veces se puede hacer humor sin hacer un chiste...

Sí, exacto. Nada. No hacés chistes. Por ejemplo, en “Paciencia y pan criollo”, que es un espectáculo que yo lo vengo haciendo hace un año y medio, hay un momento en que recuerdo historias de mi vida. Un día fui al Anglo  a ver un ensayo  que Susana Anselmi, una actriz muy amiga, me dijo que fuera. Después charlamos con otros amigos que había del mundo del teatro. Nos despedimos, yo volvía para casa, y me tomé un taxi. Me subo, y conducía un hombre  viejo, no tanto como yo, que me reconoce. Y me dijo así “¿usted es usted?”. Y yo le dije “sí, yo soy yo. Y, ¿usted es usted?” (Risas). No recordaba mi nombre. Se fue insultando todo el viaje, “¿cómo es posible que yo no me acuerde de usted?”, repetía. Cuando llegamos a mi casa, le pago, voy subiendo las escalinatas y me dice “¡yá se quién es usted! ¡Usted es Pepe Viñas!” (Risas)

¿Cuáles de tus personajes recordás particularmente?

Bueno, en la televisión, al haber trabajado tantos años, sobre todo en la época en estuvimos con Jorge Sheck en el 12 … (Piensa). Él cuidaba mucho los programas, ahí hicimos cosas que yo recuerdo mucho. Por ejemplo me divertí mucho una vez porque se nos ocurrió que yo imitara a Damiani padre. Yo no sé imitar, a veces me sale un poco,  pero no soy Dieguito Delgrossi, que es un capo, Bueno, pero me vistieron como él, me pusieron una peluca, la cara roja, y de pronto me empecé a parecer. Cuando me vi, ayudó. Y yo veía televisión nacional en ese momento, ya no. Diego Delgrossi hacía del loro de Damiani,  la idea era que yo dialogaba con el loro. A él lo vistieron de loro y en otro estudio, frente a unas alfombras verdes, donde hacían la combinación de imágenes y por micrófonos, hacíamos el diálogo. Separados por cortinas. Eso me divertía, si bien yo no me reía, pero me divertía hacerlo. Cuando todavía no era a color la televisión empezamos a hacer un personaje que Jorge había escrito en la revista Lunes del diario El País. El “Flaco Cleanto”. Yo no estaba en el elenco, y un día se le ocurrió un personaje que fuera el novio de la Ulalume, que era bastante afeminado, y hablaba con la  zeta. Muy divertido. Pero eran santidades las que hacíamos comparadas a la locura que es ahora, el desbarranque mundial en todo el planeta (Risas).

¿Cómo ha cambiado, si es que ha cambiado, el público uruguayo?

El teatro siempre mantiene un público cautivo. Cuando hay grandes éxitos, como fue cuando hicimos con Julito Calcagno “Aeroplanos”, ahí veías gente que no va habitualmente al teatro, porque fue un éxito salido de madre. Durante un año y medio agotamos las salas, y no es porque la sala hubiera sido chica o grande, es porque la gente se volvió loca con la obra. Es una obra que le toca a todo el mundo. Lo que nos costó fue trabajarla sensiblemente, los tiempos, etc. Para nosotros era continuar nuestra vida privada, nuestra historia personal de amistad con Julio. Somos como hermanos, eso fue inolvidable, entrañable …

¿Cómo vivís ésta obra que estás presentando, que además es tuya?

Hace años quería hacer un espectáculo así. Y dije “no se lo puedo pedir a nadie, porque explicarlo, etc”, entonces la empecé a hacer. Lo escribí, lo armé. Pensando en mí y en alguien que cantara, yo no canto, y había pensado en Betina, que es una cantante excepcional. Y una actriz excepcional, es completísima. Y además en un pianista y un director, porque no me gusta trabajar sin que me dirijan. Entonces lo llamé a Iván. Lo conozco desde niño y hacía años que veníamos coqueteando con hacer algo. Lo llamé, fue a casa, le leí el plan, el proyecto, algunas cosas que ya tenía escritas, y le encantó. “Vamos a hacerla”, dijo, y se fue. Esa noche estuve desvelado y pensé “yo no puedo estar solo en un escenario”. Que ella cante, ¿y yo qué? Si no me puedo mover, incluso la obra la hago con bastón Bueno, hay un momento en el que bailo murga, pero no puedo andar caminando de piernas abiertas y agachado como en una murga. Entonces al otro día fueron dos amigas actrices a verme a casa y conté esto que te digo y me dicen “¿por qué no invitas al hijo de Iván, a Mariano?” Mariano es actor, y no sabés las condiciones que tiene, cómo canta, cómo se mueve. Entonces hablé con Iván y ese joven, ese hijo de Iván es un vaso de agua, tiene 26 años, y es de una pureza en el trato. Se parece mucho a como es Iván, y se generó una gran empatía con el proyecto, estamos todos locos de felicidad. Yo quería que fuera como una caricia éste espectáculo. Y me han dicho esa palabra. Que uno se siente acariciado por este espectáculo. Estoy contento. Soy feliz.

 


 

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