Andrea Bertino, comediante: “Somos mucho menos pacatos y aburridos de lo que pensamos”

Ha trabajado como secretaria, coordinadora de servicios, asistente en empresas de software y ejecutiva de cuentas. También hizo ventas telefónicas y telemarketing. Domina perfectamente el inglés y ha hecho algunas traducciones. Habla, algo menos, italiano y portugués. Es egresada del curso de locución profesional en Taller de Radio “Mediarte” y ha hecho trabajos como guionista, productora y conductora radial. Escribe notas sobre actualidad en el semanario Voces y en su blog bonsaidecebra.tumblr.com. Un día, en 2012, una amiga le comentó que había un concurso de stand up amateur al que debería inscribirse. Al principio se negó. Pero finalmente se anotó, lo ganó y entonces no se bajó más de los escenarios. Ha realizado más de 500 shows de stand up en diferentes boliches, pubs, eventos y parrilladas de Montevideo y Buenos Aires.

¿Por qué y cómo empezás a hacer stand up?

De manera totalmente casual, sin buscarlo. Una amiga, a la que le estaré eternamente agradecida, un día paso por la puerta de un boliche y vio un afiche de un concurso de stand up amateur (Dalí pub). Llegó al trabajo y me lo comentó, me dijo que me tenía que anotar y le dije que no. Justifiqué mi negativa en que yo jamás me había parado en un escenario ni había hablado en público. Más allá de que yo no era vergonzosa, sino todo lo contrario, pero no tenía ningún tipo de formación en nada que tuviera que ver con comedia, teatro o artes. Ella insistió en que era algo amateur y que justamente por eso debía anotarme. Le seguí diciendo que no. No porque no me animara, sino porque jamás me gustó hacer las cosas de forma improvisada, fiel a mi perfeccionismo crónico. Pasaron unos meses y ella siguió insistiendo. Hasta que un día, antes que cerraran las inscripciones para ese concurso, le hice caso. Luego de hablarlo con ella y algunas personas más. me anoté. Siendo sincera, no tenía mucha expectativa. Yo sabía que no tenía ninguna formación, más allá de que escribía textos de humor desde hacia años. Pero los escribía para mí y que hasta el día de hoy nadie los vio. Y creo que no los van a ver (risas). Con pasar la primera ronda del concurso y no hacer papelones ya me bastaba. Eran tres rondas y la final. En esas tres rondas el boliche estuvo lleno de amigos y familiares. Si siempre he tenido una cualidad para algo, es para rodearme de seres maravillosos. Llegué a la final y gané el concurso. Ahí pensé que quizá no era tan mala tratando de hacer reír. Me propuse capacitarme y al mes de eso empecé a estudiar comedia. Y me enamoré por completo de esta profesión.

¿Qué es el humor para vos?

En ese momento estudiaba Psicología. Una carrera que básicamente te enseña a ayudar a los demás. Y me di cuenta que mi vida no estaba en una Facultad sino arriba de un escenario tratando de hacer reír. Tratando de ayudar a los demás. Tratando de ayudarme a mí misma a entender el horror del mundo a través del humor. De pura casualidad y por insistencia de esa amiga, a la que le voy a estar eternamente agradecida, descubrí que era lo que realmente quería hacer el resto de mi vida. El humor es mi manera de entender el mundo.

Teniendo en cuenta eso, en tu vida personal. ¿qué lugar le das al humor?

Es uno de mis pilares, es como me tomo la vida luego que decodifico lo que me pasó. A veces hay ciertos preconceptos de que los comediantes nos reímos de todo, todo nos causa gracia y todo es un chiste. Pues no. Al revés, somos críticos, observadores, analíticos. Y por eso sufrimos mucho. El comediante es un payaso triste. Nos pasan las mismas cosas, nos enojamos, indignamos, ofuscamos. Y luego que eso se procesó y pasó, hacemos humor con eso. El humor ocupa el lugar de ser una herramienta para entender lo malo, lo feo, el espanto. Con mis amigas, mi familia, mi pareja; el humor es el centro. Me rodeo de personas con sentido del humor, más allá que le guste lo que hago o no, estamos en sintonía. Es una de las patas que sostienen mis vínculos, el poder reírme con quien amo.

¿Qué lugar consideras que ocupa el humor en la sociedad uruguaya? ¿Debería ocupar otro distinto al que se le da?

Somos mucho menos pacatos y “aburridos” de lo que pensamos. Nos hemos autodenominado como distantes y grises en cuanto al humor y mi experiencia es todo lo contrario. A lo largo de los años nos hemos ido soltando, animando y siendo menos estructurados. No somos ni aburridos ni grises, pero no todo nos hace reír. Hay estilos que aún cuestan ser entendidos y hay mucho camino por recorrer. El humor negro aún es resistido, aunque cada vez menos. Si sos mujer también tenes que demostrar aún más que podés ser mujer y ser graciosa. En algunas cosas seguimos siendo un poco conservadores, pero no somos todo lo grises que nos creemos que somos. No hay humor en la tele, no existen los programas de humor. En los 80 y 90 habían referentes en la tele que hacían humor; eso tendió a desaparecer. No hay demasiado interés en producir humor en la tele; y quizá los proyectos que se presentan no son del todo convincentes, creo que nosotros (los comediantes) debemos también hacer un mea culpa y asumir que quizá no presentamos muchos proyectos. El humor se sigue asociando casi que en exclusivo al Carnaval (cosa que no está mal) pero deberíamos ampliar un poco más ese espacio y esa difusión a otras disciplinas.

A propósito de los medios, ¿qué humoristas destacas (de acá, de allá y de otros tiempos) y por qué?

George Carlin. Es brillante, baja línea política y social siempre, trata temas con los que nadie se mete, es ácido. Es todo. Robin Williams fue el mejor, el más completo. De por estos lados me gusta mucho Noelia Custodio (argentina), es feminista, fuerte, hace humor negro, es clara y dura. Me gusta también Federico Simonetti (argentino); logra que, aunque no vivas lo que desarrolla (por ejemplo, el drama de viajar en subte para un montevideano es algo desconocido) sientas lo que dice, logra la identificación (una de las bases del humor) aunque no te pase lo que cuenta. De Uruguay me gustan Laura Falero, Diego Vignolo, Nicolás Duarte, María Rosa Oña, Santiago Reyes. Me parecen referentes, gente que hace muchísimo la rema y desarrolla un humor no tan cliché, no tan a lo seguro.

¿Cómo fue tu primer show, con el que te iniciaste en este camino?

Fue en Mess Bar y había tal diluvio que había unas 18 personas (un promedio para un show de stand up son entre 40 y 50) de las cuales ocho eran compañeros míos de trabajo. Estaba nerviosísima, pero salió lindo. Esa adrenalina no se perdió. El día que se pierda, no me subo más.

A propósito de eso, ¿qué experimentas al subir al escenario?

Ansiedad, nervios, adrenalina, amor, placer. Es único hacer reír. No desde el ego de “soy un genio”, sino desde el amor de darle a otro otra visión de algo. Es una herramienta de pensamiento, de revisión de paradigmas, de pateada de tablero.

¿De qué nutrís a la hora de armar tus textos?

De lo que veo. El comediante como tal debe ser observador, si no ves lo que pasa a tu alrededor no podés escribir humor. Eso es un poco riesgoso porque todo el tiempo te estás dando como cuenta de todo lo que pasa; estar “colgado” no es muy viable, en mí por lo menos. Empecé a hacer comedia en el peor momento de mi vida, sola, triste y enojada. Me agarré de la comedia, de hacer reír, de mostrar mi miseria; como un pasamanos para sentirme un poco mejor. Siempre escribí comedia desde la oscuridad, desde la más profunda tristeza me reía de lo que me rodeaba para mantenerme cuerda. Hoy esa oscuridad pasó. Mi presente es la antítesis a esos años de pena. Me siento bien, calmada, feliz, amada, enérgica y estoy aprendiendo a escribir humor desde otro lado, ya no desde la tristeza sino desde quizá el enojo o la ironía.

¿Cómo ves el escenario del stand up en Uruguay, que notoriamente ha crecido exponencialmente?

La remamos mucho, muchísimo. Desde antes de que yo empezara. Yo arranqué en el 2012 y ya venía creciendo la movida. Realmente te puedo decir con propiedad que creció porque le hemos puesto un ímpetu increíble. Creció y como todo crecimiento, dolió. Hace unos años eran casi todos amigos, ahora ya no. Pero está bien, es lo normal y lo natural. Era necesaria la bifurcación. Hay shows de todo tipo: de humor negro, feministas, machistas, clichés, copiados, originales, bien armados, mal armados, productores que aman la comedia y otros que solo quieren hacer dinero, comediantes vocacionales y comediantes que determinan su éxito en la cantidad de reproducciones que tienen sus videos; hay de todo para todos los gustos. Pero el denominador común es uno: amor por la comedia.

¿Qué fue lo mejor y lo peor que te sucedió sobre el escenario?

Lo mejor fue al bajarme en un show en Mess. Se me acercó una señora y me agradeció por las risas. Me dijo que tenía a su hermana internada muy grave y que en el rato que duró el show se olvidó de todo. Me dio alivio. Y lo peor fue en un show en Carrasco, evento de fin de año (para una marca de cosméticos muy cara y muy conocida) en donde toda la mesa que estaba bien delante de donde actuaba (eran una mesa de cinco chicas) se durmieron. Era tarde, supongo que habrían tomando y fueron cayendo de a una… Evidentemente no les gustó lo que hacía (risas).

¿Hay asuntos que sobre el escenario preferís no abordar? Humor negro o político, por ejemplo. ¿O no hay límites en eso?

El humor no debe tener límites, se puede hacer humor con todo. Depende de los límites de cada uno con lo que se pueda hacer humor. El humor negro es lo mejor, tenes que ser más sutil, hacer algo de mejor calidad, más pulido. Saber ver dónde lo hacés y cómo lo hacés. Pero límites impuestos y preestablecidos no deberían haber. Yo no hago humor (porque no me nace, no porque “moralmente” esté mal) con cosas que tengan que ver con el sufrimientos de los animales o el maltrato, es algo que me supera.

Has tenido oportunidad de actuar en Buenos Aires. ¿Qué diferencias hay (si las hay) entre el público argentino y el uruguayo?

Actué varias veces en Buenos Aires. Ellos son geniales con nosotros, muy generosos, hace mucho más tiempo que consumen humor del tipo stand up. A diferencia de lo que pensamos (los porteños sobre todo son muy efusivos y alegres) no es un público fiestero que te festeje todo; al revés. Hace tanto que ven comedia que viene medio eso de “haceme reír”. Han visto todo, es más difícil hacerlos reír. Acá es más novedoso aún.

También has incursionado en escribir artículos de opinión. ¿Cómo es esa experiencia? ¿Qué temas te interesan tocar?

Me gusta escribir de política, de actualidad y sociedad. Es maravilloso poder plasmar lo que uno piensa y que otros lo lean y les llegue. Generar debate, pensamientos, análisis. Aún en las diferencias y que les parezca un disparate lo que ponés. El solo hecho de que se indignen con lo que escribís quiere decir que les estás generando algo. Escribir es mi otra pasión.

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