“Aquaman” llega para divertir a los fans


Por Martín Imer

Contrario a su legendario rival en ventas, Marvel, el camino que atravesó DC en cines en los últimos años para llegar al público fue de lo más variado. En vez de apostar desde el primer momento a una sola fórmula que fuese efectiva pareciera que los creativos detrás de este universo decidieron salir a la cancha directamente a probar que pegaba más con el público. Luego de la absoluta seriedad de producciones como El hombre de acero y Batman vs Superman, algo que no pegó muy bien ni en crítica ni en público, lo que le siguió fue un momento de extraña transición entre mantener la formalidad e irse a algo más pasajero como por ejemplo Escuadrón suicida. Finalmente las cosas parecieron estabilizarse con el suceso de Mujer maravilla y todo parecía ir por el buen camino, pero La liga de la justicia llegó para poner más dudas sobre el futuro tanto artístico como comercial del film. Ahora parece que todos en la empresa están remando para el mismo lado  y la idea es simple: productos más sencillos, apuntando a todo público y con personajes queribles que ofrezcan un entretenimiento absolutamente escapista. ¿Lo logra Aquaman?

La película es la primera en la que el héroe del título aparece como protagonista absoluto (tuvo su debut en La liga… el año pasado) y si bien el inicio es un prólogo sobre los primeros años del protagonista, luego decide alejarse de los carriles de las “historias de orígenes” mostrando al protagonista, Arthur Curry, reconocido mundialmente por sus hazañas. Mitad humano y mitad atlanteano, Arthur se entera de una alianza entre reinos acuáticos para traer una guerra a la superficie, y decide entrar en acción desafiando a su medio hermano por el trono. Luego de un fallido primer intento, el héroe descubre que debe armarse de valor y embarcarse en una búsqueda para conseguir un tridente de oro que sólo los auténticos reyes pueden usarlo y salvar sus dos mundos, mientras también es perseguido por un enemigo, Black Manta, que juró venganza luego de la muerte de su padre.

Desde hace algunos años (podría decirse que a partir de la trilogía de Batman hecha por Christopher Nolan) parece haberse instaurado la idea de que los films de superhéroes tenían que ser serios y particularmente tener un significado más profundo de lo que se veía en pantalla a primera vista. Progresivamente fueron desapareciendo los simples pasatiempos como Ghost rider – el vengador fantasma o Blade – cazador de vampiros y comenzaron a llegar las conexiones entre películas, aspirando a crear un seguimiento y una conexión emocional entre el público y los personajes, además de tener más espacio para que estos desarrollen lazos más profundos que eventualmente tengan su clímax dramático — como por ejemplo las últimas de los Avengers. En DC sin embargo apostaron directamente por la seriedad absoluta, transformando a personajes como Superman en complejas bombas de tiempo emocionales cuya tensión venía del hecho de no saber cuándo iban a estallar, y si bien esto era algo que no era tan mala idea e incluso siento que funcionaba en varios momentos (más de los que el público o la crítica les acreditó) esto no pegó muy bien en la platea y la empresa aprendió la lección haciendo de esta Aquaman su producción más balanceada hasta la fecha, combinando con buen resultado la acción pura y dura con momentos más simpáticos y graciosos. El acierto principal está en su absoluta simpleza tanto argumentativa como narrativa, yendo del punto A al B con descarada agilidad y bienvenido sentido del ridículo — si bien no llega en ningún momento a ser una auto parodia o una comedia total, hay un intento por hacer un producto relajado y lleno de situaciones extremas que van desfilando por la pantalla con total normalidad.

Y además es positivo que la propia película sepa sus objetivos y su condición de simple entretenimiento, ya que así no se pierde en rebuscadas conexiones con otros films o eternos diálogos: aquí todo es rápido y la mayoría de escenas que buscan explicar este universo terminan en explosiones (literalmente). A veces esto resulta un problema, pero aquí es cuando se nota el talento de un gran realizador para hacer de una simpleza absoluta un mérito. James Wan, como habíamos visto en Rápidos y furiosos 7 se destaca como un director todo terreno, orquestando buenas escenas de acción, poniendo la cámara de forma interesante y contando todo con un ritmo ágil y equilibrado para no irse totalmente a lo ridículo — y eso que en una escena los protagonistas salen del agua al ritmo de Pitbull. Los efectos visuales también son muy lindos, y es acertada la apuesta por un universo colorido y lleno de criaturas imposibles, algo tan fantasioso que termina convenciendo por la locura general del asunto. El elenco hace lo suyo con mucho oficio y aportan simpatía en sus roles, especialmente Momoa quien ya había probado que era un interesante héroe y ahora simplemente se reafirma en el rol con mucha soltura.

Tal vez DC aún no encontró su fórmula, pero si lo sigue intentando al menos puede sacar cosas productivas de Aquaman, una producción absolutamente simple pero dinámica y que nunca deja de resultar entretenida para su público objetivo. Siempre se puede mejorar, pero lo que hay no es nada reprochable: tiene color, aventuras y un poco de humor; lo suficiente para arrancar bien el verano.

AQUAMAN (Ídem,EE.UU/Australia, 2018) Dirección: James Wan. Guion: David Leslie Johnson-McGoldrick, Will Beall. Música: Rupert Gregson-Williams. Fotografía: Don Burgess. Con Jason Momoa, Amber Heard, Willem Dafoe, Patrick Wilson, Nicole Kidman. CALIFICACIÓN: 7/10.


 

 

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