“Así habló el cambista”: notable estreno de Federico Veiroj


Por Martín Imer

Uno de los cineastas uruguayos más constantes en los últimos años es Federico Veiroj, quien ha logrado mantener un ritmo de producción y estreno relativamente rápidos para lo que es el cine nacional. Incluso puede decirse que es uno de los pocos verdaderos autores que tenemos, ya que sostiene a lo largo de los años varias preocupaciones o intereses, un estilo muy personal y ha sido capaz de crear un universo propio en pantalla, fácilmente reconocible por el público cinéfilo. Sin embargo voy a confesar que no soy demasiado afín al cine de este señor: hasta el día de hoy su film más disfrutable me había parecido Acné, su ópera prima, en la que relataba con cierta ternura y bastante humor las peripecias de un chico judío que había perdido la virginidad pero aún no había dado su primer beso. Era una propuesta curiosa y distinta que resultaba encantadora. Luego le siguió La vida útil, una carta de amor al cine (y no sólo a las películas sino también a las salas) que narraba también la historia de un proyeccionista enfrentado al desempleo y la imposibilidad de hacer algo distinto. Había sensibilidad y belleza visual a lo largo del breve metraje pero ya ahí arrancó mi desconexión con el director, algo que terminó de confirmarse con su último proyecto, Belmonte. A pesar de eso entré a ver su más reciente película con expectativas, debido a que se trata de una producción mucho más grande en escala y presupuesto que las mencionadas, adaptando un libro de Juan Gruber escrito en 1979.

En Así habló el cambista conocemos a Humberto Brause, que ejerce la profesión del título. Desde el principio el protagonista habla de su rubro como “el origen de todos los males” y se muestra a sí mismo sin máscaras ante el público: una mala persona que desde su lugar puede pretender ser un ciudadano honesto a la vez que gana mucho dinero gracias a negocios nada honestos. Son los años 70 y en Uruguay existía la dictadura: evento que hizo que los controles con respecto al sector bancario desaparecieran, logrando la atención de peces gordos internacionales ansiosos para ocultar su dinero sin llamar demasiado la atención. Brause se encuentra en el paraíso en el terreno económico aunque cada vez más arruinado en el emocional, algo que complica su salud justo en el momento más importante de toda su carrera, y tal vez, de su vida: encargarse de una enorme suma de dinero proveniente de una cuenta argentina.

La parte técnica de la película es sencillamente impresionante, comenzando por una cuidada y meticulosa reconstrucción de época atenta a los escenarios (los cuales imagino que algunos fueron recreados con ayuda de efectos especiales), vestuarios y otros detalles como los autos o la decoración de las casas, seguida de una bellísima fotografía en donde se mantiene una estética algo apagada y con colores fríos que ayudan a establecer el tono. Más allá de no disfrutar de la mayoría de sus producciones es innegable que Veiroj es un gran artesano visual, algo que no falla tampoco en este film; de hecho, parecería estar más inspirado que nunca. La manera en la que combina su estilo personal con formas un poco más comerciales habla de un gran ojo cinéfilo y una gran ductilidad para adaptarse a distintas historias, saliendo de la zona de confort para encarar un proyecto que en muchas formas se presentaba difícil y sortea con habilidad, mostrándose como un narrador ágil capaz de enganchar al espectador y mantenerlo retenido hasta el final de la propuesta incluso aportando dosis de tensión al relato.

Pero no es sólo en lo visual en donde el director funde lo personal con lo popular. Una de las características de su cine es la de intentar retratar en pantalla la fragilidad de la “masculinidad”: un concepto que aterra y condiciona a los protagonistas de cada película suya, tratando de manejarse lo mejor posible dentro de lo que se espera de ellos y del “ser hombre”. Veiroj nunca estuvo interesado, sin embargo, en mostrar lo que podría ser un “macho” sino que disfruta ver como estos personajes intentan crear su propio camino, muchas veces confuso y desconcertante. En esta oportunidad el protagonista es bastante más definido en su accionar, determinado a cometer el mal como forma de ascender socialmente y ser ese hombre y padre de familia que todos esperan de él, pero la fascinación por esa fragilidad detrás de la máscara sigue presente e incluso tiene mucho más triste que en las anteriores. Hay un gran acierto de los libretistas ya que al no juzgar las acciones de Brause se permiten poder explorar su mente, permitiendo que el espectador lo pueda conocer aunque nunca terminar de simpatizar con él, sintiendo pena por el castillo de mentiras que construye a pesar de ser injustificable.

Para ese triunfo existen dos factores: la sensibilidad del director y el talento del actor. Daniel Hendler está estupendo como el protagonista, logrando meterse en todos los rincones de su personaje para ofrecer una interpretación llena de matices, oscura y antagónica pero también capaz de revelar el patetismo y la soledad de ese hombre. Incluso con notorios cambios en su rostro (hay un buen trabajo de maquillaje ahí) Hendler es capaz de transmitir emociones que van cambiando durante el transcurso del film de forma creíble. Está bien acompañado por Luis Machín en un papel breve pero que aporta un poco de luz y honradez a la trama y también por Dolores Fonzi como la esposa de Brause aunque en sus primeras escenas es difícil creerle la edad que está interpretando. Con el transcurso de los minutos y la madurez del personaje la actriz logra una fría química con Hendler que explotan en el trato duro y casi cruel de la pareja, destacándose ambos en las escenas que comparten juntos. También aparece algunos minutos Benjamín Vicuña el cual crea con su presencia amenazadora el componente de suspenso en la película, algo muy bienvenido.

Esta comedia dramática bastante negra es un inesperado giro en la carrera de su responsable, algo que aún no sabemos si será definitivo o sólo un ejercicio de estilo. No importa: lo que existe hoy es un excelente trabajo que confirma de forma definitiva su talento, creando una historia original y entretenida, altamente interesante y que sabe combinar muy bien lo convencional con el universo propio que ha venido cultivando en sus anteriores cuatro películas. No tengo dudas de que se trata de su mejor trabajo (esperaré para llamarla obra maestra), demostrando algo que varios deberían aprender: el cambio no siempre se trata de una traición a sí mismo.

ASÍ HABLÓ EL CAMBISTA (Uruguay/Argentina/Alemania, 2019) Dirección: Federico Veiroj. Guion: Arauco Hernández Holz, Martín Mauregui, Federico Veiroj. Fotografía: Arauco Hernández Holz. Música: Hernan Segret. Montaje: Fernando Epstein, Fernando Franco. Con Daniel Hendler, Dolores Fonzi, Germán de Silva, Luis Machín, Benjamín Vicuña.


 

1 Comment

  1. Estimado Martín, mucho interés me ha despertado tu comentario, a diferencia del libro de Juan Gruber que se podía encontrar hasta hace poco en las mesas de saldos de algunas librerías y que jamás me provocó ni siquiera una hojeada. Veré la película y después ajustamos cuentas cinematográfico-literarias.

Leave a Reply

Tu dirección de correo no será publicada.


*