Ayer pensé en decirte adiós: Entrevista a la actriz Sofía Espinosa

Vuelve la obra “Ayer pensé en decirte adiós”, éxito de público en 2019.  Nominada a tres Premios Florencio, incluido “Mejor Texto de Autor Nacional”.


Por Mauricio Rodríguez

Género: Comedia dramática 

Duración: 75’ 

Temporada: 1 de febrero al 1 de marzo 

Funciones: Viernes, sábados (21hrs.) y domingos (20hrs) 

Teatro: Victoria (Río Negro 1477)

La historia de una pareja en la década de los 90’.  Una comedia dramática -con guiños cinematográficos- sobre la construcción de un vínculo y el paso del tiempo. En un mundo descartable: ¿qué tan pasado de moda resulta preguntarnos si existe el amor para siempre?

Durante la obra, uno de los personajes le plantea al otro que se quiere separar. Este disparador del relato, va a operar como único responsable y desencadenante de la acción dramática. Es a partir del mismo, que la pareja comienza a cuestionarse su aparente estabilidad amorosa y su buena convivencia. Así se construye una historia de observación y análisis de un vínculo donde resulta tan importante todo lo que se dice como lo que no. A partir de la posible “separación” se busca abordar y reflexionar sobre otros tópicos como: la construcción del amor, la idealización del vínculo -la fidelidad-, los estereotipos de género -la maternidad-, la comunicación y el uso del lenguaje, la co influencia del tiempo -pasado, presente, futuro-, el diálogo entre la realidad y la ficción, entre el teatro y el cine, y los posibles metalenguajes que eso genera.

¿Qué es el amor? En esta interrogante de corte existencialista es donde radica la vigencia temática. Probablemente, en esa multiplicidad de lecturas que ofrece como parte de los meandros de nuestra propia existencia. ¿Cuánto hay de determinismo social y cuánto hay de proceso espontáneo en nuestros vínculos? En un mandato social -¿aún vigente?- la convivencia evoluciona hacia la reproducción de la especie y con ella se suman otra cadena de supuestos sobre lo que significa crecer en sociedad. De esta manera, el vínculo -a priori a su existencia- se ve sometido a una serie de condicionantes que lo encapsulan en una suerte de ilusión maldita con la que concilian fácilmente los enamorados. Y la que puede resultar compleja de habitar posteriormente, y en ese caso no todos crearán un nuevo modelo vincular: por comodidad, inexperiencia, miedo, entre otras cosas. Los mandatos tienden -obviamente- a homogeneizar a la sociedad en su “deber ser” y a excluir todo aquello que no forma parte de lo esperado como ser social. En el caso de la obra, hay un “ser femenino” y un “ser masculino” que se presentan en una época específica y de los que se va a esperar determinados comportamientos.

¿Qué sentís que le da a la obra que se ubique en los 90?  

Distancia para pensar, sobre todo. La obra tiene una pregunta fundamental entonces tomar cierta distancia ayuda a pensarla, a reflexionar sobre ella. Por otro lado, es una época en la cual Domingo y yo tuvimos nuestra infancia, y el pasaje a la adolescencia, eso le agrega un valor emocional que apoya la actuación y de alguna manera ayuda a que la escena tenga vida porque está habitada por nosotros casi que en el inconsciente. Están nuestros recuerdos sobre cómo era la vida en aquel entonces, nuestras familias, las dinámicas del entorno, la música, el cine y nuestras impresiones del mundo siendo niños. Al mismo tiempo, sobre todo aquello vinculado a la época atraviesa a varias generaciones por tanto genera empatía con el público.

¿Cómo fue el proceso de trabajo? 

Fue largo y pasó por varias etapas. Primero nos juntamos a charlar una idea que tenía Domingo en la cabeza, sobre una historia de una pareja y esta idea de casa que se ve en la obra. Al comienzo empezamos a trabajar sobre el cuerpo, pretendíamos hacer una obra de teatro danza que después muto en otra cosa. Estuvimos investigando sobre eso en algunos encuentros mensuales. Después seguimos investigando en el plano emocional, compartimos historias en relación a parejas que habíamos tenido, de miembros del equipo y cosas de personas de nuestro entorno. De hecho, algunos de estos materiales están en el texto. Luego Domingo escribió el texto y empezamos a ensayar la obra con esta idea de planos cinematográficos que presenta la obra. Uno de mis ejercicios favoritos fue cuando trabajamos sobre los personajes en su etapa adolescente. Nos juntamos un domingo a la mañana con el equipo técnico en la casa de Paula, la vestuarista. Con Domingo no nos cruzamos, estábamos cada uno en un cuarto diferente, nos vistieron con ropa de la época, con ropa que usarían estos personajes. Y a una hora acordada, que no me acuerdo cuál es, nos encontramos para tener nuestra primera cita. La primera cita de Marina y Martín. Lo que sucedió fue buenísimo, entramos en una especie de burbuja, actuábamos el uno para el otro sin público, fue fuerte. Tuvimos que responder un cuestionario sobre cosas de los personajes y de la época para tener de qué hablar. Películas que habíamos visto, música que nos gustaba, nuestra historia familiar, la situación política y sobre esos hablamos. Domingo llegó en una Vespa, yo tenía una cámara analógica y saqué un montón de fotos, de hecho algunas de esas están en el corredor por donde entra el público y una de ellas en particular se muestra en una de las escenas.

¿Cómo influye a la hora de actuar que en la escena haya elementos “cinematográficos”? 

Enmarca bastante el lenguaje de actuación. Vos sabés que se te ve de determinada manera y eso limita pero a la vez potencia ciertos lugares de la expresión.

¿Cómo sentís que se representa aquella época en la obra?

La época es lo que sostiene en gran medida la historia y está mostrada desde diferentes lugares. Lo más inmediato puede ser la casa, su estética, las cosas que vemos ahí, los objetos y elementos, la calidad de la luz, las referencias musicales, cinematográficas, y la dinámica de la pareja. Una forma de construir y pensar la pareja típica de los noventa.

¿Cómo fue la construcción de tu personaje?

La primera información de mi personaje apareció en el texto. Hay un ritmo en el texto que ayuda a acercarse a una calidad de pensamiento, de alguna manera te da una pista del lenguaje del personaje. Lo que nombra, las cosas que cita y lo que observa construyen parte del imaginario que rodea al personaje. En cuanto al plano emocional ahondamos en el vínculo con el otro, en la relación con el deber ser y la contradicción interna que le genera eso al personaje de Marina. Fuimos construyendo los personajes a través de las escenas cuando están en el presente y a través de diferentes ejercicios, cómo la cita que conté más arriba. Ejercicios que de alguna manera apoyaban la idea de pasado de la pareja, lo que nos permitió “habitar” aún más la relación.

¿Cómo se confronta lo “femenino”, representado por ti, con lo “masculino”?

Creo que la confrontación está más bien en el deseo de cada uno y cómo eso se antepone al pensamiento de un momento determinado. En principio ella se cuestiona su lugar en la pareja y lo que se espera de ella como mujer. Por ejemplo, el hecho de ser madre, un deseo que ella no tiene por el cual se siente cuestionada. La vemos cansada de sostener un rol más activo y más en el presente que él. Cómo si estuviera atrapada en un vínculo que se sostiene por un modo de pensar la pareja que claramente no la representa, o no le da un lugar genuino.

¿Qué estereotipos sentís que se cuestionan en la obra? 

Un estereotipo de vínculo, una forma de construirnos como pareja que creemos (y en gran parte es cierto) que hemos logrado modificar. También hay cuestionamientos en relación al rol de cada género. Cómo debe ser ella o como debe ser él, sobre todo en la época de los noventa. La pregunta en realidad termina siendo qué de esta forma prevalece aún.

Ficha técnica

Autoría y Dirección: Domingo Milesi 
Elenco: Sofía Espinosa y Domingo Milesi 
Asistencia de Dirección y 
Traspunte: Patricia Canén 
Diseño Escenográfico: Leandro Garzina 
Diseño Lumínico: Paula Martell 
Diseño Vestuario y Caracterización: Leandro Garzina, Paula Martell y Magalí Luraschi 
Diseño de sonido: Gustavo Fernández 
Ilustración: Julia Tiscornia 
Diseño Gráfico: Nicolás Batista 
Prensa: Lic. Beatriz Benech 
Producción: Lucía Etcheverry

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