“Bad education”: la construcción de un sistema corrupto

Por Martín Imer


En un momento de esta película, el personaje de Hugh Jackman le dice a una estudiante que “existen fallas en el sistema, pero funciona“. Y los números no mienten: gracias a su gestión la escuela que administra se encuentra a un paso de superar a todas sus hermanas en lo que respecta a número de admisiones de alumnos a las universidades más prestigiosas del país, algo que se consigue con un buen currículo — lo cual también significa una inversión en las áreas educativas. Como lo pone el film, todo se trata de un círculo: más dinero en el presupuesto de la escuela significa mejor educación, mejor educación significa una buena reputación no sólo para la escuela sino para el pueblo, y la buena reputación para el pueblo representa un mayor interés de las familias con hijos de los alrededores, para mudarse e invertir allí, lo que significa… más dinero para el presupuesto de la escuela. Y todo ese trayecto depende, casi totalmente, de la confianza de la gente en la institución.

Pero la institución se compone de personas que no siempre conocemos, y lo que es peor: no nos interesa conocer. Existe la cara visible, pero incluso esa persona puede estar engañando a los demás. En Bad education, estrenada por HBO, conocemos a Frank Tassone, el superintendente de esta escuela, quien tiene como meta llevarla del cuarto puesto de más admisiones de alumnos a universidades importantes al primero, algo que sin él jamás hubiese ocurrido. El hombre, junto a su colega Pamela Gluckin, tienen control total del lugar y son dos personas que se ganaron la total confianza de sus colegas y de la comunidad, personajes que jamás podrían hacerle daño a nadie, con larga trayectoria en sus puestos. Pero un día comienzan a aparecer cabos sueltos, cosas que no deberían pasar, gastos excesivos y que claramente no son para la escuela pero sin embargo son hechos con la tarjeta administrativa. Y cae la mujer, aunque Tassone sigue por fuera de todo hasta que un día, de la forma más insólita (la estudiante que mencionaba previamente, periodista en el diario de la escuela), comienza a descubrirse que ese hombre tenía más cosas para contar de la que podían imaginarse.

La película, dirigida por Cory Finley, joven promesa de la escena independiente estadounidense luego de la aclamada Thoroughbreds, tiene un primer gran punto a su favor: una estructura que se permite seguir un ritmo constante, rápido en varias cosas pero en ningún momento apresurado o confuso, dando espacios de aire entre revelación y revelación para que exploremos en mayor profundidad la verdadera cara de estos sorprendentes protagonistas. Finley no va por maniqueísmos baratos sino que explora la verdad de esos dos seres corruptos, capaces de construir una vida de mentiras y también hacer un excelente trabajo, maquillando así lo malo de sí mismos. Esto la aleja totalmente del cine reciente de Adam McKay, quien parecería haber hecho escuela con la confusa narrativa de La gran apuesta a la que quiere apuntar el trailer de este film. De hecho, estamos ante una producción que se permite algún breve apunte humorístico, aunque tiene enorme seriedad en los temas que realmente pretende exponer.

Y ahí radica el mayor triunfo: el libreto de Mike Makowsky, que con gran seguridad se adentra en un mundo aparentemente invisible y gris pero con ramificaciones fascinantes, los complicados y entreverados hilos que conectan y hacen funcionar a una sociedad. En este caso es una escuela que funciona como el corazón de una localidad, pero podría hasta aplicarse como una metáfora de otros organismos que funcionan para el pueblo, e incluso uno puede hacer una reflexión final: si esta brutal malversación de fondos ocurrió en una escuela, perfectamente puede ocurrir en un gobierno o en cualquier empresa con relativa facilidad, ya que lo único que parece importarnos son los números finales, si a la larga se hicieron cosas, sin preocuparnos demasiado por quienes están dentro del sistema y cómo funcionan las operaciones, los números que se manejan, ver si verdaderamente están “las cuentas claras”.

Los dos protagonistas están notables. Janney es una intérprete de lujo, capaz de engañar a cualquier espectador bajo la máscara de “buena gente”, y no sorprende que mantenga la consistencia cuando se descubre la verdad de su personaje, pero lo de Jackman es distinto ya que es un actor más cuestionado, muchos todavía no pueden dejar de verlo con las garras de Wolverine. Aquí está sencillamente genial, magnético, carismático inicialmente y tenebroso sobre el final, cuidadoso de jamás caer en lo caricaturesco. Ambos están fascinantes en un film que, en definitiva, también involucra a la comunidad en la corrupción, aunque por supuesto en una escala ultra menor. Lo dice el propio Tassone: “Un día pagué con la tarjeta equivocada, eran 20 dólares. Pensé todo el fin de semana en devolverlo con mi propio dinero, pero llegó el lunes y a nadie le importo, nadie dijo nada. Y otro día fueron 25 centavos...”

BAD EDUCATION (EE.UU, 2019) Dirección: Cory Finley. Guion: Mike Makowsky. Fotografía: Lyle Vincent. Música: Michael Abels. Montaje: Louise Ford. Con Hugh Jackman, Allison Janney, Ray Romano, Alex Wolff, Geraldine Viswanathan.


 

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