Balance cinematográfico 2018. Por Gustavo Iribarne


Lo mejor que pasó por pantalla

En principio cabe señalar que muchos buenos filmes tuvieron su pasaje por otros circuitos de difusión lo que hace difícil una opinión equilibrada. Lo  único que el público -en general- pudo disfrutar plenamente fue “Roma” de Alfonso Cuarón gracias a nuestra querida Cinemateca en sus nuevas salas.

Pero otros títulos lograron acaparar la atención de la prensa especializada entre los que se destacaron  producciones como “Tres anuncios por un crimen” de Martin McDonagh, una obra que rompía los límites del thriller para procesar la búsqueda de un asesino y, de paso, condenar prejuicios varios. (La participación de Frances McDormand, además, supuso un importante plus de alta calidad).

También “Proyecto Florida” de Sean Baker estuvo a la altura de un impecable cine independiente junto con “Lady Bird” de Greta Gerwig, renovando impulsos y la frescura de realizaciones que no necesitan grandes presupuestos para alcanzar un refinado logro artístico. A su vez, el cine de animación (que hace rato se puso los pantalones largos) se despachó con dos productos tan emotivos como brillantes: por un lado estuvo “Coco” de Lee Unkrich y Adrián Molina donde la muerte resultó otro espacio que tanto el auditorio infantil como el adulto pudieron recorrer (entre risas y algún que otro lagrimón) e “Isla de perros” de Wes Anderson, otra pequeña genialidad del director de “Gran Hotel Budapest”.

Mientras tanto, un planteo cinematográfico como “Llámame por tu nombre” de Luca Guadagnino profundizó con sobria elegancia el delicado tema de una relación homosexual de la misma forma que la película chilena “Una mujer fantástica” de Sebastián Lelio logró amplio reconocimiento al poner sobre el tapete la problemática sobre identidad de género. Similar importancia adquirió la correctísima realización paraguaya “Las herederas” de Marcelo Martinessi sobre el tema del lesbianismo. Otras propuestas más que interesantes se encontraron en el documental “Visages Villages” de Agnés Varda (junto al fotógrafo J.R.), la descarnada historia de Alanis de Anahi Berneri con una total entrega actoral de Sofía Gala, “El hilo fantasma” de Paul Thomas Anderson, “En pedazos” de Fatih Akim, “Crimen en el Cairo” de Tarik Saleh, “El ángel” de Luis Ortega, “Verano de 1993” de Carla Simón o “Monsiuer y Madame Adelman de Nicolás Bedos.

En otro orden, el filme “Zama” de Lucrecia Martel alcanzó una notable repercusión entre la mayoría de la prensa especializada mientras, al mismo tiempo,  obtenía el bostezo prolongado del público en general. (Llegó a ser mencionada para el Oscar por Argentina como Mejor Película Extranjera. Una especulación que  no tuvo mayor  chance). A nivel de decepciones, hubo casos como “Todos lo saben”, de Asghar Farhadi, que quedó a medio camino con gusto a poco o “Tully” de Jason Reitman que se perdió en un rebuscado giro psicológico. (Tampoco “La rueda de la maravilla” de Woody Allen generó demasiado entusiasmo).

Lo bueno estuvo en el crecimiento constante que viene teniendo el cine nacional donde la estrella de la temporada -sin lugar a dudas- fue “La noche de doce años” de Álvaro Brechner sobre el cautiverio de tres tupamaros en la época de la dictadura. (Producción que ha conquistado tres nominaciones al Goya en España). Pero aquí no quedó la cosa ya que “Belmonte” de Federico Beiroj obtuvo el Premio al Mejor Guión en el Festival de Mar del Plata y “La noche que no se repite”, una “patriada” maragata de Aparicio García y Manuel Berriel -sobre novela de Pedro Peña- resultó una sorpresa tan agradable como bizarra. En el plano documental cabe mencionar muy especialmente varios trabajos de alto nivel. En este apretada lista figuran “La flor de la vida” de Claudia Abend y Adriana Loeff, “No viajaré escondida” de Pablo Zubizarreta y “Clemente, los aprendizajes de un maestro” de Gabriel Casacuberta. Un año productivo para los realizadores uruguayos. Que siga así. Vale.


 

 

 

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