Breve ensayo sobre el Teatro Virtual

Por Joaquín Dholdan


Prólogo

La pandemia nos encerró y cerró los Teatros, nuestros lugares de trabajo. La cultura, el arte, el teatro, siempre en crisis, tenía entonces, su golpe definitivo, la incertidumbre mayor. Ninguneados sistemáticamente por la política, la fuente laboral de miles de familias quedaba en cero y toda importancia que se menciona en los discursos era la salud, la economía y luego todo lo demás, incluso había que entender que la economía, en nuestra sociedad, era capaz de atropellar a la salud.  En los primeros días, porque la tolerancia y la forma de medir el tiempo son abrumadoramente veloces, ya se gritaba que estaban aburridos y comenzó el fenómeno del consumo compulsivo de arte gratuito. Vivos en Instagram, series, películas, videos de Youtube, conciertos on line. Gratis, rápido, multitudinario. Económicamente rentable para las plataformas y las compañías de telefonía. Para los artistas, una forma de invertir en difusión, algo valioso y concentrado en pocas manos. Para otros, algo terapéutico.

Muchos dramaturgo/as confesaron que, contrario a lo que se suponía, no estaban escribiendo, que el encierro nos les ayudaba a la creatividad. Muchos elencos decidieron ensayar, adelantar lecturas. “Los primeros que cerramos y los últimos en abrir”, se repetía.

A medida que se usaban las diferentes aplicaciones se veía un camino. A medida que se usaba la herramienta se construía un posible escenario.

Los amantes del teatro veían obras que se compartían en redes. La sensación es bastante unánime, ver una obra de teatro por la pantalla  no es teatro.

Género literario constituido por obras, generalmente dialogadas, destinadas a ser representadas ante un público en un escenario.

Etimológicamente, la palabra teatro proviene del griego θέατρον (théatron), que a su vez deriva θεᾶσθαι (theasthai), que significa ‘mirar’

Es evidente, no es lo mismo ver algo grabado para ser disfrutado en vivo, que hacer un audiovisual, no es lo mismo un guión para un corto o largo metraje que un texto dramático para ser representado en vivo, con una puesta en escena, una escenografía, vestuario, con el público de forma presencial.

La quinta pared

El teatro virtual no es grabar una o varias escenas y luego compartirla en redes. No se trata de grabar una obra con una o muchas cámaras y/o plantear la escena en un teatro. La grabación que vemos, ya no es teatro virtual, es, en el más logrado de los casos, teatro grabado. Y cuando el espectador lo ve, desde su casa, en un dispositivo, puede parar, ir para atrás, y suponer que no habrá un error, o imprevisto, esa escena, repetida mil veces, será la mejor de varias, o si no lo es, tendrá más parecido al audiovisual, con el que jamás podrá competir. Entonces sí, el teatro tiembla con respecto al cine, como hace muchas décadas.

Por supuesto que el teatro es más fuerte, está tan arraigado que busca formas, a veces híbridas, mutaciones. Actores y actrices improvisan en sus redes sociales, humoristas hacen stand up.

Se trata de entender la herramienta. Como quien estudia una puesta en escena, como los maestros de la luz a la hora de diseñar las luces de una obra. Pero se presenta el desafío: no hay que adaptar el teatro a lo virtual, sino concebirlo como tal, desde la dramaturgia.

Hay varias, pero por ejemplo la aplicación “Zoom”, permite hacer un vivo, con muchos espectadores que ven y están ahí, presentes y en silencio, como en un teatro.

La gallina degollada

En nuestra experiencia, el teatro virtual fue una solución a una idea. Hace años que venía trabajando en una adaptación libre del cuento de Horacio Quiroga. A diferencia de la historia original en que cuatro chicos con discapacidad matan a su hermana, quería que los cuatro hombres no tuvieran una situación de discapacidad y la hermana sí, y asociar la “maldad”, el egoísmo y a crueldad a otras realidades que no fueran las que conocemos como “discapacidades”. Tenía claro que ocurría en el ámbito laboral y sería una especia de “thriller”. No tenía resuelto el espacio escénico. Entonces llegó la pandemia, y con ella la cuarentena.

La obra fue escrita para “zoom”. Cuenta una reunión de trabajo por zoom, en la que ocurre la historia. Se hizo un casting, se juntó el elenco, se ensayó, se marcó una puesta en escena, se trabajó cada personaje y los diálogos. Y se estrenó una vertiginosa noche. Al otro día el comentario entre el equipo era unánime, la sensación fue exactamente esa, la de un estreno. Los nervios previos, los pequeños fallos, los aciertos, el aplauso final. Directo e irrepetible. Luego vendrían más funciones, todas distintas, con diferentes grados de perfección e imperfección. Con la devolución del público, con gente que llegó tarde y no pudo entrar y con alguna persona que por problemas técnicos no pudo ver la función (tres en más de trescientas). Fue por esos posibles problemas técnicos que habíamos decidido no vender el link como entrada y hacer en cambio un “pay after show”, “pasar la gorra”, abrir una cuenta en que a voluntad se cobraría una entrada luego de ver y disfrutar  (o no la obra). Eso, más el apoyo de algún sponsor podría hacer viable económicamente el proyecto a largo plazo.

El teatro virtual es teatro

Nuestra convicción es que el Teatro Virtual es teatro ¿qué la faltaba? ¿Sentir la respiración del público? Y si, quizás eso sí, y por supuesto que es importante, puede que no esté, ¿lo invalida como teatro? Al final de la obra, nos quedamos un rato con los espectadores recibiendo su devolución, su aplauso. El elenco salió a saludar y cada uno explicó su sensación. Lo que había entendido y lo que no. Más allá de las críticas positivas, y del elogio de las actuaciones, estaba la experiencia. Un elenco les había emocionado con una historia. Se llama Teatro. Por nuestra parte vino para quedarse, porque hay gente que no puede salir de casa y quiere ver teatro, siempre pasa, no sólo en una pandemia.

¿El teatro de improvisación no es teatro porque no tiene texto? ¿El de marionetas no es teatro porque no tiene actores? El de objetos, el teatro negro, el teatro mudo. Los que llenan el escenario de pantallas y usan y abusan de la tecnología ¿no hacen teatro?

Al comenzar, les pedimos por favor que mantengan sus dispositivos encendidos, estaban en sus casas o trabajos, o coches, o alrededor de los televisores, como antiguamente pasaba en los radioteatros, quizás los antecedentes primitivos de esta experiencia que nos permitió tener un actor en España y al resto del elenco repartido por todo Montevideo, actuando para siete países distintos, a la misma hora en punto, porque cerramos la puerta para que la magia se quedara adentro.


 

1 Comment

  1. No hay otra manera de concebirlo.
    Es teatro. En una nueva forma. Y cómo usted bien dice, llegó para quedarse.
    Bienvenido!!!
    👏👏👏👏👏

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