Casa de muñecas. Se estrenó el filme “Las herederas”

Por Martín Imer


Cuando Henryk Ibsen estrena en 1879 Casa de muñecas genera una enorme conmoción en la sociedad noruega. Esta obra, de enorme poder dramático, desafiaba completamente el papel de la mujer en la comunidad y en el matrimonio: un objeto, fácil de mover, de manipular, sin ningún poder real y cuya única finalidad en la vida era arreglar todo para que el esposo estuviera feliz. Como ya se sabe, en el final de la obra la protagonista, Nora, se rebela ante todo esto y decide escapar hacia la libertad dejando atrás todo aquello  que la reprimía hasta el momento. Sin dudas se trata de una idea polémica para el mundo del siglo 19, pero que hasta el día de hoy sigue teniendo relevancia — y si la tiene, es porque aún sigue ocurriendo. Es cierto que entre el siglo pasado y éste el papel de la mujer ha evolucionado muchísimo, minimizando en gran parte el machismo imperante en cada aspecto social establecido, pero no es necesario indagar muy profundo para descubrir en nuestra actualidad ciertos sectores e instituciones que siguen empeñadas en mantener antiguos estatus en beneficio propio.

Este texto no pretende hacer un análisis de la sociedad ni un juicio de valores, poniendo qué está bien y qué está mal, sino un intento de comprender la polémica que ha generado Las herederas en Paraguay y a su vez una forma de resaltar una de sus preguntas más importantes: en tiempos de tan rápidos cambios sociales y culturales, especialmente para las mujeres ¿en qué lugar quedan las generaciones mayores, quienes – como las protagonistas del film – callaron en su momento sobre su verdadero ser? ¿Vale la pena, a cierta edad, liberarse? Cuando las noticias del éxito de la película en festivales llegó a su país de origen (es paraguaya pero con co-producción uruguaya… y también noruega) los sectores conservadores inmediatamente rechazaron la idea del film e insultaron tanto al director como a las actrices — habiendo visto solo el trailer. ¿Sería esta la misma sociedad que rechazó en su momento la obra de Ibsen?

Chela y Chiquita han estado juntas desde hace muchísimos años; y la primera heredó lo suficiente como para vivir cómodamente, descendente de una familia de buena posición social. Sin embargo, la situación económica comienza a empeorar en la casa, y como resultado de una deuda Chiquita es condenada a prisión y la pareja debe vender poco a poco todas sus pertenencias: recuerdos de toda una vida. Para ganar un poco más de dinero, Chela comienza a hacer de chofer de su vecina y sus amigas, y a partir de allí se genera una revolución en su vida. Esta mujer, que vivía en las paredes impuestas por la avasallante personalidad de su pareja, se encuentra por primera vez en mucho tiempo con una libertad total y las riendas de su propia vida, generando un profundo cambio en ella.

La actriz paraguaya Ana Brun ofrece aquí una impecable labor protagónica que habla particularmente del talento a la hora de comprender al personaje. Sólo basta ver la presentación de Chela y la escena final para ver la transformación que sucede, pero el gran mérito de la actriz y el guion es la sutileza con la que se presenta ésta. A través de gestos, palabras dichas (y especialmente las no dichas) y su mirada perdida, que comienza a tomar fuerza con los minutos, se nota el gran trabajo de la actriz y la atención a los detalles.

Como fue mencionado, también el guion es excelente en este aspecto, con una trama que funciona con mucha naturalidad y presenta fuertes planteos de una forma discreta: aquí el tema principal no es la sexualidad de las protagonistas, sino la decadencia social que tiene su mayor destaque en los momentos en los que distintas compradoras se acercan a la casa con la intención – literal en algunos casos – de comprar todo, aunque por supuesto al precio más bajo. La dirección también es notable en su manera de apostar completamente a la intimidad sin resultar voyeurista, y la forma en la que muestra sus puntos de vista sin decirle al espectador que debe pensar él; más bien simplemente presentando los hechos y dejando que cada uno vaya creando el resto. En el resto de aspectos técnicos (sonido, edición) también está muy lograda, destacando su delicada fotografía.

Tal vez Chela es, para la sociedad paraguaya, la Nora de la antigua Casa de muñecas. No sobran paralelismos, e incluso podría decirse que esta protagonista es aún más sufrida que la anterior: mientras la heroína de la obra de Ibsen se enfrentaba a un mundo cerrado con una convicción muy fuerte que abriría camino, el personaje de esta historia se enfrenta a una sociedad fragmentada, decadente y cada vez más amiga de la alienación total. De todas formas esto no significa que esta excelente película sea deprimente, ya que no lo es y tiene un poético final positivo, pero no deja de tener una reflexión implacable sobre la actualidad que se deja ver, poco a poco, a través de las grietas, de las paredes sin cuadros, de la loza a la venta….

LAS HEREDERAS (Idem, Paraguay/Alemania/Uruguay/Brasil/Noruega/Francia, 2018) Guion y dirección: Marcelo Martinessi. Fotografía: Luis Armando Arteaga. Edición: Fernando Epstein. Con Ana Brun, Margarita Irun, Ana Ivanoca, María Martins y Nilda Gonzalez. CALIFICACIÓN: 10/10


 

1 Comment

Leave a Reply

Tu dirección de correo no será publicada.


*