“Cenizas”, otra interesante co-producción uruguaya


Por Martín Imer

En este último tiempo hemos visto crecer en gran medida la cantidad de co-producciones entre Uruguay y otros países, algo que es totalmente valioso y necesario. No sólo se encuentra el plus de que se aumenta el número de ficciones nacionales en cartelera sino que además para el público existe el condimento extra de poder ver en salas productos de otros países latinoamericanos, algo que sirve para unir puentes y poder apreciar diferentes miradas. Desde Ecuador nos llega Cenizas y surge como el ejemplo perfecto para lo dicho previamente: al apreciar otra cinematografía latina podemos ver las cosas que nos hacen distintos pero también aquellas que nos unen y nos interesan globalmente, especialmente en los vínculos humanos.

Un volcán se despierta luego de muchísimos años inactivo dejando a los alrededores en una lluvia constante de cenizas. Estando en una zona peligrosa, la joven Caridad debe irse de su casa durante unos días, pero al verse sin opciones debe recurrir a su padre con quien no se ha hablado muchos años. El reencuentro se produce en medio de una enorme incomodidad y lejos de limar asperezas la tensión comienza a escalar al mismo tiempo que el volcán se ve más y más amenazante, culminando en una explosión emocional en la que ambos personajes se verán obligados a enfrentar su pasado y el motivo de su separación.

El lector podrá imaginarse al leer la descripción que el mayor interés del film no se encuentra en el desastre natural sino en la compleja relación entre sus protagonistas, y durante sus casi 80 minutos la lupa se encuentra allí: el complejo lazo entre Caridad y su padre, constantemente en la cuerda floja, unidos por el riesgo exterior pero separados por una red de secretos y asuntos nunca cerrados. El guion tiene su mayor hallazgo en presentar los conflictos de una forma sutil y delicada, apostando a metáforas visuales, silencios y miradas que dicen mucho más que los diálogos. Durante casi todo el metraje la técnica funciona, dejando al público para que una las piezas y trate de resolver el delicado panorama que se plantea, de forma humana y honesta. Incluso en la parte final la película revela su carta más poderosa en forma de una acusación terrible que nunca fue aclarada, trayendo un fuerte componente de actualidad que resulta muy interesante.

Lamentablemente este mismo plus termina perjudicando al conjunto cuando en los últimos minutos se pretende dar una certeza cuando toda la película se mantuvo entre ambigüedades. No sólo el conflicto termina de una forma algo confusa, sin dar lugar a explicaciones más profundas sino que pierde un poco de la potencia que se venía presenciando. No es la intención en esta crítica adelantar detalles sobre los temas que se terminan exponiendo, pero tal vez el no aclarar totalmente y dejar que el espectador decida sobre la culpabilidad de los hechos de los cuales se acusa al protagonista hubiese sido una decisión más interesante. No quita esto otros méritos del film: se nota el esfuerzo de la producción por sacar adelante un producto de calidad y visualmente agradable, y a pesar de ciertos movimientos desprolijos de cámara esto está totalmente logrado, especialmente en las tomas del volcán y los planos estáticos en general. La música siempre resulta apropiada y ayuda a la sensibilidad de varios momentos, y las actuaciones están muy logradas, creando un vínculo que parece genuino y destacando una gran honestidad, especialmente el protagonista masculino quien logra crear una interesante profundidad dentro de su complicado rol. La dirección también es destacable a la hora de relacionar el conflicto ambiental con el familiar, generando con mano firme una tensión creciente por todos los frentes.

A pesar de no ser una producción perfecta estamos ante un film pequeño y sensible que pretende hablar con honestidad de las conexiones rotas y en gran parte lo logra con sencillez y emoción, llegando incluso por momentos a sensibilizar a la platea. Un meritorio hallazgo que vale la pena descubrir en cartelera.

CENIZAS (Ídem, Ecuador/Uruguay, 2018) Guion y dirección: Juan Sebastián Jácome. Fotografía: Simón Brauer. Edición: Julian Goyoaga, Germán Tejeira. Con Samanta Caicedo, Diego Naranjo, Juana Estrella, Estela Álvarez. CALIFICACIÓN: 7/10


 

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