“Cities of last things” es uno de los mejores estrenos del año


Por Martín Imer

Haciendo un leve repaso mental de los estrenos más destacados de los últimos tiempos noto que en general el cine asiático se destaca entre estos con una enorme cantidad de películas muy distintas unas de otras pero con un altísimo nivel de calidad no tan constante en otras filmografías. Obviamente que esta es una generalidad, ya que sin ir más lejos hace pocas semanas pude ver una de las mayores basuras de los últimos tiempos procedente de China, un espanto que lleva el título de La tierra errante, pero si hablamos de los llamados “films importantes” que son aquellos que recorren el mundo en los mayores festivales de cine y son premiados por doquier creo que las producciones asiáticas son las que más seguridad le han dado al espectador ya que sus mayores exponentes están en una etapa dorada en la cual entregan sus mejores trabajos o al menos algo digno de verse. Creo detectar en la receta del éxito su ingrediente principal: el atrevimiento, la audacia. No me refiero con esto a provocaciones como poner escenas de sexo explícito durante medio o situaciones de extrema violencia por la simple búsqueda del shock sino a la falta de miedos a la hora de buscar formas nuevas de contar las mismas historias de siempre, despreciando saludablemente las barreras lingüísticas, los límites entre géneros y las convencionalidades narrativas. Muchas veces esto lleva a films desafiantes, difíciles de comprender pero por esta misma razón estimulantes, atractivos, fascinantes. Este es el caso de Cities of last things que llega a nuestras pantallas gracias a Netflix quien por segunda vez en este mes logra presentar un producto altamente artístico y satisfactorio luego de la imponente Anima de Paul Thomas Anderson.

Creo que todos tenemos en nuestra vida una serie de momentos únicos, definitorios e inolvidables, aquellos que por los distintos elementos involucrados terminan moldeándonos, haciéndonos lo que somos al final del recorrido. Pueden ser situaciones muy bonitas o extremadamente duras e impactantes, e incluso ambas definiciones pueden fundirse en una línea difusa donde el bien y el mal ya no existen más. Lejos están estas palabras de ser algún tipo de reflexión filosófica sobre el ser humano y los factores externos que definen su forma de ser y su personalidad, pero es bueno tener en cuenta esto al hablar del concepto de la película: tres noches fundamentales en la vida del protagonista, en las que suceden eventos cruciales que serán los que delimiten su destino. Estos tres acontecimientos se inscriben en distintos géneros pero la narrativa es en reversa: la primera parte es futurista con una importante carga de ciencia ficción, la segunda es un neo-noir y la tercera arranca como un policial pero termina como un melodrama durísimo para darle cierre a la película. Hablando del producto en total hay que decir que tal vez la única falla del film es cuando une una situación con otra, muchas veces de una forma bonita en lo visual pero confusa en lo narrativo, sacando un poco al espectador de la historia y haciendo que se pregunte qué es lo que está viendo. No es una confusión que tarda demasiado, en realidad, ya que las piezas del puzzle van encontrando su lugar y termina siendo muy clara en sus objetivos pero es algo que se sostiene en todos los momentos en donde cambia de línea temporal siendo algo frustrante y una falla que parece más ligada a la visión del realizador como director y no tanto como guionista.

Pero esta falla es compensada con todos sus aspectos positivos, especialmente los conceptuales. La decisión de contar el film al revés, con el final del personaje al comienzo y luego mostrando lo que lo llevó a acabar así ya se ha visto muchas veces pero aquí está bien justificado: no solo la parte futurista tiene un aire misterioso que engancha al espectador sino que también toma fuerza emocional a medida que avanza el metraje, ya que si bien el accionar del protagonista es brutal no deja de ser consecuencia de todo lo visto posteriormente; restos de una vida arruinada y la única satisfacción que ocurre de forma inesperada con una mujer. El segundo fragmento es tal vez el más interesante ya que es en el que ocurren más cosas, ya que ahí tenemos un mejor vistazo a quien es ese hombre que seguimos con tanta atención pero también tanto rechazo. Hay una historia que, como el clásico cine negro, involucra a una femme fatale y una corrupción interna del alma y también de la sociedad, representada en una fuerza policial manchada de negocios sucios e influencias complicadas. La acción aquí es bastante frenética, tomando la forma del género que intenta seguir pero con un estilo propio que surge de la fusión de los tres y continúa el aire de misterio en general ya que se acumulan preguntas sobre los personajes que nunca terminan de tener una respuesta. Finalmente la tercera situación es la que puede resultar la más divisiva ya que no solo en su comienzo puede verse mayormente explicitado el defecto mencionado previamente sino que su desarrollo y finalmente su resolución podría acusarse de efectista. Sin embargo al menos para quien escribe es por lejos – y a pesar de sus problemas – el tramo más fascinante de la película y el que podría vivir incluso como un corto por su potencia dramática y la interesante forma en la que se desenvuelve el libreto develando algunos giros que pueden ser esperados por la platea pero golpean de igual forma: detenido en la comisaría el personaje principal, en su versión más joven, tiene un encontronazo con una famosa pandillera local…

Tal vez notaron algo de la descripción de la película: en definitiva las tres historias cuentan funcionan de formas similares, con una presencia femenina muy fuerte como centro que dispara al personaje a situaciones impensadas. Es otro mérito del libreto ya que durante el visionado esto es imperceptible y un detalle menor, pero no es la importancia de la mujer (positiva o negativamente) lo único con lo que la película insiste ya que en el fondo es una historia sobre la pérdida y la falta de amor. Durante el transcurso de la película el protagonista lo pierde todo, primero en lo básico (su trabajo, su honor, su libertad) y luego en lo más profundo y emocional, intentando desesperadamente rescatar algún valor dentro del escenario más escabroso hasta llegar a la pérdida definitiva: la esperanza, despertando finalmente al monstruo que debido a la estructura del film vemos al comienzo tomándose una cruel venganza contra todos y tratando de cerrar como puede los asuntos pendientes en su vida. Todo esto aparte está envuelto en un envoltorio muy cuidado, gracias a una preciosa fotografía llena de colores intensos, un estilo que se acopla a cada narrativa que aparece en escena y una banda sonora que acompaña muy bien. Las actuaciones son también muy apropiadas y correctas aunque se destacan Jack Kao como el protagonista en el futuro y Lu Huang como ganster en las escenas finales, un papel que pasa en pocos minutos por lugares muy distintos con mucha convicción y una bravura emocional que impacta e involucra al espectador.

A pesar de esos breves defectos en la fluidez narrativa creados por la decisión de contar la historia al revés estamos ante uno de los estrenos más interesantes y estimulantes del año, un cuento oscuro y violento que reflexiona sobre los caminos que llevan a un hombre normal a convertirse en una bestia y los pequeños, mínimos momentos de felicidad o amor que pueden convertirse en su salvación o su perdición: eventos que terminan marcando el rumbo e implantándose para siempre en la memoria, a veces para traernos alegrías o a veces para seguir hiriéndonos. Otro notable film asiático que sigue dando fe del magnífico momento por el que pasa esta potente cinematografía.

CITIES OF LAST THINGS (Xing Fu Cheng Shi, Taiwan/China/EE.UU/Francia, 2018) Guion y dirección: Wi Ding Ho. Música: Robin Coudert. Fotografía: Jean-Louis Vialard. Con Hong-Chi Lee, Jack Kao, Lu Huang, Louise Grinberg, Linda Jui-Chi Liu

 


 

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