Cuántas series, pero qué pocas ideas

Por Martín Imer


Me enteré que Netflix, gigante del streaming con miras globales, anunció una adaptación al formato serie de El eternauta, inmortal cómic creado por Héctor Germán Oesterheld. Debe ser una de las historias más fascinantes escritas en ese formato, y no sólo por su trama sino también por la terrible, brutal historia que encierra detrás, la cual involucra la dictadura militar argentina. La compañía también anunció que esta adaptación pasaría la acción de fines de los años 50 (cuando fue publicada) a la actualidad, lo que en cierta forma aniquila la riqueza contextual del material. Era esperable, aunque no termino de entender por qué los dueños de los derechos (la familia restante del autor, supongo) aceptaron convertir algo mítico en una historia de ciencia ficción más, aunque hay que decir que incluso minimizándola así sigue siendo enorme. Mis temores también se agrandan al recordar la anterior producción argentina de la productora, la insufrible Edha, aunque es injusto juzgar algo nuevo por el penoso antecedente por lo que mejor simplemente olvidar eso y seguir adelante con los dedos cruzados.

De todas formas, si me pongo a pesar brevemente sobre las futuras series interesantes que están por llegar veo que todo es adaptación, o al menos las que prometen una gran inversión. La N roja anunció, entre tantas, dos que se me hacen particularmente llamativas por el cariño que le tengo al material original: el cómic Sandman y la novela Cien años de soledad. Sobre la primera en realidad era algo previsible, a pesar de que el último tomo se publicó en 1996, ya que ha desarrollado un seguimiento de culto no sólo por su gran calidad sino también por el nombre de su máximo responsable, Neil Gaiman, quien ya ha visto muchas adaptaciones de su material literario siendo Coraline y la puerta secreta tal vez la más conocida popularmente. Hay que decir también que Sandman tiene en sí misma una construcción de serie, con una historia que va desarrollando a lo largo de distintos arcos los cuales varios incluso tienen conclusión a pesar de que no representan el final del relato general. Pero no logro imaginar a un Morfeo en carne y hueso ni creo que los escenarios digitales le hagan justicia a las preciosas y retorcidas ilustraciones, me resulta una historia tan entreverada y genial que tal vez sólo puede funcionar en el universo del cómic, el cual permite muchos excesos que en el audiovisual quedan disparatados o sencillamente feos.

Y sobre la colombiana, no se siquiera que escribir, ya que cierro los ojos y no puedo imaginarla. Tampoco puedo recordar un ejemplo de adaptación del realismo mágico que se haya hecho bien, que no resultara grotesco. Creo haber leído en algún lugar que el propio García Márquez no veía posible el hecho de adaptar su legendaria novela (aunque él hablaba de llevarla al cine) y comparto su opinión, a pesar de que el encargado de llevarla a la pantalla chica sea su propio hijo, Rodrigo García, quien tiene un par de películas dramáticas interesantes en su haber y mucha experiencia en la televisión. De todas formas vuelvo a estar ante la futura versión de un material exquisito, milagroso en su mera concepción y que realmente se plantea como un reto para poner en imágenes: ¿cómo quedarán los personajes como Melquíades, Remedios la bella (con su insólita última escena) o el hijo de Aureliano Babilonia y Amaranta Úrsula?

Netflix no es la única en el negocio de las futuras adaptaciones: Amazon, quien también tiene un sitio de streaming, anunció recientemente una costosa nueva adaptación de El señor de los anillos, supuestamente mucho más fiel al material original y que buscaría el vuelo épico de la recientemente terminada Game of thrones. Supongo que por este mencionado producto es que la empresa decidió gastar 250 millones de dólares simplemente por los derechos y unos estimados 1000 millones de dólares de presupuesto para la serie en general, pero también se hace extraño que se invierta tanto en contar algo que hace tan poco tiempo se contó con tanta maestría y sigue aún muy vigente en la cultura popular. Y hay más, ya que dos productos otrora centrados en el protagonista masculino ahora verán en la pantalla chica una reversión enfocada en el lado femenino de la historia: por un lado Ratched, enfocándose en la memorable enfermera de Atrapado sin salida a la cual dará vida ahora Sarah Paulson, y Clarice, la cual nos mostrará otros casos de la agente Sterling, la cual perseguía a Hannibal Lecter en Silencio de los inocentes.

Puede ser que me esté adelantando, que en cierta forma estoy juzgando un material que aún no vi y puedo equivocarme. Pueden salir productos maravillosos, sorprendentes, como lo fue Watchmen, impagable adaptación al mundo de las series del cómic de Alan Moore, la cual recordarán muchos por su versión cinematográfica dirigida por Zack Snyder. Esa fue un triunfo por un aspecto clave que generalmente suele levantar mucho enojo, y de hecho aquí lo levantó: la “falta de respeto” al material original, tomando sin miedo los elementos más interesantes y creando algo distinto, novedoso y talentoso, que no pierde la esencia sino que la lleva con orgullo a la vez que se dirige a un nuevo destino. Nadie podía pensar que el showrunner Damon Lindelof agarraría una historia sobre superhéroes retirados y miserables y la convertiría en un inquietante estudio de la historia racial estadounidense, en el cual el drama de los personajes estaba también vinculado a un profundo sentimiento social de creciente amargura y discriminación. También tenía una admirable y complicada estructura, como un puzzle, mostrando piezas sueltas en los primeros capítulos y armando todo cerca del magnífico final.

Es cierto que existen muchísimas ofertas en el mercado, y tal vez es algo sencillamente personal, pero noto que lo que a simple vista resulta más interesante, tanto en futuros como en actuales proyectos, es lo que adapta un material previamente existente, mientras que los nuevos productos o son reiterativos o sencillamente no logran captarme la atención. Puede ser que luego de ver algunas series tan magníficas y magnéticas como Mad men, Hannibal, Twin peaks – el regreso, Top of the lake de Jane Campion y las dos de Bruno Dumont* ya no tenga mucho interés en ver cosas que no tengan un nivel similar, pero cuando he dado oportunidades he terminado sencillamente desilusionado, como por ejemplo con Homeland, la cual es buena pero interminable, o con The OA, que a pesar de tener un equipo creativo interesante (los responsables de películas tan buenas e inquietantes como Otro planeta y Sound of my voice) resultaba ser un mamarracho insufrible. Muchos seriefilos  me han recomendado encarecidamente Breaking bad, pero no puedo con ella, me aburre profundamente. Y me comentan también que las series de suspenso europeas son muy oscuras, retorcidas, adictivas. Solo vi con gran interés Les revenants, serie fantástica francesa en la que varios muertos un día volvían a la vida como si nada y volvían al pueblo esperando retomar sus rutinas ante el asombro y el miedo de sus más cercanos, los cuales habían seguido adelante con sus propias vidas. Era una serie muy misteriosa, que apostaba por no resolver sus múltiples interrogantes lo cual era muy positivo. Tuvo también adaptación a la lengua inglesa, hablando del tema, y era menor aunque termina interesando. Y hablando de europeas, ni siquiera intenté ver esas españolas que generan un seguimiento masivo y un fanatismo brutal, que hacen que se detenga el mundo para hablar de ellas, Merlí y La casa de papel. Leí de qué van y ya eso fue suficiente para mí, aunque por supuesto no critico a quien disfrute con ellas.

Ni siquiera hablé de todo el contenido existente de superhéroes, y de adaptaciones de Stephen King, o de cualquier autor best seller, y ya acabo exhausto de recordar y pensar en la enorme oferta de material televisivo existente para consumición del espectador. Es tanta que incluso comienza a saturar, y por eso vale la pena preguntar: ¿Existirá alguna serie interesante y original en la actualidad?


*Una de ellas, El pequeño Quinquin, llegó aquí por medio de Cinemateca Uruguaya, en una versión adaptada para exhibirse en salas de cine.

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