El festival de cine, el cartel y lo que no se ve. Por Joaquín Dholdan

 

La balsa de piedra 5

Por Joaquín DHoldan, escritor montevideano que vive desde hace 15 años en Sevilla (*)


ntre el 3 y el 11 de noviembre de este año se celebrará el Festival de cine europeo de Sevilla (http://festivalcinesevilla.eu/es/). Un evento que desde el 2004  adquiere mayor relevancia en cada celebración, sobre todo por apostar al cine de calidad, sorprendente, que justifica el llamar arte a lo que sucede en las pantallas. Cuando uno logra ver esas películas y luego observa las carteleras de nuestras capitales, lo primero que piensa es “¿quiénes son los cretinos que esconden estas piezas maravillosas y nos facilitan el camino para ver esas porquerías que parecen inevitables?”. Los invito a ese ejercicio, vean esas películas y compárenlas con los argumentos de estos filmes. Es una falta de respeto, un atropello a la razón (anoten esa frase para lo que hablaremos al final de este texto).   El cine es una gran influencia en las sociedades, no es menor lo que sucede en nuestras culturas bajo su luz. El amor romántico, el éxito, la venganza, muchas modas, la música, la influencia en la imagen, existen miles de ejemplos de la penetración cultural que ejerce el séptimo arte (aunque a veces de arte tenga poco). Pero hoy nos vamos a detener un instante en una curiosa anécdota que sucedió en estas semanas.

Este año la dirección del Festival le encargó la confección del cartel oficial a una artista local, María Cañas. Ella se especialista en rescatar imágenes de archivo y con las mismas confeccionar sus películas, videos, etc. Su obra consiste en cambiar los contextos de esas imágenes, rediseñarlas, darles otro significado. María se llama a sí misma “videoguerrillera”, iconoclasta audiovisual, salvaje mediática.

En cuanto se presentó el cartel recibió todo tipo de elogios. Todos opinaron que era el mejor en los 14 años del festival. Días después, una “twitera” (¿es un oficio, una categoría social, o un ritmo latino?), dijo (en 140 caracteres) que la imagen central del cartel era autoría de Water Popp  (Nueva York, 1920; Paramus, 2002, un ilustrador norteamericano que estudió diseño en Nueva York y arquitectura en Inglaterra. Trabajó desde los 20 años como ilustrador freelance para múltiples revistas pulp). La polémica estaba servida… ¿o forzada?

Se habló de “plagio” porque no se mencionaba al autor del dibujo, aunque son imágenes libres de derechos. Una falta de respeto, un atropello a la razón (¿recuerdan?)

Se explicó lo que era el “apropiacionismo” (término acuñado por el crítico Douglas Crimp, quien organizó la exposición ‘Pictures’, a la que invitó a artistas que no trabajaban con imágenes originales, sino que se apropiaban de otros autores para crear un nuevo relato.  El nombre de este movimiento proviene del concepto de “apropiación” porque sus artistas tomaban elementos de otras obras para crear una última obra completamente nueva, a la que se le otorga un discurso diferente).

Los diseñadores gráficos decían una cosa, los artistas plásticos otra, los “trolls” insultaban y amenazaban  aquí y allá (pero sólo por unos días ya que una nueva polémica los esperaba para salir como buitres  olvidables a seguir con su “noble” tarea de amenazar de forma anónima), la dirección del Festival justificó sus decisiones. La discusión se hizo viral. Los medios hablaron del tema. Incluso algunos se contactaron con los hijos del Sr. Popp que al mismo tiempo que se enteraban que existía un Festival de Cine en Sevilla, pedían que su padre fuera mencionado como autor del cartel.

Estos “debates virales” generan tanta espuma que no permiten disfrutar el fondo de la cuestión. Por ejemplo como, en lugar de informar, los medios se posicionan según el color del partido político involucrado en la institución organizadora, o algo menos previsible, la enferma necesidad actual de posicionarse sobre todo, la poca capacidad para suspender el juicio, la hemorragia de opinión que contamina las redes y la vida.

No voy a decir la mía, no es importante. Importante es María cañas, una gran artista, con una propuesta y una voz particular que hizo un bello cartel. Jamás se habló tanto de la imagen del Festival y eso que hubo algunos muy buenos como el de Miguel Brieva.

Importante es lo que dijo Quintin Vargas (cantante de “Quintin Gas y Los Zíngaros”): “Ojalá todos los que participaron de la polémica vayan al festival y consuman este tipo de cine”.

Me apropio de su reflexión, la pongo en este contexto y es algo nuevo, les guste o no.


 (*) Imagen del cartel y la tapa de la revista: María Cañas, Walter Popp y muchos otros artistas que  junto a  ellos han generado un banco de imágenes colectivas y sin dueños.

 

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