El teatro de los vínculos de Yordan Brum

El jueves 6 de setiembre se estrenó en el Museo Torres García Miedo: luchar o huir, tercer espectáculo del joven e inquieto Yordan Brum que se estrena este año. Antes del estreno conversamos con Brum sobre sus inicios, sus motivaciones y futuros proyectos.


Por Leonardo Flamia

Brum se acercó al teatro estudiando en el Instituto de Actuación de Montevideo (IAM) en 2015. Si bien cursó hasta tercer año y no siguió la carrera, la escuela le dio herramientas para desarrollarse como actor pero también para emprender una producción, para dirigir, y motivación para escribir. Con un grupo de compañeros del IAM se presentó a la Movida Joven en el año 2016 obteniendo premios y menciones por La soñadora, su primera obra escrita. En ese sentido el joven actor siguió la trayectoria de muchos destacados creadores montevideanos que tuvieron su primera posibilidad de mostrar su trabajo en la Movida Joven. Al respecto afirma Brum: “fue como la plataforma de prueba, como el momento de saber si gustaba o no lo que yo hacía. Y me parece que sigue siendo eso, una plataforma, un primer espacio para mostrar y probar lo que uno hace, sea como actor o como director”.

Ya en el 2017 se estrenó Calle Cabildo.

Si, en La gringa, ahí estaban Rodrigo Peluffo, Mavi Pouso, Javier Martínez y Mariana Cardozo, fue la primera. Al principio iba a ser para Movida Joven pero después siguió su propio camino. Y después La plaza del naranjo en el Stella, que era una locura (risas), éramos treinta, dieciocho actores, nueve músicos, dos maquilladoras y un asistente.

Solo coordinar horarios para hacer un espectáculo de ese tipo es algo muy complejo.

Fue una demencia, la obra estaba dividida por familias y después teníamos escenas grupales. Entre semana ensayábamos las escenas de familia y los domingos era el día que encontrábamos para estar todos, que nunca lo lográbamos pero bueno, hacíamos lo mejor posible, pero sí, era una locura. Y fue estresante pero fue linda, a mi me gusta hacer cosas con mucha gente, siempre tengo obras en el tintero con mucha gente involucrada. Justamente por un tema de tiempos quedan ahí, pero me gusta el desafío de laburar con tantas cabezas.

Luego trabajaste en ¿Qué me van a hablar de amor? (2017, guión de Roberto Méndez), un homenaje a Julio Sosa, pero en un rol más general, de director artístico.

Claro, yo tango no se, no soy coreógrafo, era más bien una visión de afuera. A los actores sí los dirigí, pero en realidad eran cantantes, pero sí pasamos por un lado de alguna manera de unificar todo lo que estábamos montando. Fue una experiencia de aprendizaje también, yo no sabía lo que era un paso de tango y aprendí con ellos. Yo creo que de atrevido, como todas las cosas, pero fue una linda experiencia también. Con un poco más de dolor de cabeza, porque costó marcar la división siendo joven, pero estuvo bueno.

Este año te dedicaste solo a dirigir tus textos.

Sí, este año empecé de vuelta en el Stella con los micros (Ayer no es hoy, que reunía tres piezas breves tituladas: De aquí en más, Juego y Gallos de Lata). Fue lo primero que hice este año y después Gaillway antes de Miedo de luchar o huir.

En Ayer no es hoy aparece la rutina o la repetición como algo que atraviesa las historias, el miedo al cambio como una obsesión, pero con tratamientos estéticos muy distintos. De aquí en más es más bien naturalista, Juego más alocada y en clave más de absurdo Gallos de Lata ¿Cómo se van dando esos pasos por distintas estéticas?

Creo que tiene que ver con que estoy en un proceso de experimentación, me interesa pasar por todos los estilos, y creo que siempre hay un tema metido en el medio que tiene que ver con la soledad, el amor y el desamor, siempre está. Pero sí, al estar empezando me gusta abordar desde todos los estilos posibles, para aprender. Y en los micros pasaba eso un poco. También las escribí separadas, entonces no tenía una lógica de ser un espectáculo en sí sino que eran tres espectáculos chicos metidos en uno, que tenían la misma temática pero en realidad no tenían una misma lógica estética. Pero creo que pasa por ahí, por ese lugar de experimentar por distintos estilos.

¿En qué momentos escribís?

Bueno, los micros al ser cortos fueron muy del momento, la primera escena fue una discusión entre mis padres, la escuché y la agarré, la cambié un poco para no ser tan evidente pero salio de ahí. La que más me costó fue la segunda, porque me costó la idea de que un juego generara toda esa disputa entre las amigas. Y siempre creo que un poco eso de crear y de escribir nace de cosas que veo, sobre todo teatro, y Nerium Park (de Josep María Miró, dirigida por Gerardo Begérez) fue una punta para la última escena, esa obsesión con los vecinos que pasa en Nerium Park fue una inspiración.

Gaillway es una experiencia particular. Está ambientada en un bar, que es un espacio tradicional, pero perdido en el tiempo y en el espacio. Y conviven el humor con lo macabro, como en una mezcla entre Tim Burton y algo más rioplatense.

Yo dejé la escuela cuando estaba terminando absurdo, y surgió Gaillway por esa inquietud de generar una historia absurda. Y bueno como decís Sweeney Todd de Tim Burton fue una inspiración, si bien la historia es distinta hay una inspiración. Escuchando el musical de la película en una tarde bajó la historia entera. Y además tenía muchas ganas de actuar, que hacía tiempo no lo hacía, y eso también fue importante.

En Gaillway hay cosas, como los personajes travestidos, que parecen más decisiones del director que del dramaturgo, que generan cosas más allá del texto. Parecía que había mucho de juego en la puesta.

Si, a mi se me pasó por la cabeza que la historia iba a funcionar si se jugaba, si resultaba interesante inclusive estéticamente, porque yo estoy vestido de mujer pero también hay una actriz vestida de hombre. Y era una decisión de que en la historia se jugara más allá del texto, que por momento es cómico, y que eso la iba a hacer interesante.

Y el tema de los vínculos seguía estando presente.

Si, creo que siempre es como algo que me llega de cerca, me interesa, el manejo del amor y el desamor, ese juego a veces de poder que evita muchas veces que los vínculos se den, y las consecuencias que eso tiene, la soledad es una de ellas. Esto en Gaillway pasa mucho, si bien la mayoría de los personajes está en pareja, en realidad están muy solos, porque cada uno tiene objetivos muy definidos y le importa bastante poco lo que le pasa al otro, son como muy unidireccionales los personajes, poco empáticos. Creo que a medida que va pasando el tiempo siempre me pasa eso con los vínculos, con los que yo tengo incluso. Me pasa que mis vínculos terminan resultando poco empáticos, simulan ser cercanos pero terminan siendo distantes. Capaz por una cuestión mía también ¿no? Y en Miedo: luchar o huir también es central lo de los vínculos,  son cuatro monólogos de cuatro mujeres que se ven enfrentadas a situaciones que les provocan miedo, y tienen solo esas dos opciones, luchar o huir. Son procesos que viven solas más allá de estar acompañadas, y eso es lo que las hace muchas veces luchar o decidirse a superarlo.

¿Tenés otros planes para este año?

La soñadora (la primera obra estrenada en la Movida Joven) a finales de octubre esta por volver y estoy escribiendo una obra basada en Bodas de Sangre de Lorca. No me animo a dirigir Lorca, porque me parece que se hace de una manera para la que no se si estoy capacitado, pero sí voy a escribir algo basado en Lorca.

¿No viste El público (obra “irrepresentable” de Lorca dirigida por Rodríguez Compare)?

Sí, y cuando vi El público pensé: “quiero ir por este lado”. Está buenísimo, no me animo a hacer eso con Lorca porque tengo que destruirlo, y algo mío lo destruyo tranquilo pero con Lorca no me animo (risas)

Miedo: luchar o huir. Texto y dirección: Yordan Brum. Elenco: Gabriela Quartino, María Noel Gutiérrez, Eliana Recchia y Natalia Casanova.

Funciones: jueves 20:30 horas. Teatro del Museo Torres García.


(Fotografías: Alejandro Perischetti)

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