El tiempo, el implacable, el que pasó. Se estrenó el filme uruguayo “La flor de la vida”

La flor de la vida, Uruguay 2017. Dirección y libreto: Claudia Abend y Adriana Loeff. Documental. Estreno 2 de agosto. Calificación: Buena.


Por Amílcar Nochetti

Nueve años tardaron las realizadoras Claudia Abend y Adriana Loeff en llevar a cabo su segundo documental. Habían debutado en 2008 con Hit, y la larga espera dio buenos dividendos, porque La flor de la vida las ubica como dos creadoras en plena posesión de sus medios expresivos. La película retrata la vida de un matrimonio de seis décadas, y mediante ellos lanza una mirada a los retos e ilusiones que pueden persistir llegada la tercera edad. Todo comenzó con un aviso clasificado que las realizadoras publicaron, que decía: “Si usted tiene más de 80 años y quiere compartir su historia, llámenos”. La respuesta no se hizo esperar, y rápidamente Abend y Loeff entrevistaron a docenas de participantes, muchos de los cuales simulan un coro griego en el montaje final del film. Empero, el protagonista se autoproclamó desde su presentación: “Buenas tardes, soy Aldo Macor, protagonista perfecto para la película”. A partir del inesperado desparpajo el proyecto cambió, y lo que en principio pudo haber sido “una búsqueda colectiva de los miedos, angustias y conflictos comunes a los ancianos” terminó siendo la historia exclusiva de Aldo y su esposa Gabriella Pelissero, símbolos de cómo a veces el amor se puede llegar a convertir en desamor por dictamen del tiempo, el implacable, el que pasó, al decir de Pablo Milanés. El tiempo, y también la propia persona, que moldea su rumbo de vida (y el de sus seres queridos) en cada acto y decisión cotidiana. Y quedó también como complemento el coro griego, que no quiere protagonismos sino confrontar sus propias experiencias a todo lo que a Aldo y Gabriella les pasó a lo largo de las décadas.

La flor de la vida confirma que, más que cineastas, Abend y Loeff son dos verdaderas autoras, porque hay un hilo conductor que emparenta este documental con Hit, y no es otro que el de la búsqueda nostálgica del pasado. Pero no la nostalgia llorona asociada al teleteatro, o esa otra fatalista vinculada al tango, sino la que nace de la serena reflexión acerca de lo vivido, y la madurez de saber aceptar la realidad de cara a lo que vendrá. Abend y Loeff erigen a la memoria como pilar fundamental para no repetir errores, y mediante ella redimensionar al ser querido que estará con uno hasta el final, ése al cual basta alargar la mano para tocarlo y rozar su frontera, el suave sitio donde comienza y termina. Hay una poética del amor perdido en La flor de la vida que no debe tomarse como un bajón sino como un acto de profunda madurez, la que debe tenerse cuando se intenta recuperar por vías afectivas más complejas lo que ayer pudo ser directa pasión amorosa. En ese sentido el libreto resulta fundamental para retratar con cariño y a la vez firmeza a Aldo, desde su extrovertida postura inicial a una zona final donde una oculta forma del dolor da paso al descubrimiento de la verdadera complejidad de amar. La flor de la vida no redescubre al amor, sino que permite hacer catarsis. Bienvenida sea.


 

Be the first to comment

Leave a Reply

Tu dirección de correo no será publicada.


*