“Es imposible hacer una historia ajeno a lo que está pasando”. Con los directores del filme uruguayo “En el pozo”.


Por Martín Imer

La semana pasada tuvo su estreno En el pozo, primera película de Rafael y Bernardo Antonaccio. Como ya comentábamos en una anterior nota, se trata de un buen thriller que mantiene al espectador atento y en tensión hasta el final, donde se plantean también otras interesantes cuestiones que la alejan de lo convencional. Hace unos días pudimos conversar con la dupla de directores y saber sus opiniones sobre el cine, la actualidad y lo que les depara el futuro, tanto a ellos como al film.

¿Por qué debutar con una película de suspenso?

BA: De alguna manera puede que nos sintamos cómodos en ese terreno. Hemos trabajado en cortos y haciendo videoclips, lugares similares al genero del thriller o el suspenso siempre. De alguna manera se maneja eso y yo personalmente creo – y creo que es lo que compartimos –  que esa cosa de género te permite hablar a veces de cosas que pueden ser más profundas pero que la persona la digiere así de una manera más fác il. Es como en la comedia, donde podés decir verdades que a veces la gente no se anima a expresarles, pero en un tono así  sí. En este tono de thriller se puede llevar una historia a niveles de tensión y que sucedan cosas que a la gente le puede llegar de alguna manera.

RA: Además, nos pareció interesante plantear un thriller dramático que trabajara la tensión – el gancho, siempre pensando en el espectador, para que enganche con la historia – pero sin caer en los clichés del género. Y, a la vez, por detrás de eso, que pueda encontrar un montón de cosas que no esperaba encontrar en una película como ésta; cómo la película trabaja la cosificación del único personaje femenino de la película y la violencia de género.

La película tiene una fuerte denuncia de la violencia de género, un asunto muy sensible para la sociedad, ¿sienten que es necesario que el cine nacional se involucre en temas de actualidad?

RA: No sé si es que es necesario o tiene que estar forzado; no sentimos que la película plantee una denuncia, como una bajada de línea. No nos parece una película panfletaria pero sí que es un mensaje o una sensación que termina explotándote en la cara cuando vas a ver un thriller dramático, de suspenso. Te encontrás con eso y nos parece súper atractivo. Me parece que en  el cine de hoy en día se están empezando a ver otras historias porque uno respira lo que está viviendo y debe venir un poco por ahí.

BA: Volviendo a la pregunta, no creo que haya que forzar ni obligar al cine a contar determinado tipo de historias, pero está bien y es natural que se terminen reflejando cuando estamos en una sociedad donde está tan presente y siguen pasando cosas en las noticias hasta ahora. Hace un par de semanas, ayer, todos los día. O a veces trascienden unas que nos pegan a todos porque son durísimas, pero todo el tiempo pasan y es imposible hacer una historia ajeno a lo que está pasando.

RA: Y la película si bien trabaja la violencia a niveles muy fuertes, durante gran parte está ahí, implícita en cosas que el personaje femenino ya tiene asimiladas: violencia psicóloga, que es más común de ver en el día a día y pasa más desapercibida, donde el hombre dice lo que se tiene que hacer y no se habla más y ella lo tiene asimilado. Tiene un montón de cosas y formas de actuar que eso sí que no lo vemos en los medios.

Mucha de la tensión de la película la genera la cantera como único escenario, ¿cómo llegaron a ella? ¿Originalmente se ambientaba allí?

BA: Un poco el guión se adaptó a la cantera, vinieron las dos cosas juntas. Teníamos ganas de juntar una historia por nuestros propios medios y por el trabajo terminamos encontrando esta cantera haciendo locaciones para proyectos de publicidad (que es con lo que uno come); y la verdad que era un escenario brutal. Sabíamos que tenía  – como toda las cosas de construcción – un mes y medio de licencia y que podíamos contar con ella en ese lapso. Lo que nos interesó de la cantera es que podía contar como un quinto personaje porque los atrapa a los protagonistas, por lo que representa estar metido en un pozo – nosotros somos del interior y siempre se dice, a veces por cariño y a veces por enojo y frustración, que el pueblo de uno es un pozo, entonces tiene toda esa connotación – . Y por otro lado juega la vida misma de la cantera: la naturaleza, el lago. Todos los elementos juegan y cuando la encontramos nos pareció un escenario ideal. Aparte es universal: lo pensamos por ese lado, sentimos que en todos lados del mundo hay una cantera y que podía contar una historia muy local pero a su vez creemos que la película puede tener una salida porque es un escenario muy internacional.

RA: Trabaja a varios niveles En el pozo en el sentido del título y la cantera, como decía Berni: también todo eso construye al final: el encierro, esa pared amarrilla que colabora a esa paleta casi monocromática, el amarillo, el calor, esas paredes que de repente te recuerdan a algo súper primitivo…

BA: No se ve el horizonte…

RA: Como para colaborar con esos sentimientos súper primitivos de estos machos que pelean…

BA: A nivel de puesta en escena algo que siempre intentamos es que, salvo algunos planos contados no se vea el cielo, que se sienta el encierro. Y cuando filmamos tratamos de que no se vea tanto, que se vea bien encerrado todo.

La película tiene su punto universal pero también es muy uruguaya, ¿sienten que el público va a identificarse con alguno de los personajes?

RA: Yo creo que sí, que parece que el espectador puede pasar por todos los personajes, puede querer a todos y dejar de quererlos en algún momento. La película es súper uruguaya, pero a la vez esa uruguayez es súper internacional. Esto que nosotros trabajamos de la rispidez entre el interior y la capital es algo local: el tema de los acentos del interior que queríamos abordar que es algo que no se había trabajado mucho. Hay una película del año pasado, La noche que no se repite, del interior que lo trabajaba con humor…

BA: Nosotros lo que queríamos era no caricaturizarlo, de alguna manera hacerlo lo más realista posible.

La película que mencionaron, obviamente, va por el lado más de la comedia.


RA: Claro, pero tenemos todas esas cosas uruguayas: los personajes están haciendo un asado, fuman marihuana…

BA: No toman mate, pero lo tienen ahí al lado (Risas)

RA: (sigue) Tienen un mate ahí, sí, están en alpargatas, pescan  con aparejos, andan con morrocoyos; pero nos parece que igual todo eso se trabaja de una forma que la puede hacer súper internacional. Este localismo de la pelea interior – capital se da en todo el mundo.

La película es muy distinta a lo que se suele llamar cine uruguayo, como espectadores ¿querían hacer algo que desafiara a lo convencional?

BA: No es desafiar la palabra; porque en realidad Uruguay viene haciendo un muy buen cine dentro de una línea que está en las más altas esferas, los mejores festivales…

RA: Ha predominado una línea de repente que se puede parecer una película a la otra.

BA: Lo bueno de esta película es que creo que está abriendo (o que está formando parte, porque hay otras películas, también incluso La noche que no se repite) el espectro de la oferta. Y eso también va hacer que el público uruguayo no se sienta cansado por la monotonía – no porque sean malas las películas, sino más que nada por el hecho de que la oferta uruguaya viene siendo por la misma línea – , entonces por ese lado no creo que sea la palabra desafiar.

RA: Lo que pasa es que creo que había películas que eran muy parecidas, porque las hacían casi siempre el mismo grupo o la misma generación. Pero ahora el cine es cada vez más diverso y hay cada vez más realizadores, y eso hace que haya películas distintas. Entonces no creo que haya un cine uruguayo y un cine de otro lado; la diversidad tiene que existir en todos lados y hay que darle la oportunidad a que se diversifique. Nosotros sí quisimos hacer una película que tuviera un ritmo acentuado en el montaje en crescendo, porque sentíamos que la narrativa necesitaba cierto ritmo para ser más llevadera y trabajar los climas. Igualmente, encontramos que cuando veíamos la película decíamos “bo, al final la película hace una transición y pasa por unos momentos costumbristas súper cine uruguayo”. Como que hace ese camino y termina siendo otra cosa.

BA: Incluso antes de filmarla, en un momento nos mirábamos y dijimos “ta, por momentos tiene una puesta costumbrista típica cine uruguayo”, pero creo que maneja la tensión por otro lado y te lleva por otro lado.

Incluso el hecho de que es una película que  recae tanto en los personajes, que es una película de personajes, va en sintonía con el cine uruguayo. Más allá de que este va más por el drama y ustedes terminaron por otro lado.

RA: Totalmente

Siempre se dice que hacer cine en Uruguay es una locura, ya que es muy caro, ¿realmente es tan así?

RA: Sí, incluso en esta película se empezó a filmar sin fondos. Lo hicimos con los recursos que teníamos en la mano, con el apoyo de los actores, un grupo de amigos, y nos apoyaron unas marcas. Pero sí, es así. Si vos lo traducís a términos de negocio, a términos prácticos de la vida, es algo que decís antinatural: todo te indica que no tenés que estar haciendo eso que es un sacrificio enorme…

BA: Estas dejando de trabajar…

RA: Estas dejando de hacer otras cosas… Parece que todo confabula para que te salgan las cosas mal, la naturaleza…

BA: Todos los imprevistos que te puedan pasar, y aparte si no tenés plata, si el presupuesto es bajo, no tenés manera de afrontar ninguno de los inconvenientes que van pasando. Y pasan casi todos los días del rodaje. (Risas)

RA: Y ahí estaba bueno tener mucha vocación, porque es un viaje largo lleno de escollos e ir contracorriente. Y se puede lograr con la ayuda de un gran equipo que va para delante y aporta lo mismo, sacrificio y talento.

BA: Y una cosita de los tiempos de la película: esta no fue la regla de lo que se da tradicionalmente en el cine uruguayo. Vos generalmente estás varios años aplicando para fondos y después conseguís la plata, la filmas y capaz que el proceso de post producción puede ser más rápido que el nuestro. Nosotros escribimos el guion y en poco tiempo arrancamos a filmar – capaz pasamos más tiempo terminando la película – y en ese proceso obtuvimos fondos para finalizarla. Ahí se terminó de dar forma, pero tal vez fue más largo el proceso de post que la pre o más o menos parecida.

¿Hubo algún proceso previo con los actores para que desarrollaran la química que se ve en pantalla?

RA: Si: primero el proceso de casting fue bastante extenso. Creo que arrancamos ya por invierno, mediados de año, y termino en primavera – verano. Y una vez que seleccionamos a los cuatro  empezamos a hacer ensayos e incluso nos fuimos tres días a una casa afuera – nos prestaron una casa en Playa Verde y fuimos a ensayar – y también ensayamos en la cantera todo un día. Filmamos una escena, la editamos, la vimos con ellos. Después fuimos a la casa y ensayamos y también trabajamos en las biografías de los personajes, como que hacíamos improvisaciones y hablábamos mucho.

BA: Hablaban como si fueran los personajes, pero fuera de la película. Son cuatro personajes sentados en la historia y estaban los cuatro en un fin de semana afuera.

RA: Y en eso de construir las biografías e improvisar diálogos surgió una escena que no estaba en el guion original: dijimos “vamos a hacer esto que pasó antes”, o hablan de asociaciones. Y empezamos a encontrar cosas que estaban buenas e incluso llegamos a incluir una escena en la película.

¿Cuáles fueron las inspiraciones que tuvieron para hacer el film?

RA: Nosotros miramos mucho cine de género, pero me parece que esta película no se puede alinear en el género tradicional porque tiene como un híbrido.

BA: Estrenamos en un festival totalmente alejado del cine de género, un festival con un compromiso social muy grande, como Ginebra, en Suiza. Y era la única película que desentonaba por el estilo aparente thriller comercial. Estaba en una grilla con películas muy autorales o muy cine de denuncia, y ésta estaba ahí formando parte. Y a su vez entró a festivales de género sobrenatural y de terror.

RA: ¿Inspiración? Las ganas de hacer cine. Cuando uno se pone a escribir mira a sus referencias, los cineastas que estudió; nosotros somos admiradores de Hitchcock y seguimos algunas de sus reglas: como siempre decía “pensar en el espectador”. Y que la película tenía que tener humor ya que “una película sin humor es un desperdicio”. Acá el humor parece que colabora porque si no sería insostenible la narrativa.

BA: Sería demasiado tensa, ya que funciona tanto la tensión en una premisa tan básica.

RA: El personaje del Tola es el que un poco sostiene la película porque funciona como una válvula de escape; sino toda esa tensión sería insostenible para el espectador por tanto tiempo. Otro ejemplo de Hitchcock sería el efecto de la “bomba debajo de la mesa”: el espectador ve que se pone una bomba abajo de la mesa y está esperando a que explote. Después otra referencia, no a nivel estético pero que vimos, fue Perros de paja, la original, que comparte esto de un personaje capitalino con todo el estereotipo del citadino que va un lugar donde está todo lo rustico. O sea, un ambiente desconocido para él.

“En el pozo” es el primer film que hacen y también marca el comienzo de la productora Saico films, ¿Qué tipo de cine les gustaría hacer?

RA: Con la productora empezamos haciendo cortometrajes y videoclips; este es nuestro debut en el largo y tenemos dos proyectos más de largos que están en una etapa avanzada de desarrollo. Pero ya es otro esquema de producción, se han sumado otros productores. Incluso para Matarifes, que es un largo que ya está siendo producido acá en Uruguay por Monarca Films y tiene socios en Argentina y potencialmente en España. Colapso que era un guion que tenía Berni incluso antes de En el pozo se está desarrollando y sigue creciendo, tiene también un socio en Argentina y en México – la casa productora sería Guazú media acá – pero nosotros nucleamos Saico para hacer nuestros trabajos en conjunto.

BA: Es como para poder poner una firma en el trabajo nuestro; no es que seamos una productora. Lo que queremos es, más que nada, darles un lugar y una fuerza a los trabajos nuestros.

Siempre enfocándose por el lado del suspenso…

BA: Estamos abiertos. En cualquier momento podemos venir con una comedia romántica. (Risas)

RA: Colapso es una película de terror, Matarifes es un drama negro, como un film noir — no exactamente un policial – , es una película de época con tendencia al cine negro.

BA: Trata sobre la época de la veda de carne en Montevideo, entonces lo que estamos manejando es el estilo de las películas de mafiosos italianos en Nueva York o Chicago. Acá es la historia de la colectividad de carniceros gallegos traficando carne en Uruguay.

RA: Con la salvedad de que no manejan el nivel de violencia de los mafiosos italianos porque lo que venden es carne.

BA: Y eso tiene una cuota de absurdo y de humor que siempre tiene que tener una película.

 

En el pozo ha tenido – y sigue teniendo – una trayectoria por festivales de todo el mundo, ¿cómo ha sido el recibimiento internacional por parte del público?

RA: El primer festival donde proyectamos la película fue en Ginebra y era un festival de compromiso social enfocado en el cine latinoamericano; todas las películas trataban de problemáticas sociales y estábamos muy nerviosos por ver cuál iba ser la reacción del público. La primera función fue casi un público totalmente latinoamericano: argentinos, uruguayos…

BA: Mucho exiliado obviamente en Ginebra, de la dictadura latinoamericana…

RA: Y fue muy bien recibida, incluso era público muy diverso en edades, muchas personas mayores.

BA: No era para nada nuestro público objetivo.

RA: Y lo terminó siendo, incluso en Punta del Este ha sido el público que más ha respondido: personas de más de 40, 50 años se arriman y quedan impactados con la película y estuvo genial. Aparte se identificaron mucho con la rispidez del interior – capital…

 

BA: ¡Y eso hasta los europeos! En esa zona de Suiza hay muchos franceses y en Francia es muy fuerte lo que es el parisino y el resto del país entonces lo sentían mucho y lo hablaban mucho ellos.

RA: Incluso funcionó eso del humor: la segunda función fue un público más local, más europeo, y a nosotros nos gratificaba ver cómo la gente se reía, cuando ya no maneja ni el tono ni el acento del Tola y sólo leían los subtítulos, funcionó.

BA: Y ahora la película sigue la recorrida en festivales. En una semana estamos en Barranquilla, y ahí no vamos a poder acompañar a la película, pero a fin de mes nos vamos al festival de Chicago latino, que es un muy lindo festival. Más adelante tenemos un festival en Asía – ese todavía no lo podemos decir, pero es muy bueno – y al final en octubre quedamos en lo que para nosotros pudo haber sido la cosa más buena que le pudo haber pasado a la película, que es quedar en Sitges, el festival de cine de género más grande del mundo. La verdad que ahí puede llegar a pasar cosas a nivel de distribución.

RA: Y ahí vamos a ir con el equipo; es un calendario que ya sería como cerrar un camino y como broche de oro vamos a ir ahí con los cuatro actores, con Berni y con la productora.

En el pozo se encuentra actualmente en salas de todo el país.


 

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