“Guasón”: todas las caras cinematográficas del mismo personaje


Por Martín Imer

Todo héroe icónico necesita tener un villano a su altura, una contraparte estelar que el público ame odiar y se robe escenas con su encanto e inteligencia, haciéndole la vida imposible al pobre protagonista, el cual sólo en los últimos momentos se las rebusca para terminar salvando el día. Se trata de una suerte de regla implícita y ancestral en este tipo de historias: un superhéroe no es nada si no tiene un antagonista fijo en su existencia, una complicación permanente que además tenga alguna suerte de vínculo enfermizo en el que uno no puede sobrevivir sin el otro, desarrollando en algunos casos hasta una extraña especie de amistad o relación amorosa. En el caso del inmortal Batman es casi imposible pensar en él sin acordarse de su legendario rival: el Guasón, un criminal con la característica distintiva de tener su rostro pintado como un payaso, algo que acompaña con un arsenal de bromas crueles y un comportamiento burlesco que termina haciendo más impactantes los actos delictivos que comete. El personaje fue creado en conjunto por Jerry Robinson, Bill Finger y Bob Kane en 1940 y ya desde el primer momento se trataba de una figura amenazante y desquiciada, un criminal psicópata pero que lograba escabullirse siempre de las trampas creadas por el enmascarado para atraparlo. El villano pasó por muchas reinterpretaciones y hasta en algún punto la censura que ejercía la época a través del temible Código de Comics (algo así como el Código Hays en el cine) hasta que finalmente logró su estatus icónico en los años 70 – 80, dejando una huella imborrable en los lectores cuando en 1988 Alan Moore escribió la fantástica novela gráfica La broma asesina.

En cine el Guasón tuvo varias facetas, cambios de personalidad y nombres muy conocidos poniéndose el maquillaje de payaso. En esta nota intentaré brevemente repasar estas distintas apariciones culminando en la más reciente: la de Joaquin Phoenix en Guasón, un film que sorprendió a todos al ganar el León de Oro en el Festival de Venecia y ya ha levantado polémicas en Estados Unidos antes de su estreno. Junto a la descripción de esta interpretación también hay un leve comentario sobre el propio film.

1966: CÉSAR ROMERO

La serie de Batman de los años 60 fue un exitazo que alcanzó eventualmente el estatus de culto gracias a elementos delirantes que en cierta forma iban de la mano con los movimientos de la época. Se trataba, por supuesto, de un programa dirigido a niños y adolescentes, pero existía allí un elemento psicodélico y bizarro, apoyado por las escenografías pobres, los carteles que estallaban en pantalla cada vez que alguien daba un golpe y la gloriosa interpretación lisérgica de Adam West como el protagonista. Romero era el Guasón que tamaño producto necesitaba: un villano exagerado llamativo visualmente, con un maquillaje extremadamente sencillo que no generaba temor y unos descabellados planes que siempre resultaban frustrados en el último segundo por el encapuchado. Hay dos detalles de la apariencia de esta encarnación que me resultan interesantes por motivos distintos: el primero, que el intérprete se haya dejado teñir el pelo para las exigencias del personaje, apareciendo con una variación de verde que casi lo lleva al platinado. Me sorprende positivamente. Lo segundo es algo que le juega muy en contra y lo hace más ridículo: Romero no se afeitó el gran bigote que tenía para componer el rol, poniéndose directamente el maquillaje encima. Si bien la calidad de los televisores no era muy buena en esa época, sigue siendo un detalle que una vez que el espectador lo percibe no puede dejar de verlo luego.

En la película de Batman, sin embargo, estrenada en 1966 (67 en Uruguay) el Guasón no es el villano principal, como uno podría suponer. La trama narra la asociación criminal entre El pingüino, El acertijo, Gatúbela y el mencionado para dominar al mundo, y los intentos del héroe y su compañero Robin para detenerlos; por esto se trata más bien de una participación secundaria, encontrando pocos momentos para destacarse. Sin embargo, hay que tener en cuenta que se trata de una época en la que aún no se había reinventado al personaje, por lo que puede ser entendible que no tuviera la relevancia que podría tener si la película se estrenara ahora. Sobre ella, poco para comentar. Es efectivamente un film orgullosa de su costado “camp“, apostando constantemente al chiste o al exceso con premeditado desconocimiento del ridículo y un elenco totalmente consciente de lo que está creando, destacando de nuevo la vena cómica de West manejando con destreza las bizarreadas escalantes del guion. Romero no tiene demasiado destaque en la producción pero al menos tiene el honor de ser el primer Guasón que conoció el cine.

1989: JACK NICHOLSON

Pasaron más de 20 años sin que la pantalla grande tuviera alguna nueva aventura del murciélago, y por ende, de las travesuras de su villano. En el medio, tanto el comic como el cine habían sufrido grandes cambios. Por un lado, habían salido a la venta historias de corte mucho más oscuro que aquellas que habían servido de inspiración para la serie. Ya existía La broma asesina (comic que fascinó a Tim Burton) y en general el mundo de los superhéroes había comenzado a ser tomado de forma más seria por el público en general. Por el otro, las películas habían comenzado a ser más grandilocuentes. Lucas y Spielberg ya habían revolucionado la industria con Star wars y Tiburón respectivamente y los productores estaban buscando contenido que pudiera ser igual de grande y exitoso. Lo lograron con una inolvidable producción basada en un comic: Superman: la película. Aquel éxito se debía a los asombrosos efectos especiales para la época, la inventiva dirección de Richard Donner y el compromiso de los actores, destacando el protagonismo de dos “serios” como Marlon Brando y Gene Hackman.

No es sorpresa que luego Warner repitió la jugada con la otra figura fuerte de DC comics con los mismos elementos: un director reconocido por su estilo personal y distinto al resto, un gran cuidado al diseño de producción, acción por doquier y un gran actor serio: Jack Nicholson, que aquí se encargó de interpretar al villano de la función. Su Guasón es muy distinto a todos los demás ya que aquí tiene una suerte de historia propia totalmente inventada – a pesar de algún punto de conexión con los comics – y su personalidad parecería estar diseñada para el carismático intérprete: aquí va por el nombre de Jack Napier, atemorizando a Ciudad Gótica y tomando el control del bajo mundo, convirtiéndose en el rey del crimen hasta ser detenido por el héroe. Nicholson aporta su enorme magnetismo y dominio de la escena en cada situación posible, arrebatándole la película a un correcto Michael Keaton que se lucía más en la secuela. El personaje del villano mostraba aquí todo su potencial, resultando una verdadera y aterradora amenaza, grabándose en las mentes de todos los espectadores.

1993: MARK HAMILL

¿Es hacer un poco de trampa el incluir esta representación del personaje? Seguramente. Pero no puedo obviar en un informe sobre el Guasón la que debe ser una de sus mejores versiones. En 1992 el mundo conoció Batman: la serie animada, inolvidable serie de animación creada por Bruce Timm y Eric Radomski que asentaba aún más las bases del estilo noir que había desarrollado sutilmente Burton en su duología. El programa era un lujo ya que tenía una exquisita animación, unos guiones realmente sólidos (el capítulo que se le dedica al Sr. Frío es una pequeña maravilla) y un trabajo vocal de antología, tan aceptado por los fans que hasta la actualidad los actores siguen doblando a estos personajes en otras adaptaciones. En la serie se destacaban dos voces: la seria y profunda de Kevin Conroy como Batman y la de Mark Hamill, el eterno Luke Skywalker, como el Guasón.

Luego del sorpresivo suceso que resultó ser el estreno de la serie los productores inmediatamente ordenaron la creación de una película para ser estrenada en TV, pero luego de ver un poco del material que estaban haciendo tanto los escritores como los animadores se decidió estrenar el material en cines, apurando a los realizadores para que la realización estuviese terminada lo antes posible. El resultado, Batman: la máscara del fantasma, es estupendo, pero por algún motivo la distribuidora la estrenó sin mucha publicidad hundiendo sus chances económicas, además de estrenarla directamente en video en muchos otros países. Es una lástima, ya que enterraron comercialmente la que debe ser una de las mejores películas sobre el personaje.

Aquí Hamill estaba particularmente estupendo, apareciendo en la parte final para sembrar el terror e intentar matar definitivamente a Batman. El rango vocal que tiene el intérprete es fascinante, ya que puede pasar por todas las emociones de una forma creíble incluso siendo excesivo, puede aportar matices con sólo una variación en el volumen de su voz y resulta tanto gracioso como aterrador. Más allá de no tratarse de una actuación en carne y hueso lo que transmitía la voz de Hamill era genuino, perturbador y electrizante, destacándose entre sus compañeros de equipo. Tanto Conroy como Hamill volvieron a prestar sus vocesa a los personajes en varias oportunidades, incluyendo la bochornosa adaptación a película de La broma asesina. El film era horrendo, pero al menos Hamill lograba ser definitivamente el Guasón de los comics.

2008: HEATH LEDGER

La decisión era difícil. En 2005 Christopher Nolan había sorprendido al mundo con Batman inicia, notable reboot del mítico personaje en donde se abandonaba definitivamente la vertiente kirsch de previas producciones en favor de un universo de corte más realista y oscuro, presentando a un personaje atormentado y lleno de fantasmas que luchaba por hacer lo correcto dentro de un mundo cada vez más perdido y con inclinación a la maldad. Se intuía el tono nihilístico que adquirirían los posteriores films del enmascarado: una suerte de lucha quijotesca contra un mal del que era inútil tratar de salvarse o escapar. La expectativa era enorme ya que al final de la película Batman observaba un naipe… de Guasón, adelantándole al espectador que en la secuela el villano volvería a la pantalla grande. Cuando se anunció que sería el australiano Ledger el que se pusiera el traje de payaso las redes sociales estallaron… en rabia. Al parecer nadie veía al sensible vaquero de Secreto en la montaña en la piel del aterrador personaje y objetaron en contra de esta decisión hasta que el film salió en todo el mundo.

Lo que se vio en Batman: el caballero de la noche fue definitivamente una sorpresa para todos, aunque teñida por la desgracia: Ledger falleció a principios del 2008, sin poder ver el film o disfrutar del reconocimiento que tuvo su interpretación, incluyendo entre muchos otros premios el Óscar a Mejor actor de reparto. Era merecido: su Guasón era también una versión totalmente distinta a las anteriores debido a la energía y el nivel de apartente desquicio que mostraba el personaje, lo cual era una máscara que ocultaba a un profundo calculador capaz de montar rebuscados planes que tenían enorme efectividad, basándose en la maldad y el egoísmo de los demás para utilizarlos en su contra. Se trataba también de un planteamiento claramente anarquista que destrozaba los planes del metódico y ¿derechista? Batman, y como lo decía el propio personaje “una fuerza de la naturaleza chocando contra un objeto inamovible“. La interpretación de Ledger era contundente, un show de tics y desmedida locura que se las arreglaba para mostrar, sin embargo, una diferencia clara entre la imágen que el payaso quería proyectar y su verdadero ser, mucho más oscuro y serio de lo que aparentaba. Gracias a esta actuación la película, que ya de por si estaba muy bien, se elevaba hasta límites impensados para el género, ganando el respeto de toda la comunidad cinéfila. Este Guasón marcó un antes y un después en la percepción del público hacia el personaje, terminando de forjar su leyenda tanto en el mundo de los comics como en el del cine.

2016: JARED LETO

Luego del memorable retrato que compuso Ledger había algo seguro: era muy difícil volver a lograr algo así, o que el personaje volviera a un punto tan alto. Tal vez debido a esto los responsables de Escuadrón suicida decidieron que la mejor forma era hacer un cambio total, sorprendiendo a la platea con una transformación completa de la percepción que se tenía del payaso del crimen. Para eso trajeron al conocido actor Jared Leto y reconvirtieron al Guasón en una especie de Tony Montana más salvaje, un gángster violento y psicópata que dominaba el bajo mundo junto a su novia, la infame Harley Quinn. El intérprete salió a decir que esta versión era “casi Shakespereana” e hizo arquear las cejas de toda la comunidad fan alrededor del mundo por el extraño giro que parecía tomar el asunto, algo que se agravó luego de un par de fotografías en donde se veía al Guasón como nunca se lo había visto: era dueño de una impactante flaqueza, unos dientes de oro, un pelo verde fluor y peinado, cadenas y anillos por doquier y un montón de tatuajes desparramados por todo el cuerpo. El personaje miraba a cámara mientras hacia un gesto que podía interpretarse como una risa desquiciada o un grito desesperado: seguramente los fans hicieron la misma expresión al ver eso.

Y el asunto sólo empeoró al ver el resultado en pantalla. Voy a admitir que no me desagrada completamente Escuadrón suicida, alocada adaptación de un conocido comic de la empresa DC que juntaba a un grupo de villanos para cumplir con las misiones sucias que ni los héroes ni el gobierno podían realizar. Me parece una película que vista con mínimas expectativas puede divertir o al menos hacer pasar un buen rato al espectador. Sin embargo es innegable que se trató de una producción fallida, producto de un detrás de cámara caótico en donde todos los implicados estaban en guerra por el control del producto final. El director David Ayer quería hacer una película oscura y violenta mientras Warner quería un producto colorido y juvenil — viendo el resultado entendemos que ganó la productora. Lo que es verdaderamente inexplicable aún es por qué si Ayer quería crear una versión tan oscura y realista permitió esta versión delirante del Guasón, el cual cabe decir fue también severamente recortado de la versión de cine, apareciendo sólo un par de minutos en acción en un par de escenas tan arbitrarias como innecesarias, en las que conocíamos más bien poco del personaje o sus motivaciones. Es tan limitado el tiempo en pantalla de Leto que es también difícil decir si verdaderamente está bien o mal: en definitiva compuso lo que le pidieron y encima jamás pudimos ver la totalidad de su actuación, quedando en una suerte de experimento bizarro que será siempre un recuerdo amargo tanto para los fans como para el propio actor.

2019: JOAQUIN PHOENIX

Pasaron 53 años desde la primera vez que el Guasón apareció en la pantalla grande, y tanto el mundo como el propio personaje han cambiado rotundamente. En la actualidad el cine de superhéroes domina la taquilla internacional, generando una enorme demanda del público por este tipo de contenido y haciendo que los creadores se rebusquen para sacar continuamente diferentes versiones de las mismas historias. Últimamente algo que ha resultado exitoso es el lanzamiento de producciones orientadas a un público adulto, con exceso de sangre y malas palabras, explorando facetas más oscuras de sus protagonistas impensadas en las aventuras familiares del Universo cinematográfico de Marvel. Era obvio que el payaso eventualmente pasaría por ese filtro, sobre todo en una época en la que estas producciones están teniendo además un enorme prestigio crítico e incluso ganan premios: de hecho, como se dijo anteriormente esta nueva producción ganó el León de oro en el Festival de Venecia. Desde el anuncio se trató de una realización esperada y altamente curiosa: Todd Phillips, el responsable de la trilogía ¿Qué pasó ayer? dirigiría el film producido por Martin Scorsese y protagonizado por Joaquin Phoenix y Robert De Niro. El nivel de los nombres ya era suficiente para llamar la atención, y vaya que lo logró.

La película nos sitúa en Ciudad Gótica en 1981, copada por la delincuencia y la corrupción. Allí vive Arthur Fleck, un solitario y perturbado hombre que trabaja de payaso y tiene aspiraciones de comediante. El protagonista es continuamente marginado y humillado por la sociedad, lo que lo lleva al límite de la locura: un día consigue un arma y comienza a causar estragos en la ciudad, asesinando gente y atemorizando a toda la sociedad. Para lo que unos es destrucción y violencia para Fleck es lo más parecido a la libertad personal, comenzando a tener una verdadera paz interior producto de la ola de crímenes que desatan sus acciones. Luego de comenzar un violento movimiento social, el ahora conocido como el Guasón no descansará hasta que todo el mundo conozca y comparta su retorcida visión del mundo, en el que la violencia parece ser la única forma de levantarse en contra de las injusticias y reclamar la verdadera independencia.

Leyendo esa breve descripción uno ya advierte que esa re-imaginación es también totalmente diferente a lo que habíamos visto, lo que constituye el punto más interesante de la película: estamos ante algo nuevo e inicialmente estimulante, apoyando por la atemorizante y volátil presencia de Phoenix (a pesar de que repite ciertos tics clásicos de él) y bien ambientada tanto en los escenarios como en la música. Todo lo referente a lo visual también es altamente inmersivo, apostando por una fotografía prolija pero con un estilo urbano, siempre con la cámara en movimiento, y una iluminación progresivamente más oscura. El problema es que con el paso de los minutos vamos advirtiendo que la trama está estructurada de una forma muy extraña, como tratándose de un extendido primer acto, más enfocada en la construcción del personaje que del desarrollo de la acción. Luego va subrayando algunos aspectos que ya estaban quedando claros, con alguna exposición visual o una banda sonora particularmente omnipresente. Y finalmente se revela como un producto incendiario, impactante en la posición moral en la que se para hasta los últimos cinco minutos, abriendo el debate sobre si realmente los responsables están o no justificando el accionar del protagonista poniéndolo como víctima de un mundo poderosamente nihilista, en donde no existe ningún aspecto redentor o legítimamente bueno: todos los personajes que aparecen en pantalla son despreciables, moralmente sucios y sin ningún atisbo de redención a la vista, algo que particularmente me saca de todo film que veo. Al no convencerme el entorno en donde se desarrolla la historia tampoco me terminan de comprar sus elementos más insólitos, como inesperadas dosis de humor negrísimo luego de momentos de extrema violencia. No hay lugar para la reflexión o la crítica en el metraje sino una escalante agresividad que no tiene un remate, ni positivo ni negativo, sino que se queda en un punto medio que es aún más polémico.

Es cierto que esta versión intenta alejarse de su raíz comiquera, apostando por una historia con un enfoque muchísimo más realista que antes (incluyendo el de Nolan) y con pocas referencias al universo de Batman – a pesar de que las hay, y más de las esperadas – pero en cierta forma termina olvidando el elemento más aterrador del personaje, ese que realmente era impactante en la versión de Alan Moore y quedó grabado en el público: la idea de que el Guasón podíamos ser todos luego de enfrentarnos al peor día imaginable. Arthur Fleck es desde el principio un hombre sistemáticamente torturado, el payaso que describe Moore era un tipo común tratando de salir adelante para su familia antes de perderlo todo en un par de horas. Eso lo llevaba finalmente al derrotero criminal y luego a la caída en una fuente llena de ácido; lo que veíamos nosotros era el resultado de alguien relativamente normal llevado al extremo y abandonado por la sociedad. Lo que muestra Phillips es un camino terrible de atroces acontecimientos que llevan a ese personaje a abandonar todo registro de sanidad mental, algo que obviamente alarma y asusta pero no se mete del todo en la piel del espectador.

Esta nueva versión se abre a la polémica como pocas veces pasó con el personaje, algo que sin dudas era buscado por sus principales responsables. El espectador será el que decida finalmente con cual interpretación decide quedarse, aunque al menos es destacable que existan opciones tan distintas, que resultan algunas tan alejadas entre sí como otras tan complementarias. La historia de Batman, tanto en el comic como en el cine, es muy rica y variada. Afortunadamente su principal enemigo puede decir lo mismo.


 

Be the first to comment

Leave a Reply

Tu dirección de correo no será publicada.


*