Hijo único. Por Martín Imer


Muchos afirman que en el cine, como en otras artes, ya está “todo hecho e inventado”, que no queda nada nuevo por explorar. Puede ser cierto, especialmente cuando se juntan productos con una temática muy similar. Lo que distingue a las obras de valor es que, aún con temas parecidos, logran aportar una mirada nueva, distinta. Y mejor aún es cuando todos esos productos que cuentan lo mismo son radicalmente diferentes, ya que le ofrecen al espectador varios puntos de vista de la misma situación, lo que enriquece la oferta. Particularmente vi, con poco tiempo de diferencia, la ficción So long, my son (estrenada por Cinemateca Uruguaya antes de cerrar por la cuarentena debido al coronavirus) y el documental One child nation (de Amazon Prime Video), dos películas con un enfoque crítico hacia una polémica antigua política del gobierno Chino.

¿Cuál? Para no equivocarme en datos, saco esta información de Wikipedia: “La política de un hijo por pareja o política de hijo único fue una medida de control de la población establecida en zonas urbanas de China, vigente desde el año 1979, con el objetivo de establecer un radical control de la natalidad que redujera el crecimiento de la población excesivo o superpoblación (China es el país más poblado del mundo, albergando la quinta parte de la población mundial). El gobierno chino introdujo la política para aliviar los problemas sociales y ambientales del país. La política es polémica tanto dentro como fuera de China debido a las cuestiones que plantea, la manera en la cual se ha aplicado (para algunas personas agresiva), y a preocupaciones por consecuencias económicas y sociales negativas. En octubre de 2015 China abandonó definitivamente esta política, manteniendo sin embargo, un límite de dos hijos por pareja.”

Uno puede imaginar que un hecho así marcó un antes y un después para los ciudadanos, por lo que es entendible que ambas películas partan de una situación personal para abarcar una preocupación general. One child nation empieza con la directora del film, Nanfu Wang, teniendo un hijo en los Estados Unidos y reflexionando sobre su infancia en la China de los años 80, en plena campaña por la política del hijo único. Es entonces que va a su país natal para comenzar una especie de indagación íntima sobre los actores invisibles en esta política (aborteros, ciudadanos que se aprovecharon de la situación, niños que fueron vendidos a otros países) y las consecuencias de la propaganda a largo plazo, encontrándose en medio de una historia bochornosa para el país. Y en So long, my son conocemos a una pareja común, dos obreros de una planta, que viven en armonía con un niño, respetando a las autoridades. Sin embargo, un día todo cambia cuando el chico muere ahogado, lo que sume al matrimonio en una depresión que sólo irá en ascenso al mismo tiempo que todo el entorno económico y social del país cambia radicalmente.

Ambas tienen puntos muy meritorios. So long… tiene una estructura muy bien pensada, con flashbacks muy bien insertados que mantienen el interés del espectador, además de un trabajo actoral notable, sutil, contenido. Es valioso también el trabajo de recreación de época y maquillaje, logrando junto a los intérpretes que todo el cambio de edades sea creíble. Y One child nation se maneja con claridad por temas escabrosos, está hábilmente montada, es entendible y dinámica, además de avanzar con un sorprendente talento para la tensión. Se nota el esfuerzo en ambas producciones, las horas invertidas en investigación, el talento de sus responsables. Pero hay un elemento que me alejó totalmente de la propuesta de ficción el cual veo muy presente en el documental: la valentía.

Sí, ambas critican al gobierno chino y a la política del hijo único, con lenguajes distintos: mientras la primera elige hacerlo por el lado del relato íntimo de una pareja que fue totalmente afectada por las decisiones políticas del momento, la segunda es mucho más combativa, no se queda únicamente en el relato de los adultos del momento sino que también explora lo que ocurría con los bebés de las parejas que rompían la medida, niños que al ser dejados en el orfanato (o peor aún, robados o en la calle y vendidos al orfanato) eran adoptados por parejas de otros países. En So long, my son uno ve por un largo rato a un joven que es tratado por la pareja principal como su hijo, algo que en un momento dado se descubre que es falso. Nunca se explica de dónde salió ese chico, por qué asumió el papel del niño muerto, pero el espectador tiene que asumir que es alguien que los acompaña hace años. Esto podría considerarse como algún error de libreto, aunque es raro dentro de un film que está tan bien pensado y ejecutado, por lo que debería pensarse que se trata de una omisión importante, para esquivar todo el tema de las adopciones en China (o mostrar a los niños abandonados en la calle). ¿Por qué una película que no tuvo problemas en mostrar otros momentos duros, como por ejemplo un aborto, no muestra algo como eso?

Puede ser, claro, una elección narrativa en pos de mantener la sensibilidad que posee la mayor parte del metraje, pero en un film que tiene en general un tono severo ante esta política que no muestren un aspecto tan sombrío cuando tienen la oportunidad parece desleal, le resta puntos a la propuesta. Además, cuando sucede algo así uno se termina quedando con el producto que abarca más y tiene mayor contundencia a la hora de hacerlo. En la última edición de los Oscars pasó algo similar con dos documentales que también trataban el mismo tema: la guerra de Siria. Uno podía afirmar que sin dudas era importante y sensible la observación hacia las doctoras que atendían a los heridos en un hospital clandestino que se veía en The cave, pero incluso con sus méritos el material se quedaba corto al ver la notable For Sama, un relato muy personal (el de una madre tratando de explicarle a su hija, nacida durante la guerra, las decisión de quedarse y filmar todo) que también se tomaba su tiempo para explicar el conflicto global, logrando que el espectador tuviera una imagen muy amplia de lo que estaba sucediendo allí además de interesarse por la historia mínima de la protagonista.


 

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