“Jojo Rabbit”, la sátira sobre la Alemania nazi nominada al Oscar

Por Martín Imer


Existen muchas historias insólitas en Hollywood, y una de las más extrañas tiene que ver con el cómico Jerry Lewis. En 1972 el actor filmó El día que el payaso lloró, un film sobre los horrores del holocausto en el que interpreta a Helmut, un payaso fracasado que, en medio de la Alemania Nazi y luego de burlarse de Hitler, termina en un campo de concentración. Allí descubre que viven muchos niños los cuales se convierten en su nuevo público, algo que les sirve a todos ya que es una vía de escape dentro de tanta tristeza. La trama sin dudas es chocante y es extraño el grado de involucramiento de Lewis en el proyecto, ya que no solo fue el actor principal sino que también dirigió y aportó ideas para el libreto. Tal vez lo que noten ausente de este párrafo es un comentario sobre la calidad del film… y esto es porque jamás se estrenó. La filmación estuvo repleta de complicaciones y continuaron luego de terminar el rodaje, especialmente con el productor, el cual se quedó sin dinero durante el proceso y luego inició una demanda contra el estudio y Lewis. Eventualmente los problemas terminaron aunque la película sigue actualmente sin ver la luz, al parecer porque al intérprete le avergonzó durante toda su vida el resultado final, que de cierta forma se ha convertido en una leyenda urbana, siendo calificado por quienes dicen haberlo visto como un gran fracaso artístico, un “desastre”.

Menciono este film ya que uno podría pensar que Jojo Rabbit pretende ir por el mismo camino, aunque en este caso se apuesta más abiertamente al humor irreverente que caracteriza la obra de su director, Taika Waititi. Situando la acción en plena época Nazi y a fines de la Segunda Guerra Mundial, se nos presenta a Jojo Betzler, un chico de 10 años totalmente cegado por su fanatismo hacia Hitler — tanto así que su mejor amigo imaginario es una representación del Führer. Para el niño no hay nada mejor que ser parte de las Juventudes Hitlerianas, ansioso de aprender todo lo posible para eliminar judíos y traer orgullo y felicidad tanto a su ídolo como a su familia, aunque las cosas cambian de un día para el otro cuando descubre que en su casa se esconde una chica judía, Elsa, y su propia madre – quien parecía ser un ejemplo de mujer Nazi –  la está ayudando a sobrevivir. Jojo termina enfrentado a una realidad que jamás imaginó: a pesar de sentirse totalmente convencido con la causa, su relación con Elsa comienza a hacerse más personal, descubriendo que los judios no son esos demonios que le inculcaron y haciendo que se cuestione todo lo que sabe.

Como mencionaba anteriormente, la comedia irreverente es el sello característico del cine de Taika Waititi, cómico neozelandés que logró hacerse notar internacionalmente con la divertida Casa Vampiro para luego conquistar Hollywood con Thor: Ragnarok, delirante comedia de acción que debe ser una de las producciones más originales e ingeniosas salidas de Marvel Studios. Es respetable que el realizador, después del gran éxito alcanzado, haya decidido apostar por un producto original y de su autoría, a pesar de tratarse de un material dado a la polémica: no solo aborda la temática Nazi desde un costado satírico sino que también se pone a sí mismo interpretando a Hitler, algo que justificó como “el máximo ‘Fuck you’” a la figura retratada. Finalmente cuando uno ve el resultado va descubriendo progresivamente que el proyecto no justifica ningún escándalo, aunque eso también puede ser algo positivo o negativo según el espectador.

Jojo Rabbit nos muestra la vida de un grupo de personajes profundamente adoctrinados por el Nazismo aunque de una forma caricaturezca, que deja de lado la exploración psicológica en pos de un abordaje ligero e incluso buscando que el público simpatice con ellos gracias a la inclusión de modismos actuales en el lenguaje y una actitud en general más contemporánea en su forma de actuar. El aspecto satírico está presente desde el comienzo y durante toda su primera parte vemos como aparecen en pantalla situaciones de corte absurdo, puramente humorístico, incluso con mucho de ese “coming of age” tan amado por el público estadounidense a la hora de retratar el crecimiento emocional de un chico que progresivamente va entendiendo que creyó ciegamente una mentira infame. En esa construcción del entorno del protagonista y el crescendo dramático (tanto en su arco dramático como en la situación general de Alemania, esperando la llegada de los aliados) radica el mayor logro de Waititi, desarrollando la trama con habilidad y un estilo puramente hollywoodense: la narración es ágil, la fotografía vistosa – con mucho de Wes Anderson, especialmente en la estilización de sus planos -, la recreación creíble y la música animada y diversa, con versiones alemanas de canciones populares estadounidenses.

Sin embargo, cuando el film decide volverse casi completamente un drama, Waititi comete varios desaciertos, comenzando por el abrupto cambio entre géneros. En cuestión de minutos lo que uno está disfrutando como una comedia satírica se transforma en una desgracia, algo que todos nos veíamos venir aunque resulta chocante por la poca preparación que tienen los momentos “fuertes”: en vez de dirigir lentamente al público hacia la amarga conclusión, dando indicios visuales o tomando una actitud mas seria, los golpes bajos vienen inmediatamente después de situaciones chistosas creando un contraste particularmente notorio que perjudica el resultado, ya que el espectador queda tan impactado con el cambio que no puede meterse del todo en el clima oscuro de la parte final. El neozelandés no tiene la misma insólita sensibilidad que presentaba el también cómico Roberto Benigni en La vida es bella, la cual presentaba momentos divertidos pero sabía gradualmente convertir a la comedia en otra cosa, siendo muy sólido a la hora de reflejar el horror de los campos de concentración y dándole un enorme peso emocional a las escenas que transcurrían allí.


De todas formas, ayuda un elenco que en líneas generales está notable: Scarlett Johannson está estupenda, compasiva y adorable, Sam Rockwell como siempre no decepciona, Stephen Merchant protagoniza la que debe ser la mejor escena del film (la única que combina hábilmente humor y horror) y el joven Roman Griffin Davis se roba la atención del espectador, siendo muy expresivo y carismático. Waititi como Hitler es algo problemático: el personaje en sí termina resultando algo innecesario, debido a que solo subraya el estado emocional del protagonista – el cual ya queda bien claro gracias a la actuación de Griffin Davis – y además está retratado de una forma algo excesiva por el intérprete. Y aunque uno pueda incluso cuestionar la particular ambientación y el choque de géneros, termina apreciando la validez del mensaje de integración y paz que pretende dejar el director. En tiempos en los que la discriminación se hace cada vez más presente en la sociedad nunca está de más que llegue a las salas un film con esos ideales, los cuales quedan bien claros incluso aunque la sátira sea bastante compasiva por momentos.

JOJO RABBIT (Nueva Zelanda/EE.UU, 2019) Guion y dirección: Taika Waititi. Música: Michael Giacchino. Fotografía: Mihai Malaimare Jr. Montaje: Tom Eagles. Con Roman Griffin Davis, Thomasin McKenzie, Scarlett Johansson, Sam Rockwell, Rebel Wilson, Taika Waititi, Stephen Merchant.


 

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