La cartelera sigue renovándose con “Escobar. La traición” y “El intérprete”


Por Martín Imer

El año está por acabarse, pero eso no significa que los estrenos más interesantes del 2018 ya hayan pasado por salas. Es cierto que estamos en días de definiciones y listas de lo mejor (y peor) del año, pero no por eso hay que dejar de evaluar las producciones que nos siguen apareciendo en cartel. Aquí van dos recomendaciones de estrenos que tal vez hayan pasado por alto el pasado fin de semana pero valen la pena, por su valor de entretenimiento o de reflexión.

AMOR AL CRIMEN

Los nombres de Javier Bardem y Penelope Cruz son de por si motivo para interesarse en una producción. Más aún cuando trabajan juntos, como ya hicieron recientemente en “Todos lo saben”. Y más aún cuando el trabajo, visto en distintos festivales, fue recibido con frialdad e incluso con muy malas críticas, como lo fue este trabajo. Eso despierta una morbosa curiosidad por ver el film, ya que si bien no se debe confiar tanto en el peso actoral a la hora de imaginar la calidad de una película es raro pensar que actores de este peso se metan en cualquier cosa. Por lo que la llegada de Pablo Escobar: la traición a las salas era motivo de intrigas y por eso resulta más interesante la sorpresa.

La historia de Pablo Escobar está más que contada, tanto en cine como en televisión (la novela Escobar – el patrón del mal y la serie de Netflix Narcos han hecho más que suficiente para hacer llegar masivamente la vida del narcotraficante al público). Esta producción decide centrarse en Escobar desde que se encuentra por primera vez con Virginia Vallejo en 1981, conocida periodista colombiana. Ambas figuras se enredan en un tórrido romance clandestino (el protagonista tenía esposa e hijos ya en esa instancia) que abarca los años más movidos del registro criminal de Escobar desde su paso por la política, su clandestinidad, su paso por la cárcel — aunque SU cárcel, y finalmente su escape y muerte. Todo esto es contado desde el punto de vista de su amante, aportando un grado de cierta frescura a la hora de la narración.

Si bien no se trata de una producción perfecta, estamos lejos de presenciar la catástrofe que varios medios habían anticipado. En valores técnicos se trata de un film muy prolijo, vistoso, con una clara inversión económica bien aprovechada: los vestuarios y los escenarios son adecuados, bellos y la recreación histórica parece a simple vista bastante lograda. La dirección es discreta pero siempre mantente un ritmo movido sin resultar acelerado, presentando todas las situaciones con suficiente claridad para que el espectador no se pierda. También se destaca un muy buen trabajo de fotografía, especialmente en un complicado (aunque imagino que falso) plano secuencia que queda muy elegante en pantalla. Esta clase de detalles no son estrictamente necesarios pero aportan un toque distinto y además son un esfuerzo que es de agradecer.

Los actores están muy bien, con el clásico sello de altura que los caracteriza, aunque tal vez el hecho de ser una película rodada en inglés le juegue bastante en contra: la mezcla queda rara, los diálogos de ellos alternan frases en inglés y palabras en español sin mucho criterio (parecería que las palabras que quedan en su idioma original son las que no se rebuscaron mucho para traducirlas o no tienen traducción al inglés) y en general los acentos son bastante problemáticos, incluso resultando en cierto momento totalmente ausentes. Es un detalle que seguramente para un gran sector del público pueda pasar desapercibido (de última, muchas producciones estadounidenses cambian el idioma de sus personajes para quedar acordes al idioma inglés y nadie se queja) pero al ser una historia TAN latinoamericana y sobre todo tan conocida en español (Narcos respeto la diferencia de formas de hablar y tiene el mismo impacto y llegada para el público anglosajón) este hecho es particularmente molesto.

Las buenas actuaciones y la fotografía son claves a la hora de disfrutar de esta buena y sorprendente propuesta, que si bien no es nada perfecta, resulta muy interesante y atractiva —- incluso aunque uno ya se sepa de memoria la historia que la inspira.

PABLO ESCOBAR: LA TRAICIÓN (Loving Pablo, España/Bulgaria, 2018) Dirección: Fernando León de Aranoa. Guion: Fernando León de Araona, basado en el libro de Virginia Vallejo. Fotografía: Alex Catalán. Música: Federico Jusid. Con Javier Bardem, Penélope Cruz, Peter Sarsgaard, Óscar Jaenada. CALIFICACIÓN: 7/10

UN LLAMADO AL RECUERDO

 Ali Ungar es un intérprete de 80 años que encuentra un libro escrito por un exoficial de la SS describiendo sus actividades criminales en Eslovaquia durante la segunda guerra mundial; durante su lectura descubre que sus propios padres fueron ejecutados por el escritor. Impulsivamente se dirige a Alemania a saldar cuentas con el anciano asesino pero se encuentra con el hijo del hombre, quien es radicalmente distinto a él. El intento de venganza se encuentra frustrado, pero inesperadamente ambos hombres se encuentran frente a una nueva misión: recorrer los lugares descritos en el libro, buscando la verdad sobre los actos del oficial. En este viaje de descubrimientos ambos personajes, totalmente distintos, aprenderán una verdad común sobre la sociedad y tal vez, incluso, llegarán a formar una amistad.

El realizador eslovaco Martin Sulík co-escribe y dirige este drama con toques de curiosa road-trip, uniendo la clásica fórmula de dos personajes contrarios uniendo fuerzas por una ruta común. El viaje comienza de una forma bastante peculiar y hasta podría sospecharse que negativa, con una desviación innecesaria y un encuentro con dos señoritas que parece salido de una comedia estadounidense de enredos; pero a medida que la trama comienza a ser más seria y con más hincapié hacia el tema concreto del holocausto se va volviendo progresivamente más interesante y seria. Es justamente en el extraño tono entre la comedia y el drama donde el film muestra su aspecto más arriesgado, y a pesar de que no esté siempre logrado, es bastante valorable especialmente por su parte dramática que sin dudas es lo más provocativo y valioso del metraje. Es en sus momentos más humanos, donde a través del diálogo sus personajes se desnudan y quedan expuestos ante el público, cuando el asunto finalmente toma un aspecto de relevancia y verdaderamente vale la pena, y no tan así en sus momentos cómicos que resultan un impedimento momentáneo hacia pensamientos más profundos que podría hacer el público. Sin ir más lejos, las últimas escenas crean un potente y desolador mensaje: aún tanto tiempo después de la guerra hay gente que sigue tratando de ignorar sus acciones y consecuencias, “como si aquí no hubiese pasado nada”. Imagino que la reacción del hijo del exoficial a las atrocidades que escucha sobre el pasado de su padre es similar o aún más dolorosa que la que habrán sentido los alemanes en el 56 al ver el cortometraje Noche y niebla de Resnais…

La relación entre padres e hijos (los presentes, ausentes o los propios protagonistas en ese papel) es otro punto interesante que El intérprete abarca levemente, apostando más a la reflexión del espectador luego de verla que explicitarla en pantalla. En sus aspectos formales la película es elegante, con cuidados pero modestos valores de fotografía, sonido y producción. Tal vez su mayor desacierto se presenta en su narración desbalanceada, uniendo momentos de gran intensidad dramática junto a algunos muy menores que hacen que el conjunto en general se sienta algo pesado o que no avance, pero en general los buenos momentos terminan superando en la sumatoria a los no logrados: cierto es que tal vez apostar por un drama al 100% hubiese sido una decisión mucho más certera y que hubiese elevado al film, pero en definitiva lo que se ve en pantalla no es para nada malo. Las actuaciones de Jirí Menzel y Peter Simonischek también ayudan en la balanza, ya que ambos crean una interesante dupla que termina conquistando al público a fuerza de oficio y especial interés a las complejidades de sus respectivos personajes.

Con un respetuoso y honesto tratamiento de las heridas emocionales de la guerra, en definitiva la película acarrea otro mensaje de igual importancia y aún más relevancia: existen todavía lugares donde es necesario establecer un diálogo entre el pasado y el presente, una forma de confrontar la verdad y asumir su propia historia. Es lejano, pero en definitiva es una lección que se puede tomar en cada rincón del mundo; un llamado de atención que resuena y es muy válido.

EL INTÉRPRETE (Tlmocník, Eslovaquia/República Checa/Austria, 2018) Dirección: Martin Sulík. Guion: Marek Lescák y Martin Sulík. Fotografía: Martin Strba. Música: Vladimír Godár. Con Jirí Menzel, Peter Simonischek, Zuzana Mauréry, Anna Rakovska. CALIFICACIÓN: 7/10.


 

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