“La noche de 12 años”. Atrapados sin salida


Por Martín Imer

Desde 1973 hasta 1985 Uruguay vivió una dictadura cívico-militar. Parte del grupo armado MLN-Tupamaros cayó en prisión y nueve de sus integrantes fueron tomados como rehenes por los militares. Un año antes de caer el régimen, en 1984, estos presos fueron liberados y en 1987 dos de ellos, Mauricio Rosencof y Eleuterio Fernández Huidobro se juntaron para dialogar y rememorar los crueles hechos que vivieron durante su captura. También junto a José Mujica. A partir de estas conversaciones grabadas en casete se edita Memorias del calabozo, emblemático libro el cual Álvaro Brechner, director de películas como Mal día para pescar y Mr Kaplan, decide adaptar para el cine, siendo el resultado La noche de 12 años, co-producción entre Uruguay, España y Argentina.

Muchas son las formas en las que el director-escritor podía haber abarcado esta dura historia, y la primera sorpresa que encontramos en la cinta es que elige la más arriesgada: un relato inquietante pero sutil, donde prevalece el infierno interno y la tortura psicológica a la directamente física. Este reto resulta en papel una gran complicación, ya que apostando a que ocurra lo más impactante fuera de pantalla podría haber perdido toda su fuerza, y sin embargo esto no sucede: es más, en los recuerdos de la libertad perdida es donde se encuentran los golpes más profundos para los personajes y Brechner, muy astuto, decide usarlos como el núcleo dramático del film. Cada momento de “escape” mental y emocional es contrastado inmediatamente por la imagen de los calabozos, cada vez más chicos, claustrofóbicos, angustiantes. La segunda sorpresa del film se encuentra en cómo evita de forma admirable los heroísmos y el panfleto, presentando en igual forma a sus protagonistas como imperfectos (incluso admitiendo sus errores) y a los militares como personas capaces de gran crueldad pero también errantes, por momentos frágiles y con problemas humanos. La idea de que aún en un momento tan bajo no existan del todo buenos ni malos es caminar por una delgada línea y requiere un gran esfuerzo que tal vez otro director no hubiese tomado, y esto tiene sus frutos: a la hora de la verdad la película resulta lo más imparcial posible, sin tomar ninguna posición fija y siendo piadosa tanto con el público como con los personajes: aquí si bien hay momentos de mucha violencia en ningún momento se genera algo tan incómodo como para obligar al espectador a alejar los ojos de la pantalla.

Estas decisiones, que incluso en una mirada analítica podrían verse como una muestra de humanismo del realizador, resultan honestan y bien intencionadas, además de darle al film unos interesantes matices y más juego para sus actores. En este aspecto es importante destacar que no estamos ante un film biográfico, sino ante un vistazo a un hecho específico y por ende para un actor agarrar un papel de este tipo y además enfocarse en su lado más desesperante y extremo resulta una complicada tarea. Afortunadamente el trío de intérpretes protagonistas están fantásticos en sus respectivas labores. El español Antonio De La Torre sorprende como Mujica con un tono de voz y forma de hablar muy alejadas del acento español para dar paso a los modismos del famoso ex-presidente. “El Chino” Darín quien en el pasado no me había terminado nunca de convencer aquí tiene una oportunidad que aprovecha a la perfección en cada momento en escena: muestra simpatía, humanidad y melancolía en cada palabra y gesto que realiza. El uruguayo Alfonso Tort, quien interpreta a Huidobro brilla también con una sentida interpretación que además es resaltada por el notorio cambio físico al cual se sometieron los tres actores, algo que en la pantalla sin dudas resulta muy impactante. En papeles secundarios se destaca especialmente Mirella Pascual quien logra en un par de momentos un poderío escénico que silencia a toda la sala.

Es cierto que en 2018 alabar los aspectos visuales de una película ya resulta redundante, al estar acostumbrados a un cierto estándar de alta calidad: sin embargo al tratarse de cine uruguayo es algo que aún sigue en vías de afianzarse y aquí da un paso gigante: desde la primer secuencia se observa una gran imaginación visual a la hora de plantear la situación y los escenarios, diferenciar los protagonistas y además crear imágenes interesantes. No sólo es un hito para la producción nacional sino que sin dudas esta película logra ponerse a la par de las realizaciones más interesantes que han salido de Latinoamérica en los últimos años.

Si, sin dudas se trata de cine político, aunque la película se esfuerce por priorizar el lado humano antes que los ideales, pero aún con este detalle (a su vez tan latinoamericano) la opción es ideal para toda clase de público: un film maduro, serio, que habla de un tema muy pocas veces tratado en la filmografía nacional, con excelentes actuaciones y un apartado técnico envidiable. En cada espectador quedará su propia apreciación ideológica, pero en lo que respecta a cine, estamos ante una producción que quedará para el recuerdo.

LA NOCHE DE 12 AÑOS (Idem, Uruguay-España-Argentina, 2018) Dirección y guion: Álvaro Brechner. Música: Juan Federico Jusid. Fotografía: Carlos Catalán. Con Antonio de la Torre, Ricardo “Chino” Darín, Alfonso Tort, César Troncoso, Mirella Pascual y Soledad Villamil. CALIFICACIÓN: 8/10.

 


 

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