“La política cultural tiene que hacer un cambio importante”. Entrevista a la actriz y directora Raquel Diana

Raquel Diana está de regreso en los escenarios. El año pasado Estuario editó “Allá”, un libro que recoge cuatro de sus obras de teatro. Con esa edición como excusa nos juntamos para conversar con una mujer polifacética que mientras se desempeña como jurado de carnaval apronta un espectáculo sobre Idea Vilariño.


Por Leonardo Flamia (*)

Diana es actriz, directora, profesora de filosofía y escritora teatral. Egresa de la EMAD en 1981 y trabaja como actriz integrando el elenco de La Gaviota primero y de El Galpón después. Es recién en 1997 que debuta como dramaturga con el musical El fantasma de Canterville. Sobre las razones que la llevaron a escribir en ese momento nos cuenta: “Desde chica mi sueño fue la actuación. La actuación, la filosofía y la poesía eran las tres cosas que me motivaban. Y tuve mucha suerte porque siendo muy joven actué muchísimo, hacía 12 o 14 funciones semanales, actuábamos en los barrios de Montevideo, una carrera de actriz muy intensa, en unos años muy intensos también, con mucho público que acompañaba. Pero pasando el tiempo es como que en algún momento sentí que esto de actuar solamente no terminaba de alcanzarme, sentía que necesitaba alguna cosa más, el oficio del actor tiene también esa cosa de que vos estás esperando el papel, esperando que alguien te elija para trabajar… Esta cosa maravillosa que hay ahora de que la gente joven quiere hacer algo y lo puede hacer porque tiene los espacios, los recursos, y el aliento para hacerlo, la motivación, antes no estaba. Había unas personas más grandes que eran las que tenían el dominio del asunto, y nosotros lo aceptábamos, no era tan fácil. Y no se como fue, vi un cartel que ofrecía un taller, fui y empecé a animarme y pasó eso de que en la vida vas aprendiendo muchas cosas y en un momento se empiezan a cruzar. Yo siempre fui una gran lectora, una gran amante también de las estructuras y de la lógica. Y la escritura dramática necesita eso, aún la escritura que pueda parecer más informe o más espontánea tiene atrás un edificio armado, que es lo más complejo del hecho teatral, que exige una cierta premeditación o una intuición de una cosa que tiene una organización. Y la filosofía, en particular la lógica, me había llevado por ahí y me encontré que escribiendo teatro todo se cruzaba. Y la necesidad de cuestionar por el pensamiento, no se si el querer decir algo exactamente, no se si “mensaje” quiere decir algo a esta altura, pero sí me sigue interesando el abordar ciertos temas con una indagación que vaya más allá de lo cotidiano. Eso sumado al amor por la expresión poética, que es todavía lo más difícil, siempre me parece que la poesía es la expresión más sublime de la literatura. Y en la escritura dramática esas cosas se unían, y también el oficio de actriz, la intuición de la actriz que ilumina la escritura. Porque una de las cosas interesantes quizá que tiene esa generación de los noventa es el partir de la práctica teatral, y eso le da un carácter diferente a la escritura. Yo recuerdo viejos autores de escritorio que uno tenía que ponerlos en escena y corregirlos, cortarles, achicarles las frases, cambiarles algunas palabras, para que fueran viables en el escenario.”

En los noventa también sucede que empiezan a surgir dramaturgas: Mariana Percovich, Ana Magnabosco, Marianella Morena, vos. En toda la historia anterior del teatro uruguayo solo aparece un puñado de mujeres escribiendo teatro, y sin desarrollarse como dramaturgas, con obras aisladas. ¿Por qué te parece que sucedió eso en los noventa?

Hay algunas explicaciones que son buenas y otras no tanto. Coincidió con una crisis del pensamiento racional, una crisis de los grandes relatos, y por lo tanto se abrió un espacio para el lugar de los pequeños asuntos, de las emociones, de la vida cotidiana. Esto tiene su parte buena y su parte que no. Me parece que las mujeres escribimos como escribimos, no estamos relegadas o condenadas al pequeño mundo de las emociones o de lo cotidiano. Las mujeres siempre hemos escrito sobre los grandes temas también, y en ese sentido por lo menos mi intención no es escribir una literatura femenina ni nada que se parezca. Mi gran problema es escribir siempre con la verdad, y escribir desde lo que soy, desde mis experiencias, con mis héroes, y de repente tengo más heroínas que héroes a las que quise agradecer, a las que quise homenajear. Sigue siendo un problema el cómo hacer para que se vea que las mujeres podemos tener un pensamiento vigoroso, general, sobre los temas profundos y no solo ser vistas como las que reflexionan sobre la sexualidad, lo doméstico, la maternidad, por lo menos no solamente. Opinamos sobre todos los temas, estas dramaturgas que vos mencionaste opinan sobre el mundo.

En los noventa cae el bloque socialista, los meta relatos se ponen en discusión como decías, y en ese contexto escribiste Alicia: ¿quién lo soñó? (1998) que de alguna manera parece ser una respuesta a ese supuesto mundo fragmentado y sin sentido.

Si, claro, es mi vida y mi muerte a la vez, porque por un lado lo que me motiva a hacer cualquier cosa es una vocación por entender, por cuestionar, por saber, por hundirme en el abismo de la pregunta, y al mismo tiempo el tratar de encontrar sentidos y cosas que te den ánimo. Yo a veces tengo mucho miedo de la híper-lucidez y de la carencia de sentido porque a lo que lleva es al suicidio, a mi me llevaría a la muerte. Si no hay ningún sentido, todo es una cosa que acontece y que uno no puede organizar… Pero también en mí opera a veces una cosa complicada, porque empiezo a generalizar el pensamiento, y empiezo a ponerme cada vez más abstracta (risas). Pero bueno, en esa cosa entre lo súper general y lo particular es que trato de moverme. Y yo creo que el pensamiento que va más allá de lo cotidiano hoy en día es de lo más revolucionario que hay, y no digo por la respuesta, me refiero a la pregunta, al buscar, al sentir que el mundo te cuestiona, que tenés que entender qué es lo que pasa. Alicia quien lo soñó lo escribí leyendo sobre la posmodernidad. Y ahora ando con otros filósofos haciendo operativos similares. Me parece que detrás de cada obra literaria hay también una idea, un pensamiento filosófico que la sostiene, que la organiza, y que le da sentido. Y esa obra fue extraordinaria para mí desde ese punto de vista, aunque cometí una equivocación que la vuelve ahora una obra antigua que fue sobreestimar el papel de la televisión, fui una víctima de su momento, no sucedió que la televisión absorbiera a la gente como yo suponía en el año 2000.

Algo presente en las obras de Allá es la dictadura. Vos sos parte de una generación que vivió su adolescencia y juventud bajo la dictadura, y la adolescencia es algo a lo que uno siempre remite. Es como que en tu caso más que escribir de la dictadura escribieras desde la dictadura.

Varias cosas me motivaron, quiero editar grupos de obras, voy a preparar una selección de obras sobre el amor, otras sobre la muerte, y estas tienen eso en común. Lo escuché a Gustavo Espinosa, un escritor impresionante, que una vez dijo: “yo debería decirme a mí mismo nunca más dictadura, pero no se puede, porque es mi adolescencia, mi juventud”. Pensá vos en tu adolescencia e imaginate la cantidad de cosas que nosotros no pudimos hacer… es tremendo, porque es una etapa de la vida que te determina, las canciones, el amor… Y además porque mi entorno, y el país, fue muy sacudido por eso, gente asesinada, gente torturada, gente presa, hasta el día de hoy está presente esa situación. Y entonces no es que haya una intención de nada, yo escribo de lo que tengo ganas. En su momento estas obras tuvieron que ver con algo que me motivó a hacerlo, y es paisaje también es mi paisaje. Y en ese sentido este libro ya me ha dado unas satisfacciones increíbles porque yo pensé que ya habíamos hablado de todos estos temas y resultó que no, que hay mucha gente joven interesada y que hay gente que lo ve de nuevo, que lo ve desde otra perspectiva. Una de las obras la hicimos con el apoyo del SUNCA (Laguna, escrita en el 2009), y decía Andrade en la presentación del libro: “nosotros nos pasamos la vida hablando con nuestros compañeros respecto a Horacio Gelós Bonilla y sobre cómo fue su muerte, pero recién cuando vieron la obra de teatro es como que hubieran tomado contacto con el tema” y eso fue imponente para mi. Y recuerdo una función hecha en el Platense, imaginate, un drama hecho en el Platense ante dos o tres mil personas, casi todos hombres, después de un Congreso, y el silencio que había, la atención, todavía me emociono. También durante mucho tiempo el relato de ese período histórico estuvo más en manos de un sector político que de otro, creo que eso ya cambió un poco. Y a mi la memoria histórica de los comunistas me parecía importante, y durante muchos años no fue el relato que dominó. Todavía hoy hay mucha gente que piensa que hubo una guerra, que se enfrentaban dos bandos, y no, es otra la historia.

Las obras tienen características distintas de todas formas. En el caso de Laguna está la figura de una persona torturada y desaparecida muy presente, pero El tipo que vino a la función (2014) es ya casi como una venganza desde el humor de situaciones de censura.

Con El tipo que vino a la función me pasó que me había encontrado con Manuel Martínez Carril (el histórico director de Cinemateca Uruguaya), que ya estaba muy enfermo, y yo pensaba “Martínez Carril se va a morir y este tipo, el censor, sigue ahí sin que pase nada”. Porque el censor tuvo larguísimas discusiones con Martínez Carril, discutían sobre Bergman, el tipo le cortaba escenas enteras. Noches y noches discutiendo qué se podía exhibir y que no. Y el censor murió hace poco y no pudimos denunciarlo, nada. Y pensé que había que escribir sobre eso, porque de alguna manera no puede quedar impune, esto pasó, y así sobrevivimos. Y la gente de teatro tenía este humor. Se sabía que el tipo iba de teatro en teatro pero llamaban de la ACJ y decían: “mirá, va para el Circular” y cambiaban la letra para el momento que llegaba el tipo. Y se peleaba ahí con Walter Reyno, eso pasaba, acá, no es algo de otro lugar. Y ese modo de ser de un movimiento artístico unido… Es otra visión sobre la dictadura, era divertido y emocionante.

Mencionabas Laguna y el vínculo con los obreros de la construcción como espectadores. Vos has intentado romper el cerco del público teatral, un caso por ejemplo fue Banderas en tu corazón (2001, a partir de canciones de Los redondos).

Eso fue fabuloso, todavía hoy me sigo encontrando con gente que me habla de la obra, me piden el texto, y es una desprolijidad, en ese caso los actores improvisaron, yo había organizado el asunto, era un conjunto de ideas y de climas que no llegaron a ser una literatura. Pero ese impacto que tuvo… yo podría quedarme satisfecha con esa obra, porque haber llegado al corazón de un montón de gente que además a primera vista podría parecer lejana a mí o a mi círculo. Pero yo creo en eso, no creo en los grupúsculos ni en alimentarnos siempre en la misma sopa, tengo fe en la conexión entre las personas, y una vocación por conectarme con los desvalidos, los perjudicados, los un poco dementes, me parece que es también un acto de justicia. No me gusta esa rosqueta de la gente bonita o intelectual…

Tu carrera como actriz se cortó cuando pasaste a integrar la Dirección de Cultura de la Intendencia entre el 2005 y 2010 ¿Qué balance hacés sobre ese período? Porque tiene algo de sacrificio.

Enorme sacrificio, y no pasa un día que no me arrepienta, porque fue un corte muy importante, hice un esfuerzo descomunal, y no me salió bien. Hay un par de cosas que logré hacer, que todavía hoy persisten, como la política hacia la artesanía, el carné de artesano que se genera trabajando con ellos, para darle valor a su trabajo. Pero es una tarea muy sacrificada y muy difícil, y se precisa una vocación especial, que yo no tengo. Quiero decir, un cirujano tiene que cortar un cuerpo, tiene que poder hacerlo, yo no puedo, no está en mi vocación, y los cirujanos son necesarios. Lo mismo las personas que se dedican a la gestión cultural, que trabajan en el gobierno, son cosas muy importantes, y no es mi vocación. Y el trabajo del actor además tiene una ingratitud que es tremenda, el trabajo del actor es la continuidad, en cualquier país, el actor tiene que pelear por la continuidad, porque vos estás dos o tres años sin trabajar y moriste, de muerte total, la gente no se acuerda, te mira y se queda pensando. Porque además yo soy de las que considera que si estás en un lado no estás en el otro. No se puede estar en todos lados, porque los dineros públicos son de todos. Así que no solo me afectó por ese tiempo que no actué sino por el tiempo en que después perdí la confianza. Pero ahora voy a volver, y no me voy a ir más, porque es hasta una necesidad del cuerpo, y me voy a quedar ahí en el mundo del escenario, como sea. Ahora, así como me arrepiento de esos años que estuve trabajando en el gobierno por no poder actuar, en el tiempo que estuve ahí aprendí cosas increíbles, conocí gente, conocí Montevideo, es como haber hecho mil viajes, haber ido a cuatro universidades, entonces también estoy muy agradecida con ese momento, porque fue muy enriquecedor.

Gustavo Bouzas, Jimena Márquez, Gabriel Calderón, Ramiro Perdomo, Gustaf, Suárez y Troncoso… Hay muchísimos artistas que pasaron por el Encuentro de Teatro Joven de la Intendencia que ahora son de las más importantes figuras del mundo teatral. Me da la sensación de que las propias autoridades no han sido conscientes de la importancia de eso y de generar un relato sobre eso.

Y Teatro en el Aula… Y vos fijate que la gran movida empezó con un gobierno que no era del Frente, con Thomas Lowy, a la salida de la dictadura hubo por primera vez un pensamiento hacia la ciudad y la cultura. La Movida Joven nunca fue del Departamento de Cultura, era una cosa especial para los jóvenes, y para mi es el mejor programa de cultura que pudo haber tenido nuestro país, creo que tiene un valor fundamental para Montevideo y para el Uruguay. Teatro en el Aula es una experiencia extraordinaria, que ya lleva muchísimos años, y si vos me preguntás donde habría que poner el presupuesto te digo que es en la Movida Joven y en el Teatro en el Aula.

Porque son programas que realmente han sido relevantes, y sin embargo se habla de otros proyectos a planes que han generado un montón de discusiones y chisporroteos.

Chisporroteo, esa es la palabra, porque son eventos… Hay un brasilero que dice “política de evento é vento”. Se gasta un montón de plata que se va en el viento. Yo creo que el estado tiene que invertir en políticas a largo plazo que generan estas cosas que vos decís, que se siguen generando, y también pensar en programas nuevos pero con esa base fabulosa. Pero bueno, en la cultura también aparecen intereses complicados. Fijate todos estos artistas que vos nombraste de la Movida Joven, algunos después han recibido apoyos, pero otros no, se han arreglado solos. Todo el trabajo de Bouzas, que es extraordinario, fabuloso, increíble, y sin embargo no es quien está en el candelero para las autoridades culturales. Lo que pasa con el público que va a ver Rescatate (obra escrita por Bouzas que se encuentra en cartel desde el 2006) es realmente fabuloso, es un capital para Montevideo increíble. Y nunca logré que nadie del Departamento de Cultura de la Intendencia fuera a ver esa obra ¿Me entendés? Nunca. Y hay tanta gente que hace cosas tan interesantes que merecerían el apoyo oficial para desplegar ese trabajo, y no siempre sucede… Y además estamos en un momento en que la política cultural tiene que hacer un cambio importante, tiene que reformular sus conceptos, sus vocabularios, sus estrategias, por eso me preocupo mucho cuando hay rumores sobre que habría una Secretaria de Cultura dependiente de presidencia… Debería haber un Ministerio de Cultura, solo de Cultura, eso es lo que corresponde para que tenga la importancia y la posibilidad de estar en el centro del gobierno. Y reformular programas y rever presupuestos, cuanto se destina a qué cosa, cuanto a la cultura y cuanto a determinada rama de la cultura. Hay que hacer un esfuerzo por pensar y proponer políticas a largo plazo que no sean ir tapando y sosteniendo sino ir proyectando, hay condiciones para eso.

¿En que vas a volver a actuar?

En una obra que se llama Si muriera esta noche, que es a partir de Idea Vilariño, no hay ni una palabra mía, son todos textos de ella, pero reestructurados en forma de monólogo teatral, o sea, no es un recital de poesía. Lo presenté al Programa Fortalecimiento de las Artes, fui seleccionada así que lo vamos a estrenar el 29 de marzo en la Sala Delmira del Solís. Vamos a hacer una temporada en la Delmira y después una temporada en la Atahualpa de El Galpón. Como te decía la poesía es una cosa que amo, me gusta mucho trabajar esa cosa del decir, es un problema el de la oralidad. Tuve la suerte de ser alumna de Eduardo Schinca y de otros docentes bien interesantes como el Bebe Cerminara que tienen que ver con el decir en la Escuela de Arte Dramático. Y estoy tratando de darle a la poesía un decir contemporáneo, que no sea un decir ampuloso sino una forma contemporánea. Estoy muy entusiasmada con este espectáculo, porque Idea fue una poeta, a ella no les gustaba que le dijeran poetisa, muy importante para el mundo. Y sigue siendo, la cantidad de chiquilines que se acercan a la poesía a través de los poemas de ella, la cantidad de gente que sabe sus poemas, los conoce… tengo un entusiasmo gigantesco con esto y con volver a la escena.


(*) Publicado en el semanario Voces

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