Laura Falero, comediante: “Mi actitud crítica me ha traído infinitas alegrías y mucha soledad”

La comediante y comunicadora Laura Falero ha desarrollado un camino propio basada en el humor. Entre otras actividades, hace teatro, es guionista y tienen un espacio de humor en radio El Espectador. En los próximos días viaja a Chile a presentar su espectáculo, dictar un taller y participar de los actos del 8 de marzo. Antes de subirse al avión contó parte de su historia a Granizo y reflexionó sobre el humor.


Entrevista de Andrea Bertino*

aura Falero es comediante, comunicadora, guionista, cantante y música. Ha combinado el humor con la comunicación trabajando en radio, televisión y teatro. Es egresada de los talleres dictados por Diego Wainstein y Alejandro Angelini, en “Club de Comedia” y en Buenos Aires, licenciada en Ciencias de la Comunicación y actual estudiante de teatro en la “Escuela de Emociones Escénicas” a cargo de Angie Oña. Estudió guión y narración con Ana Magnabosco y Nestor Ganduglia durante cuatro años. Trabajó como guionista para Canal 4, y como co-conductora en Urbana-FM. Hizo guiones para varios shows de humor y formó parte del elenco fijo de “Gente como uno- stand up” en sala Undermovie de Moviecenter por cuatro años consecutivos. Hace dos años produce y hace guiones para la “Primera Noche de Humor Negro”. Es comediante profesional en constante actividad, por lo que realiza shows en Montevideo, en el interior y en Argentina. Escribió junto a Jorge Esmoris la obra “Esmoris Presidente”. Lleva adelante el unipersonal “Graciosa”. Actualmente presenta su columna “Laura Up” en el programa Rompkbzas en radio El Espectador y una serie web en Canal-M de Montevideo Portal

¿Por qué y cómo empezás a hacer stand up?

Por desesperación. Conocía el género por arriba, y quería aprender a escribir chistes. Pero el motor fue un sentimiento de desesperación, chatura, aburrimiento que sentía hacía tiempo y que no sabía cómo canalizarlo. Me anoté en un curso que dictó Club de Comedia en 2010 – lo digo porque si no después se me enojan – y allí comenzó un camino que hasta el día de hoy no sé hacia donde me llevará. Igualmente, eso no me preocupa, solo vivo alucinada de cómo he descubierto mi caudal creativo y expresivo que pensé era casi inexistente.

¿Qué es el humor para vos?

Una manifestación racional de la tragedia, entendiendo ésta como la idea inexorable del ser humano de nacer y existir sin haberlo elegido, contada de forma promiscua y obscena para hacernos menos tortuosa la idea de que nos vamos a morir. Y aclaro, hoy pienso que es eso, mañana no sé.

En tu vida personal, ¿qué lugar le das al humor?

El mismo lugar que le doy a la tragedia, vivo como las dos caras del teatro, miti –  miti, no concibo una sin la otra. Mi manera de comunicarme siempre fue desde el humor, así genero vínculos y también destruyo parejas, porque viste cómo es esto de ser una mujer graciosa…. La libertad de ideas que aborda toda mi comedia, y mi responsabilidad de romper con mandatos a través de una actitud crítica contada de forma divertida, me ha traído infinitas alegrías y mucha soledad. Elijo el humor porque es lo único que te desencadena de la norma.

¿Cuál es el lugar de la mujer en la comedia mundial y en la uruguaya?

Todavía ninguno.

¿Qué lugar considerás que ocupa el humor en la sociedad uruguaya? ¿Debería ocupar otro distinto?

Hay un humor “blanco” para “toda la familia”, aunque siempre pienso que si traigo a toda mi familia y los siento a ver ese tipo de humor, se paran y se van. Porque sociológicamente ese humor ha subestimado a la familia, al propio humor “blanco”, cargado de premisas ambiguas, sin contenido, solo con el fin de cantarles el arroró con un chiste de juego de palabras a un montón de gente que la queremos dormida para dominarla, para que nos aplauda y para que financie nuestra vida. Esto responde a un Uruguay que YA NO ES, o quizás a un mundo que no quiero, no sé… Lo preocupante es la cantidad de gente que está dormida y lo preocupante es como existe una falsa creencia de que el humor es para olvidarnos de los problemas cotidianos, cuando el humor es un compromiso social y un discurso político que debe cuestionar esos problemas, y exorcizarlos para avanzar. El comediante es una persona desesperada, ese es un motor creativo. Es oscuro, ansioso, cuestiona todo, duerme de día, necesita vivir muchas experiencias para entender la suya propia. Somos los ratones de laboratorio del arte. Necesitamos atraer a ese público, que reniega de muchos discursos banales de la comedia actual uruguaya, a los espacios donde hay comedia contestataria y crítica. Necesitamos que se acerquen a escucharnos y que nos ayuden a pensar una nueva comedia. Y también necesitamos que el público no se subestime a sí mismo, y se acerque a un espacio donde quizás lo que vaya a escuchar los ponga incómodos pero lo modifique y expanda. No subestimo a ninguno de los dos públicos, o sí, y quizás sueno soberbia, pero necesitamos que a todos aquellos comediantes que estamos buscando una voz propia desde la interpretación de la existencia de una forma revolucionaria y responsable, nos apoyen y nos ayuden a crecer.

¿Qué humoristas destacas (de acá, de allá y de otros tiempos) y por qué?

De acá, Santiago Reyes, María Rosa Oña, Adelina Perdomo, Diego Vignolo, Manuel Botana. De otros lados muchos, pero prefiero a mis amigos de acá. La lista es interminable, me voy obsesionando por etapas, me pasó con María Banford, con Barry Crimmins, y con los clásicos, Carlin, Hicks, Izzard, Silverman, ahora estoy en una investigación minuciosa de la carrera de Rowan Atkinson. Brillante. Amo la comedia feminista, Ana Carolina, de Argentina, me parece la mejor.

¿Recordás tu primer material? ¿Cómo fue?

Sí, es la base, hablaba de que no entendía por qué las mujeres nos teníamos que depilar, hace casi siete años atrás, otro mundo. A pesar de que es muy poco tiempo,  el debate sobre las políticas de género estaba en pañales, pero obvio que algo comenzaba a gestarse. Me acuerdo que miraba para arriba todo el tiempo, me costó mucho bajar la mirada y conectar con la gente. Cuando lo logre, fue orgásmico, fue algo hasta sexual, fue un acto de seducción mutuo, y allí comencé a entender de qué va.  Hoy ese material aparece a veces, aceitado, mejor construido y sigue creciendo de manera infinita y nunca deja de sorprenderme. Hoy soy comediante y vivo de la comedia, pero aunque no lo pueda hacer toda la vida, no dejaré nunca de hacerlo, porque no lo hago por dinero, lo hago por el deseo.

¿Qué experimentás al subir al escenario?

Lo que el budismo llama “samadhi”, es una sensación o estado de conciencia, que quizás se asemeja a lo que sentimos cuando meditamos, un estado de contemplación, donde siento que alcanzo algo del orden de lo divino. Quizás para los occidentales sea el significado de felicidad o de paz. Y también me siento justiciera.

¿Cuáles son las mayores diferencias entre la tarea de comediante y la de actriz o comunicadora?

Como comediante libero mi pensamiento racional, mi preocupación, y hago justicia. Como actriz, libero mi sombra desdoblada en otro estado de conciencia, me siento que sano mi drama más que cómo comediante, y como comunicadora me siento decepcionada constantemente. Prefiero abocarme a la comunicación interpersonal en grupos, generando pertenencia sobre todo el ámbitos de colaboración que sirven para inspirar, que trabajando en un medio como comunicadora. Porque creo que mi criterio y sobre todo mi ego se vería muy afectado como ya me pasó en un pasado oscuro.

¿De qué nutrís a la hora de armar tus textos?

De mi vida, de mi aquí y ahora, de mis preguntas existenciales, mías y las de las personas que quiero y con las que me vinculo. Me nutro de lo que leo. Siempre hago un juego, que es abrir un libro de forma aleatoria, poner el dedo en un renglón y leer lo que dice, eso me ha disparado cosas geniales. También me nutro de una escena de una película que me disipara una premisa, de una actitud que veo en la calle, de una emoción que me invade. De mis duelos clandestinos y de los otros también.

¿Cómo ves el escenario del stand up en Uruguay, que notoriamente ha crecido mucho?

Dividido por amiguismos, algo que pasa en todos los ámbitos sociales y culturales, algo que me parece muy honesto y que era necesario. Luego el público decide qué quiere ir a ver. Están los que hacen muy buenas campañas de marketing, están los que utilizan las redes para promocionarse, utilizando las estrategias comunicativas que éste fenómeno social nos proporciona, y están los que no saben mucho cómo hacerlo. Su finalidad es hacer y no saben cómo difundir lo que hacen. Todos los casos son válidos, creo que el público es quien debe descubrir lo que quiere e ir por ellos.

¿Cómo definís tu trabajo en Rompekabezas? ¿Cómo llegaste allí?

Creo que llegué por esas cosas lindas que tiene el universo, que parece que te da lo que quizás diste alguna vez. (Daniel) Figares me llamó por teléfono y se presentó, ¡como si yo no supiera quien era! Mi nivel de ansiedad hizo que temblaran los techos del rancho del balneario La Coronilla, donde veraneamos los comediantes pobres, y me propuso pensar una columna de humor, con toda mi libertad de expresión de quisiera y me animara a manifestar. Allí empecé y sigo hace dos años. No es un trabajo, es un pequeño show radial que me permito hacer todos los viernes, exorcizo, opino, nos reímos, debatimos. Ha sido una experiencia de aprendizaje y de extrema satisfacción porque me dio seguridad, porque primero me la dieron a mí, de que iba por buen camino.

¿Qué fue lo mejor y lo peor que te sucedió sobre el escenario?

Lo mejor, cuando una señora de 90 años se me acercó y me dijo en secreto “dijiste muchas cosas que a mí me hubiese encantado hacer y nunca me amine”. Lo peor, un ataque de pánico, durante un show. Seguí, terminé, pero la pasé muy mal.

¿Hay asuntos que sobre el escenario preferís no abordar? Humor negro o político, por ejemplo. ¿O no hay límites en eso?

Humor machista, xenofóbico, homofóbico, o que discrimine a cualquier persona, no me gusta burlarme del otro. El límite lo siento cuando vulnero los derechos del otro, pero eso es algo muy personal y más en el humor. Por eso dejé de subirme a muchos escenarios, porque no estaba de acuerdo con muchos discursos de algunos comediantes y no quería que me asociaran a eso. Se puede hacer humor con todo, solo hay que tener muy claro el lugar donde te parás y qué es lo que querés decir.

Te vas en breve de gira a Chile, ¿qué vas a hacer?

Voy a hacer “Graciosa”, el unipersonal que estuve haciendo todo el año pasado en Uruguay, también voy a actuar en otros lugares como comediante invitada. Voy a dictar un taller que se llama “Divertirnos con el cuerpo” para comediantes, amadrinada por Bernardita Ruffinelli, quien ha sido un nexo de muchos comediantes uruguayos en Chile. Y voy a participar de las actividades del 8 de marzo a través de ONU Mujeres específicamente con el Observatorio Contra el Acoso Callejero. Y sobre todo me voy a probar, a ver si soy tan graciosa por ahí…


(Fotografías: Viviana Bordoli)

*Andrea Bertino es comediante de stand up desde hace cinco años, guionista de radio, locutora, profesora de inglés, vegetariana, madre de tres gatos y bloggera.

 

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