Llega “La extinta poética” al Teatro Solís

La Extinta Poética, obra de la compañia Nueve de Nueve, ensayo en el Matadero, en la sala Max Aub.

Desde España llega “La extinta poética”, de Eusebio Calonge, al Teatro Solís. Con Carmen Barrantes, Laura Gómez-Lacueva, Ingrid Magrinyà y Rafael Ponce. Dirección: Paco de La Zaranda. La obra va éste sábado 18  de mayo a las 20 horas y el domingo 19 a las 18:30. Granizo conversó con Gómez-Lacueva y Barrantes sobre cómo fue el proceso de concebir este trabajo.


Por Mauricio Rodríguez

La extinta poética es una experiencia que aglutina artistas escénicos de distintas procedencias, disciplinas y tendencias. Las actrices Carmen Barrantes y Laura Gómez-Lacueva (Nueve de Nueve), Rafael Ponce, actor, autor y alma mater de la compañía Estev, y Ponce, de fructífero recorrido tuvieron en los orígenes de la escena alternativa española; e Ingrid Magrinyà, bailarina de recorrido internacional.  de otra parte  Eusebio Calonge y Paco de La Zaranda, con larga trayectoria sobre los escenarios del mundo.

Reseña

De los estimulantes a los tranquilizantes, de la velocidad a los somníferos, de las píldoras para la potencia sexual a las anticonceptivas. Barbitúricos, zapping y gimnasio.

Proliferación de mercancías. Lociones, llamadas perdidas, resultados deportivos, visitas guiadas al infierno hipotecado. La rueda del hámster. Máxima agitación como único modo de sentirse vivo. Personajes que cambiaron su biografía por un abultado historial clínico… y en mitad de tanta nada, apenas una pregunta: ¿Qué hace Ofelia en nuestra época? ¿Quién escucha su lamento antes de que se sumerja, definitivamente, en la corriente de la vulgaridad y el tedio?

Es como preguntar por el sentido de la poesía en nuestro tiempo de velocidad y vacío. Entre la futilidad de los deseos y tragedias mezquinas de una familia, en su cotidianidad quebrada, un ser desvalido siente el impulso grande, vital, esencial, del arte. Un canto de cisne, unas flores arrojadas al río, la fragilidad de la belleza amenazada siempre.

¿Qué es lo que “La extinta poética” propone sobre el escenario?

Carmen – Bueno yo creo que es la pregunta más difícil … No es una obra que tenga comienzo, nudo, desenlace. Estamos hablando de una obra que es como un lienzo con varias capas, donde cada uno puede leer lo que quiera. Pero realmente es la historia de una familia, un padre, una madre, una hija mayor y una hija pequeña, que tiene una discapacidad. Y que ahí se lee como que esa es la poética, ella es la que encarna esa poesía y la pregunta que se hace el texto es ¿qué hace la poesía al día de hoy? Estamos toda una familia como empastillada, una sociedad narcotizada y con velocidad, como un hámster que da vueltas a la rueda. Y una familia que realmente, más que hablarse, se grita. Más que escucharse, se pegan. Y dentro de todo esto hay situaciones con un humor tremendo. Creo que Eusebio tenía esa genialidad de que cuando la cosa se empieza a encapsular y no sabes por dónde salir, hace una veta para que salga el vapor como en una olla a presión. Y lo hace por medio de la risa. Es una propuesta que es única porque es de ellos. Nos ha cogido a nosotros, hemos sido zarandeados los cuatro actores fuera del grupo y ha costado meternos en su código, pero es una maravilla y un lujo. Porque realmente es un acto de amor al teatro. Estamos muy orgullosos del trabajo y muy contentas.

Laura – Otras de las preguntas que plantea seguramente la obra a nivel poético es esos gritos, ese no parar que dice Carmen. Realmente cuando esos personajes no están presentes o el foco no está en ellos, de repente ves un silencio, y la poesía y la belleza que trae esa niña. Muchas veces Carmen también dice que nos gustaría ver la obra, nunca la hemos visto porque la hemos actuado. Entonces ver cómo nos llegaría a nosotros desde esa inocencia de decir a ver de qué va esta obra. Y ver de repente cómo empieza, qué te lleva a un viaje que decís “esto es horrible, esta familia es horrible, ¡por favor que se callen”. Y de pronto hacés “¡ah!” y te metes en un plano poético. Que maneja muy bien Eusebio, esa manera de llevarte.

En la obra, la poesía es la cuota de belleza …

Carmen Una de las críticas que nos hicieron – y nos hicieron críticas excelentes en Madrid – , la firmaba Javier Villar. Le puso cinco estrellas y dijo que era “la belleza del horror”. Creo que es un poco por ahí. Hablamos de una chica con una discapacidad muy fuerte, que está todo el rato comparándoles con una Ofelia; tipo qué haría Ofelia al día de hoy. Tiene parlamentos de la obra al final, y empieza a decir “mi madre sumida en su depresión, mi padre, como el de Hamlet, es un fantasma”. Por eso te digo que hay muchísimas capas, y lo que es universal es que amigos que han venido a verla, y tienen una vida standard y totalmente feliz, hay un momento en que se acercan y te cuentan algo que les ha tocado en la función. Nos hemos quedado con la boca abierta de decir “¿en serio?”. Creo que cualquiera puede verse en algunos de los personajes, o en una de las situaciones. Del tipo “mi familia es así, mis vecinos son así o yo soy así”. Me acuerdo en una función del Teatro Español de Madrid donde de repente se me acercó una compañera y dijo “no me ha gustado, pero creo que es porque me he visto yo”. Y es una frase horrible, pero es un piropo.

¿Cómo fue la construcción de los personajes?

Laura Esta obra, aunque sepas el final, da igual el final. Es una cosa muy esperanzadora, es un aleluya y de una belleza tremenda lo que pasa al final. El trabajo de los personajes fue muy duro, porque los trabajos pasan por el cuerpo, no pasan por la cabeza. Yo digo que si esto que he trabajado con ellos es teatro, yo no había hecho teatro antes nunca. Jamás. Tiene que pasar por el cuerpo, tiene que desaparecer tu persona, tu cabeza, tus trucos, tu actriz, tus ideas geniales, tus ojitos, y todo lo que te funciona. Tienes que empezar desde un sitio que es un abismo desconocido donde te tienes que tirar y no sabes si tienes alas o no. Y te agarras con los dientes, pero te tienes que tirar y eso es lo interesante. Al final te das cuenta de que las cosas más bonitas son las que pasan por el cuerpo, no por la cabeza. Tú te enamoras de alguien y no sabes porqué, te pasa por tu cuerpo y te estremece. Y yo creo que esta obra tiene un poco eso, tiene algo de que por mucho que escuches palabras que te retumban, pero tiene algo que menea el cuerpo, que lo zarandea. Que te estremece. A mí lo que me pasa con De la Zaranda es que cuando yo lo he visto es como que te pegan un golpe en el pecho, y cuando acaba yo me he quedado en que no sé si aplaudir, si llorar, si reírme. Digo “por favor que me dejen aquí sentada cinco minutos”.  Como actriz me han dicho que yo no me tengo que lucir, pero la que se tiene que lucir es la obra. Es verdad de que aquí no hay personajes, aquí estamos todos en uno y eso es lo bonito que tiene. Tu ego, tú fracaso, tu éxito, tu brillo, se van. La luz está en otro sitio. La luz no está en ti, la luz está para iluminar un trabajo de una belleza tremenda, de una plasticidad tremenda.

Interpreto que es la primera vez que se enfrentan a este desdoblamiento absoluto, como a un desafío artístico extremo…

Laura – Totalmente, es muy fuerte. Carmen lo sabe: en muchísimas funciones yo terminaba con la visión como distorsionada. Con la visión de Rosa. Como si yo no hubiera estado ahí.

Carmen Creo que la obra es como un hijo precioso, que lo estamos cuidando peinando y lavando. Y lo tenemos crecidito, en una etapa muy bonita (Risas). Lo hemos cuidado con todo el respeto.

¿Sienten que la obra ha ido cambiando en la medida en que la han ido representando hacia alguna dirección?

Laura Somos muy fieles a lo que dejaron ellos, no creo que haya evolucionado a otra cosa. Somos muy fieles y muy respetuosos con todo. Esta obra es una pieza de relojería muy fina, al detalle no te puedes permitir ni irte mucho de tiempo. Además hay unas cosas de músicas de no sé qué. Es verdad que internamente nos hemos “esponjado”, y que seguramente es una maquinaria que está mucho más engrasada que al principio.

Carmen – Sí, porque no hay hueco. Yo he estado en obras que ha habido “intrafunción”, que a veces era más interesante que la propia función. De hablar, de hacer chistes los actores para los actores en público, etc. Se acaba porque ya te aburres de hacer una función. He estado pensando en la lista de la compra durante la obra, porque es hueco. Evoco al aburrimiento, al tedio, a la repetición. Pero aquí no hay, si tu cerebro se va un segundo la obra se va a la mierda. Y encima hay que tener una energía corporal, hay que estar en cuerpo presente y hay que estar dándolo todo. Por eso te digo que este teatro no es el otro o el otro no es.

¿Y hay una identificación en el público con el tema universal que es la familia?

Laura – Sabes que hay algo que yo creo que pasa en Sudamérica, y que nos pasó cuando estuvimos en Colombia. Creo que hay algo que nosotros estamos enseñando, o estos trabajos enseñan cosas que la gente no quiere ver o no quiere ver. No quiere ver un discapacitado o problemas. Y creo que hay algo que en Latinoamérica se permite mucho, está todo mucho más “poroso” a esto. En Sudamérica hay algo más de esencial, de  más hondura, de humanidad, de amabilidad. Que creo que nosotros se nos está un poco perdiendo. Hay gente que no lo quiere ver y aquí yo noto que sí. El aplauso que tuvimos en Colombia no lo hemos tenido, en Madrid funcionó muy bien pero yo creo que ese aplauso no fue el mismo.

Carmen – Y luego también está cómo te hablan. Nos pasó en Madrid, en Zaragoza y en varios lugares. Ves que te dicen “me ha gustado mucho”, o “me ha impresionado”, pero hay un punto incómodo y molesto. En cambio, es verdad que en Colombia era como “qué fuerte”, o “es la vida, esto es la vida”.


 

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