“Lo que más me importa es cómo la obra llega a las personas”. Con la actriz brasilera Paula Cohen, que presenta “Carne de mujer” en el Teatro Solís

“Carne de mujer” es un manifiesto artístico y feminista, que toma como base el texto “Monólogo de la puta en el manicomio”, escrito por Franca Rame y Dario Fo en 1977. La función es éste sábado 16 de marzo a las 20 horas en la Sala Delmira Agustini. La actriz contó a Granizo cómo vive ésta propuesta, que es su segundo monólogo.


Por Mauricio Rodríguez

Sobre la obra:

La obra trae a luz la necesidad de hablar sobre abuso y violencia de género en el teatro, o en cualquier medio de lenguaje artístico. El espectáculo, nuevo unipersonal de Paula Cohen, tiene dramaturgia de Darío Fo y Franca Rame, a partir del “Monólogo de la puta en el manicomio”. En su introducción, la protagonista cuenta un poco sobre las pitonisas griegas, trayendo a la luz la memoria machista del mundo que calló las voces de muchas mujeres revolucionarias de la historia. Carne de mujer, como fue bautizada por la actriz, cuenta la historia de una mujer que está siendo interrogada por una médica y su equipo. A partir de su testimonio, nos encontramos con la trayectoria de alguien que fue víctima de violencia a lo largo de su vida y que de repente decide poner en práctica, como con la fuerza de un grito, su acto de liberación.

Tú sos brasilera pero tus padres son uruguayos…

Sí, mis padres son uruguayos. Ellos se conocieron acá y se casaron acá en el Reina Victoria, el hotel donde estoy hospedada. Nada es coincidencia en la vida (Risas). Se fueron a vivir a Brasil porque mi padre trabajaba allá y mi madre fue embarazada para Brasil, entonces mi primer idioma es el español, ellos no hablaban portugués. Lo aprendí en la escuela, en la calle. Mi relación con Uruguay es muy fuerte. Yo venía todas las vacaciones acá, con mi abuela, mis primas, mis tías, a Montevideo y a Punta del Este, en invierno también. Y siempre alimenté mucho mi alma con la cultura rioplatense, porque tengo familia en Argentina también, mis referencias de música de poesía son muy uruguayas, argentinas, y eso es muy enriquecedor. Cada vez más yo quiero hacer esos puentes artísticos porque somos muy vecinos, tenemos mucha cosa en común, pero Brasil queda muy afuera por el idioma. Yo veo que acá se consume mucho más música, cuando voy a las librerías veo algunos autores, por ejemplo Clarice Lispector. Escritores que fallecieron y nuevos escritores, y veo que se consume bastante. Acá se consume mucha música brasilera y yo creo que allá tenemos que escuchar más español, tener referencias …

¿Cómo te va llegando el teatro?

Yo siempre tuve ese lugar del arte muy fuerte. Empecé bailando, a eso de los 16, 17 años, y nunca más salí … Hice la escuela de arte dramática que es una escuela maravillosa en San Pablo, que es una gran referencia en Brasil, en la Universidad de San Pablo.  Y ahí ingresé. Tengo una trayectoria de 22 años de carrera haciendo muchas cosas, trabajando con mucha gente, con muchos grupos distintos. Y ya hace unos cuatro años empecé a hacer cosas muy particulares. Mi segundo unipersonal lo escribí junto con Pedro Granato que es un director y dramaturgo brasilero muy importante en el Brasil. Ahí llegó “Carne de mujer”. Es un nombre que yo le di, porque la obra se llama “El monologo de la puta del manicomio”. Yo conocí este texto cuando estaba en la Escuela de Arte Dramático y me quedé loca.

El hacer un monologo requiere de una preparación, en tu caso ¿qué se dio para que dieras ese paso?

Yo creo que también es una preparación  de la vida, de tu trayectoria, como un todo. Cuando hice el primero yo tenía 18 años de teatro, muchas horas de vuelo. Y sentía que tenía ganas también de tener tu cos, lo que queres decir, lo que precisas decir. Y venir para acá, viajar, comunicar y tener independencia también. Así nació “As lagrimas quentes de amos que só meu secador sabe enxugar”, que es mi primer monologo. Y luego llega “Carne de mujer”. Yo me acuerdo que Darío Fo se muere y ahí me da como una locura, cómo puede ser que pasaron veinte años y yo tenía eso ahí … Lo tengo que encontrar de nuevo. Y cuando lo leí tuve como una epifanía. Esto es un manifiesto feminista. Y ahí llegó junto como un movimiento de realfabetización, en el sentido de entrar en contacto con lo que es intentar vislumbrar ese mundo patriarcal que nos dictan. Tenemos que limpiar, tenemos que caminar en el sentido de la igualdad, no podemos más ser oprimidas, no podemos más sufrir …

¿Cuánto influyó el momento que está viviendo la región y la Humanidad toda con haber dado ese paso para ese texto?

Influyo todo, porque ahí justo es como que si las cosas se convirtieran… Con lo que estaba pasando alrededor y con este texto, que para mí era como un manifiesto feminista. Yo quería hacerlo… Y no quería hacer como algo igual, tanto que cambié el nombre. No quería pegarme al personaje, yo quería hacer como si fuera un artista plástica que estaba haciendo un manifiesto. Como si fuera a decir “voy  a contar la vida para contar la vida de todas”.

El texto es del año 77, ¿tuviste que hacerle algún aggiornamiento?

No. Parece que fue escrito ayer de tarde. Y eso asusta. Cuando confronté con eso dije “cara, ¿cómo andamos tan poco?”. Poco o nada, porque Franca Rame fue violada incluso, por los fascistas italianos. Fueron cuatro hombres. Tiene una historia muy dura. Darío y ella eran muy feministas, eran muy revolucionarios. Luchaban contra la desigualdad. Es como si el discurso de ellos cupiese para este instante de forma perfecta.

¿Cómo fue el proceso de trasladar el texto original a ésta puesta?

El texto original ya es un monologo corto. Se trata de ésta mujer que está en un manicomio y que cuenta todas las violencias y abusos que sufrió a lo largo de la vida. Y un día la destapa… Es lo que nos pasa, en un momento estás tan desbordada de ser abusada que la reacción viene como viene, explota, no tiene mucho control. Entonces lo que pasó es que cuando yo decidí que la iba a hacer llamé a mis productoras, Jessica y Victoria , que tienen una empresa que se llama Contorno Producciones. Y les dije “¿quieren hacer conmigo una especie de manifestación feminista? No tenemos nada y vamos a hacerla”. Y ellas me acompañaron y cuando conseguimos los derechos yo lo iba a hacer todo medio sola. Pero dijimos “no, esto hay que hacerlo un grupo de mujeres muy poderosas, muy talentosas, que cada una aporte en su área”. Y armamos un grupo de trabajo de mujeres, yo solo quería mujeres. Formamos un equipo de mujeres. En ése momento no teníamos nada y todas dijeron “vamos y vemos qué pasa”, porque es lo que queremos decir. Entonces la cosa ganó una fuerza muy grande y así fue. La estrenamos hace un año y medio y desde ahí muchas cosas vienen pasando. Hicimos muchas temporadas, viajamos por Brasil por algunos festivales, ganamos un premio a fines de 2018 de la Secretaria de Cultura de la Intendencia de San Pablo. Éste año hacemos los teatros de la prefectura en San Pablo. Ganó una dimensión tan fuerte como discurso y lo que más me importa es cómo la obra llega a las personas, cómo las atraviesa. Y las mujeres que me encuentran y cómo me escriben y lo revolucionario que puede ser estar hablando de una cosa que es lo que necesitamos hablar. Estar juntas en una lucha, fortalecernos como mujeres, en el sentido de la igualdad, luchar por nuestros derechos. No dejar ni un minuto cada derecho que conseguimos, luchar contra la violencia de genero. Brasil es el quinto país de mayor violencia contra la mujer, el quinto país que mata más mujeres en el mundo. Y el primero que mata más gays. Es una locura, eso no puede ser, es una demencia. Cada minuto lo que más me interesa es luchar contra esas violencias.

¿El discurso va por el lado de la denuncia, por el invitar a no bajar los brazos?

La provocación en el texto es una cosa muy humana, es una mujer contando lo que le pasa en la vida. Entonces es una historia que todas la podemos vestir, claro, en menor o mayor grado. Porque la historia de ella es muy fuerte, pero en menor o mayor grado todas nosotras ya fuimos abusadas y somos abusadas cotidianamente. Ésta historia cuenta un poco lo que es todo. Yo empiezo hablando sobre las pitonisas griegas, traigo el arquetipo de lo que puede ser la figura mítica de la mujer, y hablo sobre la memoria machista del mundo. Que saca de la histografí. Y empiezo pidiéndole a las mujeres presentes que escriban en mi cuerpo sus nombres para que juntas contemos esta historia, porque es la historia de ellas, pero puede ser la mía y la de todas las mujeres presentes. Yo creo que la denuncia  viene apenas por ser una historia de una mujer, como podría ser la mía o la de ellas. De identidad, de sentirse identificada, y también pasa un poco por despertar esas curiosidades. Del tipo “ah, mirá cómo nos sacan de la historia, cómo nos abusan”. Porque el abuso se naturalizó el abuso.

¿Y cómo es la reacción del público?

La gente queda muy tocada. Un día una chica llegó llorando y me dijo “fui a ver tu obra y me separé de mi novio”. “¿Por qué, te abusaba?”, le dije. Y me dijo “Yo pensaba que no. Que había cosas que eran normales”. Está introyectado en nosotras también, es una lucha poder sacarse eso. También es muy interesante ver a los hombres. No es contra los hombres y sí contra esa forma de abuso. Y los propios hombres se despiertan.

El proceso creativo debe ser removedor …

Sí, muchísimo. En principio, desde empezar a crear y darme cuenta yo también de pequeños abusos que viví ya en la vida. “¿Por qué esto es de ésta forma?”. Desde eso hasta la comunión con todas las demás. Cada una también se transforma cuando se aproxima a la obra, hay una cosa de estado latente ahí también. Yo juego un poco con movimientos internos de voces y cosas porque como ella está en el manicomio. Y las locas siempre somos nosotras (Risas) Y también usar eso de ser loca.

¿De qué forma influye la sala?

Yo estrené en el Teatro de Arena, que es un teatro de mucha historia en San Pablo. Incluso porque es un teatro revolucionario en la parte de dramaturgia, en el movimiento de los años setenta, sesenta. Un teatro donde se empezó una  nueva dramaturgia en aquel momento, y yo le tengo mucho cariño. Es un  teatro muy chico. Ahí la está  como adentro mío. Después paso por un teatro chico,  que es de Pedro Granato, mi director. Después me fui al de Fundación Itau, que es un teatro más grande. Fui a festivales. El año pasado hice una temporada larga en un teatro muy lindo, que es adentro de la Librería Cultura en San Pablo. Y es un teatro un poco mayor.

¿Y cambia lo que sucede con el público?

En unos ganás en una cosa y en otros, en otra. Por ejemplo, en los teatros más chiquitos estás muy cerca. Y en los mayores la luz es un espectáculo. Para mí estar en el Teatro Solis es de los mayores honores de la vida. Es la segunda vez. Estuve en el 2010, 2011, con “Hamlet Machine”, un montaje también importantísimo para mí. Hicimos Brasil, Latinoamérica y vinimos para acá. Yo estoy agradecida a mi padre, que ya se fue, mi abuelo. Es un honor y  una emoción estar en Uruguay, en este teatro que para mí es tan importante. Ahora, además, con “Carne de Mujer”, que es mi obra, la obra de la voz de la mujeres. Estoy muy honrada de estar acá y para mí es muy fuerte y muy importante.

Ficha técnica y artística

Concepción y Actuación: Paula Cohen

Texto: Dario Fo y Franca Rame

Dirección: Georgette Fadel

Diseñadora de luces y Escenografia : Marisa Bentivegna

Sonido: Claudia Assef

Producción: Contorno Produções

Administración: Dulcineia Produções

Dirección de Produción: Victória Martinez e Jessica Rodrigues

Arte Gráfico: Patrícia Cividanes

Fotos: Lenise Pinheiro

Técnico de sonido: Gabriel Tavares

 

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