María Rosa Oña, actriz, comediante y dramaturga: “Últimamente la política me está dando mucho material para hacer humor”

Se formó en la Escuela de Casa del Teatro, con Luis Cerminara y Alberto Restuccia como profesores, y estudió en el teatro La Gaviota con Delfi Galbiatti. Dirigió y participó como actriz de un radioteatro en CX 36. Sus obras “Todavía no sabemos”, “Solipsismo” y “Maldita Dolly” fueron premiadas en los encuentros de Teatro Joven organizado por la Intendencia de Montevideo, además de recibir algunas distinciones como actriz. Por “Maldita Dolly” recibió una mención como revelación en los Florencio. Dicta clases de teatro para niños en distintas instituciones. En 2010 fue fundadora del grupo Guácale Teatro. En 2011 fue nominada al premio Florencio a Mejor Texto de autor nacional por “El árbol de la bruja”y en 2012 por “Los viajes de Wenceslao”. En 2013 fue ganadora del premio Florencio a Mejor Texto de autor nacional por “Bu”. Actualmente dirige el taller de comedia stand up MAD junto a Diego Vignolo y Adelina Perdomo y realiza diversos espectáculos como comediante tanto en Uruguay como el exterior. Integra el grupo “Perfaloña”, junto a Laura Falero y Adelina Perdomo, y presenta su unipersonal “Stand up a la uruguaya”. Es integrante del programa Yo Muher que se transmite por radio El Espectador.



Entrevista de Andrea Bertino*

¿Por qué y cómo empezás a hacer stand up?

Por casualidad. Un amigo me comentó sobre el curso, de qué se trataba y me interesó. Siempre que escribía una obra había cosas que me sobraban, porque notaba que eran muy mías y no me gustaba que las dijera un personaje, las quería decir yo. Entonces fui y me di cuenta que sí, que era lo que yo buscaba para pararme frente al público y decir. La verdad, hacer el taller con Diego Wainstein, terrible docente, fue una de las mejores cosas que pude haber hecho.

¿Qué representa el humor para vos?

Todo. No concibo la vida sin humor, en los mejores y en los peores momentos siempre está presente. Es una forma increíble de relacionarse con el mundo, de aprender, de enseñar, de sobrevivir. Es de verdad, todo.

¿En tu vida personal qué lugar le das al humor?

Tiene un lugar privilegiado. Gracias al humor me vinculo mejor con mis hijos, con mi pareja, con el mundo. Lo que para mucha gente es la música, cuando escuchan y recuerdan a alguien o algo, para mí es el humor. Viendo una película cómica, humor escrito, escuchando un chiste, recuerdo momentos de mi vida. En la infancia fue Mafalda, en la adolescencia, Les Luthiers y. un poco más adelante, Monty Python; por nombrar tres. Después (los programas televisivos) “Plop”, las “Telecachadas”, “Telecataplúm”. Películas y directores que cuando los descubrí los amé, como Mel Brooks y muchos otros. Mi vida es humor. Vengo de una familia que usa el humor como comunicación y está bueno. Trato de reírme mucho de lo que me da miedo, por eso me río tanto de la muerte. Le tengo pánico. Y también de las injusticias, porque me generan mucha impotencia y si no le encuentro el lado gracioso, por más negro que sea ese lado, creo que moriría de tristeza.

¿Qué lugar consideras que ocupa el humor en la sociedad uruguaya? ¿Debería ocupar otro distinto?

Creo que ocupa poco lugar, en Uruguay y en el planeta. No nos olvidemos que el mundo es de la gente “seria”, y el humor es muy relacionado con la tontería, el chiste burdo. Todavía no tenemos instalado el “chip” de que el humor es cosa sería, como se dice por ahí. El uruguayo en general tiene un buen sentido del humor, le falta perder la vergüenza. Somos muy vergonzosos y tememos que la risa nos haga ver ridículos. La gran mayoría de los políticos son un buen ejemplo de eso: tratando de verse serios dicen cosas muy ridículas. Hace falta reírse más y odiar menos. La educación no da mucha cabida a las emociones tampoco, dramatizamos y solemnizamos mucho, demasiado. Lo que me preocupa es que estamos tomando como humor lo que muchas veces es solo molestar al otro, reírse de alguien porque sí. Eso me preocupa.

¿Qué humoristas destacás (de acá, de allá y de otros tiempos) y por qué?

De acá a todos los de la época de “Hiperhumor”, “Plop”, gente que con nada te armaba un show maravilloso. Grandes humoristas todos. Pocas mujeres, eso sí. Siempre hacen falta más. En general me gusta la gente que dice algo, que te deja pensando y te mueve el piso. Gente que habla de política, sociedad, religión, que se sale de la norma, que te asombra, que te regala algo nuevo. Hay poco de eso.

¿Recordás tu primer material? ¿Cómo fue?

Sí, claro, el primer material no se olvida, es como el primer ladrillo con el que se empieza a armar la casa. Es un material que quiero mucho y todavía me funciona y me divierte. Me fue bien, con miedo claro, siempre existe el miedo a que algo no funcione. Por suerte, con laburo, eso tiene arreglo.

¿Qué experimentás al subir al escenario?

Una mezcla de nervios, ansiedad, felicidad. El momento en que pisás un escenario es mágico.

¿Cuáles son las mayores diferencias entre la tarea de comediante y la de dramaturga?

Más allá de las diferentes técnicas y herramientas que pueda usar para una y otra tarea, para mí la tarea es la misma: entretener al público y brindarle lo mejor posible, tratar de decir algo. No importa qué haga, si pintura, teatro, música, el artista siempre quiere comunicar, decir.

¿De qué nutrís a la hora de armar tus textos?

De todo lo que tenga a mano, del mundo en general, de la familia, la sociedad. De todo. Y de los sentimientos que me genera el mundo. Creo que todo es potencial para crear. Lo bueno, lo malo, lo lindo, lo feo. Últimamente la política me está dando mucho material. Me gusta mucho el humor absurdo y creo que el mundo es absurdo y sin embargo a la mayoría de la gente le cuesta entender el código del este tipo de humor. Calculo que debe ser para no sentirse tonto. Cosa que somos y que demostramos día a día.

¿Cómo ves el escenario del stand up en Uruguay, que notoriamente ha crecido exponencialmente?

Contenta por lo que creció y se asentó. Hace mucho tiempo cuando empezó, nadie le daba un año de vida y ahora está en todos lados. El stand up es un arma de comunicación divina. Soy un poco escéptica también. Hay mucha gente haciendo stand up que no sabe lo que hace, que piensa que hacer reír es solo reírse del otro, cosa que no comparto. Mucho machismo también, existen hombres, “humoristas”, que afirman hoy en día que las mujeres no son graciosas y no pueden hacer reír. Los mismos hombres que piensan que cualquier palabra que haga referencia a su pene es graciosa. Hay mucho camino por recorrer todavía. Muchas veces se suben a los escenarios con discursos vacíos y eso me cansa. Pero debo decir que también veo chiquilines y chiquilinas con una cabeza divina que hacen que me den ganas de seguir.

¿Qué fue lo mejor y lo peor que te sucedió sobre el escenario?

Lo mejor, y acá es el ego el que habla, que después de un unipersonal muchas personas se pararan para aplaudir, en ese momento no entendía nada, fue un enorme regalo para mí. Lo peor compartir escenario con un machista y no tener oportunidad de decir nada.

¿Hay asuntos que sobre el escenario preferís no abordar? Humor negro o político, por ejemplo. ¿O no hay límites en eso?

Cada uno tiene sus límites y está bien. El humor en sí no debe tener límites. Los límites los pone cada uno. A mi el humor negro me encanta, el humor negro bien hecho es genial, y es muy difícil también, por eso lo hago poco y nada. Hago mucho humor político y siempre es bien recibido. Creo que si el chiste está bien construido, hace reír. El problema es cuando el chiste es malo (o no es chiste), y ahí es donde se pone difícil la cosa.

Has tenido oportunidad de actuar en Buenos Aires. ¿Qué diferencias hay (si las hay) entre el público argentino y el uruguayo?

El público argentino está un poco más acostumbrado al stand up, el uruguayo tiene más vergüenza muchas veces. No sé por qué pasa eso. Después no hay grandes diferencias, a todos nos gusta reírnos.


*Andrea Bertino es comediante de stand up desde hace cinco años, guionista de radio, locutora, profesora de inglés, vegetariana, madre de tres gatos y bloggera.

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