“Nuestra hermana menor”. El regreso de un gran director


Por Martín Imer

El director japonés Hirokazu Koreeda tal vez no es del todo conocido para el público general en este país, pero para los más festivaleros es un nombre común: la mayoría de los trabajos de este realizador, como Nadie sabe o Después de la tormenta sólo se conocieron aquí a través del clásico festival de Cinemateca o el MONFIC. Sin embargo, esto podría cambiar en las próximas semanas, ya que una curiosa casualidad en la cartelera local puede acercar a Koreeda al público de salas: dos películas suyas tienen fecha de estreno cercana, siendo la primera Nuestra hermana menor y luego Somos una familia la cual muchos ya deben conocer debido a que es la última ganadora de la prestigiosa Palma de Oro del Festival de Cannes. En el caso de la primera, hablamos de un film un poco más antiguo pero también muy valioso y que vale la pena descubrir en salas este fin de semana.

Sachi, Yoshino y Chika son tres hermanas adultas que viven juntas en una bella casa antigua, propiedad de sus abuelos. Las tres fueron abandonadas por sus padres y tuvieron que valerse por ellas mismas desde una temprana edad, por lo que han desarrollado un fuerte vínculo que les permite encarar la convivencia en paz. Sin embargo, un día esa armonía se rompe debido a una singular noticia: su padre ha muerto y ha dejado otra hija, de 14 años. El encuentro se produce en el funeral de este, y a pesar de lo extraño de la situación la hermana mayor, Sachi, invita a la chica, Suzu, a vivir con ellas. El público se vuelve testigo silencioso de esta curiosa dinámica familiar donde a pesar de las diferencias entre todas, tanto en edad como en pensamientos, será el amor y el sufrimiento compartido por haber sido abandonadas lo que las unirá definitivamente.

Basándose en un manga, Koreeda presenta una historia de observaciones mínimas, avanzando a ritmo pausado en base a gestos, palabras dichas (y especialmente las no dichas) y escenas de sutil importancia que van creando una membrana emocional en torno a las protagonistas sin dudas muy valiosa. El director se mete de lleno en la intimidad de un universo casi totalmente femenino con naturalidad y respeto; donde la presencia de los hombres es un desestabilizador constante y se reivindica el valor de la mujer como una fuerza de acción constante: aquí todas deben ponerse los pantalones a la hora de trabajar, hacer cambios, tomar decisiones, amar… En ese aspecto parece haber incluso una influencia de Woody Allen, ya que la trama va variando el enfoque a medida que las relaciones amorosas van mutando y avanzando – dándole su espacio a cada una de las chicas y sus dilemas – pero siempre teniendo presente la trama principal. También es interesante el juego de paralelismos con el que el realizador construye a sus protagonistas, dotándolas de personalidades diferentes pero aun así con similitudes en sus caminos que las une y las hace aún más valiosas a la hora de verlas de forma individual (esto es especialmente notorio en la relación de la hermana mayor con la menor, que casi parecen un espejo al encontrarse en situaciones bastante similares de madurez pero luego en veredas opuestas con, por ejemplo, la complicada situación sentimental de la primera).

Para este director el foco siempre estuvo en las relaciones familiares; su cine gira en las complejidades de un núcleo familiar y los componentes necesarios para crear y mantener uno a pesar de la adversidad, y aquí no es la excepción: el guion se esfuerza por crear un vínculo fluido y creíble entre estos personajes y las actrices se esmeran por crear un nivel de honestidad palpable, algo que es absolutamente logrado. Este es el tipo de películas donde pareciera que simplemente se ha puesto una cámara en el día a día de un grupo de personas, explorando sus intimidades casi de forma intrusa pero siempre con un respeto y dignidad que son emotivas. Incluso a pesar de nuestras obvias diferencias culturales, este cuento (como siempre con Koreeda) tiene un enorme alcanza universal que cala hondo en el corazón y hace que simpaticemos con cada uno de los personajes. El humanismo está a la orden del día, construyendo a base de detalles un centro dramático potente que va escalando a medida que se introducen nuevos datos y termina de explotar en un satisfactorio tercer acto que cierra muy bien las heridas de sus personajes sin parecer forzado o necesario. También se destaca una discreta belleza en sus aspectos técnicos (fotografía, sonido, producción) que dan al film un aspecto muy formal pero delicado y bello, además de una sensación casi de ensueño en las escenas con las hermanas en su casa — un elemento que puede parecer menor pero resulta vital para entenderlas aún más.

Tal vez lo único que falta en esta historia es una observación social más presente en otras películas del director, pero la ternura y emoción que despierta esta producción es más que suficiente para darle una oportunidad. Más Koreeda en salas siempre es bueno, y los espectadores tendrán una doble chance de emocionarse y reencontrarse (o descubrir) a este importante director; por ahora, este primer encuentro tiene lo suficiente para satisfacer, conmover y disfrutar.

NUESTRA HERMANA MENOR (Umimachi Diary, Japón, 2015) Guion, dirección y montaje: Hirokazu Koreeda. Basada en el manga de Akimi Yoshida. Fotografía: Mikiya Takimoto. Música: Yoko Kanno. Con Karuya Ayase, Masami Nagasawa, Kaho, Suzu Hirose, Kirin Kiki. CALIFICACIÓN: 7/10.


 

 

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