Paul Thomas Anderson estrena “Anima”


Por Martín Imer

Hace unas semanas Netflix sorprendió a propios y ajenos con el anuncio de Anima, un corto de 15 minutos dirigido por Paul Thomas Anderson que debutaría en la plataforma y que tendría música y actuación de Thom Yorke, uno de los integrantes de la banda Radiohead. A priori parece una absoluta rareza, especialmente porque los films del director jamás tuvieron el enfoque abstracto o la intención de crear una “experiencia” que aquí se vendía pero mirando su filmografía en general veremos que esta decisión no es tan extraña como podría sonar. Veamos: según IMDb el primer video musical de Anderson fue en 1997, con elenco y equipo de Juegos de placer, su segunda película. Luego de trabajar con varios músicos en 2007 comienza una larga relación artística con Jonny Greenwood, compositor de sus últimas películas e integrante de Radiohead. Uno puede suponer que ahí comenzó una amistad entre el realizador y la banda, ya que este ha realizado varios videos para ellos a partir de ahí. Sin embargo lo que diferencia a Anima de estos otros proyectos es su escala: salió en IMAX en varios cines y globalmente a través del gigante del streaming siendo así un producto que excede el mero mundo de la música.

Podría decirse entonces que el corto se trata de un anuncio, ya que en definitiva es un preámbulo a lo que después sería el álbum completo de Yorke del mismo nombre, y aquí lo que ambos han tratado de remarcar es que se trata de “un complemento” a la obra musical, algo que se deja ver en pantalla. La unión entre el complejo estilo del músico, con un mundo sombrío y extraño, y la sensible visión del realizador de joyas como Magnolia, Petróleo sangriento y The master da lugar a una creación única, distinta y estimulante, llena de complejidades técnicas y visuales que hacen las delicias tanto del público consumidor de este estilo de canciones como del cine del estadounidense. No es tan importante resaltar la trama, especialmente cuando el conjunto intenta llevar al espectador a un estado de ánimo a través de las canciones (la repetición lleva a la irritación y luego a lo nostálgico y liberador, terminando incluso en algo romántico) pero podría hablarse de algo que me recordó en cierta medida a aspectos básicos de la novela 1984: el sueño de un hombre que se siente cada vez más oprimido y agotado dentro de una sociedad donde la individualidad parece muerta y la salvación que se le aparece en forma de una mujer que se mueve de forma distinta a los otros, teniendo que luchar contra el sistema en orden de poder llegar a ella.


Aquí Anderson regresa a lo contemporáneo (sus últimos trabajos siempre se sitiaron en otros momentos históricos pasados) y hay varias novedades conceptuales con el maniático perfeccionismo técnico marca de la casa. El director logra seguir sorprendiendo al público con una perfecta fotografía (¡los juegos de perspectiva!), resaltando la bellísima iluminación y una cuidada coordinación de planos y edición para resaltar siempre lo más importante: el baile, elemento fundamental del corto y algo bastante nuevo en su cine. Aquí la coreografía corre por parte de Damien Jalet, quien ya había trabajado mano a mano con Yorke en las brillantes escenas musicales de la reciente remake de Suspiria y volviendo a lograr un gran resultado, leyendo muy bien las emociones que despierta la música y poniéndolas en cada cuerpo y movimiento en acción. El propio Yorke protagoniza el corto con insólita comicidad en varios momentos, en un estilo que director y actor reconocieron se encuentra muy inspirado en las viejas comedias de Buster Keaton sobre todo en la primera mitad del corto. Nuestro héroe sin nombre emprende en pocos minutos una búsqueda para deshacerse de sus ataduras que resulta por momentos patética, imposible y frustrante pero siempre simpática y hasta identificable, con unos minutos finales filmados con tanta belleza que es imposible no sensibilizarse. El director incluso se permite rodar momentos de un romanticismo pocas veces visto en su cine y casi desconocido en sus últimas películas.

Pero en definitiva Anima se trata de una experiencia, una que la propia plataforma recomienda tener “con el volumen alto”. La música es atractiva y movilizadora y se funde tan bien con la imagen que seguramente todos los que hayamos visto el material visual antes que escuchar el disco no podremos separarlos. Se trata de una rareza que vale la pena descubrir; el trabajo brillante de uno de los mejores directores del cine actual junto con un estimulante equipo técnico juntos para ofrecerle al público un producto que se permite dar todos esos elementos que están cada vez más ausentes de la cartelera: sensibilidad, estilo, contenido (incluso uno al que se le puede dar más de una explicación, teniendo en cuenta que el título en definitiva significa alma) y calidad. Un imperdible y auténtico evento que se puede disfrutar sin requerir de mucho tiempo e incluso eleva el nivel de estrenos de este pobre 2019, aunque eso sí: es imprescindible procurar verla con la mejor calidad posible.

ANIMA (Ídem, Reino Unido, 2019) Dirección: Paul Thomas Anderson. Música: Thom Yorke, Nigel Godrich. Fotografía: Darius Khondji. Montaje: Andy Jurgensen. Con Thom Yorke, Dajana Roncione.


 

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