Pese a la tormenta, el Festival de Cinemateca sigue en pie


Por Martín Imer

Desde este 21 de noviembre al 5 de diciembre se llevará a cabo el 38° Festival Cinematográfico Internacional del Uruguay, una tradición cinéfila que llega en medio de una situación insólita para todos. El cambio de la fecha es producto directo de esto: tradicionalmente celebrado en abril, el festival estaba en plena preparación (o podríamos incluso decir que finalizando todo ese proceso) cuando se anunció, el 13 de marzo, que el COVID-19 había llegado oficialmente a nuestro país, obligando a frenar todos los planes y dejarlos en espera hasta alguna nueva novedad. El virus hizo estragos, pero luego de siete meses y con una situación distinta – con tapabocas y distancia social – las autoridades de la asociación decidieron retomar el evento a fin de volver a ofrecerle a los espectadores (y no sólo a los de Montevideo, sino también a los de Punta del Este) un pantallazo general de lo que se está viendo en el cine internacional independiente, ese que no siempre tiene la oportunidad de llegar a las salas locales.

Además de en las tres salas de Cinemateca, el Festival se desarrollará en el Sodre – en la sala B (Auditorio Nelly Goitiño) y sala Hugo Balzo (Auditorio Adela Reta) -, en Sala Zitarrosa, en Life 21, Life Punta Carretas y Life Punta del Este.

INCERTIDUMBRE Y ESPERANZA

Durante la conferencia de prensa que se hizo al presentar el Festival se notaba en el aire cierta preocupación por la asistencia del público a las salas, aunque la directora de Cinemateca, María José Santacreu, se mostró entusiasmada por la programación y la oportunidad de presentar un concurso de estas dimensiones al público incluso en estas circunstancias. Y si bien resaltó las dificultades que afronta la institución en estos momentos (luego resaltadas en el propio boletín que se ofrece al público, hablando de “una Cinemateca cuyos ingresos no cubren sus costos operativos, con el 50% de sus funcionarios en el seguro de paro, en un escenario de pérdida de público, incremento de costos y restricciones extremas de los aforos, además de un panorama de recortes de los apoyos públicos y privados.”) remarcó la importancia de ver cine en salas e instó al público a que se acerque a descubrir las películas en exhibición, especialmente teniendo en cuenta que en otros países no se registraron casos de contagio en lugares culturales.

COMPETENCIAS

El Festival cuenta, como siempre, con varias secciones para descubrir, aunque las que siempre suscitan mayor interés son las competencias tanto internacionales como iberoamericanas. En el primer apartado podremos ver nueve películas, a las que se suma una más fuera de concurso (la portuguesa Vitalina Varela, de Pedro Costa, muy comentada en festivales internacionales). Entre ellas podemos encontrarnos con Days, nuevo trabajo del reconocido cineasta Tsai Ming-Liang, película taiwanesa de la que se nos advierte en el propio catálogo que expulsará “a muchos – del film, de la sala – pero aquellos que se entreguen a su ritmo, encontrarán una exploración profunda de la condición humana.” Luego está también La vida invisible de Eurídice Gusmão, melodrama brasilero que también sirve como film inaugural del Festival. Una historia de dos hermanas en los años 50, separadas por circunstancias del destino, la cual cuenta con el atractivo de tener como coguionista a la escritora uruguaya Inés Bortagaray. Y uno de los platos fuertes de la competencia es Tipografía mayúscula, la nueva película del rumano Radu Jude luego de la excelente No me importa si pasamos a la historia como bárbaros. Un film que promete dar de qué hablar, mostrándonos la historia de un chico de 17 que escribe un grafiti incendiario en pleno régimen de Ceausescu.

La Competencia Iberoamericana se compone de ocho películas que vienen de distintos lugares como Brasil, Chile, Perú, España, Portugal y Argentina, en donde hay que destacar dos de El pampero cine, la productora de Mariano Llinás, quien se hizo presente en el pasado Festival con la kilométrica La flor: Las poetas visitan a Juana Bignozzi, de Laura Citarella y Mercedes Halfon, y Por el dinero, de Alejo Moguillansky. También estarán: la Competencia de Cine de Derechos Humanos, la Competencia de Nuevos Realizadores, con trece largometrajes, una nueva sección de Cine Infantil (en donde se resalta que todas las cintas se exhibirán en idioma original con subtítulos en español y el jurado estará integrado por niños y niñas de entre 11 y 13 años), Competencias nacionales e internacionales de cortometrajes – en donde podemos encontrar Nimic del reconocido Yorgos Lanthimos, director de La favorita -, el Panorama internacional y otras secciones como “Con(sagrados)”, “Ensayo de orquesta” y “Exhibiciones especiales”, en donde podremos ver la esperada cinta uruguaya Chico Ventana también quisiera tener un submarino, de Alex Piperno, de la cual se adelantó que tiene mucho en común con el cine del tailandés Apichatpong Weerasethakul.

ALGUNAS RECOMENDACIONES

Debido al retraso que sufrió el festival, varias películas fueron exhibidas en streaming o en otros eventos, lo que permite que podamos recomendarles algunos films que se darán en esta oportunidad. En la propia conferencia de prensa se especificó que, entendiendo la situación de muchos directores que tuvieron que vender sus películas para poder sacarles algún rédito económico durante los inciertos tiempos de pandemia, se priorizó el hecho de que todas las cintas seleccionadas no hubiesen tenido un estreno previo en salas comerciales.

Swallow, del debutante Carlo Mirabella-Davis, es un thriller profundamente inquietante. Nos presenta a Hunter, una chica joven, común y que goza de una muy buena posición económica gracias a la empresa de su esposo. La protagonista se entera que está esperando un hijo y si bien la primera reacción es de alegría, luego comienza a manifestar una insólita manía: tragarse cosas que va encontrando por su casa, desde canicas y piedras a objetos más filosos, sin ningún tipo de cuidado por su bienestar. Cuando eventualmente se descubre este nuevo hábito, la mujer comienza a ir a una psicóloga a la que le confía un secreto, el cual puede ser el motivo por el que se desencadenó tanta locura. La película podría dividirse en dos mitades: la primera observa, con apuntes visuales interesantes, el universo de opresión y control que crean muchos hombres alrededor de sus parejas, especialmente si ambos vienen de raíces conservadoras. El acto de Hunter, soberbiamente interpretada por Haley Bennett, es violento y peligroso, pero sin defenderla Mirabella-Davis expone eso como un acto de rebeldía ante una actitud profundamente interiorizada, tanto que ni siquiera surge como un problema para quienes lo ejercen o son víctimas. La segunda parte, con la revelación de ese secreto, cambia radicalmente el enfoque y el mensaje, ya que todo pasa a formar parte de una explicación más profunda. Sin ahondar en detalles para no arruinar la experiencia puede decirse que, si bien en un primer momento ese giro resulta chocante y conspira contra la consistencia de tonos de toda la cinta, luego es bien manejado desde el libreto y aborda de forma interesante las maneras en las que los seres humanos procesamos (o decidimos ignorar) los traumas, dejando todo lo anterior como un muestreo de lo que ocurre cuando se elige pasar página sin haber sanado del todo.

Retrato de una mujer en llamas dio la vuelta al mundo desde su primera exhibición en el Festival de Cannes el año pasado y he leído que incluso se la tratado como “la mejor película romántica de todos los tiempos”. La película es buena, pero la afirmación es algo exagerada. Nos lleva al siglo 18 y nos muestra la historia de amor entre una pintora y la mujer que tiene que retratar, que está por casarse con un hombre al que no conoce. Primeramente, la relación de ambas mujeres es distante, pero cuando eventualmente quedan solas en la gran casa de la segunda – únicamente con una criada como testigo y fiel confesora – los sentimientos se hacen totalmente evidentes. Si hay algo seguro con esta cinta es que debe ser una de las más preciosistas que se exhiben en esta edición del festival, poseedora de una fotografía maravillosa (encuadres y composiciones que delatan un obsesivo perfeccionismo, creando imágenes que bien podrían ser un cuadro) y una recreación de época sencilla pero funcional, que nos lleva sin problemas a la época señalada. El problema, quizás, está en cierta frialdad para mostrar el surgimiento del romance, confiando en la palabra antes que en la imagen (por ejemplo, una escena en la que ambas relatan la primera “señal” que le dieron a la otra surge como una gran revelación tanto para sí mismas como para el espectador que jamás lo noto) y la tendencia a una narración monocorde a la que tampoco le ayuda la falta de sorpresas en el cuento. Las actrices están muy bien, especialmente Adèle Haenel que sale victoriosa de un desafiante primer plano final, y si hay un personaje fascinante aquí es el de la criada: la relación que se desarrolla entre esas tres mujeres, de sororidad sin importar los escalones sociales o los prejuicios, debe ser el mensaje más potente que nos trasmite la directora.

De algunas otras ya les hablamos previamente, como por ejemplo de Vida oculta, lo nuevo del gran realizador estadounidense Terrence Malick. Luego de varias películas que rayaban lo experimental, con actores improvisando y tramas esquivas, el responsable de obras de enorme calidad como El árbol de la vida, Malas tierras o Días de gloria vuelve con una historia de cierto carácter espiritual, aunque no precisamente religiosa. La historia real de Franz Jägerstätter, un granjero cuya pacífica existencia es perturbada por el estallido de la Segunda Guerra mundial, tiene en su centro asuntos morales que siempre han cautivado al autor, y a pesar de algunos problemas de duración “estamos ante un film inspirado de su realizador, y los últimos cuarenta minutos vuelven al muy bien nivel del comienzo, devolviéndole al conflicto una cierta tensión y reafirmando (tal vez al borde del subrayado) su mensaje de resistencia y creencia hasta las últimas consecuencias.”

Por último, también hay que mencionar la presencia de un documental fantástico titulado Para Sama, película que estuvo nominada tanto al Oscar como al BAFTA. El tema principal es la Guerra de Siria, y la particularidad es que está narrada en primera persona: la protagonista y codirectora es una periodista local que lleva registros fílmicos del conflicto armado desde el inicio, ofreciendo una mirada fundamental desde la inteligencia (es admirable la forma en la que explica, con claridad pero sin reduccionismos, los bandos peleando y los motivos) pero también desde el corazón, ya que comparte los días junto a su esposo, médico, y le narra la película a su bebé, Sama, para que – según sus propias palabras – pueda entender, de grande, el motivo por el que sus padres se quedaron allí cuando podían haber huido. “Todo está filmado cámara en mano, de forma bastante amateur, con una urgencia que el espectador entiende como una manera de la protagonista de aferrarse a algo, de no caer en la locura. La forma termina siendo un inesperado punto a favor ya que realmente funciona para meter de lleno al espectador en el tema y sentir junto a ella el peligro de la situación, la desesperante angustia de los que la rodean (…) y la desesperanza…” Cierro esa crítica asegurando que estamos ante uno de los mejores estrenos del año, y lo reafirmo aquí.

Para ver la información completa sobre todos los films que se verán en el Festival y sus respectivos horarios pueden ingresar a: cinemateca.org.uy/festival


 

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