Primavera rebelde: A medio siglo del mayo francés

París, mayo de 1968: por primera vez en la historia los estudiantes toman las riendas de una revolución. Esa juventud no exigía pequeños cambios ni la rectificación de una política que podía considerarse errónea. No: buscaban una nueva estructura social, la abolición de instituciones inoperantes, la liberación de tabúes (en especial en el plano sexual) y una política exterior que no tuviera que ver con soviéticos ni estadounidenses, pero que en cambio propiciara la liberación de los pueblos colonizados en África.


Por Amílcar Nochetti (*)

MAYO AGITADO. Si esas metas se conseguían parecía claro que Francia y Europa lograrían una reforma total del sistema educativo, económico y social. Los estudiantes eran muy críticos respecto al funcionamiento de los institutos en que se educaban, e influidos por Herbert Marcuse, Wilhelm Reich y Louis Althusser arremetieron contra el capitalismo consumista francés, representado por un ex héroe de guerra muy querido en los años 40, pero rechazado en los 60: el presidente Charles De Gaulle. Lo que comenzó como una revuelta estudiantil rápidamente derivó en una huelga que abarcó a once millones de trabajadores durante quince días continuos. La característica más notoria de lo que dio en llamarse el Mayo francés fue la lucha espontánea por medio de barricadas callejeras, en una suerte de reflejo de la Revolución de julio de 1789 y la Comuna parisina de marzo-mayo de 1871. Los actos callejeros fueron encabezados por el PC y la CGT junto a todos los grupos que representaban a las minorías.

El clima de violencia se había gestado en febrero, pero estalló el 3 de mayo cuando la policía desalojó la Sorbona y se desató la violencia en el Barrio Latino, con más de cien heridos y 600 detenidos. Un día después, cerrada ya la Sorbona, los sindicatos convocaron a la huelga general por tiempo indeterminado. El 6 de mayo se generaron verdaderas batallas en París, con 422 nuevos detenidos y 945 heridos (345 policías y 600 estudiantes). Pero lo peor sucedería el 10, cuando la policía asaltó 60 barricadas y dejó un saldo de 1.100 heridos y 500 detenidos, mientras la enardecida turba incendiaba 60 coches y dañaba seriamente otros 188 vehículos. La guerra entre las instituciones y la masa social aumentó en la segunda quincena, cuando la huelga general literalmente paralizó a Francia y casi jaqueó a De Gaulle y sus ministros.

Pero el viejo general no era tonto: el 24 anunció un referéndum por radio y TV, y con eso logró un acuerdo entre sindicatos, empresarios y gobierno, por el cual se reducía la jornada laboral, se aumentaba el salario mínimo y se rebajaba la edad jubilatoria. El 28 el Primer Ministro Georges Pompidou aceptó la renuncia del Ministro de Cultura André Malraux, pero aún así François Mitterrand pidió en rueda de prensa la dimisión de De Gaulle, ya que según él desde hacía un mes no había Estado. El presidente anunció entonces la disolución de la Asamblea Nacional y fijó elecciones para junio. A partir de ese momento las huelgas se disolvieron y un mes más tarde la derecha obtuvo una abrumadora mayoría. Un año después Pompidou era el nuevo presidente de Francia.

CANNES. El cine no era ajeno a esas tensiones. En 1967 varios cineastas sensibilizados por las bestialidades que sufría el pueblo vietnamita habían realizado el mítico film colectivo Lejos de Vietnam. Jean-Luc Godard, Joris Ivens, William Klein, Claude Lelouch, Chris Marker, Alain Resnais y Agnès Varda brindaron así un considerable aporte al incentivo de las rebeldías iniciales y la violencia social, al punto que cuando la película se estrenó en el Kinopanorama Cinema grupos de extrema derecha intentaron incendiar la sala, mientras días después atacaban al dueño en la calle.

Todo se terminó de complicar para el cine cuando en pleno Mayo del 68 dio inicio el Festival de Cannes. Las cosas ya estaban caldeadas entre el gobierno y la cultura desde febrero, cuando el ministro Malraux había destituido de su cargo en la Cinemateca Francesa a su fundador, Henri Langlois. Las protestas mundiales fueron tantas que Malraux debió restituir a Langlois en abril, pero el diálogo a esas alturas era imposible. Iniciado el certamen cineastas, periodistas y miembros del jurado realizan una asamblea para decidir si el festival debía seguir, ya que todo el país estaba en huelga. Esa tarde estaba programada Peppermint Frappé de Carlos Saura. El cineasta exigió al festival que su film fuera retirado, pero la administración no le obedeció, por lo cual irrumpió en la sala furioso y se colgó de la cortina en donde proyectaban su film, junto a su esposa Geraldine Chaplin y Godard, que les acompañaba. La proyección continuó, incluso sobre el cuerpo de los artistas. Al día siguiente Milos Forman y Alain Resnais exigieron el retiro de sus películas Al fuego, bomberos y Te amo, te amo, mientras Mónica Vitti, Roman Polanski y Louis Malle renunciaban como jurados del evento. Esa suma de conflictos obligó a la organización a terminar la edición 1968 de inmediato, sin poder declarar ganadores.

MAYO 68 EN EL CINE. Para los cinéfilos que quieran acceder al Mayo de 1968 en la pantalla hay varios títulos recomendables. En materia documental sin duda el film más destacable es Grandes tardes y pequeñas mañanas de William Klein. Sin exagerar su punto de vista, pese a haber rodado el film durante el Mayo francés, el director eleva su material por encima del discurso oficial revolucionario y muestra debates espontáneos en las calles de París, mientras expone los distintos argumentos (o la falta de ellos) de los protagonistas del conflicto. Mayo también aparece en la magistral El aire es rojo de Chris Marker (1977), extenso documental que estudia los movimientos sociales de los años 60 y reflexiona sobre las imágenes y la memoria. Morir a los 30 años de Romain Goupil (1982), en cambio, es una documentada biografía sobre el líder militante Michel Recanati, su participación en el Mayo francés, y su posterior y misterioso suicidio.

Más cantidad de opciones para acercarse al tema ofrece la ficción, comenzando por Jean-Luc Godard, que en La Chinoise (1967) anticipó los acontecimientos, narrando las inquietudes de un grupo de estudiantes que quieren cambiar el mundo según las ideas de Mao. En Tout Va Bien (1972) en cambio ubicó a una pareja en crisis (Yves Montand, Jane Fonda) que quedan rehenes en una fábrica debido a la huelga general. El director además es el personaje protagónico de la reciente Yo, Godard de Michel Hazanavicius (2017) donde, además de pelearse con su pareja y con el resto del universo conocido, puede vérselo tomando parte activa en las asambleas y disturbios callejeros parisinos.

Hay films que toman al Mayo francés de manera indirecta, ya sea para complicarle a Michel Piccoli la organización del funeral de su madre en Locuras de una primavera de Louis Malle (1989), mostrar el desconcierto de la juventud europea de los años 70 en Después de mayo de Olivier Assayas (2012), detallar la liberación lésbica de Cécile de France en Tiempo de revelaciones de Catherine Corsini (2015), o comunicar la esencia espiritual del acontecimiento en su faceta más desencantada, como ocurre en las míticas y kilométricas La mamá y la puta de Jean Eustache (1973) y Los amantes habituales de Philippe Garrel (2005). Empero, si el espectador quiere tener todo eso en un solo título deberá ver Los soñadores de Bernardo Bertolucci (2003), ambientada en París en Mayo del 68, con dos hermanos franceses (Eva Green, Louis Garrel) y un nuevo amigo estadounidense (Michael Pitt) encerrados en una mansión, y estableciendo nuevas reglas de conocimiento mutuo basadas en juegos eróticos muy arriesgados. Mientras tanto, afuera la sociedad estalla en pedazos. Liberación sexual, rebeldía, violencia, barricadas y discusiones filosóficas: todo el Mayo francés en una sola película.


(*) Publicado en el semanario Voces.

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