¿Qué sabrán sobre la muerte las palomas? Entrevista al director Gastón Borges


¿Qué sabrán sobre la muerte las palomas? Versión de Novela luminosa de Mario Levrero

Con Hugo Federico Torrado y Domingo Federico Milesi

Teatro Circular, sala 1

Funciones jueves y viernes de Noviembre 21:00hs

8 únicas funciones

Entradas generales $ 350

Obra seleccionada por el Programa Fortalecimiento de las Artes Montevideo Cultura.

Reseña de la obra:

El dúo de actores Los Federicos intentará una proeza artística nunca antes realizada.

Adaptarán a teatro la Novela luminosa de Mario Levrero.  ¿Lo lograrán? ¿Se tratará de otro de sus fracasos?

En una época de corrección pública, la voz de Levrero aparece como una disonancia. La honestidad artística con la que desnuda su vulnerabilidad y abre a la literatura los aspectos menos presentables de su intimidad, nos guía en esta adaptación. La exhibición del fracaso artístico, la confesión de los pensamientos más íntimos y de la fantasía más impresentable, va a contrapelo al culto al éxito que domina muchos aspectos de nuestro relacionamiento social. En el mundo del Photoshop y del like, Levrero se muestra en cueros exhibiendo su decadencia corporal y espiritual.

En 2016 Gastón Borges recibe una de las becas FEFCA del Ministerio de Educación y Cultura para llevar adelante un proyecto de investigación sobre la Novela luminosa de Mario Levrero.  El proyecto debía finalizar con una adaptación a teatro de la novela pero para eso era necesario pasar por un proceso de investigación.  Había que revisar toda la bibliografía del autor, pero también toda la bibliografía crítica que encontrara de manera de conocer y vincularse con los procesos poéticos de Levrero, a su vez durante el proceso de adaptación debía escribir un diario personal que se vincularía de alguna manera con la Novela luminosa.  Todo este proceso finalizó en 2017 con una versión preliminar de ¿Qué sabrán sobre la muerte las palomas?  En 2018 comenzamos a trabajar en la puesta en escena y en 2019 el proyecto recibe el apoyo del Programa de Fortalecimiento de la Intendencia de Montevideo.

Esta es la primera adaptación para teatro que se hace de una novela de Mario Levrero en Uruguay.  Para este proyecto trabajamos con la obra más importante del autor.  Se trata de una novela que en buena medida sintetiza la trayectoria de Levrero.  Allí encontramos su etapa autobiográfica, pero también encontramos elementos de su mundo fantástico, y una coloración onírica que tiñe toda su obra.  Nuestra adaptación es permeable a todo ese universo.

La Novela luminosa es un diario personal de un año de duración y al mismo tiempo es una pequeña novela llamada Novela luminosa.  Todo eso junto constituye la Novela luminosa.  Nuestra versión ¿Qué sabrán sobre la muerte las palomas? es una versión de ello, pero también es una mirada sobre ese material, y a su vez está mezclado por el diario de la adaptación, y a su vez está teñido del mundo fantástico de la literatura de Levrero.

En nuestra versión un dúo de actores Los Federicos se proponen adaptar la Novela luminosa, pero ellos también necesitan la mayor libertad para actuar.  Por eso solo utilizarán un boceto donde indican los puntos que deben tratar, las cosas que deben decirse, porque esta obra se trata de entablar una relación lo más auténtica posible con el público.  Los Federicos tienen que lograr un contacto lo más real y espiritual con el público, una comunicación entre almas.  Ese es el objetivo de todo espectáculo teatral y de toda forma de arte.  Tenemos que lograr un contacto, un momento de auténtica comunicación, con o sin palabras, con gestos, sonidos o lo que sea, pero lo importante es lograr al menos un momento de contacto real.

En ¿Qué sabrán sobre la muerte las palomas? recorremos toda la novela, todo el año de la beca.  La obra está dividida en varias partes que recorren las cuatro estaciones del año en que se escribe la Novela luminosa.  Más o menos el 2001.  La obra está compuesta por relatos fragmentados, unidos, inconclusos.  Muchos son relatos de amor, de diferentes formas del amor, de desencuentros, a veces son observaciones de la ciudad, adicciones, reflexiones metafísicas, recuerdos de amores pasados y otros presentes, fantasías sexuales, muertes, y palomas.

Ficha técnica

ACTORES

HUGO FEDERICO TORRADO

DOMINGO FEDERICO MILESI

ESCENOGRAFÍA

MATIAS DOPASSO

VESTUARIO

VICTORIA ZABALETA

ILUMINACIÓN

TATIANA KEIDANSKI

DIRECCIÓN Y PRODUCCIÓN

GASTÓN BORGES

Gastón Borges es actor egresado de la EMAD en 2011.  Licenciado en Letras por la UDELAR en 2014.  Autor de varias obras teatrales: Mugre, La cantante, Amazonia, Complejo Miramar, Leviatán y El coloquio de los perros.  Como director ha puesto en escena La cantante en 2013-2014 y El coloquio de los perros en 2016.  Ha realizado cursos y talleres con Mario Tenconi Blanco, Alberto Conejero, Sergio Blanco, Héctor Ponce, Guillermo Heras, María Dodera, Alejando Catalán, Roberto Alvím y otros.  Fue convocado para el seminario de dramaturgia Conmemoración del Bicentenario de las instrucciones del año XIII, Coordinado por Sergio Blanco y la Comedia Nacional. Fue convocado para participar en el proyecto internacional “La mujer del monstruo”.  Coordinado por el Festival Frinje Madrid.  Fue invitado a participar del Festival Internacional de Teatro Clásico de Almagro en su categoría Almagro off (España).   Fue invitado a una residencia en Asunción del Paraguay para el montaje de El coloquio de los perros con un elenco local. Fue becado por el FEFCA durante el 2017 para desarrollo de una investigación sobre la Novela luminosa de Mario Levrero y la escritura de su adaptación.

¿Cómo es tu vínculo con Levrero y su obra?
Cuando empecé a escribir ficción entré por el lado de la narrativa, fue hace tiempo.  Ya te podría hablar de un par de décadas.  Entonces, me enteré que había un tipo que era escritor y que hacía talleres en su casa, y que también hacía talleres por mail.  Lo pensé un rato y decidí no tomar el taller, en parte porque tenía poca plata y en parte porque pensaba que para ser escritor tenía que descubrirme solo.  Muchos años más tarde me enteré que ese escritor era Mario Levrero, pero para entonces ya había fallecido. Hace otros tantos años escribí el único cuento que presenté a un concurso, fue el único cuento que hasta ahora me animé a mostrar, se llamaba Los funerales y era una versión paralela de La ciudad, la primera novela de Levrero.  En La ciudad el protagonista narrador va a cuidar una casa en un balneario, pero al darse cuenta que no tiene cigarrillos sale a comprar y ya no vuelva a la casa porque se pierde en un laberinto de situaciones de las que no puede escapar.  En mi versión el protagonista se queda en la casa. Para mí Levrero fue un escritor admirado, conocía varios cuentos de La máquina de pensar en Gladys, Los muertos, La ciudad y algún otro cuento.  Era de esos autores que voy reservando para más adelante, como si necesitara encontrar el momento justo para entrarle de lleno a la obra total.  Me pasó lo mismo con Borges, hasta que encontré el momento de leerlo y prestarle la atención que necesitaba.  Pero me pasa lo mismo con varios textos y autores.  Nunca leí Ulises por ejemplo, porque me parece que necesitaría dedicarle varios meses o un año y pico.  Con Levrero me pasaba lo mismo, hasta que logré encontrar el momento.

¿Cómo ubicas a “La novela luminosa” dentro de su obra?
Esta pregunta la respondo siguiendo a otros autores que han trabajado la obra de Levrero, Helena Corbellini, Matías Nuñez, Pablo Silva Olazabal, Marcial Souto, y otra cantidad de gente que se ha dedicado al tema.  La novela luminosa es la obra más importante de la etapa autobiográfica de Levrero.  Su obra se puede dividir en tres etapas: la primera que arranca con La ciudad es la narrativa fantástica, la que está más teñida del mundo Kafkiano, es una narrativa obsesiva, oscura, laberíntica.  Es la etapa en que se arroja a un buceo en el mundo onírico, en imágenes de pesadilla, y estructuras repetitivas y absurdas.  La segunda etapa está en un lugar de transición entre lo fantástico y lo autobiográfico, por ejemplo El alma de Gardel o Dejen todo en mis manos.  Ahí está presente lo fantástico pero también hay un protagonista que cada vez se va acercando más a Levrero, o si querés se acerca más a Varlotta.  Después viene la etapa final que es la que arranca en Apuntes bonaerenses, es su etapa autobiográfica, cuando su narrativa se vuelve más autorreferencial y el diario personal se comienza a transformar en la forma más usada para plasmar sus experiencias.  La novela luminosa es su obra más importante, pertenece a esa etapa, pero al mismo tiempo es la obra más importante de toda su obra.  En cierto sentido por su tamaño, por su monumentalidad, por la culminación de ese gran proyecto que es La novela luminosa.

¿Cómo surge la idea de montar esta obra?
La idea surge una noche que estaba en la cama leyendo la novela.  Ya había terminado el montaje de “El coloquio de los perros” que había sido la obra anterior en la que había trabajado y quería empezar algo nuevo, pero no sabía qué podría ser.  La novela me empezó a ofrecer varias imágenes que me parecían buenísimas para llevarlas al teatro, eran imágenes que veía con claridad como imágenes teatrales o cinematográficas.   Claro que esas imágenes estaban rodeadas de otra cantidad de texto que no lo era.  Había islas de teatralidad muy fuertes. Al mismo tiempo estaba abierto el llamado a becas FEFCA y tenía ganas de presentarme porque se trata de una beca por un año para que uno pueda desarrollar un proyecto artístico, y eso me parecía notable.  A mí me gustan los procesos largos, la investigación, las largas lecturas y recopilación de datos que a veces entran en las obras y a veces no, pero ese trabajo de acumulación me parece precioso.  Es el momento que más disfruto de todo el trabajo.  Así que quería ganar la beca. Esa noche que estaba leyendo la novela hice el link con la beca.  Dije: Si Levrero escribió esta novela mientras recibía la beca Guggenheim, ¿qué pasaría si yo propongo escribir su adaptación mientras recibo la beca del FEFCA?  Después vino la segunda idea: ¿qué pasaría si a su vez propongo escribir un diario personal de la adaptación, de la misma manera que Levrero escribió su diario de la beca, y mezclar el universo de Levrero con el mío?  El proyecto así dicho era interesante, pero francamente no tenía la menor idea de cómo hacerlo.  De cualquier manera armé un proyecto y a los meses me enteré que lo había ganado.  Entonces me agarré la cabeza, porque no tenía la menor idea de cómo iba a encarar el tema.

¿Cómo fue el proceso de trabajo en tu caso?
El proceso tuvo muchas etapas.  Como el diario de la beca comienza más o menos en agosto y en ese momento no sabía que me habían dado la beca empecé a escribir el diario por las dudas.  Entonces lo empecé a escribir en una agenda, con poco espacio y lo escribía muy superficialmente.  Yo jamás había escrito un diario personal, por lo tanto no sabía cómo hacer.  La escritura se parecía mucho a lo que uno escribe en una agenda, no era un diario.  Después me enteré que gané y empezó una etapa de trabajar con mucha tranquilidad.  Conseguí toda la obra de Levrero y la fui leyendo en orden.  Conseguí toda la obra crítica y la fui leyendo de a poco mientras me seguía entrenando en el diario.  Después de varios meses pensé que ya era tiempo de comenzar con los borradores.  Ahí comenzó una etapa de terror y caos mental porque no encontraba ninguna forma, no encontraba el camino, no sabía cómo manejar tanto material.  De ahí salieron cuatro o cinco principios de obra que descarté hasta que finalmente me comencé a ordenar.  En uno de los momentos de mayor entrevero vi una obra en el teatro circular que me ayudó a tomar confianza.  Fue Tom Pain, la vi en su segunda temporada en el teatro circular.  En la misma sala en la que estamos ahora.  La obra la dirigía Lucio Hernández.  Esa obra me dio confianza… entendí que podía escribir una obra narrativa… que los relatos podían entenderse a pesar de la fragmentación y el caos… me di cuenta que esa forma era capaz de transmitir muchas cosas que están en la novela y que eran importantes… La obra tal cual está no tiene nada que ver con Tom Pain, a nivel de puesta no tiene nada que ver… pero la escritura está muy inspirada en ese tipo de dramaturgia.   En parte porque la novela es muy similar a ese estilo…digo… no estoy inventando nada… Después vinieron las correcciones, entró en el proyecto Domingo Milesi, comenzamos a leer, a conversar, a tachar, a reescribir.  El proyecto comenzó en 2016… Ya llevo un tiempo en él.

¿Cuáles fueron los desafíos que te implicó?
El desafío mayor para mí fue enfrentarme a mi diario personal.  Aprender a escribir sobre mí, darme cuenta del desdoblamiento que se produce en la cabeza cuando uno empieza a escribir es increíble.  Cuando estas inventando una historia, un cuento, una obra de teatro, el desdoblamiento existe pero no sos tan consciente.  Pero cuando escribis sobre tus propias experiencias, sobre las cosas que viviste en el día y que al ponerlas en escrito se empiezan a resignificar y que muchas de las cosas que viviste, y que sentiste recién las comprendes por escrito.  Es una revelación.  Es un tipo de escritura que hoy extraño.  Comencé a escribir el diario con miedo, pero en el transcurso cuando iba por la mitad, me hice muy aficionado a él.  Me pasaba mucho rato escribiendo a mano en unos cuadernos de tapa dura que había comprado.  Significó una cantidad de autodescubrimientos. A nivel del oficio fue comprender que no hay recetas para escribir una obra de teatro.  Eso siempre lo supe, nunca creí en las recetas, pero con esta obra fui al extremo.  Por momentos dudé mucho de si iba a poder finalizar el proyecto.  Por momentos pensé en renunciar, devolver la beca y dejarla por esa.  Por suerte no lo hice.

¿Cómo fue la adaptación teniendo en cuenta que “tenía que dejarle espacio a la creatividad”?
Bueno, acá tendríamos que entrar a hablar un poco más sobre la puesta.  Las respuestas que te di antes, están escritas por el dramaturgo que adaptó la obra y que más o menos te contó el proceso.  Pero esta parte ya entra a responder el director que en buena medida desobedeció lo que proponía el dramaturgo, muchas veces por decisión personal, otras veces porque los actores proponían cosas que eran muy interesantes y que valía la pena probar.  La puesta en escena de una obra de teatro no es ni una ciencia, ni un proyecto a realizar, por lo menos en mi experiencia.  La puesta en escena se trata de proponer un punto de partida, algunas reglas, algunos objetivos, pero después hay que abrir la cancha para jugar.  Las obras que escribo y que voy a dirigir yo mismo están muy abiertas porque necesito completar la dramaturgia en el ensayo.  Digamos que escribo las líneas de cada personaje, pero los personajes no están completos totalmente, no escribo casi acotaciones porque la acotación es muy restrictiva.  La acotación es una propuesta de puesta en escena.   Yo prefiero escribir sin acotaciones y experimentarlas en los ensayos, ver qué funciona y qué no… ver qué imaginarios despierta el parlamento sin en el encuadre de la acotación que a veces reprime muchas posibilidades.  La letra escrita pesa.  Entonces esas acotaciones prefiero guardármelas y probarlas como director, si funcionan bien y si no se ve otra cosa.  Por eso mis ensayos al principio son un caos, por eso prefiero trabajar con actores conocidos… de otra manera el pánico se apodera de los ensayos.

¿Cómo fue el trabajo con Los Federicos?
Como todo en las cosas que hago influyó mucho el azar, o la providencia como dirían los cristianos, el destino o las energías confabuladas.  Esta obra iba a ser un unipersonal de Domingo Milesi.  En el proceso de reescritura final, de ajustes y precisiones, me di cuenta que iba a ser mejor hacer la obra con un dúo.  Te estoy hablando ahora de 2018.  Entonces cité a un actor más para completar el dúo, comenzamos a ensayar pero las cosas no funcionaron y el proyecto naufragó.  Teníamos fecha de estreno, pero cancelamos.  Ese fue un momento de crisis.  Pensé en renunciar al proyecto, pero Domingo estaba muy entusiasmado y entendía que esta era una obra que había que hacer.  Había algo de deber en la forma en que me lo planteaba que me hizo decir: bueno, si estas tan seguro que hay que hacerla será porque hay que hacerla.  Ahí apareció Federico Torrado a fines de 2018.  Ahí se me ocurrió utilizar el segundo nombre de cada uno: Domingo Federico y Hugo Federico para redondear la dupla Los federicos.  Comenzamos a probar mil cosas, nos reímos mucho, también nos agarramos de la cabeza más de una vez.  En 2019 ganamos el programa de fortalecimiento y eso nos dio el impulso final a la idea de que esa obra había que hacerla.  Fue complicada, fue muy difícil encontrar la forma, encontrar el código en que la obra se podía hacer, el modo de llevar todo ese texto a escena con vida, que fuera teatro y no literatura.  Pero al final apareció.  En la etapa final del montaje fue también azarosa, providencial y como caída del cielo la presencia de Carolina Rebollosa que trabajó durante el último mes en el entrenamiento y preparación específica con el dúo.  Su trabajo terminó de redondear la obra… sin su aporte no tendríamos el espectáculo que tenemos ahora, con una actuaciones estupendas de ambos actores.  Mi trabajo como director es mucho más estructural, más de puesta, de sentido y forma, el aporte de Carolina fue decisivo para lograr los estados emocionales y el orden dramático.

¿Cómo ubicas este trabajo dentro de tu camino artístico?
Hace un tiempo ya, unos 7 años que decidí no volver a escribir una obra original.  Me empezó a interesar la dramaturgia como un modo de dialogar con otros autores, aprender de ellos, comprenderlos, investigarlos, cuestionarlos.  Esa decisión me trajo a Levrero.  Las adaptaciones, versiones o como sea, comenzó con una versión de Antígona que se llamó Complejo Miramar, después trabajé con obras de Chejov, después vino una adaptación de El coloquio de los perros que me encargaron y que estuvo buenísimo y ahora Levrero.  En todas esas búsquedas de diálogo, nunca había logrado un contacto tan cercano con un autor como lo logré con Levrero.  Esa búsqueda de diálogo con otros autores, es también una búsqueda de nuevos referentes, hasta te diría de maestros.  Pero a su vez de maestros que me impulsen en direcciones inesperadas, por eso me pareció interesante trabajar con una narrativa tan compleja como La novela luminosa.  Hasta ahora sigo sintiendo que estoy en ese camino, que no tengo ganas de sumar una voz original al universo dramatúrgico, que ya hay muchas originalidades, muchas voces buscando su lugar.  Yo siento que mi lugar es este, por lo menos por ahora… conversar con otros… pensarlos… buscar desafíos artísticos pero desde este lugar… la adaptación, la traducción, la versión. Hace un tiempo se me cruzó la idea de hacer una adaptación de una pintura… esa idea me asalta de a ratos… Por ahí voy.


 

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