Redford y Martínez en la cartelera local


Por Martín Imer

En este repaso semanal de la cartelera montevideana nos encontramos con dos recientes estrenos donde se destacan sus importantes figuras, en dos momentos distintos de sus carreras: en la primera vemos el adiós de su legendario protagonista, una leyenda viva de Hollywood, y en la segunda un trabajo más en la racha de recientes éxitos de su infatigable actor principal, un talentoso intérprete que sigue sorprendiendo al público. Se trata de dos trabajos que más allá de tener sus desaciertos (la argentina más que la estadounidense, vale admitir) son interesantes propuestas que pretenden entretener al público a base de historias simples pero con su atractivo. Y eso vale.

LA DESPEDIDA DE UN GRANDE

UN LADRÓN CON ESTILO (The old man and the gun, EE.UU, 2018) Guion y dirección: David Lowery. Música: Daniel Hart. Fotografía: Joe Anderson. Montaje: Lisa Zeno Churgin. Con Robert Redford, Casey Affleck, Sissy Spacek, Danny Glover, Tom Waits.

Uno de los actores más conocidos y respetados del cine americano es Robert Redford, inquieto actor, productor y director californiano que a sus 82 años anunció su retiro del cine de la mano de Un ladrón con estilo. Su carrera, que empezó por principios de los años 60 en teatro, televisión y finalmente en pantalla grande, ha pasado por casi todos los géneros (incluyendo en su última etapa películas de la gigante Marvel) y es indiscutible su amor por el cine, llegando incluso a ser el creador del festival independiente estadounidense más importante: el Festival de Sundance, que año a año sorprende con una o dos joyitas que logran llegar al público general. La despedida de este grande es un acontecimiento en sí mismo, por lo que la película que llevara esta distinción debía estar al nivel.

El film – que se anuncia a sí mismo como mayormente basada en hechos reales – cuenta la historia de Forrest Tucker, un criminal buscado por su último escape de la prisión que sigue cometiendo robos de una manera muy inusual, ya que se destaca por su calma y el buen trato que le ofrece a sus víctimas. El encantador criminal va recorriendo el país con sus dos socios repitiendo el esquema y dejando una pista detrás de sí que sólo el atento policía John Hunt parece ver. El oficial decide comenzar una persecución por su cuenta para atrapar a Tucker, el cual siente que el tiempo le está ganando y sería mejor abandonar el mundo de los robos que tantas alegrías le ha dado. A su vez, el protagonista conoce a una mujer con la cual, por primera vez en mucho tiempo, se siente cómodo y decidido a echar raíces.

Sencilla pero encantadora, se trata de una película algo menor pero bastante entretenida y carismática, apoyada en un par de actuaciones de nivel dignas del elenco que participa. La química entre Redford y Sissy Spacek (primera vez que trabajan juntos) es chispeante y juntos se potencian en escena, dandole al material una gran dosis de vida y simpatía en cada escena donde aparecen. El show igual le pertenece al veterano actor, quien con 82 años sigue dominando la pantalla con su talento y energía, ganándose rápidamente la complicidad del público. Redford utiliza a su personaje para reflejar dos cosas: en primer lugar los estragos del paso del tiempo en las personas (especialmente las decisiones que toman en su vida y cómo terminan marcando sus últimos días) y luego, en cierta forma, para homenajear y respetar todo su legado cinematográfico — incluyendo un montaje cerca del final en el que literalmente se ven algunos fragmentos de otras realizaciones del intérprete. De todas formas, y en diferencia a un producto como La mula donde Clint Eastwood presentaba en cierto nivel una versión de sí mismo en la ficción, aquí el protagonista honra la profesión creando al personaje y separándolo claramente de su persona.

Una rápida búsqueda online revela que la historia real está bastante alejada de la inocencia que esta producción muestra en algunos momentos, pero claramente la intención del realizador David Lowery no era crear una película que siguiera al pie de la letra la carrera criminal de Tucker; es más, varios robos suceden fuera de cámara o directamente son evitados. El mote de ser “el último trabajo de Redford” puede eclipsar a los demás elementos, y si bien se trata de un trabajo algo más impersonal es interesante tener en cuenta a Lowery, director independiente que oscila entre el blockbuster (hizo para Disney Mi amigo el dragón) y lo personal y artístico (con películas divisivas como A ghost story). Aquí se trata de un trabajo que no destaca por su originalidad pero sí por su logrado aspecto antiguo, detallado y cuidado, y su sólida dirección de actores. El guion, de su autoría, se esfuerza por aportar algo de dimensionalidad a sus personajes, con algún leve vistazo a las vidas privadas tanto de Tucker como del policía que lo persigue. Si bien aún no ha logrado imprimirle a sus cintas un ritmo más movido, Lowery ha mostrado una versatilidad valiosa a la cual hay que prestarle atención.

No sabremos si el protagonista de clásicos como El golpe, Dos hombres y un destino y África mía entre tantas otras definitivamente se despedirá del cine (ya son incontables los casos de anuncios de retiro y luego triunfantes regresos) pero al menos si estamos ante su retirada lo hace con un film digno y respetuoso, lo cual más de uno envidiaría. Con un excelente nivel actoral y una bonita fotografía el film se va haciendo encantador con los minutos y termina dejando satisfecho a su público. No se trata de una exploración profunda de personajes — que se podía haber hecho — sino de una comedia liviana y agradable con buen valor de entretenimiento.

LA VIDA… DESPUÉS DE LA MUERTE

YO, MI MUJER Y MI MUJER MUERTA (Ídem, España/Argentina, 2019) Dirección: Santiago Amodeo. Guion: Santiago Amodeo y Rafael Cobos. Fotografía: Leonardo Hermo. Música: Enrique De Justo. Montaje: José M. G. Moyano. Con Oscar Martínez, Carlos Areces, Ingrid García Jonsson, Malena Solda, Cris Nollet.

Como se comentaba previamente, la carrera de Oscar Martínez está pasando por uno de sus mejores momentos, apareciendo constantemente en la pantalla antes. ¿La prueba? Actualmente se encuentran en cartel DOS películas en las que él es el protagonista, y antes de ver esta se pudo ver el trailer de El cuento de las comedrejas el nuevo film de Juan José Campanella donde el actor tiene un papel casi protagónico. Martínez se va moviendo entre Argentina y España para hacer sus proyectos, y justamente este nuevo film se trata de una co producción entre los dos países, una historia que comienza en Buenos Aires pero tiene casi todo su desarrollo en el otro continente; una comedia dramática con mucho más hincapié en lo segundo que lo ve al intérprete en un registro un tanto distinto a sus últimos papeles.

Bernardo es un arquitecto que actualmente da clases en la facultad. Su vida, afectada por la reciente muerte de su esposa, es cada vez más hermética y alejada de cualquier atisbo de sorpresa y alegría. Para hacer su situación más antipática decide ignorar el último pedido de la difunta y no tirar sus restos en España, país del que ella era originaria y donde vivió muchísimo tiempo. Sin embargo, luego de un macabro incidente en el cementerio, cambia de idea y viaja hacia la Costa del Sol para cumplir el mencionado deseo, encontrándose de entrada con una amarga sorpresa: su cuñada le revela que la mujer no lo amaba tanto como decía, y de hecho pensaba alejarse del hogar para volver a su tierra natal. Pero lo más inesperado estaría por llegar cuando Bernardo llega al hotel donde se alojaba su esposa durante sus largas visitas al lugar, un paraíso nudista e ideal para swingers y demás personajes de la índole. El hombre comienza a descubrir allí una faceta desconocida de su esposa, reconectando consigo mismo y encontrando, tal vez, una nueva razón para volver a vivir.

A medio camino entre géneros tal vez el problema más importante de Yo, mi mujer y mi mujer muerta es su indecisión para asentarse en uno de ellos. La historia se encuentra dividida por capítulos que resultan una absoluta ruleta rusa para el espectador, ya que no sabe con qué se encontrará en el próximo momento, si con algún momento que apueste a lo cómico o a lo puramente dramático. Cuando no se logra el balance, quedan momentos desconcertantes para la platea (como todo un evento en el cementerio al comienzo del film donde no se sabe cómo reaccionar, si con una risa alocada o con horror) pero cuando lo logra es amena, especialmente gracias a la presencia de un actor impagable como Carlos Areces. El español tiene un talento natural para la comedia y un timing intuitivo, por lo que sabe cuándo debe poner más de sí mismo para que sus escenas funcionen, o ponerse en un costado sin desaparecer de la acción. Los pocos personajes secundarios, más que nada por sus actores, ofrecen pinceladas de color y aire fresco que se agradecen.

Pero el show le pertenece a Martínez, quien aquí sorprende haciendo una simpática dupla con Areces y también en sus momentos de soledad transmitiéndole al espectador la desesperación y la sorpresa ante cada una de las revelaciones que va enterándose en el camino. El intérprete sabe que fibra tocar en el momento justo, elevando el material, comprometiéndose con un protagónico mucho más humano y simpático que en otros films recientes (La misma sangre o Las grietas de Jara). Es gracias a él que la película tiene un norte claro, ya que a pesar de los momentos más aleatorios o singulares que se van presentando el actor mantiene la entereza del personaje y sus miras, sin desviarse de su consistencia a pesar de presentar el cambio en su personalidad que la propia trama indica.

Se trata de una producción que a pesar de tener varios momentos filmados en Argentina y un protagonista de ese país es puramente española, tanto en su tono como en sus aspiraciones; un cine que a pesar de tener aspiraciones comerciales trata de ofrecer algo más emocional, con un marcado ritmo pausado y una seriedad que no se suelen ver en las comedias de la vecina orilla. Es una lástima que el director español Santiago Amodeo no haya podido combinar con más audacia esos dos intereses; el de crear una cómica aventura y pasatista a la vez que una observación sobre el duelo y el salir de él. Con sus defectos es, de todas formas, un producto que disfrutará el público que sigue la carrera del protagonista y conquistará a aquellos que tengan las expectativas justas.


 

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