“Sangre de campeones”. Un viaje a la génesis

Coral Cine presenta a partir de ésta semana “Sangre de campeones”, un documental que reconstruye los hitos futbolísticos uruguayos de 1924, 1928 y 1930. Andrés Varela (productor) y Sebastián Bednarik (director), contaron cómo surgió este proyecto que desde este jueves se exhibe en distintas salas de Montevideo y cuenta además con dibujos de Oscar Larroca. (*)


Entrevista de Mauricio Rodríguez

1924: un grupo de hombres, futbolistas amateurs de profesiones diversas y orígenes humildes, emprenden viaje rumbo a la mayor aventura de sus vidas. Parten desde Uruguay hacia Europa para desembarcar en el París de los años locos donde los esperaba, contra todo pronóstico, la gloria Olímpica y el asombro del mundo entero. Esta hazaña sería la primera de otras que vendrían en 1928 y 1930. En el contexto de los preparativos para la celebración del centenario de la Jura de la Constitución, surge la idea de organizar el primer campeonato mundial de la FIFA en Montevideo y la construcción del Estadio Centenario, el más grande del mundo en ese entonces. Uruguay se corona campeón del mundo y sin pretenderlo, esta selección se constituye como el puntal de la identidad nacional de un país que estaba naciendo.

“Sangre de campeones” es el relato de su historia, y a través de ellos, la de toda una nación. Esta película contiene imágenes inéditas de todo el recorrido del 24, 28 y 30 restauradas en alta definición -HD, 2K-: la sociedad uruguaya y europea de la época, el viaje transoceánico, la construcción del estadio, los partidos y los festejos, acompañadas de una construcción del relato a través de ilustraciones  y voces en off que darán vida a la leyenda desde los protagonistas de la historia. En la trama de la película participan personalidades como José Nasazzi, José Leandro Andrade, Atilio Narancio o Jules Rimet. Para enriquecer el relato y sumar otros elementos para acercarse a la intimidad de los personajes, fue convocado el artista visual y ensayista Oscar Larroca.

En todos estos proyectos, ¿hay siempre el mismo objetivo de retratar determinadas historias con un hilo conductor?

Sebastián – Claro. “Mundialito”, que le llamamos la película más “fresca” nuestra, si bien se partió de una investigación, fue la más inconsciente de qué estábamos haciendo cuando la estábamos rodando y haciendo las entrevistas. Iba mucho más a todo lo que estaba pasando a nivel social, el tema de la dictadura que para nosotros también era abordar una temática nueva en nuestras películas. Con “Maracaná” era – nosotros siempre embromamos con “Bring the legend” – , era retratar la hazaña, estaba todo como muy dado. Es hacer una película sobre algo que todo el mundo ya tiene adquirido, hasta la mitología, lo de “los de afuera son de palo…”

¿Y eso facilita, porque hay cosas que son muy sabidas, o en realidad hay un riesgo de ir por otro lado y que alguien pueda “juzgar” la mirada de ustedes?

Sebastián – Nosotros vamos a lo clásico y tomamos el desafío de decir “bueno, cómo hago para llevar a lo cinematográfico algo como ‘Obdulio se puso la pelota debajo del brazo”. Y contarlo bien, contarlo con imágenes, con música y con cine. Entonces optamos por eso. “Maracaná” tiene todos esos tópicos llevados cinematográficamente, hay veces que parece western, tiene una mezcla de todo eso. Con esta película el desafío fue contarlo todo absolutamente con imágenes de archivos. En esta película no hay “cabezas parlantes” como había muchas en  “Mundialito”, menos en “Maracaná”. Porque además no están vivos los jugadores y no quisimos entrevistar ni que salieran los historiadores. Todo es totalmente de archivos, eso un desafío.

¿Y cómo lo construyeron? Porque el archivo no debe ser muy abundante.

Andrés – No, no lo es. Hicimos mucho trabajo de post producción y de transformación de archivos y el último recurso, digamos, – que aparte fue el primero pero le llamamos último recurso – es que llamamos a Oscar Larroca que hizo como ilustraciones sobre los lugares y momentos donde era imposible que hubiera una cámara,  más en esos años. Ahí va Larroca y hace como una especie de fotogramas y vamos como construyendo justamente esas historias más íntimas, todo ese París de los años locos, la historia de Andrade que se va y lo van a buscar, todo esto está contado con esos dibujos de Larroca.

Además de la falta de archivos o imágenes, ¿cuáles fueron los desafíos de ésta en particular?

Andrés – Ésta en particular dos cosas: una la construcción, porque  justamente había que construir un relato mucho más de cero que de repente pasó con “Maracaná” o “Mundialito”. Además, con algunos problemas de guion, como decimos, que lo dio la realidad y que son dos campeonatos olímpicos en los que van Europa y que van como seguidos y después el treinta acá. O sea si vos fueses un guionista y armás esto evidentemente sacarías un campeonato; de pronto te quedás con el de Colombes y después el del treinta. En ese sentido fue como seguir justamente la historia real, porque es un documental, y con eso construir un relato cinematográfico. El otro desafío fue este que decía que tiene que ver que, justamente, al apostar al archivo, hay que restaurarlo. Lleva mucho tiempo pre producir el material en alta. Después encontrar el original, y cuando lo hallás, comprarlo, y eso es costosísimo. Luego digitalizarlo y después restaurarlo, porque no siempre está en las mejores condiciones. Ése es el desafío mayor.

Específicamente, ¿por dónde transita lo que se muestra en “Sangre de campeones”?

Sebastián – Yo te diría que es como una especie de “tesis”. Al día de hoy cuando está por viajar la Selección Uruguaya contemporánea, sentimos esa especie de emoción de ir a jugar a un Mundial. Y porqué en el fondo tenemos ese niño o niña uruguayo que todavía piensa que la Selección pueda salir campeona. Eso no pasa en todos los países ni pasa en un evento que es planetario. Ni siquiera capaz que a un irlandés, por decir un ejemplo, le pasa. Entonces eso tiene una explicación y ahí está justamente la génesis de esa especie de relación que tiene la sociedad y el pueblo uruguayo con el fútbol.

¿De alguna manera esa mirada ayuda a reforzar el mito, la leyenda?

Andrés – Estas valoraciones históricas nosotros mismos las sentimos cuando abordamos la historia de que tenemos esa idea de que el 24 y el 28 fueron fáciles, como que fuimos a pasear y no fue así. También fue una hazaña. Ir hasta allá ya fue una hazaña. Fue hazañoso llegar, fue complicado adaptarse. Después fue maravilloso porque estaban en el París de los años veinte,  pero eso con el diario del lunes, porque ganaron y se tuvieron que quedar un mes, pero en realidad fue un campeonato difícil, hubo una semifinal con Holanda que nos ganó de atrás. Pero la verdad es que la gente no sabe cómo se lograron tanto Colombes como Ámsterdam y después lo que fue, que es como el final de la película, el primer campeonato donde ya la gente es parte y protagonista de eso. Se construye el estadio en nueve meses y se organiza el campeonato, el primer campeonato mundial de fútbol, y encima se gana. Se cumple como locales. No sé qué hubiese pasado, cómo seríamos nosotros si hubiésemos tenido una especie de “Centenariazo”, que nos quedara para toda la vida el hecho de que en el primer campeonato del mundo vinieran los argentinos y nos ganaran … No sé cómo seríamos a nivel de idiosincrasia.


(*) Publicado en semanario Voces

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