“Terrorismo emocional”. Entrevista a Josefina Trías y Bruno Contenti

“Terrorismo emocional” es una obra que narra la historia de Clara, una mujer que se acaba de separar de una relación larga e idílica. De regreso a la casa de sus padres, comienza a vislumbrar la posibilidad de hacer de su ruptura algo creativo. Tal vez el desamor dé sus frutos. Va en la Alianza los viernes de junio a las 21 horas y es dirigida por Bruno Contenti e interpretada por Josefina Trías. Granizo conversó con ambos sobre cómo fue el proceso de construir este trabajo.


Entrevista de Mauricio Rodríguez

Josefina Trías es atriz egresada del Instituto de Actuación de Montevideo (IAM) y de la escuela de Julia Amoretti. Ha tomado además talleres y seminarios en distintas disciplinas de arte escénico con Ricardo Bartis, Kartun, Gabriel Chamé. Durante el 2016 entrenó con Julio Cháves una vez por semana en Buenos Aires de abril a noviembre. Es docente de teatro en secundaria y Comuna Canaria. Canta en la banda “Otro tavella y los embajadores del buen gusto”. Formó durante cinco años parte del grupo de investigación teatral de Roger Mirza en Facultad de Humanidades, participando como colaboradora y expositora en los coloquios internacionales de Teatro. Su investigación sobre la dramturgia escrita sobre Delmira Agustini concluyó en la ponencia: Delmira Agustini, personaje teatral, memoria y ficción en la dramaturgia de Milton Schinca y Adriana Genta.En cuanto a su formación en canto estudió con Sarah Sabah y Nelly Pacheco. En 2007 recibe una mención como actriz por Doña Ramona, en la maratón metropolitana de Teatro de Canelones. Estuvo en numerosas obras. A nivel audiovisual ha trabajado en el unitario “Adicciones” así como en varios cortometrajes. Dirige en Las Piedras hace nueve años talleres de teatro para todas las edades en el centro Pareja. Es correctora de estilo egresada de la Universidad de la República y estudiante muy avanzada de la Licenciatura en letras de la Facultad de Humanidades. “Terrorismo emocional” es el primer texto que presenta como autora en Montevideo.

Bruno Contenti es director, dramaturgo, actor egresado de la EMAD. Inicia su carrera como director en la Hiperdramática Walter Thompson con ayuda de los Fondos de Estímulo a la Formación y Creación Artística 2012, tutoreado por Marianella Morena. Autor de “Subterránea” y director de La Prudencia del Azar y actor en La Familia Tibia, ambas de Sebastián Calderón. Asistente de Dirección de Proyecto Felisberto de Mariana Percovich y la Ópera Capuletos y Montescos, bajo dirección escénica de Florencia Sanguinetti. Miembro del Lincoln Center Theater Directors Lab en el año 2017. Actualmente trabaja como docente de Teatro y cursa la Tecnicatura Universitaria Dramaturgia de la EMAD – UDELAR – AGADU.

Vamos de lo general a lo particular. Viendo un poco tu trayectoria, Josefina, en tu caso, ¿cuáles son las tres o cuatro cosas fundamentales que recibiste que fueron la base de tu formación?

Josefina – En primer lugar uno piensa enseguida en algunas personas, en maestros: Directoras de la IAM, como Marisa Bentancur, Gabriela Iribarren y María Mendive, el caso de (Julio) Chávez en Argentina durante todo un año, trabajando y entrenando con él y aprendiendo una forma de actuar. Eso por un lado, en términos formativos. Y por otro lado tuve la suerte de a los 18 años ya estar trabajando en la Alianza, formando parte de una especie de escuela o compañía de jóvenes porque éramos todos muy chicos. La dirigía Elena Zuasti y estuvimos cuatro años ahí. Eso hizo que, paralelo a la formación de la IAM, enseguida estuviera haciendo obras todo el tiempo, hasta hoy. Y a eso se agrega el aprendizaje de los espectáculos, he tenido la suerte de trabajar con directores que andan muy bien: Marianela, la propia Elena, Álvaro, Santiago Sanguinetti. Todos los directores con los que he trabajado, porque además siendo tan chico esto, estás todo el tiempo en plena formación. Y ni que hablar el proceso con Bruno que hace un año que estamos trabajando… Lo que he aprendido como actriz ha sido increíble… Después la parte docente. Doy clases hace nueve años ya y hay un ida y vuelta entre la docencia y la actuación inevitable.

¿Qué cosas pretendes transmitir a nivel docente y transmitir a las nuevas generaciones? 

Josefina En primer lugar lo que siempre intento transmitir es la capacidad de juego permanente y el disfrute. Kartun dice que no se puede enseñar a nadie, y menos en términos artísticos, si no hay una base fuerte de deseo. Es una cita que me encanta tener como faro.  Siempre les digo eso, tiene que haber el goce del juego, no el goce chabacano de estar ahí por el mero hecho narcisistico sino un goce profundo, interno, de estar instalado en un juego y a partir de ahí permitir toda la posibilidad creativa del instrumento.

¿Qué te aportó la experiencia con Cháves que te aporto?

Josefina – Siempre estoy como bastante inquieta en ese sentido. Hice la escuela de Julia Amoretti antes de la IAM y acá todo lo que he podido, tratando siempre de estar en permanente contacto con el instrumento desde el punto de vista del entrenamiento. Y Chávez es un actor que me tenía maravillada por cosas que había visto, tenía unos amigos que habían ya tomado el curso de entrenamiento anual con él. Y fue como poner todas las fichas en eso, una gran inversión de tiempo, de plata, de todo; pero vale la pena realmente.

¿Cómo fue el proceso de trabajo de esta obra? La idea, la creación, etc…

 Josefina – Estuve todo el 2017 escribiéndola. Con mis alumnos de clase en Las Piedras, con ellos escribo todos los años, escribo para cada uno de mis alumnos. Entonces en diciembre presentamos un texto que pertenece a cada grupo, una cosa muy artesanal, muy particular de cada uno. Y venía ya hace muchos años, porque es el séptimo año que escribo con ellos, como ya sintiendo la necesidad de “Ta, Josefina, ¿vos que tenés para decir?”.  No por la mera exigencia de “decí algo”, sino porque sentía que había algo interesante para salir. A fines del 2015 me separé y hubo como unos movimientos. Creo que lo que pasó fue que estuve como mucho tiempo sola o con más tiempo libre y arranqué a escribir, me obligué a sentarme y empezar a escribir.

Y la obra, mientras la escribías, ¿siempre fue la misma o fue cambiando? 

Josefina – En realidad no me di cuenta que había una obra hasta que tuve muchos textos, que empezaron a parecerse entre sí porque había una voz que se repetía, una primera persona que se repetía, cierto humor que aparecía. Como una literatura bastante verborrágica, y empecé con “Ok, acá hay un todo”. Empecé como a ordenarlo y estuve todo el 2016 en ese viaje, y en 2016 también me reencuentro con Bruno después de nueve años, porque somos compañeros de la IAM. Nos reencontramos en un recital que yo estaba cantando, se acerca después del recital y me habla de una obra que está por estrenar y que le gustaría que yo hiciera un personaje. Yo le digo que sí, sin haber leído nada. Y arranqué “Subterránea” con él y estuvimos todo el 2016 y 2017 y ahora reponemos de vuelta. Y a partir del proceso de “Subterránea”, que fue un proceso hermoso de actriz – director, le pregunté si le interesaba dirigir “Terrorismo emocional” y me dijo que sí.

En tu caso, Bruno, ¿en qué momento de tu carrera te encuentra ésta propuesta? 

Bruno – Yo había egresado de la EMAD hacia unos años y estaba trabajando sobre mi primer texto dramatúrgico. Estaba dirigiendo cosas de otros y cosas por el estilo, y Josefina acercó el texto cerca del final del proceso de “Subterránea” cuando ya habíamos liquidado las ultimas funciones en diciembre de ese año (2016). Y me dijo que le diera mi opinión, qué pensaba. Me encantó y  le dije “vamos para adelante con esto”, y la verdad me rescató de un momento difícil también para mí. A mediados del año pasado tuve una beca que dio la Fundación amigos del Teatro Solís para ir a Lincoln Center, en Nueva York. Es una formación para directores internacional. Y a la vuelta de ese viaje yo venía con muchas ganas de dirigir y tenía proyectos para hacer en esa mitad de año, que todos claudicaron porque hay como una gran necesidad de nuestra generación de empezar a hacer y mostrar. Y todos estaban con coincidencias de tiempos. Entonces toda mi energía creativa fue con Josefina, fue realmente un rescate, que también me sirvió para trabajar cosas personales que estaban pasando por el propio tema de la obra.

¿De qué va la obra en un concepto general?

Josefina – Cuenta la historia de Clara, que es una mujer de casi 30, que nació en los 90 y sus padres son de los años 60.

Bruno – Millenials versus los baby boomers.

Josefina – Está un poco tironeada entre el modelo de sus padres y el que tiene que vivir hoy. Se acaba de separar después de una relación idílica, hermosa, importante, esas como estructurantes en la vida de uno; y se vuelve a la casa de sus padres medio obligada porque no hay recursos para otra cosa. Se instala en el cuarto de su adolescencia, de su niñez, en la casa de sus padres e inicia un viaje sobre todo con la escritura y con ella misma para ver como rejunta sus partes después de haber estado pegada a otro tanto tiempo. Se separa de una forma hermosa y no está instalado en ese lugar de la despechada ni la terrorista ni loca, estamos lejos de eso. El terrorismo es con ella misma, empieza a autoprovocarse mini terrorismos para ver qué es lo que quiere, qué es lo que es.

¿Cómo fue ese trabajo de ponerte en la piel de un personaje al que vos misma le diste vida?

Josefina – Al principio por momentos aparece como el miedo, el fantasmita ese. Por un lado, y si bien el puntapié es el mismo, y hay ciertas experiencias vitales que son las de Clara que se cruzan con las mías y mi entorno, hay mucha ficción. Y en ese sentido hay como cierta tranquilidad de “esto es un juego”. Hay algo que tenemos los artistas de que una vez que estás arriba del escenario todo cobra una dimensión ficcional que te distancia. Eso lo tenemos automáticamente activado.  “Estoy acá arriba, esto no es verdad. O sí”. Uno se desdobla y ya no hay ese conflicto, aparece pero por ahora está bien domado.

En tu caso, Bruno, como director, el hecho que la conocieras y sabiendo que era su primer trabajo, ¿cómo lo abordaste?

Bruno Para mí fue todo un placer de principio a fin, y también un gran desafío. Porque tenemos como tres puestas en escena posibles de la obra que ha ido cambiando y no ha parado de producir a nivel creativo, reajustes y reajustes que llegó casi hasta el día del estreno. Propone tanto el texto, cuando empezamos el proceso, que fue más de mesa, de trabajo y ver de qué va esto y tratar de perfilar hacia una línea narrativa, porque eran varios textos por separado. Y empezó a aparecer un camino, como de un personaje que está encerrado realmente. Lo interesante fue que teníamos como 22 temas y empezamos a decir “bueno, son como nodos”. Fue un rizoma de temas que van armando una especie de constelación alrededor de ciertas áreas de la vida de Clara. Una de ellas tenía que ver con ese idilio que todos tenemos, el romanticismo, que de alguna forma surge en un principio desde la adolescencia, por los 20 años.


 

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