“Tiempo de caza”: Fallido cuento de acción y suspenso

Por Martín Imer


Somos varios los que hace tiempo advertimos del buen nivel cine asiático en general, tratando de llevar ese mensaje a la mayor cantidad de gente posible. No sólo se trata de la estupenda cosecha de realizadores en su mejor momento sino también del notable crecimiento económico de esa cinematografía, de productores que confían en los trabajos, del público que se presenta cuando se estrenan. Los resultados pueden verse continuamente a través de las pantallas tanto de cine como de streaming, y a nivel de premios podemos ver que en 2018 triunfó la japonesa Un asunto de familia en Cannes y luego al año siguiente la coreana Parásitos empezó su carrera de victorias en el mismo lugar aunque llegando aún más lejos, rompiendo todos los récords y ganando el Óscar a Mejor película, junto a otros muchísimos premios internacionales.

Lo más interesante es que el cine asiático tiene de todo, y es una industria tan grande que se alimenta a sí misma sin problemas, puede prescindir de grandes salidas en América ya que sólo con estrenar allí recuperan la inversión — motivo por el cual hace varios años nos llegaba muy poco material de allí, aunque esto comenzó a cambiar especialmente por la llegada de los servicios de streaming que “globalizan” el contenido. En este caso estamos ante un estreno mundial, la coreana Tiempo de caza, la cual tuvo un pase previo por el Festival de Berlin y luego se embarcó en una polémica entre la productora y la agencia de ventas globales, hecho que retrasó su fecha de salida por casi un mes entero.

La trama circula por carriles algo conocidos, comienza con un joven saliendo de la cárcel y siendo recibido por sus dos grandes amigos. Con el paso de los minutos nos enteramos que el chico fue agarrado por la policía durante un robo y tratando de hacer tiempo para que esos otros dos escaparan, situación que sin embargo no parece generar ninguna rispidez en el grupo. El protagonista, Jun-seok, comenta que en la cárcel hizo amistad con una persona que le prometió que si lograba llegar a Taiwan se le daría un negocio y la oportunidad de comenzar de nuevo, aunque el pasaje sale caro y viven en un mundo totalmente distinto al nuestro, en donde Corea está en la ruina y la inflación alcanza límites ridículos. La solución parece ser robar una casa de apuestas dominada por la mafia, algo que sorprendentemente sale muy bien… aunque a la hora de sacar las tarjetas de memoria – para que no queden registros fílmicos del asalto – también se llevan varios documentos que comprometen a los mafiosos, por lo que envían a un sádico sicario que comienza a disfrutar el hecho de cazar a los tres chicos.

Durante los primeros 40 minutos Tiempo de caza es un goce total, ya que presenta cosas muy interesantes: por un lado, una muestra de virtuosismo en la puesta en escena, con una bellísima fotografía (aunque en el borde de ser demasiado oscura) y un uso inteligente de los colores y las locaciones, sin miedo al derroche y armando un mundo creíble y palpable, además de una impecable habilidad para el montaje y una narración que alterna exitosamente entre lo dramático, lo policial (la escena del asalto es realmente buena) e incluso algún toque cómico. Y por otro lado es muy meritoria la construcción dramática del conflicto, con el protagonista cegado ante el deseo de una vida mejor y sus amigos ayudándolo principalmente por una fuerte culpa ante sucesos del pasado. Los actores están muy bien y el libreto es efectivo a la hora de remarcar la profunda miseria de seres marginados dentro de una sociedad en caída libre y continua degeneración, tan profunda al grado de que un acto criminal termina siendo menor dentro de un entramado de corrupción y crueldad: todos los personajes de esta película son malos, villanos para lo que puede considerarse moralmente, pero en esa escala hay mejores y peores, los únicos que pueden sobrevivir en un mundo al borde del abismo.

Luego de ese planteamiento comienza el juego del gato y el ratón y si bien la película abandona casi totalmente los planteamientos dramáticos iniciales, de los personajes y el entorno, se entrega de lleno a los cánones del thriller y ofrece un buen entretenimiento, tanto en las confrontaciones directas como en los momentos de tensión. El director Yoon Sung-hyun mantiene una mano firme y entrega algunas secuencias apasionantes, opresivas, que intentan maquillar las carencias que comienza a tener el guion (especialmente en lo relacionado con la verosimilitud de los hechos) y va manteniendo, a pesar de que al menos sigue siendo consistente con los temas de culpa y miseria, la moral y la social. Incluso hay que destacar el apasionante climax, lleno de energía y suspenso, una confrontación final que realmente logra que el espectador no despegue los ojos de la pantalla.

Pero inesperadamente, en los últimos minutos, el film comete una enorme tontería que resulta imperdonable. Luego de que el conflicto principal finaliza (de una forma un poco excesiva, hay que decirlo) somos testigos de un largo epílogo que en principio parece normal, una forma tradicional y hasta algo triste de terminar la cinta. Sin embargo, en el afán de sorprender al público como sea, se da un giro inesperado y francamente ridículo que asegura una secuela, mostrando no sólo unas intenciones comerciales que no se habían dejado ver hasta el momento sino también una falta de seriedad que todo lo demás, desde el tono hasta sus temas, parecía manejar. Es inentendible ese deseo desesperado por establecer una continuación pero claramente la respuesta no está en el costado artístico sino en lo puramente comercial, que arruina lo que hasta ese momento era un más que sólido thriller.

TIEMPO DE CAZA (Sanyangeui sigan, Corea del Sur, 2020) Guion y dirección: Yoon Sung-hyun. Música: Primary. Fotografía: Won Geun Lim. Montaje: Wang Sung-ik, Yoon Sung-hyun. Con Ahn Jae-hong, Lee Je-hoon, Hae-soo Park, Choi Woo-sik.


 

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