“Un teatro es un proyecto de amor y de resistencia”. Entrevista a Claudio Tolcachir, quien presenta “Próximo” en el Solís

A 14 años de “La omisión de la familia Coleman”, Claudio Tolcachir llega al Teatro Solís con “Próximo”, obra que fue producida y estrenada en el complejo teatral de Buenos Aires en el teatro Sarmiento.  El director conversó con Granizo junto a varios periodistas sobre el proceso de dar vida a este nuevo trabajo.


Por Mauricio Rodríguez / Fotografías de Javier Noceti

La obra se pregunta qué pasa en el cuerpo cuando el afecto sucede siempre lejos. Los protagonistas viven una historia de amor a la distancia y, poco a poco, cada uno se convierte en lo único que el otro tiene en el mundo. Pero lejos. Los únicos dos actores en escena, el argentino Lautaro Perotti y el español Santi Marín, están a medio metro. Pero jamás se tocan. Ni siquiera se miran. No pueden, porque sus personajes están a miles de kilómetros, uno en Madrid y otro en Australia. Nunca se han visto.

¿Qué pasa en el cuerpo cuando el afecto sucede siempre lejos, más allá de nuestros límites? ¿Podemos amar sin tocarnos, sin olernos, sin conocer la piel?
Dos seres viven una historia de amor a la distancia y, poco a poco, cada uno se convierte en lo único que el otro tiene en el mundo. Pero lejos. “Próximo” nace del instante cuando la comunicación se corta, se rompe la falsa sensación de ocupar el mismo espacio y la soledad lo inunda todo. La experiencia de estar lejos de todo, de vivir las emociones más intensas sin cuerpo presente.

En “La omisión de la familia Coleman” la ternura estaba muy presente…

Yo siento ternura por todos mis personajes. Pasa que a mí  me gusta dejar un espacio donde el espectador termine de completar si les parecen adorables o les parecen monstruos. De pronto hay gente que me dice “esa relación es imposible porque no se conocen, nunca se tocaron”, … otro dice “sí es posible”, porque lo sienten … Pero me sentía hipócrita al decir “voy a contar una historia tremebunda de lo horroroso que es el mundo cuando yo en un mundo horroroso como el que vivo”, y a la mañana me levanto y me voy a ensayar y trabajo mucho para sostener un grupo de trabajo. Y trabajé mucho para ser padre, y una familia… Entonces digo no sé si soy honesto también. Yo tengo fe – en medio de la podredumbre que pueda existir – en una construcción. Para mí ese halo que puede tener esta obra de cierto lugar esperanzador tiene que ver con ser honesto conque yo, que veo un panorama en mi país catastrófico, todas las mañanas me encuentro con un montón de gente que va a ensayar, en cooperativa y lleva los muebles, y junta plata, y sigue y estudia. Entonces no sería honesto y hasta tengo la necesidad de poner el foco en eso porque si no nos van a convencer de que no se puede hacer nada, y si no podés hacer nada no cambiás nada.

Este es un espectáculo que juega mucho con las convenciones, eso de ponerlos los dos al lado pero están atravesados por un continente, jugado a lo que logres hacer con los actores, ¿cómo fue el proceso de eso, de jugar con dos actores?

Fue muy complejo. Porque una cosa es una idea, -“qué interesante una relación por Skype” – pero después hay que “rellenar la empanada” y tener un montón de cosas del placer, de la angustia, del suspenso, de la desilusión …  Cada desarrollo de esa situación era un desafío, desde lo más divertido, – porque hay momentos desopilantes – , hasta lo más patético – como puede ser mandar una foto y pedirle al otro que lo borre – y distintas cosas que pueden pasar. Teníamos que trabajar cómo iba a ser esa relación entre ellos, si el escenario va a estar partido, cómo encontrar un lenguaje físico para contar dos personas que están por momentos juntas, aunque físicamente están absolutamente separadas. Un elemento que descubrimos – al principio pensamos que ellos podían realmente hacer Skype y verse – nos dimos cuenta que era una porquería, nos complicaba, llegaba tarde, y no tenía ninguna magia, porque era pura realidad, digamos, estaban hablando … entonces empezamos a apagar algunas cosas y el espectador ve que esto (señala el celular) es un coso negro que no anda. Ellos no se ven en toda la obra, nunca cruzan mirada, lo cual es dificilísimo, porque tienen que reaccionar , se saludan, tienen que reaccionar a lo que escuchan y nunca se ven … Lo cual les obliga a un gran nivel de atención de percibir cualquier cosa nueva que haga el otro para alimentarse, sin estar viéndolo a los ojos … Al público lo desespera hasta el último momento, siempre en el saludo ellos se abrazan … Es un toque cristiano. Pero ese no mirarse, al mismo tiempo, ese juego de dirección de miradas, genera una tensión que no se termina de completar. Es algo que no se cierra y eso genera tensión, y la verdad que los dos actores han sido maravillosos. En la agilidad, en la posibilidad de generar reacciones. Por supuesto hemos trabajado mirándose, mirándose a la cara, pero después en las funciones ellos no saben qué pasa y la verdad es que tiene mucho sentido. Fue un gran trabajo de los ensayos que cada tanto volvemos a hacer, viste pasar la obra mirándose para después poder trabajar … A mí siempre me emociona, cuando estás solo en una ciudad, te la pasas mirando a otros, entonces vos ves a alguien que está en un bar y está muerto de risa mirando el teléfono, y vos decís esta persona no está acá, está en otro lado. Y te dan ganas de meterte en el mundo ese, y era parte de esta obra, vos ves una parte de la conversación, espiás los ojos de alguien que está viviendo una aventura a través del espacio. Siempre los trabajos de estreno de escritura son agobiantes, pero este fue tan compartido, fue tan de equipo que resultó muy placentero.

Como todo trabajo actoral el cuerpo es un sostén importante. Da la sensación por algunas entrevistas que diste que en este caso el cuerpo es el sostén absoluto de la obra, ¿cómo fue el trabajo específico del cuerpo? 

En varios planos para mí fue muy interesante el trabajo físico y espacial, uno por lo que tiene que ver con las distancias, con el nivel extremo de tensión que pueden ser que dos cuerpos estén pegados y no. Hay una escena que a mí me encanta que ellos pasean uno en Australia y otro en Madrid , uno en invierno otro en verano, pero por momentos realmente cuando los actores tienen la sensación de que están paseando juntos es mágico. Y sucede esto que nos pasa a todos que se corta la comunicación “hola, hola hola …” y es abrumador  porque decís están separados, están caminando juntos, separados, es mágico, es teatral, eso a mí me encanta. Otra escena para mí como ejemplo de eso un momento en que el argentino que está en Australia lo llama una vecina porque están operando a la madre en Buenos Aires y se sostiene en Elián que está en Madrid que lo está llamando otros para ir a comer… es como que de pronto los personajes están tironeados al máximo y haciendo la fuerza para que no se rompa ese nivel de comunicación… la primera vez que uno le dice al otro “quedate por favor, quedate, no me cortes”. Nos parecía interesante llevarlo al extremo … todo lo que está sucediendo … tu corazón está en Buenos Aires te está pidiendo ayuda en Madrid y vos estás solo … y después algo que siempre es interesante pero en esta obra mucho más es lo que cuentan los cuerpos de los que son, este personaje inmigrante que arranca compartiendo un departamento, pasa por una pensión y termina en una cosa que se llama “cama caliente”, que es cuando ya no te da ni para pensión. La “cama caliente” es que vos la usás doce horas y las otras doce horas la usa otra persona cuando vos te vas a trabajar. Compartís la cama, cosa que yo no sabía, lo descubrí con esta obra … Lo siguiente es la calle, este personaje termina en una “cama caliente”, un ratito. Está el hecho de no tener un lugar donde decir “tengo un sillón … entrar en mi baño”, eso te va generando un cuerpo de no pisar, de no tener un lugar en el mundo. Y esto se ve mucho en el trabajo de Lautaro que hace ese personaje en contraposición con el otro, que tiene mucha conciencia de su estética, aunque va teniendo una debacle por lo que sucede en su historia. Hubo mucho trabajo de lo que contaban los cuerpos, de las cercanías, de las lejanías, de los momentos donde comparten por ahí la misma cama pero que son dos camas diferentes y la evolución física de cómo es el que labura con su cuerpo, fregando el piso de un Mc Donalds o el otro que se va a un set de filmación. Eso cuentan los cuerpos también. Yo te diría que es algo que siempre me interesó pero en esta obra como vos decís, especialmente también.

¿Y cómo es el vínculo con el espacio? Porque es como una obra muy minimalista, muy de los gestos…

Mirá, fue  muy interesante para mí el trabajo sobre el espacio. Yo sabía que era un espacio abstracto, que no iba a ser un espacio realista. Casi que tenía esa imagen antes de escribir la obra, que había como una pasarela sin profundidad donde los personajes iban a deambular. Estuve mucho dando vueltas a qué era esa pasarela, hasta que con la escenógrafa que es Sofía Viccini apareció la imagen de una autopista. La escenografía es una autopista con su guardarrail, un farol y otro farol por allá y de golpe encontramos un espacio que nos dio todo. Ver a alguien detenido en una autopista ya es un problema, una contradicción, porque es un lugar para no detenerse, y estos personajes están en tránsito … Es el espacio que te puede encontrar, podés “ir hacia”, y es el espacio que te puede alejar. Es “estar en ruta” y es como sucede en algún momento de la obra que es salirte de esta ruta. Y en el medio de esta autopista hay muebles realistas, que son los que ellos van a usar. Son muebles de alguna manera con cierta historia pero posibles para los dos – una heladera, un sillón, que usan los dos – por lo tanto eso también hace una especie de Tetris porque uno sale de la heladera, se mete el otro. A mí me encanta cuando una obra te pide un espacio abstracto pero que cada rincón de ese espacio hable de la obra también. Y esta autopista para mí, además de ser muy bella y muy inmensa, te cuenta tanto, eso de estar a la deriva y no sabés si estás yendo o estás viniendo. Así que estoy muy contento porque tenía muchas ganas de crear un espacio que no fuera un espacio realista.

¿Cómo ves que se cruza este espectáculo puntualmente con la situación actual argentina? Porque el trasfondo social está muy presente. ¿Cómo lo ves en éste caso?

Te diría que en otras obras me di cuenta más tarde. Yo no sé quién es el público, no sabes quién es el público, pero uno se proyecta ahí… Y yo no tenía cara para, por cómo estamos, pegar un mazazo desalentador. Entonces para mí el mensaje que baja es “muchachos, todo lo que vos creías que era tu derecho a vivir no existe, todos los derechos que vos podías tener no existen, era mentira”. Lo dicen, además. Les hicieron creer que podían tener calefacción, que podían comprarse un televisor, y es como si  de golpe hubiera una decisión de decir “che, perá, no, eso no es verdad, la realidad es esta, yo decido cuánto ganás vos, cuándo te echo, cuándo no, no tenés derecho a una explicación y las cosas son así” … Y para que eso funcione necesitás un pueblo sin ningún tipo de fe en su propio poder. Necesitás gente que diga “ah, perdón, me creí que podía prender la estufa, mil disculpas”. Eso es un trabajo fuerte, llegar a creer que realmente vos no tenés derecho a que te escuchen. A que tus hijos tengan un hospital. Resignación. Y yo me doy cuenta que no es mi realidad. Nosotros tenemos un teatro en el cual en dos años nos han subido más del mil por ciento el gas, la luz, los impuestos, es como un zapato que te ponen en la cabeza. Muchos teatros ya cerraron obviamente. Y ahí vos te pones en un lugar en el que realmente no tiene sentido lo que hacemos, hacer teatro no tiene sentido, salvo que vos tengas una fe enorme en que tiene sentido lo que hacés. Aunque sea imposible. Y no lo digo como una cosa heroica, lo digo casi como una cuestión de supervivencia. Si yo no hago lo que hago muero porque no encuentro una razón. Entonces para mí hablar de una obra sobre la resistencia, el amor tiene eso. O este amor. Tiene una resistencia. “Che, es imposible que nos encontremos, no vamos a seguir. Che, nos desencontramos pero vamos a seguir. Che no me animo pero vamos a seguir”. Yo encuentro que esa es mi vida. La resistencia en un proyecto de amor. Que puede ser una pareja, pero no es el único ejemplo de resistencia en un proyecto de amor. Para mí, un teatro es un proyecto de amor y de resistencia, un grupo es un proyecto de amor y de resistencia y un hijo y una pareja también. Entonces para mí sí es una obra que tiene un valor político en este caso más consciente para mí que otras que era cierto homenaje a la resistencia. Hay palabras que se decidieron que son malas palabras en Argentina. Como “militancia”, “lucha”. Hasta ideología parece una mala palabra allá. Y no, uno no tiene porqué aceptar que sean malas palabras…

Da la sensación de que cierta imagen de soledad está sobrevolando la obra, ¿cómo llegas a esto, que estás diciendo desde esa imagen que se empieza a construír en el espectador de la soledad? Porque resistencia es “juntémonos”, “encontrémonos”, lo contrario a la soledad…

Y porque si ellos no se tienen a ellos se quedan solos. O sea la resistencia justamente es el esfuerzo de decir voy a seguir probando. Agarradito a un alambre pero voy a seguir probando. Cada vez están más solos. Cada vez el panorama de los dos es más desolador.

Y el encuentro es casi la única esperanza que tienen, en algún sentido.

Sí, y apostar a sostenerse el uno al otro, de golpe se encuentran sosteniéndose y bueno, sostener a otro es un proyecto. Si querés parte de lo que nos sucede es decir che, en mi país echaron a trescientos periodistas, y no pasa nada. Lo que quisiera parte de la sociedad es que no te importe. Lo que quieren es que no te importe, lo que quieren es lo mismo, cada uno solo. Es como si te fuera como chupando una especie de marea. Y estos dos se tienen a esos dos, porque a uno le gusta el absurdo. A mí me encanta el absurdo también. Uno hasta termina vestido de Bart Simpson, y el otro está esperando que lo deporten hablando por teléfono esperando que venga la policía. Entonces es como el colmo del absurdo que no podés reírte de la absoluta desgracia del otro, que la única salida de alguien sea que lo deporten como una buena salida laboral. Es romántica, pero es ácida también. Son muy ácidas las soluciones que encuentran a sus desgracias. Obviamente, a mí nunca me interesó escribir algo con una bajada política donde yo diga “nos quieren hacer sentir esto”, pero si yo veo a dos pibes que están sosteniendo algo, bueno… Me parece que estamos muy hechos mierda ya, muy tristes, y en algún lugar donde vos puedas sentir que tiene sentido cierta resistencia yo sentía que era honesto hacerlo porque yo lo siento así, porque yo siento que no me voy a resignar.

Ficha Técnica
Dramaturgia: Claudio Tolcachir
Actúan: Santi Marín, Lautaro Perotti
Diseño de vestuario: Cinthia Guerra
Diseño de escenografía: Sofía Vicini
Diseño de luces: Ricardo Sica
Asistencia artística: Cinthia Guerra
Asistencia de iluminación: Lucia Feijoó
Prensa: Marisol Cambre
Producción ejecutiva: Timbre4, Maxime Seugé, Jonathan Zak
Dirección: Claudio Tolcachir


 

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