El niño y la montaña. Por Mariella Fernández

Un niño creció impactado por la tragedia de Los Andes de 1972. Más de 40 años después decidió que debía ir hasta el lugar en la montaña donde cayó el avión. Relato de un encuentro removedor.


Estaba sentado sin poder creerlo…

Apenas un niño pero el impacto de la tragedia no lo dejo indiferente. Cómo podía ser que ese avión cayera y que de repente otros chicos, apenas unos años más grandes que él, desaparecieran. No podía entenderlo, no podía creerlo, no podía aceptarlo. Durante esos largos dos meses, cada día comenzaba con su vida pensando en esos jóvenes que no estaban.

¿Cómo es la montaña? ¿Cómo es la cordillera? ¿Hay frío? ¿Hay calor? ¿Hay comida? ¿Se ríen? ¿Lloran? ¿Saben que otros niños como él piensan en ellos todo el tiempo?

Nada sabe, nada entiende….

De repente está allí, sentado en el medio de ese mundo silencioso y profundo. Ese espacio terrestre que parece no tener nada que ver con él y con su vida, y sin embargo tan propio. Ha pasado casi cuarenta años esperando este momento.

Cuarenta años cuando de repente, llegando a su casa, escuchó la impactante noticia: esos chicos perdidos en la cordillera ya no eran chicos perdidos, eran grandes héroes. No solamente para él sino para el país, para el mundo. EL milagro de ese grupo de jóvenes ya sería parte de la historia de la Humanidad.

Y él, siguiendo el día a día, cada día llegaba a su casa preguntando ansioso si había noticias. En sus juegos infantiles era piloto de un avión que cruzaba la cordillera y que tras un momento difícil lograba salvar esa parte del futuro de una generación. Aunque no podía decirlo en palabras, algo dentro de él entendía que esos chicos perdidos eran parte del grupo humano al que él pertenecía, eran parte junto con él de los responsables del futuro de una ciudad, de un país, del mundo. Y no estaban… ¿Estarían alguna vez? ¿Él podría con la misión? Lo que esos chicos estaban destinados a hacer por el mundo debía hacerse. Le cabía a él parte de esa responsabilidad. Demasiado peso para sus jóvenes hombros.

Y otro día, y otro y otro más…

Hasta que aquel día supieron la noticia: dos de los jóvenes del avión arremetieron contra la cordillera y le ganaron. ¡Estarían de vuelta! De vuelta en el mundo real, de vuelta a sus vidas, como antes. ¿Cómo antes?

Sentado allí después de cuarenta años, respira hondo y sabe que todo fue diferente, todo fue diferente a lo que hubiese sido si  nada hubiese pasado. Pero eso pasó… y pasó por algo o muchos “algos” que quizás nunca nadie lo sepa.

La marca en su vida y su corazón era muy profunda y no los conocía ni los conoce, pero pasó su vida  convencido que había respuestas que necesitaba y que estaban en algún lugar. Su vida propia se mezclaba con la vida de otros, con la vida de las víctimas, con la vida de los héroes con la vida de chicos comunes que lograron algo nada común.

Necesitaba respuestas y salió tras ellas. Era una locura, debía llegar allá solo, sin sus amores, sin sus amigos, liviano de equipaje dispuesto a volver cargado de ellas.

Ahora sentado en el medio del silencio de esa monstruosa montaña, solo, llora por el niño de ayer, por el niño de siempre. Acá entiende que él fue muy distinto a quien hubiese sido si nada pasaba. No fue parte de ese grupo de jóvenes, ni siquiera amigo o familiar, fue uno más pero uno bien diferente. Silenciosamente planificó su viaje, un viaje a lo más puro de los sentires, al más profundo silencio donde se escuchan las verdades a gritos.

Allí está sentado, solo, escuchando, hablando, entendiendo, viviendo todos esos sentires acumulados que lastiman, que acarician, que ayudan.

Quizás vuelva, quizás no, pero lleva emociones para compartir con los que quedamos ansiosos de recibirlo feliz, orgulloso.

Experiencia, diferencia, energía, emoción, quebrado, historia conmovedora, cordillera, paisaje, rudeza, soledad, silencio, la gente del lugar tan parecida a la gente de su país hace cuarenta años.

Así como su vida fue distinta por lo que vivieron otros, por lo que sintió él, el resto de su vida será diferente, con otra intensidad, otro color, otras decisiones, otras formas de ver y sentir.

Sueño cumplido….


 

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