“El rock uruguayo de mi generación está muerto porque no tiene ideas”. Fotoentrevista a Garo Arakelian


Entrevista de Mauricio Rodríguez / Fotografías de Paola Scagliotti

Es una mañana fría y Garo Arakelian me espera en el hall del edificio donde vive. Cuando lo visito aún faltan unos pocos días para que se presente con El Astillero – el proyecto que lleva adelante con Diego Presa (Buceo Invisible) y Gonzalo Deniz (Franny Glass) – en el Auditorio del Sodre . Lleva puesto un gorro y una campera y está rodeado de un grupo de veteranos que, como es de esperar, conversan muy uruguayamente sobre el clima y algunas cuestiones de la convivencia. Interrumpo la charla, nos saludamos y subimos en el ascensor, que es de esos de los de antes, que se abre y cierra a mano y con fuerza. Al entrar a su apartamento – luminoso, cálido y amplio – lo primero que se distingue es el territorio de su hijo. Hay juguetes apilados contra la ventana, donde se hacen notar varios de Star Wars. Garo me dice que tuvo que ordenarlo de apuro porque esa zona de la casa, un rato antes, se asemejaba bastante a un campo minado. La casa está en silencio. Ofrece mate y nos vamos a la cocina. Mientras se calienta el agua me invita con pan casero, hecho orgullosamente por él mismo, aunque no le gusta cocinar. Lo corta en rodajas a la vez que recordamos, cada uno, algunas salidas nocturnas de la adolescencia que tuvieron finales poco felices. Con policías e ingredientes similares. Observo que en la heladera hay imanes y pegotines, varios de ellos de Los Beatles. Hacemos un recorrido por la casa y me muestra su búnker, el rincón donde hace música. Hay algunas guitarras, púas y equipos de sonido. También algún póster y recuerdos de La Trampa. Cuando el mate está pronto nos sentamos en el living. Garo elige un sillón azul del que intenta despejar – sin éxito – algunos pelos de la gata que, precisamente, nos detecta, se acerca velozmente y se le sube a las piernas apenas se sienta. Prendo el grabador justo cuando Garo me extiende el primer mate.

Hubo un femicidio hace poco, uno más, y me pasa, cada vez que sucede eso, que me remite a tu canción “Diente de león”. ¿Te acordás del momento en que la compusiste? Quizás con el tiempo adquirió cierto valor simbólico…

Me acuerdo perfecto. Para empezar, era un momento donde nadie manejaba la terminología femicidio. La canción está compuesta en 2011, incluso hay algunas letras empezadas a trabajar en el 2010. Femicidio no era de uso popular, no había un uso político de todo esto. No formaba parte de las agendas de Occidente, de todas las agendas de occidente simultáneamente, como si fuera un descubrimiento. Una epifanía. De repente Occidente entero se dio cuenta de que hay una parte de la sociedad subyugada por el patriarcado. Nada de todo eso existía … Y no fue tampoco eso el motivo. Vos decís que tiene un valor simbólico hoy en día … (Piensa) Era uno de los puntos más que, junto con otros, lo que intenté fue como tener relatos hechos canciones de un Uruguay que no se ve. Que puede ser hace cien años o reciente. Y que es como esa construcción de la República: se terminaron los blancos, se terminó la revolución del 4, seguimos alambrando, acá no hay ni negros ni indios, no hay matreros, negros, indios, no hay guaraníes … La toponimia es lo que quedó y listo, y también no hay la violencia directamente heredada de la barbarie, de la época de la barbarie que es reciente … O sea, cuando vos hablás de la guerra de divisas, era un período de una violencia extrema. Ahora estoy repasando algunos documentos, trabajando unas cosas sobre Martín Aquino, estoy estudiando, y la violencia era extrema …

La forma de resolver los conflictos era a través de la lanza y del sable …

Claro. Incluso un Estado uruguayo que se impone con la fuerza. El Estado uruguayo colorado que se impone con la fuerza se impone cuando hacía dos años atrás Uruguay estaba separado en dos gobiernos, o sea uno que era blanco con una capital en Cerro Largo y el otro acá. Y de repente se unifica todo. Sigue habiendo una cosa de violencia de pueblos, y que va desde la comisaría del pueblo hasta la parte militarizada, el destacamento, y hasta el interior de las familias …

La famosa grieta, pero doscientos años antes…

Claro, y nosotros crecimos con todo eso debajo de la alfombra, como si todo eso por arte de magia en dos generaciones se eliminó … Es mentira, o sea eso no existe, no se puede eliminar nada en dos generaciones. Solamente lo podés eliminar por régimen tipo estalinista, o sea todos los que representan esto los mandan para la Siberia. Pero no fue eso lo que sucedió tampoco, porque ahí se convivía, además, como con las canciones de Carlos y Washington Benavides. O sea se convivía en conflictos que eran de divisa entre hermanos adentro de la familia, las historias de amor divididas. El “dijo un muchacho a la moza.”, era intentar pintar ese Uruguay que no era como el Uruguay oficial de que acá está todo bien. De cuando vuelve el chico que vino a estudiar del interior a Montevideo, le hacen una mesa larga y lo reciben tomando vino Vudú o vino no sé qué, o cuando termina el comercial de yerba que miramos la rambla y nos saludamos. Es todo mentira, ni tenemos la cara pintada como murguistas ni salimos todos en febrero y nos abrazamos. Todo mentira.

Con los inmigrantes que están llegando quizás tampoco seamos ese pueblo solidario que recibe al extranjero y le da cabida. Por ejemplo, están viniendo muchos venezolanos ahora…

Totalmente. Y que los venezolanos son todavía, para la cabeza del uruguayo, bastante blanquitos y cultos. O sea al uruguayo lo quiero ver cuando tenga que trabajar con los bolivianos, los peruanos, que tienen fisonomías distintas. A ver qué le sale ahí al uruguayo de adentro. El propio uruguayo que le educaron que acá no hay indios, y cuando cruzás el Rio Negro es obvia la información genética que hay.

Lo de Martín Aquino, ¿a propósito de qué es?

Estoy trabajando en una canción. Como excusa, Martín Aquino…

En la canción que te mencionaba, hay contenidos políticos, sin ser una canción panfletaria, ¿cómo es ese proceso donde una letra termina, en algún punto, siendo una denuncia? ¿Lo visualizas con una intención o es algo que se da naturalmente y que después se transforma en una canción con contenido de denuncia, o político?

Lo que pasa es que no me imagino… (Piensa) O sea, todo lo que vos hagas y lo que no decís, estás diciendo, ¿no? Yo medio como que tengo una formación política pero también he hecho cantidad de cosas que no tienen lo político como basal. Tampoco quiero inventar un personaje que no es real. Me parece también que es algo como aprendido de los que son, – si uno pudiera decir – “maestros”, que no lo son porque no hay un aprendizaje directo. En la canción más popular de Dylan, “Knocking on heaven’ s door“, – cuando se refieren a la madre es como un ruego apersonal, impersonal. Dice que ya no puede llevar más el “badge” , como le dicen ellos, que es la insignia del sheriff. Porque es un sheriff el que habla, porque es la música para una película, pero también el badge era la chapa de identificación de los soldados que iban a Vietnam. Entonces, en esa misma frase – y por eso Dylan es Dylan – , está diciendo mucho sin decir nada político, explícito, directo. Está poniendo una cosa que era de mucho antes, de 1880, o sea en el mismo mundo de los gobiernos militares de Uruguay, la Guerra de la Triple Alianza, etc. Está poniendo eso como argumento para hablar de su presente, que en ese momento era Vietnam. Ese es el Dylan increíble y he tratado de que funcione de esa manera, no copiando, pero que todo tiene que ser un argumento para hablar de vos. Yo tengo que utilizar distintas cosas para hablar de mi presente, por eso el ejemplo de lo de Dylan, o sea … No sos cronista de otra época, sos cronista de la tuya. Las cosas de otro momento son una excusa o una herramienta para hablar. Si no es así sos un idiota. Dedícate a la historia y a hacer investigaciones. (Risas)

Hablando de componer, ¿tenés un ritual, momentos, crear un ambiente para componer? ¿Estás todo el tiempo en tu cabeza yendo y viniendo cosas, lo anotás? ¿Cómo es la mecánica de las composiciones?

Nunca tuve ni ritual ni nada de eso y yo al menos no creo en la inspiración ni un poco. En el tipo de canciones que hago yo no creo en la inspiración, creo que, en otro formato de canción, en otro tipo de canciones, seguramente existe. Yo no lo busco ni nada. Lo que hago es pensar mucho tiempo sin escribir, sin tocar, en una idea. O alrededor de una idea girar, alrededor de algo, o tener varias ideas girando alrededor de una misma cosa, que se transforma en una idea diferente pero que tiene como un centro gravitacional. No creo en los discos conceptuales tampoco, creo como en algo que los une, pero no tienen por qué ser conceptuales. Y sí, en algún momento me pongo a trabajar. Primero generalmente en la melodía, como un mundo, como un soporte sensible, ¿no? O sea, con el tono que voy a contar esto. Del tipo “es con esta velocidad, es con esta intención”. Cómo si fuera una charla, ¿no? O sea, nosotros ahora estamos hablando a un metro y veinte centímetros, entonces la voz mía y la tuya son para este metro y medio, y es contigo. Entonces es: yo estoy hablando en primera persona con un supuesto, es este tono. Si ya hablo en nombre de, soy un interlocutor de alguien que está en otra situación, y ya la melodía es otra. Y recién después de tener eso me pongo a escribir.

¿Te da mucho trabajo y le dedicás mucho tiempo?

Totalmente, me cuesta muchísimo, me cuesta mucho. Muy pocas veces he hecho cosas rápido y que han sobrevivido.

¿En qué momento sentís “ésto está hecho”, la satisfacción de decir “ya está”?

La primer sensación es cuando te das cuenta que… (Piensa). Te lo cuento así. Hago una melodía, pruebo veinte cosas, y de repente sobrevive una. Y las otras diecinueve quedan por el camino, generalmente no las utilizo para otras ideas….

Una vez que mueren, mueren.

Para mí sí. No creo en el desecho. Si creo en el “cadáver exquisito” pero eso es otra cosa. No sirve para un tipo de canciones como las que estoy intentando hacer.

¿Cuáles de las tareas que son del músico te dan más dolores de cabeza, te cuestan más, y cuáles disfrutás más?

Me cuestan todas. La verdad, me cuestan todas.

¿Y el escenario también te cuesta?

Yo empecé a cantar hace poco tiempo. En términos relativos es recién. Siempre compuse para otro y no es de las cosas que las tengo incorporadas, como tocar la guitarra, por ejemplo. Es una cosa no que la sufro, solamente que me cuesta en el sentido que me tengo que poner en un lugar que no lo puedo hacer de taquito. No estoy dominando una pelota en el entrenamiento sin pensar que la estoy dominando.

Ponés todo de vos en esa tarea en un momento dado…

Sí, y lo resuelve una persona que siempre es nueva, porque no estoy tocando tres cuatro veces por semana y con un training que me permite decir “bueno, este soy yo”. Como que también voy entendiendo quién soy yo ante diferentes cosas que se presentan como una dificultad. Hay cosas que te vas dando cuenta que ya no te cuestan tanto, pero tenés un repertorio, tenés que tener novedades en tu repertorio. Y eso es una dificultad. Presentarte en vivo con un repertorio que ya no tiene novedades, eso te pone en otro lugar, el que estabas hace un año, y decís “pero no cambió nada”. Sí, cambió, justamente cambió porque no hay cambio, en ese sentido. Pero me cuestan todas, y todas las disfruto, me cuestan pero no quiere decir que no las disfrute. Yo disfruto mucho de las cosas que me cuestan. Porque es como una pelea, ¿entendés? Lo vivo. Le tengo terror a estar definido para siempre, o sea a tener mi edad, venir de la generación que vengo y sea tipo “éste soy yo, ya está”. Ya está, se terminó. Es como cuando te venían a buscar al cumpleaños cuando eras chico. ¡Ya está no! Me voy al rincón y me pongo a llorar (risas). Entonces para mí la pelea, el poner en duda tus mejores versiones anteriores, es una pelea híper digna. Y si la pelea está dignificada por la altura del contrincante vos tenés que pelear contra tus mejores versiones y ahí se vuelve una cosa épica y bellísima.

¿Y cuál es tu mejor versión hasta ahora?

La de rehacerte por primera vez. Mi generación quería ser o (Fernando) Morena o un Beatle, (Neil) o Armstrong, (Michael) Collins o (Buzz) Aldrin. Astronauta, del 69. Los Beatles hasta el 69, o Fernando Morena en los 70. Bueno, ya Beatle no voy a ser (Risas), astronauta no voy a ser. Y Morena, bueno, terminó quebrado y aparte yo era de Huracán Buceo, así que menos. (Risas). Te digo por la famosa goleada aquella …

El siete a cero…

Y hubo un gol errado también. Bueno, esas cosas se certificaron. Y entonces esto lo que implica es estar en eso, o sea volvés a ser un… (Piensa) A pensar, soñar en ser Fernando Morena, un beatle o Armstrong … pero en lo mío. Está ahí… Es tipo “no me digas que yo no puedo … Y si me decís que yo no puedo, es contra el espejo, no es contra los demás.

En el entorno musical del Uruguay de hoy, ¿cómo te ubicás o sentís vos?

Yo me siento … (Piensa) Mirá: cuando termina La Trampa…. (Piensa nuevamente) Estaba enmarcada dentro de lo que es el rock uruguayo, pero a su vez no perteneció nunca a ningún grupo endogámico, los macro endogámicos que hay que puede ser por las productoras que los manejaban, o por las amistades, o por los barrios. Por lo que fuera. Hay muchos ejemplos y siempre fuimos bastante mal vistos, o sea estaba bueno hablar mal de La Trampa … Eso sucedía incluso con amigos que formaban parte de otras bandas. Cuando termina la historia de La Trampa en el 2008, yo no tuve un contacto con el rock uruguayo de ahí, y no porque yo lo haya cortado. O sea … digo afortunadamente lo que te estoy diciendo, no me dolió eso, todo lo contrario. Había cosas que me tenían bastante cansado. Hay cosas que las reconocés en como te cruzás con la gente, en los músicos que te invitan, las bandas que te invitan a tocar. Y ahí hubo un corte, una especie de negación … O sea, si yo hubiera sido una persona sensible me hubiera sentido como una especie de …

De bullying musical …

Sí y no. De algo tipo ¡qué tontería! Pero, sin embargo, ahí lo que tuve fue – y la sigo teniendo – una relación con generaciones más jóvenes que me dio parte de un ímpetu y un impulso personal tremendo. O sea, sentir cómo el rock que estaba allá, había perimido. Digo, está perimido ahora. El rock uruguayo de mi generación está muerto, muerto. Pero no está muerto porque no toquen, está muerto porque no tiene ideas.

¿Vacío de contenido?

De contenido y de forma. Porque forma es contenido. Muerto. Yo nunca me voy a olvidar, mis contactos, el lugar donde me recibieron, con el que tuve intercambio de emociones, de música, de cerveza. Eso fue con gente de Astroboy, de Boomerang, de Eté y los Problems, los Hermanos Láser

¿Y por qué te parece que pasaron las dos cosas; esa especie de destierro y éste acercamiento que las nuevas generaciones tuvieron contigo?

Pero yo también estuve con ellos.

De ida y vuelta, digamos…

Sí… No lo sé. Pero no dudo que fue así. Creo que hay una visión precaria y tonta, así como de la corporación del metal, ¿no? No hay identidad. Son todos diferentes. Vos no podés tener identidad por género. Es absurdo. Llega un momento que Kongo Bongo para mí sigue siendo más rock que muchas bandas rockeras. Por antonomasia. También hay un verso de cómo verse. Para algunos, supongo. Y supongo que me deben haber puesto en el casillero de los fariseos (Risas). Pero para mí fue una fortuna eso, no fue un problema. Es que yo nunca quise pertenecer a algo… y hacer mi camino, creo que fueron cosas simultáneas. O sea dejar de tocar con La Trampa, porque yo también me cansé de hacer,  la verdad. De hacer mucha cosa solo y después tener que pelear para que sea como yo quiero. Si vos cocinás, y el otro no cocina porque es un inútil. Entonces decís “esto así está bien hecho, ta’, porque me dedico a esto”, y después el otro dice “esto tiene mucha sal”. ¡Entonces cocinate vos, papá! ¡Comé tu puto refuerzo! Y ahí se mezclan cosas de egos, y hay más de un ego. Hay un ego que es el motor desde donde vos sacas cosas. Sin ego no se puede crear, o sea que es un yo que está manifestándose y poniéndose en un donde no había un yo antes. Sea en la pintura la literatura, fotografía… Es “no existía esto, entonces lo saco y lo hago”. Hay una cosa que es un impulso, una cosa que me urge de adentro, y que la pongo en el mundo. Eso es el ego como motor creativo, y es todo virtud. Ahora el ego de querer figurar… Es como el Frente Amplio cuando dice “vamos a reformar la Caja Militar pero. ¿qué querés? ¿Salir en todas las noticias? ¡Son milicos, papá! Ya está. No rompas más las pelotas. (Risas)

La Trampa es una de las bandas en torno a la cual más leyendas se han construido. A vos particularmente, ¿qué cosas buenas te dejó La Trampa y qué cosas aún te pesan?

Sos jodido, ¿eh? (Risas) Cuando dijimos que volvíamos, era una cosa puntual. (La editorial) Fin de Siglo hizo la bio, que la hizo Ignacio Martínez, y fue mientras nosotros estábamos en eso. En el momento que dijimos “vamos a volver”, a los tres días nos llamaron. Y ahí empezó Ignacio Martínez, que hizo un trabajo increíble, muy bueno. Entonces todo el trabajo de ensayar nuestro Teatro de Verano fue con un libro ya editado. Y ahí te dabas cuenta de lo que decías vos y lo que decían tus compañeros. Que no era lo mismo que hablábamos en los ensayos. Si a mí me parece que sos una mierda yo contigo no trabajo. Y en el libro hay gente que habla muy mal de otros … Porque se puede hablar mal de otros de muchas maneras, sin hacerlo explícito y poniéndose uno en lugar de víctima. Bueno, malo, ¿a qué jugás? ¿Policía? ¿Ladrón? Entonces, todo ese manejo… (Piensa) Yo no hablé mal de nadie, o sea respondí algunos comentarios… Lo que me quedó es que la gente ve su historia como en los libros de Schurman y Cooligan: “los indios se vestían así”. Y van y se creen que los indios se vestían así.Con la puta vincha y el tapado de jaguareté. ¿Vos te pensás que los indios se vestían así? O sea, la india no tenía qué ponerse, el indio no tenía nada qué ponerse.  ¿Y vos te pensás que es así? Bueno, mucha gente se hace una historia y se la cree, la mira una vez y la incorpora y es para siempre. Ponerse en lugar de víctima, por ejemplo, si una vez te funcionó es un mecanismo que los sicólogos dicen que es como las relaciones histéricas. Te funciona y lo seguís haciendo. Respecto a tu pregunta, me dejó toda la historia. Me parece fascinante la historia de La Trampa. Muchas anécdotas desde el punto de vista humano, increíbles, y después una decepción, más que nada proveniente de un terreno oscuro. No hablando de nadie en particular, de varias personas te hablo. Eso del ego, la megalomanía. Siquiátrico. Nada bueno puede salir de ahí.

Hubo un momento en el que parecía que volvían, con canciones nuevas incluso, y después como que todo se descarriló…

Hicimos dos temas nuevos. Y sí, porque se tenía que repetir la historia, como decía el tango: “la historia vuelve a repetirse”. Tenía que hacer todo yo. Con cara de ojete. La letra, la música y los arreglos. Y todavía pelearme para que fuera así.

En un momento empezás a componer para vos. ¿Hubo un click? ¿Cómo fue tu proceso individual?

Por donde se iban perfilando algunas ideas que tenía no se las podía dar a otro para que las cantara. Y esto es otra cosa: no era cantar, era decir. Además, porque lo mío no es cantar. Yo no canto bien, no forma parte de mis talentos, de mis virtudes. Por eso escribo canciones para cantar yo … Cantar es que a la gente le guste como cantás. Me refiero a que una cosa es cantar en los programas de televisión, donde te valoran que hagas veinticuatro melismas, en una frase de mierda con una letra de mierda. Donde un niño no puede sentir lo que está haciendo, hace como que siente, con un padre que se emociona porque el niño está siendo un robot que canta. Con un público y un jurado de mierda que aplaude y llora. ¿Eso es cantar?. El mundo del Sabalero no es ese. La voz, Frank Sinatra, eso es cantar… O Tom Jones. Vos escuchás la interpretación con la letra delante y cada palabra está sostenida con el corazón. No está pasándole por arriba a una cosa dicha, que mejor que no se entienda.

¿Y cómo desembarcas en el proyecto de El Astillero?

Llegó de la nada El Astillero. Casualidad, muy rápidamente. Y hoy en día es el proyecto principal que tengo. Un grado más de dificultad. Componiendo entre los tres, pero realmente escribiendo entre los tres, que es muy difícil, pero en este caso, con estas personas, gente muy noble, creativa, talentosa, se puede. El ego es el motor creativo que en la resultante que estamos teniendo entre los tres, y es más que una suma. De todas maneras, yo necesito hacer mis cosas solo. Porque hay cosas que son para El Astillero y otras que no.

¿Componés y después termina en el casillero “El Astillero” o eventualmente en el casillero “Garo”?

No. Compongo para una cosa o para otra. Es que yo no sé hacer canciones de las que me van saliendo tipo “me inspiré y me salió esto”. Yo ya empiezo a trabajar andando en bicicleta, caminar, voy sin radio y sin música pensando en una posible idea…

¿Cuánto tiempo estás atrapado por una idea que termina eventualmente en una canción?

Con la de Martín Aquino hace seis años que estoy.

¿Sos de ir a ver artistas, de escuchar, o estás medio alejado del circuito musical?

Voy poco a ver algunas cosas. Me gusta ver cosas nuevas, y algunas cosas que no son nuevas. Lo que pasa es que si yo voy a ver a alguien tengo que estar en una tipología de boliche de hoy, donde no se puede hablar. Y si yo no puedo hablar, no tengo nada para hacer. Si no hablás es porque te gusta mucho la música esa, entonces estás conectado con la música y no estás conectado con nadie. O porque estás duro, o porque no te importa nada. Y a mí eso como que no me copa. Cuando el artista está tocando no me voy a poner a hablar, pero el artista no está tocando dos horas antes, en el intervalo, y dos horas después. Tengo que salir a fumar afuera, no puedo hablar adentro, si tomo una cerveza me la cobran como si fuera un niño rico de Carrasco al que le dieron plata los padres. Y aparte es una cerveza de mierda. No me atrae todo eso.

¿Y qué cosas sí te gusta hoy?

Me gustan muchísimo Los Hermanos Láser, Los Oxford, La mujer pájaro, Los problems. Los Buenos Muchachos sigue siendo algo por afuera de la lógica. A pesar de que vienen de un mundo endogámico, son como de mi generación, pero como una cosa que es impredecible. Es como Nico Barcia, hay vida ahí, ¿entendés?

Respecto a lo que decías antes, ¿cómo es tu relación en la calle, con la gente?

Lo que pasa es que en La Trampa siempre tuvimos una imagen muy acotada a mínimas cosas… Tampoco éramos una banda con una imagen expuesta. Y yo menos aún, gracias a dios. Entonces no tengo ese problema. A mí la gente me saluda. En Facebook tengo gente que conozco, no tengo seguidores. Cuando salgo es igual, la gente que me saluda es la gente que me conoce. Pero que me conoce. No estuve en el póster de una persona de catorce años porque yo hice ese póster para que estuviera ahí. Si lo hacés, después te tenés que hacer cargo. Si salís y te molesta que te salude, jodete. O si grabaste cuarenta y cuatro videos con tu cara y te molesta que la gente te abrace… O sea que vos representás montones de cosas para esa persona devenida luego en adulto… Sos un hipócrita hijo de puta. De todas formas, lo más valioso es saber que formaste parte de la historia de gente, de gente que tiene su familia y que, por ejemplo, se conocieron en un show de La Trampa. Que estaban ahí escuchando un tipo de canción que compuse yo y que di todo lo que tenía para dar para que fuera ético. Todo bien con las cosas que son entretenimiento. A mí me gusta divertirme, me gustan los chistes que dicen “culo”, todo eso me gusta. Pero para mí, el entretenimiento en el rock no existe. Saber que no hice eso y que formaste parte de la vida de mucha gente pero que puedo salir y que de repente esos mismos no me reconocen. Eso me parece de las cosas más valiosas que me pasan, que te acompañan, aunque nos es explícito. Y de las cosas más complicadas es ver cómo hay una precarización del lenguaje muy salada. Que no se le está dando pelota. Que hablan de “chiques”. Intentar utilizar un lenguaje como herramienta política, cuando el lenguaje está en riesgo de extinguirse, es otra de las estupideces sobre las que estamos parados. Y ver cómo se da la relación oferta – demanda. A la gente le gusta las cosas por el envase, no leen lo que tiene. Y la educación. Mucha gente empieza a manejar no más de trescientas palabras, las que usan para escribir mensajes de texto, WhatsApp. Y entonces empezás a mirar el cancionero uruguayo reciente, y tiene trescientas palabras. Eso es re triste verlo. Y a mí me pone en un lugar a la defensiva. Es subversivo, y es político, no ser explícito, no ser panfletario, pero sí hablar de Dylan como hacíamos al comienzo. No de forma que lo puedan utilizar los demás.

Respecto a las políticas culturales del estado uruguayo, ¿cuál es tu posición?

Eso no existe sin la conveniencia y connivencia de los artistas. Política es política. Siempre fue. Yo soy descendiente de armenios, los jóvenes turcos hicieron lo que quisieron en esa Turquía moderna, simultánea a la Primera Guerra Mundial, porque eran todos formados en Francia. Pertenecientes a los círculos masones franceses, entonces todo el poder masón europeo, principalmente el francés, que era el que dominaba todo en ese momento, no podía traicionar a sus hermanos masones. También es parte de lo que sucedió. Gran parte de esto que vos me estás preguntando, los que lo deciden son masones. Y yo estoy en la vereda de enfrente. No me importa si los 33 Orientales eran masones; Artigas no lo fue. Todo me chupa un huevo. Pero también hay cosas muy valiosas que se han hecho en políticas culturales.

¿Por ejemplo?

Las cosas que son descentralizadas, las cosas que funcionan en otro país para los montevideanos. Porque el montevideano tiene una imaginería de cómo es Uruguay, pero que se repite en círculos concéntricos… Todo lo que es diversidad, convivencia, es todo verso. Lamentablemente cuando vos tenés un país que se va embruteciendo, planchando, es todo hiper machista. Vos sacas una ley, está bien, los matrimonios pueden ser igualitarios…Y es imposible no estar de acuerdo. Pero caminamos una cuadra para allá, y el puto es puto, la torta es torta. Y entonces es haciendo festivales de rock. ¡Las pelotas! Es todo una pavada, haciendo cosas que ahora es por cuota, hay premios que tienen que ganar las mujeres. Fue el centenario de la muerte de Delmira Agustini. Y nadie sabe un puto poema de Delmira Agustini en este país. Se la usó para hablar equivocadamente de violencia doméstica cuando el tema, en todo caso, es violencia de género. O femicidio. Yo llegué a leer cosas como que “Andes 1206, la casa donde fue asesinada por su esposo”. El uso político de todo esto es vergonzoso, porque le hace mal a las causas que tienen que ser defendidas. Yo pienso en tener derecho a ser uruguayo sin tener que pintarme la cara y salir en una murga, a mí no me va a decir nadie cómo tengo que ser para ser uruguayo.

 


 

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