“En los carteles publicitarios no veo productos, veo sponsors”. Con Facundo de Almeida, director del MAPI

Museo de Arte Precolombino e Indígena: debates contemporáneos para conocer las culturas americanas


Por Mag. Gabriela Cabrera Castromán / Fotografías de Javier Noceti

Generar diálogos. El Museo de Arte Precolombino e Indígena (MAPI, fundado en 2004) es la oportunidad local para acercarse a las culturas indígenas americanas. El MAPI cuenta actualmente con quince colecciones diferentes. «Tenemos algunas piezas del museo, la menor cantidad, que básicamente han ingresado por donaciones y el resto, la mayor parte, en comodato, préstamo o custodia», explica Facundo de Almeida, el director.

La temática del MAPI «no es el hit de Uruguay, obviamente. Lo tenemos claro. La clave es cómo enfocarla. Si este museo fuera tradicional, con el interés de exhibir piezas antiguas en una vitrina, probablemente el interés del público sería menor y vendría muchísima menos gente. Pero nosotros vamos más allá, la exhibición de piezas en una vitrina está supeditada a una práctica y a un discurso que las excede.

De Almeida profundiza: «Nos importan los objetos, por supuesto que los cuidamos y exhibimos, pero los tenemos en función de “decir algo”. En el MAPI nos interesa conservar los objetos para mostrar las culturas americanas. Tenemos piezas de hace diez mil años y algunas otras con un debate muy interesante —tienen treinta mil años y se discute, a través de ellas, si hay marcas humanas que puedan datar la población de América—. Y tenemos piezas contemporáneas: una vitrina con canastos realizados por una comunidad guaraní que vive en San José».

Desde el MAPI procuran, según explica el director, generar conversaciones y «si esa conversación se transforma en discusión, ¡mucho mejor!». Lo hacen a través de diferentes maneras, intentando «alumbrar debates contemporáneos en función de esas culturas». Cuando se discutía la ley de matrimonio igualitario realizaron una exposición y convocaron a una activista muxe —un grupo indígena de México que desde hace más de dos mil años tiene prácticas transgénero—. El sentido fue aportar marco histórico y colaborar con la resignificación de un tema en la agenda pública del momento.

Los ejemplos son de variada índole. «Contamos las cosas de diversas maneras, más allá del director o delcurador. A veces, buscamos los temas que están en debate y en otras oportunidades ponemos el tema a consideración». Las transformaciones corporales (tatuajes y piercings) fue uno de los asuntos que abordaron con piezas arqueológicas y con fotografías de uruguayos tatuados —imágenes contemporáneas, especialmente tomadas para la exposición—. El encuadre implicó tatuadores en vivo y la realización de tatuajes gratis, hubo sesiones de suspensión corporal (body suspension, artistas que se cuelgan de la piel) y un encuentro de bicicletas BMX en la puerta del Museo. En palabras del director: «Ese fin de semana se llenó de jóvenes que no vendrían al museo en otra circunstancia y hoy podés encontrarte con chiquilines que tienen tatuadas piezas del museo porque eligieron obras que estaban exhibidas. Fue impresionante».

El guión narrativo del MAPI, la selección de exposiciones y los públicos. La exposición permanente está en reformas, pues actualmente están migrando al modelo de esquemas temáticos. La sala de alimentación ya está pronta y fue readaptada en un proyecto de asociación con INAC (Instituto Nacional de Carnes). La de música será la próxima.

Las exposiciones temporarias se realizan con el acervo del MAPI y con obras de colecciones asociaciones de organizaciones públicas o privadas o de personas. La curaduría, en general, están a cargo del  coordinador de exposiciones (Luis Bergatta) y el director. «Más que curadores, seleccionamos proyectos», aclara de Almeida.

El MAPI tiene, según el director, mayor predisposición por los niños y los jóvenes —por la historia del Museo— y variados ejemplos dan cuenta de la situación. Reciben 32 mil niños por año y para ello han instrumentado actividades más allá de la visita escolar. Tienen un coro —De Profunditos, dirigido por la Mtra. María Cristina García Banegas— que canta en quechua y en guaraní. Para encarar las vacaciones trabajaron con ironía y «rambla mata MAPI» fue el disparador que les permitió marcar presencia. «Entonces fuimos a la playa. Hicimos un campeonato de palín [juego mapuche similar al hockey] y en otra oportunidad un indígena navajo hizo arte en la arena».

Crearon el Consejo de Niños inspirados en la experiencia de otros museos. Tiene ochenta integrantes activos y en las reuniones, que son periódicas, participan entre cuarenta y cincuenta. Luego de un desayuno, los asistentes, algún docente y el director conversan, los niños hacen alguna actividad, mientras los adultos toman nota. Así surgió la idea de una sala de descanso que está en implementación y que tendrá juegos temáticos, por supuesto.

Desde el MAPI comenzaron a ofrecer cumpleaños temáticos para niños y luego para adultos, ahora también hay casamientos porque se expanden en procura de atraer otros públicos. El ciclo Té con Té, que marcó presencia entre los adultos mayores, volverá con la ampliación del MAPI Café que está en la agenda 2018 del Museo.

También han realizado actividades para públicos específicos con el Instituto Smithsonian (Washington, Estados Unidos). «Temas puros y duros desde el punto de vista científico, siempre con el objetivo de ofrecer distintos proyectos para diferentes públicos. Las culturas americanas son muy amplias y podemos hablar de comida, música. Un museo no tiene cuatro paredes, las paredes son una anécdota. Se pueden hacer cosas fuera del museo. El campeonato de palín en la playa y la exposición en un museo del Vaticano. No buscamos un mensaje unívoco. Nos corremos de ese lugar, dejamos opinar a todos, también a los niños», expresa de Almeida.

Accesibilidad y estrategias simbólicas. En el MAPI no hay rampa de acceso, aunque sí hay ascensores internos. Próximamente comenzará un programa de reformas en la fachada para «democratizar» la entrada. El Museo tiene audioguías trabajadas en inglés, español y portugués y con tres niveles de guion. El primero es el educativo, el más básico, para los niños y los turistas. El segundo —el guion cultural, muy común en los museos— está elaborado para un público adulto que cuenta con cierto conocimiento sobre el tema. El tercero es especializado, para expertos, y no está visible en la sala, pues está trabajado con códigos QR.

Una dinámica de trabajo de las características del MAPI se sostiene «con la premisa del trabajo intenso» y un grupo de profesionales, mayormente especializado. «Lo que más satisfacción me da es el alto grado de autonomía de las áreas y las personas. Hago algún retoque, pero el grueso del trabajo se hace así, con pasión y autonomía». Un encare que, además, atrae becarios internacionales, estudiantes de Chile y de Alemania, por ejemplo.

Facundo de Almeida: “En los carteles publicitarios no veo productos, veo sponsors”

Facundo de Almeida, el director del MAPI, es elocuente y enérgico. Es locuaz, muy locuaz. Se mueve con soltura y despierta interés con sus respuestas rápidas y atinadas. Aporta ejemplos, descripciones y explicaciones. Abre paréntesis y circunloquios, pero no se pierde, pues Facundo siempre lleva el hilo de la conversación. Siempre.

A Facundo se lo ve en el MAPI, en diversas actividades culturales de Montevideo, en las redes sociales y en la prensa.  Es argentino y llegó a Uruguay en 2011. Nació y vivió en Buenos Aires, aunque no tiene un tono porteño muy marcado. Postuló para la dirección del MAPI porque, junto con su esposa, buscaban un cambio pues vivían en un piso en pleno Congreso: «Un lugar donde todos los días del año sonaba el bombo. Cuando llegamos a Montevideo, mi hija más chica tenía tres años y me dijo: “Papá, acá no hay pum, pum, pum, pum”. Lo tenía incorporado al cerebro». Dice que ama Uruguay porque «todos los argentinos estamos enamorados de Uruguay y el sueño de todo argentino es vivir aquí».

Así de contundente, porque Facundo de Almeida no vacila. En algunos momentos se corrige o se detiene en una idea para afinarla, pero no duda. El director del MAPI tiene formación en relaciones internacionales y dos másters, uno en gestión cultural y otro en museología. Es un apasionado del trabajo y confiesa que se desvela mucho, en especial le preocupa reunir el presupuesto para que funcione el Museo que es un emprendimiento de gestión mixta. También le preocupan algunos proyectos específicos, «los de alto grado de exposición del MAPI o los que implican un cuidado especial de las piezas», por ejemplo.

Como padre le desvela que sus hijas «crezcan bien, que puedan hacerlo libremente para construir su propia vida». Y como ciudadano —con algo de ironía dice que desde el 13 de mayo de 2018 puede elegir y ¡ser elegido— «que Uruguay siga siendo el país estable, razonable y amigable que es».

Desde el rol de director del MAPI, el Museo Arqueológico de Alicante y el Etnográfico de Ginebra son los que más le gustan. «Tienen una museografía y museología contemporánea orientadas al debate», agrega. Y Facundo es, sin lugar a duda, amigo del debate, del intercambio, de la inquietud. De inmediato, ejemplifica con una anécdota: «Cuando llegué a la Dirección me encontré con un problema: la autenticidad de seis piezas que tenía el MAPI. Era un secreto a voces: “el MAPI tiene piezas falsas”. Habían sido peritadas y eso no es un problema, todos los museos del mundo se enfrentan a cuestiones así. El problema es esconderlas. Hicimos una exposición que se llamó En beneficio de la duda con las seis piezas y todas las posturas. E invitamos al presidente del Comité de Ética del Consejo Internacional de Museos (París, Francia). Mandé todos los antecedentes y pedí que dictaminaran. Los tipos casi se mueren de la emoción y dijeron que lo que estábamos haciendo era correcto: las piezas falsas no había que exhibirlas o hacerlo diciendo que eran falsas. Y las otras había que exhibirlas con la información de la pericia que decía que probablemente eran auténticas. El presidente del Comité venía a Río y lo invité. Organizamos una conferencia en el MAPI sobre este tipo de debates que son muy comunes».

La oficina del director del MAPI, muy poco equipada, está en el último piso del Museo. Es un área muy luminosa con vista al puerto de Montevideo. Tiene una mesa grande, con muchos papeles que están desordenados, algunos en pilas y otros desperdigados. Él, en cambio, luce atildado y, desde ese lugar tan despojado coordina una agenda intensa, repleta de conversaciones de las que participa activamente.

Facundo de Almeida es un «entusiasta empedernido» de Julio Cortázar. Fue el centro de sus lectura, leyó toda la obra de Cortázar, lo que el escritor había leído y lo que recomendó también. Facundo lee mucha literatura técnica y en ficción se decanta por lo latinoamericano. Le gusta el cine y ahora ve muchas series. Para trabajar, escucha música clásica, pero le gustan el tango y el rock argentino, y aquí descubrió el rock uruguayo y la música popular.

Dice que no es fanático de nada, «salvo del trabajo. Con lo que me gusta Cortázar, si resucitara y diera una conferencia, seguro la fila sería muy larga, así que no iría.  Probablemente lo invitaría a tomar a un café». Se considera adicto al trabajo: «Que es una actividad muy placentera. El museo requiere de pasión, de lo contrario, no sale. Me encanta y me divierte este trabajo. Sigo en casa todo el tiempo. Abro el diario y cuando voy por la calle, en los carteles publicitarios, no veo productos, veo sponsors».

●●●Qué ver en el MAPI

Según el director, el MAPI «es un lugar muy amigable para acercarte al conocimiento, comprensión y discusiones en torno a las culturas americanas. Es un lugar que interpela».

También el edificio —que hoy genera algunas dificultades de adecuación, pues es monumento histórico— es muy atractivo y concita interés. Fue un hotel termal, construido en el siglo XIX por el Dr. Emilio Reus y luego fue sede de dos ministerios: el de Fomento y el de Defensa Nacional. «Nuestro público se compone de personas interesadas en la temática del MAPI y otras interesadas en lo arquitectónico. El edificio solo ameritaría un museo», explica de Almeida.

El MAPI tiene sótano con arenero para excavaciones, los talleres de restauración y un estacionamiento para bicicletas. Luego hay tres plantas con exposiciones y un tercer piso con oficina. ¡Son cinco mil metros con luz natural y nobles materiales!

●●Dónde está el museo

25 de Mayo 279, Ciudad Vieja

●●Web y redes

La web está actualizada y es muy confiable, según el director. Además, tienen activa presencia en Facebook, Twitter (@MuseoMAPI) e Instagram (@mapimuseo), tanto de las cuentas institucionales como en las del propio de Almeida.

●●Público/Privado/Costo

El MAPI es un emprendimiento cultural de gestión mixta que depende del Departamento de Cultura de la Intendencia de Montevideo y que obliga a su director a actuar en términos de sustentabilidad. «No lo veo como algo negativo porque genera una dinámica mental activa. Por obligación, hay que tener redes, generar alianzas con empresas, públicos e instituciones. Por eso, tenemos Club MAPI. Esa obligación que tengo todos los meses genera una forma de gestionar que permanentemente nos lleva a ampliar fronteras». Club MAPI es un programa de beneficios para socios con actividades exclusivas y descuentos especiales. Hay tres categorías: socios individuales, familiares y ejecutivos.

El Museo ofrece entradas diferenciadas: general, uruguayos, estudiantes, estudiantes extranjeros, jubilados y menores de 12 años, periodistas con acreditación y afiliados ICOM. Los lunes la entrada al museo es gratuita. Ver importes y horarios en sitio web del MAPI.

●●La tienda y la cafetería del MAPI

El café del MAPI, por servicios y ubicación, atrae a personas que trabajan en la Ciudad Vieja. «Cuenta con excelente conexión a internet, aire acondicionado, enchufes y ¡hasta lugar para colgar la cartera y dejar el paraguas!», promociona el director. Próximamente tendrá una importante renovación, además.

En la tienda del Museo hay libros y objetos diseñados por artesanos locales.

●●Estacionamiento para bicicletas

El estacionamiento para bicicletas del MAPI es un ejemplo de intervención a partir del deseo. El Museo no contaba con acceso para birrodados y le pusieron «neuronas» y muchas ganas. El emprendimiento surgió de uno de los empleados, que anda en bici. Los ciclistas, al llegar al MAPI, avisan que necesitan guardar su vehículo y los guían hasta el subsuelo donde han acondicionado un lugar cerrado que cuenta con bicicletero y las herramientas mínimas para un arreglo ligero. El grupo de ciclistas Café con ruedas de Montevideo les asignó la máxima calificación: «cinco ruedas de carbono», un puntaje único entre los museos y que el MAPI comparte con solo tres cafeterías de la ciudad.

              

 


 

 

 

1 Comment

  1. Excelente propuesta para un Museo.
    Una presentación del perfil del Director que produce admiración por la creatividad y pasión puesta en el Proyecto.
    Desconocía situaciones, actividades y anécdotas de destacado interés.
    Con esta nueva mirada , que me aporta la entrevista, visitaré el Museo.

Leave a Reply

Tu dirección de correo no será publicada.


*