Los cantos de “darkdolor”: entrevista con Goro Gocher


Por José Arenas / Fotografías de Ana Ge

Llegando al final de la primera década del nuevo milenio, entre las explosiones de redes y de tribus, el under queer montevideano conoció el sonido industrial y pesado de una banda con la impronta jugada del sopapo. “Madnite” había aparecido en los escenarios de la movida LGTB con un filo que se diferenciaba del habitual; alejado del kistch, del colorete y de la risita reloca del festejo fuera del clóset pero dentro del sótano. Con unas performances oscuras que iban al límite entre la rotura y el desenfreno sexual, con el electrónico heavy de Joaco, con la guitarra de Pimienta, los archi recordados números de la mítica Badflower –una dancer que supo terminar totalmente desnuda y poseída- y la voz infanto cavernosa de Gonza Nice Demon.

Nice Demon y Joaco, que trabajaban en el mítico “Alexander”, boliche gay que rengueaba a fines de los noventa y que desapareció en la Montevideo millenial, luego fueron médula espinal de la fiesta “Beware”, un tradicional encuentro de la cultura gótica yorugua, con seguidores de impronta vampiresca y sexy.

Sin embargo, todo eso un día se hizo humo, al menos con el espíritu desenfrenado del inicio. “Madnite” se fue disolviendo y sus miembros devinieron entre alguna secta evangélica, la centralidad espiritual del budismo, el hipismo y los libros. En esos caminos quedó flotando la niebla del pasado oscuro. Con el solcito pobre que asomaba en el amanecer apreció Goro Gocher.

Aquel Nice Demon que llevaba adelante las canciones darkies de la banda decidió hacer su camino solista, alejándose de a poco de la estética primera del proyecto anterior y amasando una forma nueva de la canción, conservando sin embargo su manera pop dark de ver la música y la poética queer. Su voz se puso al servicio de nuevos temas, que se acercaron más a las historias del amor gay, de la disidencia sexo afectiva. Así fue como Goro volvió otra vez, fénix de plumas negras, a la escena del under militante de nuestra ciudad.

Después del lanzamiento de su primer EP, “La libido” (2015), el cantante y compositor consolidó su carrera con “Fantasía” (2015) y “No corresponde” (2018) la impronta de Goro fue aclimatándose con las necesidad del decir marica pobre, underground, genuino. Niño mimado de sus antecesores, amigo de sus coetáneos, referente de la camada más fresca de la música queer,  Goro Gocher conversa con nosotros.

“Bueno, ponele onda, así yo también le pongo onda”, advierte.

¿Cómo fue arrancar solista después de “Madnite”?

Fue arrancar una etapa en donde la escena estaba acostumbrada a la música de bandas, donde la gente no estaba acostumbrada a ver cantantes solistas, porque hoy hay cantantes solistas hasta debajo de las baldosas, de mucha calidad, de poca calidad, algunos mejores que otros. Pero en realidad fue separarme de todo lo que yo conocía a nivel musical y animarme a decir cosas haciéndome cargo yo de todo lo que decía. Como una persona autosuficiente en la que me convertí, porque estaba dependiendo totalmente de personas a nivel musical y afectivo, entonces hubo un desprendimiento de todo. Empecé a caminar solo, empecé a aprender a vivir sin amor, sin pareja, y me di cuenta de que así también podía hacer música.

¿ “Madnite” era un proyecto musical y también afectivo/ amoroso?

Afectivo, amoroso, de banda. Que quieras o no, ahora me doy cuenta de que estuvo bueno que se diera así. Incluso el fin. Porque cuando empecé con Goro yo tenía la esperanza de que Madnite volviera. Y cuando vi que no volvía y no volvía, y empezaban a pasar los meses y yo no sabía qué iba a pasar, ahí fue que dije “hago Goro” y me presenté a FONAM. En realidad la gran ayuda que yo tuve fue FONAM para seguir lo de Goro. Porque si no, yo hubiera tenido que meterle mucho, y le metí. Pero ese fondo fue algo que me dijo “mirá, vos podés y te van a dar bola” y así fue, pero como te decía, fue aprender a dejar todo lo cómodo y lo seguro que era mi pareja, mi trabajo, mi banda. Y después que vi que podía seguir solo, sin pareja, con otro trabajo, me di cuenta de que podía seguir solo con la música. Es más, empecé a producir, es más el primer disco de Goro que se hizo lo produje yo.

“La libido”…

Exacto, que fue un disco independiente de cuatro canciones. Y en seguida de eso se dio lo del FONAM, que no pasó ni un año, y a los pocos meses pude sacar “Fantasía”. Eso fue lo que me hizo crecer a nivel artístico y personal, y sin duda fue la etapa donde menos me importó el tema de “qué dirán”, fue donde más fuerte tuve que hacerme.

¿Porque “Madnite” ya estaba muy instalado?

Sí, tenía sus seguidores, tenía sus circuitos, que además, de por sí, la mayoría me despreció y hoy en día muchos volvieron. También sucede que yo incorporé a Pimienta, y revivimos algo del formato de Madnite, pero en ese momento yo estaba totalmente solo. No tenía demasiado, más que unas canciones e internet. Y se dio así, y la gente empezó a presarle atención. Pero a mí me parece que fue necesario, por eso la gente le prestó atención.

¿Y en qué se diferencia estéticamente el proyecto que tenés con Goro?

Es diferente desde la música hasta la impronta, Goro es un poco más friendly. Si bien es una cosa muy maquiavélica, y media oscura porque lo mío es el dark, me gusta esa libertad que me tomé de cagarme en los darkies y en lo darkie, y que dentro de todos a ellos les gustó, porque, recuerdo la otra vez que estaba en “Rock es la cultura” y me curcé a un pibe que era re seguidor de “Madnite”. Fue uno de esos fans de los que nunca más sabés nada, aunque me dijo que estaba al tanto de todo lo que hacía y me re dio para adelante, entonces yo pensaba que a la gente de “Madnite” a la que no le iba a copar, y me re gustó que les cope, los ves ahí en los toques. Dentro de todo, eso es lo que yo propuse, algo bastante abierto para los darkies y la comunidad LGBT, les propuse abrirse un poco más. Por eso te decía que podía haber sido bastante más catastrófico, la idea era estar de la mano con una identidad, pero a la vez poder aceptar lo otro, no vivir en un taper. Todo para ellos, en ese momento, era muy regla. Todo era en base a reglas. Yo estéticamente a nivel musical lo que busco es poder decir “sí, somos dark y somos rotos”, pero a la vez nos chupa un huevo todo, no es el esquema del punk o del gótico que es cerrado. Con Goro lo que tuve fue la libertad de poder hacer cualquier tipo de música, desde baladas hasta lo que quieras, sin perder la identidad.

Aunque cambiaste de nombre…

Cambié de nombre para ser algo diferente. Si iba a seguir solista no quería dejarme el nombre de la banda, porque Gonza Nice Demon era de ahí. Y el nuevo nombre lo inventé, porque me gustaba Goro y necesitaba alguien que saliera a gritar todas esas cosas. Al principio la música era, sigue siendo, muy emocional, muy de amor, así son las temáticas. Pero también hago muchos covers, trato de ir por ese lado. A la vez mantengo cosas del fundamento inicial, porque la banda en parte era yo. Era una banda de tres personas, pero muchas cosas eran mías, y hay cosas que no las puedo dejar atrás, mantengo cosas darkies porque son mis inicios, no las voy a dejar, siempre voy a curtir eso. Pero también hay electrónico, pop, friendly, optimista hablando de amor de una manera súper descontracturada. Es dramático, porque yo soy una persona muy dramática, ¿qué sería la vida sin drama?, pero hablo mucho de amor, de entrega, también utilizo mucho la ironía.

¿Por qué sentiste la necesidad de ir hacia esos temas?

Quería ser un poco más auténtico conmigo. Porque “Madnite” era solamente autodestrucción, rotura, drogas, amor libre, orgías, y ese tipo de cosas, y yo en realidad no soy eso. Tuve la necesidad de expresar un poco más quién soy yo, ver otras cosas, tenía necesidad de mezclarme con otros artistas como hice ahora con Glenda, una cantante que toca el ukelele, para hacer cosas más acústicas. Hicimos versiones con ukelele, re hippies, y eso lo hago ahora que tengo más libertad de decidir lo que quiero hacer. Ahora con “Lxs Queer Punks”, que estoy trabajando con ellas, hay una impronta más de banda; se ensaya, se espera al otro, cosas que cuando estaba con Goro solo no tenía. Tiene lo organizacional de banda.

¿Cómo ha sido el proceso de creación de los trabajos que venís haciendo?

El proceso de composición siempre viene acompañado de las ganas de escribir cosas. Entonces surgen en diferentes momentos de mi vida de una manera muy personal, muy egocéntrica, pero es como me ha tocado. En “La libido” estaba en una etapa más puta, de mostrar, de ser, del gay, la selfie, estaba en ese viaje de redes sociales. Que ahora son muy normales como tema, de hecho hay banda que hablan solo de eso y en código de redes sociales, que quizá esté bueno también. Pero en esa época estaba medio loco, dejando de tomar, era una etapa de transición. Por ejemplo “Te fuiste”, la grabé y me fui a tomar veinte cervezas. Tiene la transición de lo que era de “Madnite” y lo que es mío. “Fantasía” ya es todo mío. Por lo general escribo primero las canciones en guitarra acústica y después las produzco. Ahora el próximo trabajo tiene que ver con mis días desempleado, lo duro que es estar así en Urguguay, entonces hay mucha reflexión. También hay mucha sumisión, agarro todo para la ironía, ahora estamos todos en una ola de empoderamiento, “soy la cobra bebé”, y está bueno porque a la gente le da fuerza. Pero este disco viene por otro lado. Cabeza radical, macho, no tan militante, hay más crítica, el amor más enfermizo, como “The Police” y la música de los 80´, “every breath you take I´ll be watching you”, agarré para el lado clásico, antiguo, después de tanto hablar de la libertad. Es complicado, pero me parece más conservador decirse artista queer y cantar en heteronorma, como hacen muchos.

Pero la música de Goro, más allá de eso, ¿es militante?

Yo considero que sí, que es militante, es rebelde, tiene actitud, tiene amor, libertad. Es militante LGTB y para cualquier persona, en realidad. No es que trato temas solamente gays. Yo mismo soy bastante militante, hay cosas que me van tocando y voy componiendo, por ejemplo este año estrené “La ley trans no se toca”, que a la gente le re gusta, y no dice mucho más que eso. Tengo mi lado militante pero no todo tiene por qué. De todas formas considero que mi música es de lucha, de tener fuerza, de hablar, decir cosas. “No corresponde”, que lo hice el año pasado tiene de todo, y creo que es rebelde.

Siempre estás en las marchas…

Sí, siempre estoy ahí. Me gustan las marchas, la joda. Me gusta estar presente en todo lo que sea diversidad. Pasa que ahora que estoy con la banda, además, estoy motivado porque estoy acompañado, ya no estoy solo, no siento que tenga que estar solo con pistas y remarla, que es bastante jugado. No me lo tomaba tan así cuando lo hacía, pero es jugado y lo hacía. De todas maneras pienso y me divierte mucho más tener una banda. No me gusta ser solo yo en escena. Mi idea es poder seguir con la banda.

Y ¿cómo ves el panorama pop disidente uruguayo?

El pop uruguayo disidente está cayendo en una escuela bastante careta y bastante elitista. Me parece que se ha degenerado mucho, aunque hay buenos artistas y cada vez encuentro mejores, pero también me ha tocado darme cuenta de que hay gente mala en todos los ambientes y el pop no se salva. El pop está siendo manoseado. Yo no soy el rey del pop nacional, de hecho mis orígenes tienen que ver con lo electrónico. Pero lo que los medios están llamado pop disidente, es bastante bajo. En el ambiente LGTB también. Yo he colaborado con mucha gente, con Dani Umpi que es el número uno, que hasta el día de hoy sigue siendo el referente principal. Él plantó algo de lo cual mucha gente sacó provecho, sin él no hubiera sido posible algo tan diverso. En Uruguay encontrás voces radicales, músicas radicales y el producto lo es. Pero así como hay cosas buenas, también hay muy malas. Sobre todo, en un ambiente donde todos trabajamos a pura pasión porque nadie ve plata, acercarte a otro artista para traicionarlo, es algo muy feo. Si los colegas no te respetan, tenés que ladrar. De todas maneras, la diversidad y la cantidad que hay, me pone muy contento.


 

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