Los mojones invisibles de Las Piedras. Entrevista a Juan Manuel Martínez

Por Santiago Pereira / Fotogafías de Paola Scagliotti


 Juan Manuel Martínez, un nuevo poeta de la periferia.

La primera vez que vi a Juan Manuel Martínez fue en un slam de poesía en el centro social La Cueva del Uapití. Vi en él y en su grupo de amigos, algo con lo que me sentí identificado: eran de la ciudad de Las Piedras, zona cercana a donde me crié, usaban los cabellos y la ropa como roqueros de los noventa y recitaban textos de diversos registros, estilos y tonos. En los poemas había sarcasmo, humor negro, denuncia de abusos sexuales, política y, por qué no, mucha exclusión y angustia. Estos poetas eran ante mis ojos y oídos una perfecta hibridación entre seres de la capital y seres del interior que se floreaban por los barrios hipsters de Montevideo de una forma distinta y auténtica, poniendo en versos parlanchines una cara variopinta, actual e inteligente del Uruguay. Poco tiempo después Martínez se sumó al colectivo En el camino de los perros, en donde se le editó una serie de textos, tanto en la página de internet del grupo, como también en el libro Antología crítica de poesía uruguaya ultrajoven coordinado por José Luis Gadea (Hoski), y editado por Estuario en 2018.

Hoy Martínez transformó toda aquella versatilidad que caracterizó a sus textos editados en la antología, en la que el autor manejaba diferentes registros poéticos entre lo conversacional y lo lírico, en un libro fuertemente conceptual y elemental en cualquier proceso creativo. El pasado 30 de julio debutó en el mundo de los libros con Descifrar la niebla, una obra minimalista, con objetos y entidades mínimas, con versos cortos e imágenes tan simples como contundentes y existencialmente profundas. Este libro, que además obtuvo la primera mención en el concurso de poesía joven de la editorial Ediciones del Demiurgo, propone dejarnos ciegos e indefensos en el mundo del autor para que correspondamos con sus frustraciones y miedos. Descifrar la niebla es una obra que se vive dentro de uno. Y luego de que la terminamos, nos despertamos de un viaje onírico de pesadilla con el sentimiento de haber vivido mucho más de lo que el plano consciente nos permitió ver. Y es justamente esto último ―desde mi punto de vista― el trascendental sentido de la poesía.

Amante de  William Faulkner y James Graham Ballard; de la película Naked de Mike Leigh y de Los discos Revolver de los Beatles y Doolittle de los Pixies. Por estas y otras razones, los invito a conocer a Juan Manuel Martínez, un poeta debutante en el terreno de los libros.

Comencemos con lo básico: ¿Cuándo y por qué comenzaste a escribir poesía?
Comencé a escribir poesía entre 2015 y 2016. En esa época junto a un par de amigos (Marco Rodríguez y Luis Miró) empezamos a frecuentar lecturas de poesía, en donde pude conocer un montón de estéticas y temáticas totalmente novedosas para mí. En ese momento corté con el prejuicio del poeta como ser elevado que sólo escribe sobre temas que la mayoría de la gente no entiende, y me di cuenta de que un poema podía hablar sobre cualquier cosa si se tenía el suficiente talento para escribirlo y recitarlo. Además, como mis amigos habían comenzado a escribir poemas y a leerlos en algunos eventos, yo quise ponerme a prueba para saber si además de relatos, también podía escribir textos de carácter lírico. Leí por primera vez en público en el primer Slam de Poesía que se hizo en la ciudad de Las Piedras. Como todavía no escribía poemas con asiduidad y, teniendo en cuenta que iba a leer en un evento junto a otros poetas, me propuse que durante el tiempo que me quedaba antes de la lectura, tenía que escribir estrictamente poemas. Y eso fue lo que hice. Escribí como diez poemas en un mes. Uno de ellos se llama “Naranjas con SIDA”, y en ese momento me gustó mucho porque era muy distinto a cualquier cosa que hubiera escrito antes porque estaba lleno de referencias y chistes internos con mis amigos. De repente me di cuenta de que podía escribir desde mi propia voz, con mis códigos y mi lenguaje, y que podía utilizar cualquier estructura poética para decir lo que yo quisiera. Descubrí un mundo de posibilidades. El proceso continuó cuando mi amigo Luis le envió algunos de mis textos a Hoski, coordinador del colectivo En el camino de los perros. Hoski me escribió, me comentó sobre el proyecto, me pidió que le enviara más textos y luego me invitó a leer en el ciclo de lectura homónimo del colectivo. Después de esto me editaron en la antología virtual del colectivo, leí en más eventos y puede conocer a más poetas.

¿Qué diferencias hay y cuál fue el camino recorrido entre los textos que se editaron en la antología ultrajoven y los que se editaron en este libro?
La principal diferencia radica en que los textos de Descifrar la niebla son escritos de forma conjunta y con la idea de que conformen parte de un mismo libro. Por eso varios de esos poemas están pensados casi exclusivamente en función de la estructura del poemario. En cambio los textos publicados en la antología fueron escritos en un periodo de aproximadamente seis meses y de forma individual. Y son una selección que hizo el coordinador de En el camino de los perros. Los textos de la antología pertenecen a lo que podría considerarse mi primera etapa como escritor de poemas (2016- 2017), por lo que hay mucha efervescencia  e ingenuidad en esos textos. En ese entonces, escribí casi que cualquier cosa que se me viniera a la mente con la necesidad de llenar un espacio en blanco. Más tarde tuve un primer intento de armar un poemario con los textos que había escrito en esos primeros dos años. Ese fue el primer antecedente, así que ya existía en mí la necesidad de ordenar y estructurar mi obra. Pero Descifrar la niebla surgió bastante después (principios del 2019), y ya el método era otro, pues tenía una intensión más depurada y con poca ampulosidad. En Descifrar la niebla sentí la necesidad de crear una obra que transmitiera los conceptos de los poemas de forma directa y eficaz.

A esta altura de la sociedad multimedial, es casi inobjetable decir que uno se encuentra atravesado por diferentes lenguajes. En Descifrar la niebla encuentro muchas referencias a otras obras ¿Te basaste específicamente en alguna?
Al momento de empezar el libro creo que no tenía en mente ninguna obra en la que basarme, pero a medida que fui escribiendo los poemas aparecieron algunas cosas. En un texto incluí una referencia a Stalker de Andrei Tarkovski. Otro de los poemas tiene un epígrafe de Maite Burgueño, poeta que está en el colectivo de En el camino de los perros. También cité a Alejandra Pizarnik. Me interesa mucho su estética oscura y visceral. En un pasaje del libro hay otro texto que dice “estoy en punto muerto”, y eso se me ocurrió porque justo en ese momento estaba escuchando la canción “Punto muerto” de Fernando Cabrera. De forma más general podría mencionar a Mario Levrero, ya que su imaginario de ciudades fantasmas y situaciones oníricas siempre me acompaña. El libro Homo ciudad, de Saúl Pérez Gadea, me inspiró para escribir algo similar: una obra que pareciera un único poema extenso y que respetara la continuidad cronológica del recorrido por una ciudad. En ese momento no lo escribí y la idea quedó en el olvido. Pero cuando elaboré Descifrar la niebla es probable que haya sido una influencia importante, aunque yo no fuera consciente. Siguiendo la misma línea, creo que en este libro hay mucho del imaginario del cine y la literatura de terror, género que siempre consumí. Simbólicamente, la niebla siempre estuvo vinculada al terror o al misterio, y es por eso que en los poemas de este libro todo el tiempo está presente la sensación de peligro inminente, la idea de que una o varias criaturas nos acechan. Las situaciones misteriosas, lo paranormal, lo oculto, la oscuridad. Todo eso siempre me gustó.

Descifrar la niebla es una obra que pone una lupa sobre el caos interno del autor y a la misma vez es universalista ¿En qué búsqueda y/o estado anímico te encontrabas cuando la estabas escribiendo?
No estaba pasando por ninguna situación particularmente difícil o compleja. Habitualmente cuando escribo, hablo sobre sentimientos o ideas que ya convivieron durante un tiempo en mí. Es como un proceso de juntar residuos. Creo que el recorrido emocional que describe el yo lírico tiene que ver con una sensación que me ha perseguido desde hace mucho y con mucha persistencia, pero nunca había podido plasmarla con demasiada precisión en un texto. Este libro habla de muchos momentos de mi vida, y que quizás en parte también describa situaciones futuras, ya que en distintos momentos me he visto imposibilitado a avanzar. He sentido que detrás de cosas que parecían ser emocionantes, en realidad no había más que un gran vacío.

Te he visto experimentar en la lectura de poemas ¿Es algo que te interesa más o menos que el texto escrito?
Me interesa mucho más escribir que leer en público. No tengo facilidad para desenvolverme con mi cuerpo y mi voz, soy bastante tímido. Últimamente he intentado agregar otros elementos a las lecturas sólo para no hacerlas tan aburridas. Además, cada tanto me invitan a leer y no me quiero repetir. De todas formas me gusta participar de las lecturas, no tanto por mis textos, como ya dije, sino por el hecho de estar participando de una actividad que está buena y que comparto con otros compañeros de En el camino de los perros. Digamos que se activa el sentido de pertenencia. En resumen, siempre me pongo muy nervioso en las lecturas y trato de no mirarle la cara a la gente que me observa. Disfruto más viendo a otros leer. Invítenme a eso.

¿Qué cosas de los poetas que te preceden te parecen útiles? ¿Qué cosas no?
Me parecen útiles las redes de comunicación y difusión que pueden generar los propios escritores a partir de su experiencia y trayectoria. Y que esto no sea sólo para su propio beneficio, sino para el beneficio de otros más jóvenes o con menos conocimiento del ambiente literario. Me parecen inútiles el egoísmo, la vanidad, los circuitos cerrados, herméticos y elitistas. Y me parecen inútiles los que escriben imitando a otros, o basando su literatura y su forma de entenderla en estereotipos de poeta. Por ejemplo: el poeta drogadicto estrella de rock. Eso me aburre mucho.


 

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