“Me gusta la materialidad y me aproximo a la obra para ver cómo está pintada”. Entrevista a Cristina Bausero, directora del museo Blanes

El Blanes: arte nacional con jardines que hablan diferentes idiomas

Por Mag. Gabriela Cabrera Castromán / Fotografías de Cecilia Serra


Por qué visitar el Museo Blanes. La Arq. Cristina Bausero, directora del Blanes, responde con certeza y elocuencia: «Por la gran colección de Figari, a quien considero un artista de primera. También para ver la obra de Blanes quien da nombre al Museo y por las diferentes exposiciones que dialogan con el mundo más contemporáneo».

El Museo, que antes se llamaba Museo de Bellas Artes, es una casa palladiana ―originalmente una villa rural― que lleva el nombre de Juan Manuel Blanes ya que se inauguró para celebrar el centenario del nacimiento del pintor (en 1930). Cubre arte nacional con importantes cuadros de diversos artistas y de Blanes muestra, entre otras, dos obras significativas: la de Santos y la de los Treinta y Tres.

La familia Rossell y Rius realizó la primera donación —de arte y elementos decorativos— que llegó al Museo. Esa colección se desgranó y una parte importante de las obras pictóricas quedó en Museo y dio origen a su acervo.

En el Blanes también hay una gran colección de obra gráfica sobre papel de distintos autores nacionales y extranjeros. Además, hay creaciones de artistas uruguayos incorporadas a través del Premio Montevideo (organizado por el Departamento de Cultura de la Intendencia de Montevideo, con apoyo del Centro de Exposiciones Subte y del propio Museo) y un gran acervo volumétrico de esculturas originales, maquetaciones y copias.

Salas y galerías, la colección permanente y las invitadas. Las salas Blanes y Figari son los espacios destinados a la exhibición permanente. «La Figari se modifica para que los cuadros puedan descansar. En cambio, la sala Blanes no tiene tanto margen», explica Bausero. «Están los retratos, el campo y también las mujeres, y hay una colección de bocetos del pintor que eventualmente se exponen para renovar la sala y generar una pequeña de “vuelta de tuerca” del guion».

En las galerías del Museo también se exhiben obras de otros artistas nacionales, amén de Blanes y Figari. Hay muestras figurativas de un lado y más abstractas del otro. La sala Dumas Oroño, más pequeña, y la María Freire muestran colecciones invitadas. Al respecto, Bausero explica que «en casi cinco años [de Dirección] las exposiciones realizadas han sido de artistas que se han acercado al Museo con el objetivo de exponer y alguna invitación especial».

Una villa con jardines que hablan en diferentes idiomas. El edificio del Museo Blanes es una villa con estilo palladiano del siglo XIX (la casa quinta del Dr. Juan Bautista Raffo, proyectada en 1870) adquirida por la Intendencia y ampliada para ser un museo, «por eso las dos grandes salas son muy bonitas, quizás de las más lindas de Montevideo», explica la directora.

El jardín del Blanes —el Jardín de los Artistas— fue diseñado por el mismo ingeniero que hizo la casa, Juan Alberto Capurro, y «es un jardín francés, a la manera de Thays», explica Bausero. «Y luego está el invento del Jardín Japonés que paisajísticamente hablando no es lo mejor, pero es un atractivo, sin lugar a duda. Está muy bien mantenido, con un plantel que trabaja exquisitamente. En un jardín francés es imposible el diálogo con otro japóne, pero es un hecho de la realidad y convivimos armónicamente».

«Mantener la casa y sostenerla es sustantivo», aclara Bausero. Para ello, la Dirección trabaja desde diversos ámbitos y, al asumir el cargo, Bausero tomó algunas decisiones que no cayeron simpáticas —deshabilitar el estacionamiento de automóviles, por ejemplo—. «El Blanes es un jardín. La caminería es de jardín y no soporta el peso de autos y camiones. Además, las vibraciones también afectan al edificio».

En términos de reformas, en las salas Figari y Blanes se recuperaron los techos con claraboyas translúcidas, que cuentan con filtros ultravioletas e infrarrojos. De esta manera, se bajaron los niveles de incidencia del sol para brindar a las salas una importante atmósfera que propicia la exhibición de las obras.

En relación con las colecciones, actualmente se trabaja en la reorganización de las reservas, diagnóstico y posible restauración de aquellas obras que lo ameriten. El trabajo comenzó en el área pictórica con una limpieza de marcos. Esta actividad no está abierta al público, pues requiere mucha protección. La restauración sí lo está, pues es formativa y tiene un despliegue interesante y bello, explica la directora. Además, «es importante que la gente vea cómo se invierten sus impuestos».

A propósito del tema, Bausero explica que reciben diversas solicitudes de préstamo que facilitan la conservación, ya que «para prestar al exterior, la obra debe ser revisada, se fija para que no tenga movimientos en el traslado y viaja con un informe. Al regresar, se hace una nueva inspección. Estos contratos se realizan con el objetivo de que la obra no sufra. Está todo muy protocolizado. Eso nos ha permitido restaurar mucha obra porque el museo que la solicita se hace cargo y es una oportunidad de mejora».

Investigar, educar, comunicar. La profesionalización de las diferentes áreas del Museo es una preocupación para Bausero. En ese sentido, destaca que la incorporación de una historiadora —la Lic. Elisa Pérez Buchelli— ha aportado sistematización, pues «es un rol sustantivo», agrega. Además, «recibe a los investigadores, que son muchos, nacionales y también extranjeros».

A Bausero, como a tantos otros directores de museos, le preocupa acercar a los adolescentes. Porque, como explica, «las escuelas vienen mucho y los liceos muy poco». Dice que le gustaría llegar a los adolescentes, en primer término, y también a los jóvenes. Para ello, estudia un proyecto interdisciplinario con el grupo Teatro la rueda —con quienes ya trabajan con obras para niños—.

La comunicación la abordan centralmente desde la Intendencia, «con un área que es muy efectiva», explica Bausero. «Trabajamos muchas cosas con ellos y otras desde aquí. No tenemos a nadie en Comunicación y tratamos de estar en las redes, con la página web al día y con los contactos con la prensa. Veo otras instituciones con mayor presencia y yo no tengo personal, me gustaría tener a alguien para orientarlo y que se dedique profesionalmente a esa tarea». La folletería y los catálogos siguen una estética particular, pautada desde la Dirección. «Al llegar aquí marqué que la folletería y los catálogos debían tener cierta armonía». En la misma línea, el edificio se despojó del color que tuvo en otro momento y hoy está pintado de blanco, «para realzar su arquitectura».

Accesibilidad y estrategias simbólicas. El Blanes cuenta con una rampa para discapacitados y se proyecta, para 2018, un ascensor. «Si bien hay rampa, la accesibilidad de este edificio no se resuelve de esa manera, los baños están abajo, por ejemplo», explica Bausero. El tema le preocupa, pues la accesibilidad a la cultura es parte de su agenda.

En relación con los recursos para acercar las obras y los artistas, dice la directora que siempre tienen folletería, de la casa quinta, de la colección y de las exposiciones temporarias, y también hay catálogos. El Blanes no cuenta con audioguías.

Cristina Bausero: «Me gusta la materialidad y me aproximo a la obra para ver cómo está pintada»

Apurada, con una agenda repleta «de cuestiones pendientes», Cristina Bausero ―directora del Museo Blanes― reservó diez minutos en una tarde luminosa de otoño en la que los jardines del Blanes brillaban. Hablamos en el claustro, mientras el sol proyectaba sombras sobre las esculturas. Los diez minutos se transformaron en casi en una hora. Cristina claudicó ante la sucesión de preguntas, respondió con soltura y con el tiempo que cada tema requería.

Docente y arquitecta en todo sentido, la directora del Blanes habla en volúmenes, colores y utiliza metáforas con la luz como protagonista: «La luz es un componente arquitectónico sustantivo». Explica con gestos y afirma con la mirada. Habla pausado y se detiene cuando el interlocutor duda. Vuelve a comenzar, usa diferentes recursos y balancea las respuestas con cuestiones artísticas y de la gestión, también las personales.

Declara que en los museos es espectadora y también directora. Mira todo, toma nota: «Me fijo en el vigilante, cómo se sienta, cómo atiende al público, cómo está vestido. Miro las obras y cómo las protegen». El tipo de iluminación la preocupa en particular y, al respecto agrega: «Al llegar acá cambié todo por led porque las luces incandescentes dañan las obras. También se realizó un cambio en los techos que quedaron fantásticos y la gente dice que parece un museo europeo» explica. Y sonríe con algo de orgullo.

Frente a las obras, cuando es espectadora, procura una relación personal. No suele elegir guías porque en ese momento se «despoja de la directora para lograr un contacto íntimo». «Me acerco a mirar la pincelada y cuando suenan las chicharras siento vergüenza», confiesa. Agrega que se aproxima sin respirar, para no dañar la obra con el aliento, pero el guardia no sabe que ella es directora de un museo y llega el llamado de atención. «Me gusta la materialidad y me aproximo a la obra para ver cómo está pintada, dibujada. Entro en el espacio de sobrecogimiento y esos minutos son todos para mí».

Cuenta que en algunas instancias saca fotos de las obras para sus clases, las de Arquitectura y las de Cine. Lo hace como un elemento compositivo para facilitar el ejercicio de la docencia, una de sus pasiones. En los museos también visita los cafés y las tiendas. Tiene una colección importante de tazas y le gustan las libretas y las lapiceras. «¡Soy de tiendas! ―agrega―, pero tengo un límite y cuando veo un repasador con una obra de arte me pregunto hasta dónde se puede hacer merchandising. Me gustan mucho los objetos de diseño y quise incorporarlos aquí, pero no funcionó, no se vendieron».

Entre luces y sombras, Bausero asevera que el principio de su gestión fue negro e inmediatamente surge la comparación: «¡como las salas oscuras que tenía el Blanes!». «Me costó muchísimo y supongo que a las personas que estaban conmigo también. El director anterior estuvo 22 años y el cambio costó por naturaleza. Después todo se puso rojo —tan carmesí como el pantalón que lucía ese día— y hoy es diáfano. Entré en la lógica de la Intendencia, algo que me costó, pero que logré».

No teme mencionar que en el Blanes faltan muchas cosas, «desde bancos, por ejemplo, porque la gente necesita descansar cuando visita un museo». Entre los proyectos, desea terminar el sistema de protección contra incendios y contar con la habilitación de Bomberos. «También terminar el proceso de digitalización y reorganización de las reservas; finalizar el ascensor y, por lo menos, hacer el llamado a concurso para un museo anexo con todas las condiciones: una sala de conferencia, salas de investigación y la de restauración hasta con un auditorio para poder mirar ese trabajo. También con aula para niños y una cafetería. Un museo completo, un polo estratégico para el disfrute de la cultura».

Ser directora de un museo implica estar «en todo» y agrega que le gustaría «tener más profesionales con los que poder trabajar». Explica que recién hace poco se ha logrado la incorporación de personal profesional para apoyar la gestión y ella se decanta por la especialización en los diferentes rubros, «las restauraciones, por ejemplo. Hay diferentes tipos: textiles, pintura, papel, escultura. Requieren formación y técnicas especiales. Es discutible, es verdad, pero yo prefiero la especialización».  En el Blanes trabajan veinte personas y en la cabeza de Bausero «pulula de todo», pues «pasa todo el tiempo pensando en el Museo y, por suerte, algunas cosas se van plasmando».

Qué ver en el Blanes

En el Blanes hay que ver cuadros de Figari y de Blanes, sin lugar a duda. Las obras de Figari, un hombre multifacético, se encuentran en varios museos: en este, en el que lleva su nombre y en el Nacional de Artes Visuales (MNAV). Entre los Blanes, que también hay en el MNAV, se destacan dos grandes obras que, por su gran tamaño, son reconocidas en la iconografía del país: el cuadro de los Treinta y Tres y el de Santos. También las mujeres de Blanes, «tan apasionadas», generan interés. Para Bausero, directora del Blanes, «el parque, el Jardín de los Artistas y el Jardín Japonés convocan a conocer un gran museo».

Dónde está el museo

Avenida Millán 4015, Prado

 Web y redes

El museo virtual es uno de los propósito de Bausero, directora del Museo. Y para ello buscan digitalizar toda la obra para que se encuentre disponible en internet. Mientras tanto, están es la web, en Facebook y en Twitter (@museoblanes).

Público/Privado/Costo

Museo público con entrada libre y gratuita. Ver días y horarios de visita en la web.

La tienda y la cafetería del Blanes

La tienda, pequeña pero bastante bien surtida, está en el área central del edificio y ofrece catálogos, libros, láminas, libretitas, jarritos para café. El Blanes no tiene cafetería, «un gran anhelo», según confiesa la directora. La casa es pequeña y un nuevo edificio es necesario, explica Bausero. «Es parte del proyecto que presenté para este cargo. Un nuevo edificio con una cafetería porque los museos deben tener este tipo de servicios. La persona debe descansar, no puede asimilar tanta información junta. Un edificio ‘programa museo’ con los acervos sobre la tierra, pero estamos lejos de ese “programa museo”.

Estacionamiento para bicicletas

El Blanes tiene estacionamiento para bicicletas al fondo de la casa. El barrio, por otra parte, invita a  un distendido paseo.


 

 

 

 

 

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