“Mis historias están atravesadas por la complejidad de los vínculos”.  Entrevista al dramaturgo Sebastián Barrios


Por Valentina Canoniero

Sebastián Barrios es egresado de la Escuela Municipal de Arte Dramático, carrera Actor (2006). Luego estudia dramaturgia con  Alejandro Tantanián (Argentino / 2007), Sergio Blanco (2008), Laura Pouso (2008), Claudio Tolcachir (Argentino / 2009), Joseph Peré Peiró (Español / 2008). También dirección junto a Juan Carlos Gené (Argentino, 2011) y Rubén Szuchmacher (Argentino / 2017);  y pedagogía teatral junto a Débora Astrosky (Argentina / 2010), beca otorgada por los Fondos Concursables para la Cultura del Mec.

Cuenta con doce obras de su autoría. Sus proyectos han sido seleccionados y premiados en Mec Programa, Fondos Concursables para la Cultura y Programa de Fortalecimiento de las Artes (2013-2015) desempeñándose como actor, director y dramaturgo.

También dirige textos de autores clásicos y contemporáneos, siendo convocado por instituciones como el Teatro El Galpón, Teatro Circular de Montevideo, la Comedia Nacional y el Teatro Victoria.

Entre sus reconocimientos se encuentran: Beca otorgada por el Ministerio de Educación y Cultura (Fondos Concursables) para estudiar Pedagogía Teatral en Bs. As; nominado como mejor Director en los Premios Búho organizado por Canal 10 por “El Instrumento”, texto  nominado como autor nacional al Premio Florencio otorgado por la Asociación de Críticos del Uruguay (2010); primer premio compartido por el texto “Un minuto después” en los Premios Anuales de Literatura del Mec (2012);  mención especial por  “El muro” en el concurso Juan Carlos Onetti de la IM (2013); designado en dos oportunidades como Jurado de la Muestra Nacional de Teatro de Punta del Este. (2012-2014); obtiene la Beca de formación Victor Haedo en la categoría letras para estudiar dramaturgia con Mauricio Kartun (2015), designado por SUA como jurado del Programa de Fortalecimiento de las Artes de la IM y como Jurado en representación de la Dirección General de Cultura, en el concurso docente de la Escuela departamental de Arte Escénico de Maldonado; nominado como texto de autor nacional al Premio Florencio otorgado por la Asociación de Críticos por el texto: “Tierra Adentro” (2016); segunda mención premio Juan Carlos Onetti de la Intendencia de Montevideo por el texto “El niño que no sabía Jugar” (2017); mención el Concurso Literario Agadu- Cofonte por su texto “Un cordón Rojo” (2018). 

¿Cuándo comenzó esta afición por escribir obras de teatro?

Inquietudes por la escritura tuve siempre, desde pequeño. Fui un niño solitario, introvertido, me costaba mucho interactuar con otros niños. Sin embargo, pasaba las tardes recortando fotos de artistas, y noticias policiales, armaba mis propios diarios con información de la prensa que me llamaba la atención… Al terminar el liceo, estudié comunicación social, y casi sin darme cuenta llegué al teatro a partir de un taller que hice con el actor e investigador Juan González Urtiaga. Finalmente di la prueba de ingreso a la Escuela Multidisciplinaria de Arte Dramático, lugar donde me formé en primera instancia como actor, y donde obtuve mis primeras herramientas en dramaturgia de la mano de Sergio Blanco. A partir de ahí me di cuenta que el Teatro era un lugar que me permitía acceder, conectar con una zona de mi interior que hasta el momento no había sabido, no había encontrado la forma. De a poco fui haciendo un recorrido, donde cada nuevo desafío era una invitación para encontrarme, en primer lugar, conmigo mismo. Indagar sobre aquellas preguntas sobre las que no tenía respuestas, intentar entender mi entorno, encontrando nuevas formas, nuevos lenguajes, historias que toman fragmentos de la realidad y que llegan al papel atravesadas por esas zonas, por esas ¨lagunas¨ a las que intentaba acceder.

¿Cuál es la motivación o la inspiración a la hora de escribir?

Bueno, hay algo de eso que decía anteriormente, creo que escribo para entender… Mis historias están atravesadas por la complejidad de los vínculos, me interesa complejizar las relaciones humanas. El espectador generalmente no encuentra malos o buenos, hay una especie de corrimiento, algo que puede resultar incómodo, que pregunta y cuestiona, pero que no da respuestas. Entonces, de alguna manera, la historia se presenta como un espejo, como una hoja que el espectador completa con su experiencia, con su sistema de valores, de creencias… Cada uno entiende lo que quiere entender, cada uno ve lo que puede como puede y quiere.

¿Cuál de tus obras fue en la que más te viste reflejado?

Todas están atravesadas por mi vivencia, es imposible hablar sobre lo que no se conoce. Incluso los textos que he escrito por encargo, como el caso de “Un cordón rojo”, donde la historia toma de protagonista a los propios actores para los que escribo, está todo atravesado por mi sensibilidad, por aquellas cosas que no sé, que me gustaría entender, que me interpelan…

Actualmente, justamente, está en cartel “Un cordón rojo”, ¿qué te deja esa experiencia?

Me deja mucho. El reencontrarme con la dirección de actores, algo que me ha interesado mucho desde mis comienzos en la dirección escénica. El haber encontrado un grupo de actores viscerales (Sandra Américo, Ernesto Álvarez y Antranik Chakiyian) que toman riesgos, que se entregan a la aventura de investigar el comportamiento humano de una manera emocionante, que enriquece mucho más el vínculo que se crea entre los personajes. El cordón fue un trabajo grupal, fue el trabajo de un colectivo, atravesado absolutamente por nuestras vivencias, enriquecido por lo que el equipo trae al ensayo, y que toma un rumbo en el trabajo con el otro. Cuando hablo del colectivo integro a todo el equipo, nos solo a los actores, incluyo a Beatriz Martínez (compañera de ruta desde mi primer trabajo en el Galpón por el 2010), Carmen de Vera y Emiliana Silva, quienes atravesaron con su mirada, con su sensibilidad la realidad de estos personajes y tejieron ese magnetismo, ese clima, ese enrarecimiento que tiene el espectáculo.

¿Hay alguna anécdota particular de tus obras que se remarque?

Cuando hicimos la función de “Un cordón rojo” en Casa de la Cultura de Maldonado, le dije a una compañera (encargada de dar sala) que en el ingreso del espectador, los actores le darían un cordón rojo y que tenía que atarlo a su dedo meñique. Y que al finalizar la función, los actores pedirían que todos levanten su dedo, y se formaría de ese modo una pareja. La cuestión es que olvidé decirle que era una broma, y que eso jamás sucedería.  La funcionaria decide ver la función y al finalizar, fue tan grande la desilusión que se agarró, que cada vez que me veía me recriminaba lo mismo “Yo miré toda la obra pensando ‘qué original la propuesta, ¿quiénes sacarán el cordón?”.

¿Qué esperás que traiga el 2019?

Pasión, disfrute, inocencia para no dejar de asombrarme, rigor a la hora de emprender nuevos desafíos; compromiso con mi profesión, tanto en la escritura, la dirección como en la docencia (lugar que vengo transitando hace años y que me ha traído muchas satisfacciones). Tengo la suerte de hacer lo que me gusta. La serenidad y el tiempo para poder elegir bien el nuevo desafío. Un equipo de trabajo que me ha sabido acompañar y del que he aprendido mucho. En diciembre del año pasado estrenamos en Maldonado un espectáculo llamado “Mi hija no viene a visitarme” que también tiene como protagonista a Sandra Américo; me encantaría darlo a conocer en Montevideo, y continuar moviendo “Un cordón rojo” tanto en Montevideo como en el exterior.


 

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