“Muchas casas, muchas cosas”. Con Andrés Azpiroz, director del Museo Histórico Nacional

El Museo Histórico Nacional: casas y salas para recorrer como si se leyera un texto de historia


Por Mag. Gabriela Cabrera Castromán / Fotografías de Mauricio Rodríguez

Un museo atípico. El Museo Histórico Nacional —MHN, creado en 1838— tiene ocho casas, algo atípico, «un invento del Prof. Pivel Devoto. Es el único con estas características y la sede principal es la Casa de Rivera», explica Andrés Azpiroz, su director.

Una de las preocupaciones académicas del Prof. Juan Pivel Devoto (1910-1977, historiador) fue el estudio de los partidos políticos del Uruguay. «La coparticipación y la tradición de los partidos hace a nuestra nación. Y el esquema de estos museos es el de los partidos: la Casa de Rivera, la Casa de Lavalleja, la Quinta de Batlle y la Quinta de Herrera», expresa el director. El bipartidismo, la realidad de aquel momento, se puede abordar en el esquema del MHN con casas y salas que se se pueden recorrer «como si se leyera un texto escrito por Pivel Devoto».

El objetivo del MHN es acercar la historia del Uruguay y lo hace a través de diversas locaciones. Son ocho, aunque no todas están abiertas al público. La colección del museo es muy vasta, tanto que «complejiza su misión, en la conservación y en la muestra», expresa Azpiroz.

 

La Casa de Rivera, en Rincón 437 (Ciudad Vieja), fue vivienda del General Fructuoso Rivera de 1834 a 1849 y es la sede principal del MHN. Esta casa tiene un guión con énfasis en lo político y que «se articula a través de objetos que pertenecieron a distintas personalidades y de una importante pinacoteca sobre tema históricos». El Museo, desde la gestión de Ariadna Islas, directora anterior, se ha propuesto un trabajo significativo sobre la iconografía de Artigas. «Hasta el momento no había una investigación de la talla que hizo el Museo», publicada en 2014, y el resultado de esa línea de investigación se muestra en esta sede del MHN.

La Casa de Lavalleja está en Zabala 1469 (Ciudad Vieja) ; fue construida en 1783 como residencia de la familia Lavalleja y en la actualidad ofrece un panorama del mundo colonial. La casa cuenta con pisos, rejas y  revestimientos originales.  «Antes, en esta casa, se mostraba exclusivamente a Lavalleja, pero hoy la idea es racionalizar los guiones expositivos del MHN de otra manera».

Además, en esta locación está el Archivo del MHN con una biblioteca especializada y abierta al público con un trámite de lector que se gestiona fácilmente. Tiene dos grandes fondos: la colección del político e historiador Pablo Blanco Acevedo (con mobiliario y documentos) incorporada hace 75 años y el gran acervo MHN que reúne colecciones recibidas en donación o adquiridas. Hay colecciones de mucho valor para la historia del país: el archivo Herrera con once mil documentos y el del Dr. Pedro Figari, entre otros.

El Museo Romántico, antigua Casa de Antonio Montero, también está en la Ciudad Vieja, en 25 de mayo 428. Este museo muestra la historia de las casas patricias desde mediados a fines del siglo XIX. «Es una colección muy rica que muestra cómo vivían, el mobiliario que usaban, cómo los retrataban. Ese es el guión de esa Casa, pero la colección puede leerse desde otras perspectivas».

Es un museo muy visitado que forma parte, incluso, de la Guía Couture Mercedes Benz. «Plantea una estética muy amable y nuestro propósito es mostrar y explicar lo que se ve y también lo que está oculto, otras perspectivas, otros discursos. Se puede hablar de la historia de los trabajadores, de quienes mantenían la platería con esos brillos, por ejemplo. Hay un gran desafío para el Museo: poner sobre la mesa otros temas, la opacidad de lo que se está exponiendo».

En la Casa de Montero hay, además, dos secciones que recogen obras del siglo XIX: la Hemeroteca —con una de las más importantes colecciones de publicaciones periódicas de ese momento— y la de Musicología, cerrada al público en este momento.

La Casa quinta de Luis Alberto de Herrera —en la Avda. Dr. Luis A. de Herrera 3760 (Brazo Oriental) —tuvo recientemente una importante restauración y a fines de 2017 se reabrió al público con las colecciones originales de la casa. Habrá un relanzamiento con una fotogalería en el patio para jerarquizar el jardín, como espacio público. «Un jardín que vale la pena visitar», en palabras de Aspiroz.

La Casa quinta de José Batlle y Ordóñez está ubicada en Piedras Blancas en Espíritu Nuevo esquina Matilde Pacheco y también cuenta con un bello jardín que tendrá una importante restauración. «Este lugar tiene potencial por la presencia de un museo nacional en un barrio como las características de Piedras Blancas. Es importante que haya una institución cultural con el peso de un museo nacional en un barrio así. También por la propia figura de Batlle y Ordóñez».

«Herrera y Batlle —explica el director— tenían vínculos estrechos con los vecinos». Por eso, desde el MHN se procura reivindicar el lugar de cada una de esas casas. «En la casa de Batlle se conservan los libros diarios con las anotaciones de los visitantes. Muestran la presencia de embajadores, diputados y los propios vecinos que se acercaban con cuestiones más barriales».

Las casas quintas de Batlle y Ordóñez y de Herrera, según explica Aspiroz, no se pueden separar de sus propietarios y, en consecuencia, el propósito es consolidarlas para exposiciones vinculadas a la historia del siglo XX.

La Casa de Manuel Ximénez y Gómez, en la Rambla 25 de Agosto 580 (Ciudad Vieja), se ha perfilado como depósito, como casa de guarda de las colecciones del MHN y actualmente es la pinacoteca del MHN. Además, funciona el taller de restauración. «Esta concentración ha sido una ventaja porque el acervo está en mejores condiciones», explica el director.

Hasta 2012 el MHN no tenía un taller de restauración y actualmente cuenta con dos profesionales a cargo. «Es el único museo nacional que tiene un taller de estas características. Se hizo cargo de la restauración del Artigas de Carlos María Herrera ―un Artigas monumental― y también de toda la obra de Besnes e Irigoyen que tiene el MHN».

La Casa de Giusseppe Garibaldi —25 de Mayo 314 (Ciudad Vieja) – está cerrada al público, pero «la idea es abrirla pronto. Las casas antiguas, que son monumentos históricos, son difíciles de mantener», sostiene Azpiroz. Y agrega: «Esta es la casa más internacional, permite explicar la Guerra Grande y la Defensa y nos sitúa frente a un personaje internacional de la talla de Garibaldi, comandante de la flota de la Defensa, quien también estuvo en Río Grande y con un periplo como héroe de Italia».

La Casa de Juan Francisco Giró, ubicada en Cerrito 586 (Ciudad Vieja) es, en sí, un monumento nacional, pues funcionó el primer Museo de la Cultura. La dirección del MHN planifica fortalecer su vocación de biblioteca y centro documental. En esta casa se encuentra el archivo fotográfico del MHN que es el fondo de fotografía antigua más grande del Uruguay.

Azpiroz aclara que las sedes pueden estar cerradas al público por diversos motivos, pero están abiertas a los investigadores, los académicos y los vecinos que deseen consultar las obras y fondos documentales.

Curadurías propias e investigadores invitados. El MHN cuenta con poco personal, aunque «muy solvente», aclara el director. «Desde el montaje a las curadurías todo se hace acá. Es un gran esfuerzo y nos sentimos orgullosos del trabajo realizado. Somos multifunción, hacemos todo lo que haya que hacer».

Diversos investigadores externos se han incorporado para colaborar con el perfil científico que el MHN desarrolla desde la dirección anterior. No se puede contratar personal, pero el Museo se ha enriquecido con el interés de profesionales que se han sumado a las líneas de trabajo. Al respecto, Azpiroz aclara: «El museo es fantástico para salvar la brecha entre las tesis de maestría, revistas con referato y el gran público. El museo, en un lenguaje accesible, debe hacerlo. Y también debe ser un espacio de construcción de un conocimiento genuino. Creemos que las  exposiciones llevadas a cabo, la de Artigas y la de Besnes e Irigoyen, cumplen esos propósitos».

Accesibilidad y estrategias simbólicas. El MHN cuenta con catálogos, pero no tiene audioguías. Algunas muestras ofrecen recursos visuales en lengua uruguaya de señas y hay una visita guiada cada viernes. Se llama Forjar la Nación y comienza en la Casa de Lavalleja con una exposición curada por Ernesto Beretta y Adriana Claveri sobre Juan Manuel Besnes e Irigoyen —como primer pintor nacional— y finaliza en la Casa de Rivera con la construcción de la imagen de Artigas.

La propuesta educativa del Museo está orientada a instituciones educativas: escolares y liceales. Hay visitas y talleres que requieren actividades previas y un acercamiento de tipo práctico durante la sesión. En algunos casos también requieren actividades posteriores.

La interacción entre el público y las exposiciones es la tradicional con algunas incorporaciones tecnológicas, por ejemplo códigos QR en la Casa de Lavalleja para ver los textos en lengua de señas. También cuentan con pantallas con información adicional. «En la exposición de Besnes se muestra la restauración de dos alfabetos que él creó dedicados a su esposa. Es un relato adicional muy lindo de ver», agrega Azpiroz.

En la agenda de la Dirección del MHN el desarrollo de las diversas estrategias de accesibilidad es relevante con «varias sedes para acondicionar», con algunas propuestas ya implementadas y otras por desarrollar.

Andrés Azpiroz: «Muchas casas, muchas cosas»

«Me pone un poco nervioso eso del perfil», confiesa Andrés Azpiroz, el director del Museo Histórico Nacional (MHN). Es joven, muy joven; tiene 31 años y explica que no es el primer director del Museo de esa edad porque «Pivel Devoto también ingresó con 31 años».

El director aprovecha para mostrar la foto de Pivel Devoto, uno de los cuadros que adorna una imponente oficina con muebles de estilo, alfombras esponjosas, una enorme biblioteca, varias obras de arte, el Pabellón Nacional y una gran mesa lustrada que sirve de escritorio. «Pivel estuvo mucho tiempo como director del Museo, 42 años, y eso está muy lejos de mi intención», aporta Azpiroz.

Dice que en Uruguay es raro que alguien de su edad llegue a un cargo de Dirección de un museo público y, por lo tanto, «comúnmente implica detallar mi currículum». Un currículum de gran fortaleza académica (es licenciado en Historia, magíster y doctorando) y con experiencia en el propio Museo, pues Aspiroz ya formaba parte del cuadro profesional del MHN. «La formación que tengo en Historia y la carrera de Museología con el perfil de museos históricos me permiten abordar este trabajo. Creo que no podría hacerlo en otro museo», dice con honestidad y calma.

Habla pausado y claro, y es conciso con los datos de su vida privada, aunque responde con amabilidad. En los temas académicos se explaya, ahonda, explica, argumenta. Lo hace con soltura y seguridad, pues maneja con habilidad las estrategias de trasposición didáctica.

Le gusta mucho la lectura, pero confiesa que ahora lee menos que antes: «No solo porque tengo poco tiempo, sino ¡porque consumo series!», cuenta mientras ríe con complicidad. Dice que aprovecha el verano para leer más, ficción fundamentalmente, porque en el año está dedicado a temas más académicas. Además de ser director del MHN, es docente de Historia del Uruguay en la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación (UdelaR) en la carrera de grado y en la Tecnicatura en Bienes Culturales.

La lectura sobre cuestiones de trabajo le demanda mucho tiempo, aunque aclara que le produce placer, también. No es necesario que confiese cuánto le gusta leer y que lo hace a diario, pues se nota en su léxico y en los datos que ofrece durante la charla.  Justo en ese momento, sobre su escritorio se observa un conjunto de revistas del siglo XX, varios ejemplares de la revista Nuestra Raza, órgano de la colectividad de color. Y agrega: «Me interesa porque Elemo Cabral era uno de los responsables de la revista y Elemo era uno de los intelectuales más importantes del Uruguay de los años 40. Era portero del MHN. Una historia interesantísima».

También le gusta la música y tiene intereses «muy amplios, muy amplios», aclara. Le gusta estar al tanto de lo que se escucha y cuenta que tiene un amigo músico a quien le pide «piques». Andrés estudió piano durante muchos años y por eso le interesa la música clásica, «en el sentido amplio del término porque no escucho solo música la del período clásico».

Cuando va a los museos, le «interesan distintas cosas»: «La DIBAM de Chile [Servicio Nacional del Patrimonio Cultural] tiene propuestas muy buenas. Hay experiencias, materiales y exposiciones que me atraen mucho. No hay un tema en particular, no tengo mi museo preferido y tampoco tengo prejuicios, aunque hay cosas que me cuestan más, el arte contemporáneo, por ejemplo. En esos casos, me sumo a una visita guiada. Tengo el ojo más entrenado para decodificar otras manifestaciones artísticas».

Es muy tecnológico, usa teléfono inteligente, computadora y todo lo que el presupuesto le permite. Tiene un niño de un año y un mes. En 2017 finalizó la maestría, fue padre, lo designaron director del museo y se mudó. «Vicente nació en enero y a la semana entregué la tesis, así que ahora ¡estoy bárbaro, a pesar de lo que implica llevar adelante todas estas casas!». Lo cuenta con naturalidad y cadencia, y para afirmarlo ríe con timidez.

Hay poco personal en el Museo —algo más de veinte personas, además de los servicios contratados de limpieza, jardinería y seguridad— y eso genera mucho trabajo, una cuestión que se ejemplifica claramente durante la entrevista. Todos los miembros del MHN son multifuncionales y el director en especial. «Intento estar al tanto de todo y procuro visitar las casas con regularidad. La Casa de Rivera [la sede principal] es muy absorbente porque se hacen las reuniones y las entrevistas. Son muchas casas, muchas cosas. Hay un guión y un proyecto, pero todo es muy diverso. Miro a Pivel y le agradezco, considero que es un discurso válido y singular que hay que mantener. Pero soy honesto y debo confesar que los problemas de gestión se multiplican por ocho y eso es difícil. Son ocho museos que son uno y se hace imprescindible tener una visión de conjunto».

Qué ver en el MHN: varias sedes para conocer el relato historiográfico del Uruguay

Casas, mobiliario, jardines, pinturas y esculturas en diversas locaciones que permiten leer el Uruguay del bipartidismo. Un acercamiento a la identidad del país.

Las sedes del MHN

Casa de Fructuoso Rivera. Rincón 437, Ciudad Vieja

Casa de Juan Antonio Lavalleja. Zabala 1469, Ciudad Vieja

Casa de Antonio Montero. 25 de Mayo 428, Ciudad Vieja

Casa quinta de Luis Alberto de Herrera. Avda. Dr. Luis A. de Herrera 3760, Brazo Oriental

Casa quinta de José Batlle y Ordóñez. Espíritu Nuevo esq. Matilde Pacheco, Piedras Blancas

Casa de Manuel Ximénez y Gómez (taller de restauración y conservación). Rambla 25 de Agosto 580, Ciudad Vieja

Casa de Giuseppe Garibaldi. 25 de Mayo 314, Ciudad Vieja

Casa de Juan Francisco Giró. Cerrito 586, Ciudad Vieja

Web y redes

«Hemos fortalecido la comunicación del MHN. Y, en especial, la de las redes que son como si fuera otra sede más. Respondemos con rapidez, bajo la idea del «servidor público», explica el director. Están en Facebook, Twitter (@mhn_oficial) e Instagram (@mhn_oficial).

«En la página web procuramos dar cuenta de lo que hacemos y en qué estamos. También mostramos lo que hacen otros. La comunicación del MHN es muy solvente, con contenidos. Quien trabaja en las redes lo hace en contacto directo con los otros especialistas. Cada texto es cuidado, ese es nuestro saber y lo que tenemos que mostrar».

Público/Privado/Costo

Museo público con entrada libre y gratuita. Consultar horarios y días libres en la web del MHN.

La tienda y la cafetería del MHN

El MHN no cuenta con tienda ni café en ninguna de sus sedes. «Son servicios que tienen que estar y no es por falta de ideas», agrega el director. «El café y la tienda están en nuestro norte. Los visitantes nos piden souvenirs también, pero hay tantas cuestiones postergadas…». Por otra parte, los museos del MHN de la Ciudad Vieja abiertos al público (Casas de Rivera, Lavalleja y Montero) están rodeados de cafés, no así las casas quinta (de Herrera y Batlle y Ordóñez).

Estacionamiento para bicicletas

En la Casa de Rivera, la sede principal del MHN: «Si una persona viene en bicicleta, no hay problemas, y los grupos se organizan previamente porque hay voluntad». En las quintas planifican, próximamente, la creación de estacionamientos adecuados puesto que son paseos propicios para hacer en bicicleta.

 

          


 

 

 

 

 

 

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