Santa Marta: Entre la selva y la montaña colombiana

Desde Colombia, por Daniel Noya


Dejamos la hermosa y coqueta Cartagena y llegamos a la más tranquila y pausada Santa Marta. Todo el tiempo se me viene la canción de Larbanois y Carrero y podríamos llegar a decir que esta Santa Marta se parece mucho a la primera parte de la canción. Si bien esta Santa Marta no es la “Villa de malvón y rosaleda, laureles en la verdad y plaza con catedral” se asemeja mucho por la tranquilidad y ese aire de ciudad pequeña.

Santa Marta es una ciudad caribeña fundada por el conquistador español Rodrigo de Bastidas y es de las ciudades más antiguas de nuestra Sudamérica. Se convierte en un destino muy atractivo ya que es el punto de partida para visitar la hermosa selva del norte colombiano, el Tayrona, y para adentrarse en la mítica Sierra Nevada. Es el medio perfecto entre el Caribe y la nieve colombiana. Todo esto enmarcado en un gran legado cultural desde la época precolombina hasta hoy. Aquí se puede hacer una infinidad de deportes relacionados con el agua, caminatas por la selva, hacer avistamiento de aves y conocer las antiguas culturas Tayrona y los Kogui. Es la combinación justa entre urbanismo y naturaleza; es por esto que Santa Marta y alrededores poseen un encanto armónico en donde se fusionan el mar, una pequeña y hermosa ciudad y un aire puro de la montaña.

El centro histórico de Santa Marta es muy pequeño y es fácilmente de recorrer en un día a pie. Es fundamental conocer su Catedral, la Plaza Simón Bolívar, recorrer su rambla (más conocido como el Malecón de Bastidas) y visitar y quedarse mirando las escenas urbanas en el Parque de los Novios. Ya pude escapar de los agiles vendedores ambulantes cartageneros y aquí me puedo disfrazar y ser un samario más (nacidos en Santa Marta). Aquí me estoy quitando mi etiqueta de turista y me estoy convirtiendo en viajero. Me tomo un bus en dirección a la selva.

La entrada al Parque Nacional Tayrona no es sencilla. Tiene capacidad para unos 6900 visitantes. Esto hace que en temporada alta haya días que no se puede ingresar. Es por esto que compre para dos días después. Para los extranjeros el precio es de unos 540 pesos uruguayos y uno puede quedarse hasta tres días. El tiempo es suficiente aunque uno querría estar una semana más.

El Parque Tayrona ofrece de las mejores playas de Colombia. Las más conocidas son Cañaveral, Piscinita, Piscina y Cabo San Juan. Cada playa es única y tiene su encanto. Unas son de una tranquilidad absoluta en donde uno puede darse baños en el mar y otras están inhabilitadas para eso por la furia del Caribe. Todas poseen aguas cristalinas y es un verdadero placer estar allí. El Tayrona ofrece desde costosas habitaciones acondicionadas en la selva a servicio de camping. Yo elegí lo segundo.

En el Tayrona hay toda una extensa red de caminos y te conectan con buena parte del parque. Por supuesto que hay caminos secundarios y no señalizados que la gente deja de lado. La curiosidad es muy grande y tomo por ellos y la recompensa es enorme; uno logra llegar a playas solitarias o alcanzar vistas únicas de la selva y el Caribe. Compruebo que todo turista que ingresa al Parque lo primero que hace es preguntar por dónde se llega al Cabo San Juan. El Cabo es la imagen icónica del Tayrona pero no significa que sea el lugar más lindo. Recomiendo adentrarse e inundarse en la selva a través del camino de “las 9 piedras”. Aquí uno siente el corazón de la selva y podes sentir, oler y escuchar un ecosistema que los uruguayos desconocemos. A medida que me voy metiendo en la selva, esta me va conociendo y me va mostrando y develando sus riquezas. En la selva recorro la zona de Cañaveral, Arrecifes y San Juan, pero el lugar que me roba toda mi atención es el sitio indígena llamado “Pueblito”. Pueblito o Chairama es un verdadero tesoro en el medio de la selva. Este es un lugar mágico tanto como su difícil camino. Es una muy buena combinación de naturaleza con cultura y deporte aventura. El camino a Pueblito lo inicio desde el Cabo San Juan. Comienzo el recorrido por senderos que ya las tribus tayronas utilizaban hace 500 años. Se trata de un camino de difícil acceso atravesando gigantescas rocas durante unas difíciles y transpiradas dos horas. Ahora recuerdo que en el Tayrona nos hablaron de los “guardianes escondidos”: estos son guerreros que se convirtieron en piedras para cuidar eternamente estos lugares. El camino es todo en ascenso y uno no tiene respiro. Para esto es necesario tener un buen calzado y un correcto estado físico. Llego y camino por el pequeño pueblo, camino por sus casas, senderos y plataformas y me quedo sentado mirando esa escena casi congelada en el tiempo y me quedo contemplando la sencillez del lugar y de su gente mientras trato de recuperarme del ascenso. En el lugar viven muy pocas personas y evitan el contacto. Claramente estamos y seguimos invadiendo. Vuelvo por el mismo camino en silencio.

Otro destino que visito es el pequeño pueblo llamado Minca. Se encuentra a unos 14 kilómetros de Santa Marta en la entrada a la Sierra Nevada y llego a través de unas pequeñas combys que te llevan del mercado hasta la entrada a Minca.  Es un lugar pequeño pero que abre largos brazos en forma de caminos para llegar a lugares recónditos y hermosos. Minca se encuentra a unos 650 metros de altura y está rodeada de una espesa vegetación. Tras instalar la pequeña carpa y aliviar el peso de la mochila marcho para Pozo Azul y para la Cascada de Marinka. Son dos lugares diferentes que se acceden tras unas largas caminatas. Son lugares hermosos en donde el agua viene desde lo alto de la montaña y con una temperatura muy fría pero que con el calor de la caminata te invitan a meterte allí.

Los paseos a los picos nevados y la famosa y marketinera Ciudad Perdida (Teyuna) son muy costosos pero viendo el mapa de Minca en frente a la terminal veo un nombre que me queda en mi mente y me resulta muy seductor: Mundo Nuevo. No me queda claro si es un pueblo, un asentamiento, un hospedaje o simplemente un mirador. La gente de Minca dice que se llega en 1 hora y 20 minutos en un camino muy empinado. Comienza el ascenso. Es agotador y cuando uno dice “ta, no doy más”, ahí aparece. Llego y recibo un hermoso mensaje de bienvenida de un hombre que esta trabajando: “bienvenido al Mundo Nuevo”. Entro y recorro el lugar y veo que es hospedaje con las mejores vistas de las montañas. Mundo  Nuevo es más. Hablo con su gente y es un espectacular proyecto cooperativo. Es un establecimiento orgánico dedicado a la sostenibilidad y la educación para la preservación de los recursos naturales de la tierra. Mundo Nuevo es una comunidad que busca crear un modelo de desarrollo justo, autónomo y equilibrado para las personas y el medio. Es una comunidad compuesta por franceses, belgas y colombianos en un proyecto de trabajo compartido y de igualdad para todos. Ellos buscan lograr la autosuficiencia con respecto al alimento, agua y energía. Es un proyecto que ya tiene tres años y en donde se trabaja conjuntamente con comunidades indígenas de la región. Justamente es una interesante mixtura entre la cultura occidental y la cultura indígena de la Sierra Nevada. Aquí paso dos días pero que fueron muy enriquecedores. Aquí visito el poblado indígena y puedo ver dos atardeceres soñados en donde el sol va dejando de iluminar a las montañas para esconderse detrás de ellas.

Mundo Nuevo es el lugar perfecto para perderse del mundo o mejor, para encontrar uno más lindo.

Ahora sí, nos vamos para el norte de nuestra Sudamérica y visitamos la Guajira colombiana, allí donde el mar se junta con el desierto.

Be the first to comment

Leave a Reply

Tu dirección de correo no será publicada.


*