“Zitarrosa es un padre musical, espiritual y poético para nosotros”. Entrevista al actor y músico Rodrigo de la Serna

El popular actor y músico argentino Rodrigo de la Serna llega con su agrupación, El Yotivenco, a la Sala Cantegril de Punta del Este. Será este sábado 27 y domingo 28 a las 21 horas cuando presenten su espectáculo “Estilos criollos”. De la Serna contó a Granizo, entre otras cosas, cómo transita estos dos caminos – la música y la actuación – , cuáles fueron los mojones de su carrera y cómo vive la experiencia de que su hija también se haya volcado al teatro.


Entrevista de Mauricio Rodríguez

Si alguien pronuncia su nombre, rápidamente lo asocia a las tablas y a los sets de televisión. Sin embargo, en Rodrigo de la Serna (41) conviven, casi desde la misma época en que abrazó la actuación como modo de vida, el actor y el músico. Es una veta suya menos conocida pero que desarrolla desde hace más de una década con El Yotivenco – “conventillo” al revés – , su banda de música criolla argentina con la que presentan “Estilos criollos”. El Yotivenco está integrado además por los guitarristas Juan Pablo Díaz Hermelo, Blas Alberti y Fabio Bramuglia.

De la Serna es uno de los más populares actores de su generación. Ganó tres premios Martín Fierro y un Premio Independent Spirit, También fue nominado al BAFTA y ganó un Cóndor de Plata por su papel de Alberto Granado en la película “Diarios de motocicleta”, la misma con la que Jorge Drexler ganó su Oscar por mejor canción. El filme, que era protagonizada por el actor mexicano Gael García Bernal, recreaba la etapa juvenil de Ernesto Che Guevara, que es a su vez primo lejano de Rodrigo de la Serna.

En televisión participó en diversas tiras – desde “Campeones” hasta “Vulnerables” – pero fue “Okupas” la que le dio el primer gran salto de popularidad. Que luego se multiplicaría con Lombardo, el personaje que interpretó en la serie “El puntero”. En cine hizo más de 10 películas, entre las que se destaca su papel como José de San Martín en el filme “San Martín: el cruce de los Andes”.

Su hija Miranda, fruto de su relación con la actriz Erica Rivas, de quien se separó en 2010, también decidió dedicarse a la actuación.

Has dicho que el músico y el actor conviven en vos, ¿puede decirse que el segundo se adelantó al primero y que ahora se están equilibrando?

Mira, la música estuvo presente en mí desde el vamos. Mi vieja es Licenciada en Arte y siempre se la pasó escuchando discos para sus estudios. Mi abuelo también fue muy cultor del tango. Pero claramente la expresión corporal fue algo que dominó mi vida, desde niño ya era muy payaso (risas). Y tuve el tino de entrar a un curso de teatro a los 12 años. Debuté en teatro a esa edad. Entonces capaz que sí, esa faceta se adelantó un poco a la otra. A los 18 años, cuando ya estaba trabajando profesionalmente como actor, empecé a estudiar guitarra y la música se fue dando más lenta pero a pasos seguros y firmes.

En una entrevista comentaste justamente que a los 18 años escuchabas rock, pero luego se te dio por los ritmos rioplatenses, ¿qué sucedió en ese momento para que te volcaras más a lo criollo?

Creo que es una música que nos corresponde naturalmente. La heredamos naturalmente. Yo me siento parte de esa cultura, como argentino y sudamericano es la cultura a la que pertenezco. Es un tesoro que se amasó durante muchas décadas y sería trágico soslayarlo. No conectar con eso es como negar nuestras tradiciones, nuestras raíces, nuestra identidad como pueblo. En el barrio en el que yo me crié, que es el Bajo Belgrano, era un barrio casi en la periferia de la ciudad. De casas bajas. Yo nací en el 76 y en esos tiempos tenía una impronta y una filosofía muy tanguera. Estaba cerca del hipódromo, entonces había muchos stud de caballos, con almacenes en las esquinas y todo ese folclore “chamarritero”, “milonguero”. Era un barrio muy tanguero y por las radios AM del barrio salía todo el tiempo un “efluvio” tanguero. Esas emanaciones criollas estaban ahí y yo me crié en ese lugar. Por supuesto que el rock nos llega en algún momento, sobre todo en la vida del adolescente, donde aparece con mucha fuerza. Yo era fanático del rock argentino, pero esa base estaba ahí y a eso se agrega el contacto con el interior del país. Por ejemplo, con el folclore en Córdoba. Ahí aparecen Mercedes Sosa o Atahualpa Yupanqui. Y pasó que a los 18 años escuché por primera vez al Polaco Goyeneche. Lo escuché “a conciencia”, porque a esa edad uno ya está un poco más despierto.  Y ahí recibí como una especie de epifanía, fue un rayo de luz la voz del Polaco. Nunca me habían hablado de una manera tan directa, tan íntima y tan profunda. Con la orquesta de Raúl Garello, además. Ahí aparece también la cuestión orquestal, que dialoga con la voz del Polaco. Todo eso se combinó de una manera brillante en mí. Lo recibí con mucha fuerza, y decidí ponerme a estudiar guitarra. Y empecé desde ese lugar, con la milonga y el tango.

“A los 18 años escuché por primera vez al Polaco Goyeneche y recibí como una especie de epifanía”, dice De la Serna

Has dicho también que la música fue para vos una forma de militancia, ¿que significa eso?

Una militancia cultural. Convengamos que la industria cultural se impone de manera muy vehemente hacia otra dirección. Entonces es una manera de resistir culturalmente, conectar con lo sagrado de esas poéticas y esas músicas. Que, repito, no solo nos conectan a una identidad como pueblo sino también a cuestiones espirituales más profundas. A nuestros ancestros, a poéticas más elevadas. A mi criterio, al menos. Entonces con El Yotivenco haber estado, por ejemplo, en el Teatro Astral en la calle Corrientes, que es uno de los teatros más grandes, y haberlo podido llenar, es una manera de resistencia cultural. No solo nuestra sino también del público que se está acercando a conectar, por un rato por lo menos, con eso.

La popularidad que lograste obviamente ayuda mucho a la difusión del Yotivenco como proyecto musical y cultural …

Sí, es algo que lo tenemos claro con los muchachos. Y es algo que hay que aprovechar. En la Argentina soy una persona que viene laburando en los medios como actor hace muchos años, y eso por ahí nos da una visibilidad que de otra manera no podríamos tener.

Recién hablabas de militancia. Tú tenés un parentesco con el Che Guevara, ¿eso te ha jugado a favor o en contra en algún momento?

No, para nada afectó, o en todo caso a favor. De hecho, hice la película “Diarios de motocicleta”, que recrea el viaje del Che por todo América Latina junto a su amigo Granado. Y fue una casualidad, una coincidencia hermosa. El director se enteró de mi parentesco y no sé si lo ayudó eso para tomar la decisión de que estuviera yo en la peli, pero quizás fue “el porotito final” (risas). Y está buenísimo. Así que no, para nada me jugó en contra.

¿Cuáles dirías que son tus mojones artísticos? Supongo que Lombardo, el personaje que interpretaste en “El Puntero” puede llegar a ser uno…

Bueno, el primero y no muy conocido fue “CyberSix”, que fue la primera vez que hice un programa de televisión en mi vida. Yo tenía 18 años y era un cómic y yo hacía de un villano muy al estilo de la serie Batman. Fue lo primero que hice en televisión y me dije “bueno, estoy como para hacer esto en serio”. Fue un programa que se emitió en la década del 90. Después, algo muy importante fue “Okupas”, que cambió mi carrera y mi vida profesional para siempre. Fue uno de los personajes más dramáticos vinculado al realismo argentino. Y también me di cuenta ahí que podía hacer personajes de carácter dramático. Y eso empezó a darme otro tipo de laburos, y fue maravilloso. Otro importante fue sin dudas “Diarios de motocicleta”, que me dio además la posibilidad de conocer este continente, de caminarlo, de tener otros amigos y de sentir que mi pertenencia y mi casa se habían expandidos. Y mi profesión también, porque recorrimos todos los festivales más importantes y prestigiosos del mundo. Y fue muy bien recibida en todas partes. En Londres me pasó que me reconocían por la calle. Fue muy loco. Y después, sí, Lombardo en “El Puntero” fue sin lugar a dudas una explosión expresiva que se dio en ese momento. El personaje más divertido que hice en mi vida. Y alcanzó una enorme popularidad.

¿Qué herramientas del actor usas a la hora de hacer música y viceversa?

Bueno, el actor se pone al servicio de esos textos, esa poética tan profunda que te decía. Uno puede acceder vocalmente a comunicar eso, pero hay algo más allá de lo vocal. Hay algo espiritual. Esas atmósferas que evocan esas poéticas. Y eso uno no lo interpreta no solo con el cuerpo, se intenta una conexión espiritual con esas poesías. Las intenta comunicar no solo vocal y físicamente, y eso es un trabajo de actor. A la hora de interpretar un texto también, ¿no? O como moderador del show, o el humor que aparece, por ejemplo, en los chistes entre canción y canción. El actor es el maestro de ceremonias y ahí aparece como otro personaje. Entonces el actor le presta muchísimo al músico.

La vida artística tiene sus ondulaciones, ¿cómo es ser artista hoy en tu caso?

Bueno, lo que tiene de lindo el trabajo artístico es que cuanta más crisis hay, uno tiene más necesidades expresivas. O de querer comunicar algo. Hay emergencias que colocan al artista en una situación de incomodidad y eso paradójicamente lo hace crecer artísticamente, porque aparecen otras cosas. Son momentos de mucha crisis los de hoy en mi país. A nivel productivo ha bajado todo y hay mucho recorte. Y a nivel cultural imagínate, es una de las primeras cosas que empiezan a recortar. Así que es un momento de resistencia, me parece. Tengo la suerte de tener laburo pero hay mucha gente que no tiene en este momento esa suerte. ¡Qué sé yo! Hay que resistir.

¿Cómo elegís a los personajes que vas a interpretar? ¿Qué deben tener para que aceptes ponerles tu cuerpo y tu alma

Bueno, a veces está también la necesidad de trabajar (risas). Uno siempre trata de poner en la balanza todo, ¿no?

¿Te ha pasado mucho eso de aceptar algo por la necesidad laboral y no por la cuestión artística?

Sí, muchas veces. Lo que pasa es que uno trata de hacer las cosas lo mejor posible. Y pasa que siempre hay cosas positivas: o el director te gusta cómo labura, o hay compañeros con los que podés “tirar paredes” y jugar y divertirte un poco. Incluso hasta en un contexto poco favorable intentar comunicar algo, alguna inquietud o invitar a la reflexión sobre algún punto en particular. Son muchas cosas las que entran en danza y uno hace un poco de equilibrio y termina eligiendo en función de distintas variables.

En este presente de crisis que mencionabas tu hija está incursionando en la actuación, ¿cómo lo vivís?

Me da un orgullo increíble que mi hija haya elegido esta profesión que a mí me ha dado tantas satisfacciones. Sé también lo duro que es. Pero bueno, ella se crió con dos actores, mi ex mujer es una actriz extraordinaria, de las grandes. Y nuestra hija se crió con sus padres hablando de actuación, las inquietudes artísticas siempre estaban arriba de la mesa. Y ella se crió en esa mesa. Pero además tiene un talento innegable, una potencia expresiva que a mí me asombra. Actuamos los tres juntos en una película cuando ella era muy chiquita, tenía nueve años. Pero me da orgullo y ella sabe que es un camino largo en el que hay que ir paso a paso. Tiene una cierta presión encima porque sus padres son los que son pero lo está manejando muy  bien, ha estudiado mucho para la corta edad que tiene. Tiene 17 años y ya hace cuatro que estudia actuación. Ya hizo su obrita de teatro y le fue muy bien. Está haciendo su camino, la estamos acompañando y estamos muy orgullosos.

¿Qué consejo le has dado respecto a este oficio?

No te olvides que esto es un juego.

Con el Yotivenco “hacemos milongas camperas, milongas más ciudadanas, milongas más “pícaras”, chamarritas, rasguidos dobles, litolareñas y gatos cuyanos”

Volvamos al Yotivenco, ¿cuál es la propuesta artística del grupo?

Lo que estructura el espectáculo es lo guitarrístico. Somos tres guitarras y un guitarrón y el repertorio se arma a partir de ese formato. Uno puede recorrer así, con ese formato, casi toda la diversidad criolla. Hacemos milongas camperas, milongas más ciudadanas, milongas más “picantes”, más “pícaras”, chamarritas, rasguidos dobles, litolareñas y gatos cuyanos, que es un género muy virtuoso, que requiere de mucha velocidad y precisión en el toque. Después entra el bandoneón y hacemos algunos tangos, pasamos a candombes y entran los tambores. Se llama “Estilos criollos” el espectáculo y es justamente un recorrido por toda ésta diversidad que te comento. Estas músicas que se han desarrollado por estos pagos. Música criolla que es nuestra patria cultural, una patria que no reconoce estas fronteras que se dan por divisiones políticas o algunos intereses particulares. Me parece que pertenecemos a una misma patria cultural. Por lo tanto lo que hacemos es una fiesta de la música criolla.

Alguna vez mencionaste como un referente a Alffredo Zitarrosa…

Sí, hacemos algunos temas de don Alfredo Zitarrosa. Es como una especie de padre musical, espiritual y poético para nosotros. Para todos los que escuchamos y tocamos música criolla. Como Atahualpa Yupanqui. Son dos veidades gigantes que están todo el tiempo tirando música y poesía.


 

2 Comments

Leave a Reply

Tu dirección de correo no será publicada.


*