Abanderados, escoltas y guardianes orientales

Desde España, por Joaquín DHoldán


Cuando me dijeron que iba a ser abanderado sentí que era un premio por mis buenas notas, pero también traía implícito un mensaje, tenía un lugar no tan destacado, de hecho, iba a ser escolta de la de Artigas. Podía ser peor, me podía haber tocado la de los Treinta y Tres, que en realidad me gustaba más porque tenía letras. El abanderado de la de Artigas era el mejor de la clase pero tenía muy mala conducta según las maestras, hago la salvedad porque su pecado era no poder parar de hablar bajo ninguna circunstancia. (Para proteger su intimidad no diré que se llama Enrique Amestoy y nos referiremos a él como E.A.)

Como E.A. no paraba de hablar lo pusieron conmigo que era bastante callado en aquella época llena de sabiduría. A poco de ser nombrado descubrí que el premio era una caramelo envenenado: Mi madre le contaba a los vecinos que era abanderado (por otra parte todo el mundo parecía tener dos obsesiones, primero suponer que era lógico porque era un callado y estaba todo el día leyendo, y luego preguntarme qué bandera me había tocado y poner una carita especial cuando sabían que no era el Pabellón Nacional, faltaba que alguno dijera “bué, tan inteligente no serás”). Había que ir a todos los actos, a todos, incluso a los que a veces no había que ir, como nací un 25 de agosto, me hacían trabajar gratis de portabanderas en mi cumpleaños. Y además E. A. no paraba de hablar, incluso en los actos. Escondido tras el mástil tenía la impunidad de comentar todo lo que pasaba en el patio, en el coro, afuera de la escuela. Logró que nos amenazaran con degradarnos a la bandera de los Treinta y Tres, que era mi favorita. Cabe aclarar que E.A. era el más popular, hubiera sido abanderado por votación, gracias a que hablaba con todo el mundo, todo el tiempo. Mi caso era distinto. La exposición me fastidiaba y lo de mi cumpleaños más aún. Además que durante el himno estabas obligado a hacer un correcto playback porque estabas ahí adelante de toda la peña.

La historia siguió en el liceo. Un día nos llamaron a la dirección. Llámenlo casualidad pero éramos los mismo abanderados del colegio. Entre que yo mejoré mis notas y E.A. empeoró su conducta el orden de las banderas se había modificado. La directora me dijo que me correspondía el Pabellón Nacional, en empate técnico con la misma compañera que lo había tenido en la escuela. Tuve la brillante idea de pedirle que me exonerara de tal honor. Ser un buen estudiante en nuestro liceo era una cosa pero exponerlo públicamente ante la jauría era demasiado. Mis notas eran buenas por ese motivo, por el deseo de terminar rápido con aquello y huir lo más pronto y lejos posible. No necesitaba el premio de asomar la cabeza y venir todos los feriados. Era el  último año de dictadura, la adscripta, que le encantaba que fuéramos de uniforme y usáramos el pelo que no tocara el cuello de la camisa, se puso furiosa. Dijo que el honor de ser guardián de la bandera era tan grande, que no aceptarlo era similar a escupir en la misma. Con otro de los compañeros, que tímidamente expuso algo similar a mi idea, agregando que sufría “bulling” (aunque todavía no se llamaba así), negociamos estar juntos en la bandera de los Treinta y Tres, con él como escolta. (Un pequeño detalle, si los abanderados hubieran sido electos por votación del alumnado, los elegidos hubiesen sido los acosadores ya que los tendríamos que haber votado para evitar que nos bailaran un malambo donde se termina la espalda). Todo transcurrió,  salvo porque E.A. seguía sosteniendo la de Artigas y cada vez que pasaba por su lado decía “escolta pelo golda”. Era para hacerme reír y funcionaba tan bien que estuve tentado todos los actos del liceo recordando el chiste del “guardián chinito”. (Una historia ancestral de un oriental que persiguió a una reina desnuda mientras ella gritaba “escolta, escolta”, y él remataba el chiste, que ahora sería muy incorrecto por acoso sexual).

Tuvieron que pasar varios años para que ser abanderado lo pudiera percibir como algo positivo. Iba con mis alumnos de “Odontología social” a una escuela para discapacitados. Eso significa que estaba lleno de niños pobres. La directora tenía un criterio admirable para la designación de los abanderados. Cada festivo nombraba a uno distinto, en base a los méritos y esfuerzos de cada uno de cara al acto correspondiente. En ese pack, más allá de las notas (que son un resultado de las circunstancias y habilidades), estaban el compañerismo, el esfuerzo, la generosidad, la evolución. Y que rotara de mano en mano no sólo democratizaba el  premio sino que servía de estímulo, de reconocimiento, era parte de la enseñanza primaria. Siempre pensé que era la forma correcta de hacerlo, y jamás entendí porque no se hacía en todas las escuelas.

No se trata del más popular, de las mejores notas, es algo mejor, se llama educación. Y ya que estamos, en vez de discutir lo superficial como el color de la túnica, creo que ha llegado el momento de saber que la escuela debe tener una asignatura que se llama “Teatro”. Eso va a cambiarlo todo. Y de paso dar “Música”, “Cine”, “Literatura”, “Pintura”. Y en lugar de educación física yo metería “juegos” y por supuesto “Danza”. Si además ponemos una asignatura de “Comics”, cuenten conmigo para llevar esa bandera. Será un honor ser el guardián de un  país que prioriza la educación antes que todo.


Ilustración: Emiliano Martínez

3 Comments

  1. Muy lindo lo que escribiste. Yo agregaría unas cuantas cuestiones más que van a lo más concreto…sin lugar a dudas varios, pues yo me sumo a ti en esto de que deberíamos discutir lo que sí hace a la educación de un país, realmente apostar y jugarnos por ella. Un país que maneja discusiones superficiales va por mal camino, y lograrlo tan fácilmente lo demuestra cada día más.Abrazo desde Uruguay!!

  2. JOAQUIN NUNCA FALTA EN TUS TRABAJOS ESA VETA HUMANA QUE SIEMPRE TE CARACTERIZO,LO QUE SUMADO A TU TALENTO CREADOR,TU HUMILDAD Y SENCILLEZ, TE CONVIERTEN EN UN ESTUPENDO NARRADOR, ME ENCANTAN TUS RECUERDOS DEL PAISITO NATAL,SENAL CLARA QUE NUNCA TE HAS OLVIDADO DE EL, DE NOSOTROS, TODOS LO QUE SIEMPRE TE VALORAMOS EN SU JUSTA MEDIDA.NOS ALEGRA SOBREMANERA QUE TE MANTENGAS AUTENTICO,CREADOR HASTA EL INFINITO,Y TE SENTIMOS PRESENTE AUNQUE UN GRAN CHARCO NOS SEPARE FISICAMENTE.

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