Creer. Por Helena Chelle


Éste y otros textos que se irán publicando en estos días fueron escritos en 2018, durante el taller Escritura del sentir, de Uni 3, una universidad de educación no formal. Ni Óscar, ni Cecilia, ni Blanca, ni Eduardo, ni Mónica, ni Helena, ni Cristina, (ni las demás personas que participaron de este taller) son escritores. Incluso, muchos de ellos nunca habían escrito ni una sola línea. Desde el primer día ellos aceptaron mis premisas y mis condiciones: el taller era para escribir desde la experiencia y el objetivo principal, era entregarse a la hoja en blanco para intentar alcanzar alguna verdad. O la verdad de cada uno, que, en definitiva, es a la única a la que nos podemos acercar. Escribieron sobre el amor, sobre la muerte, sobre la nostalgia, sobre la soledad, sobre la infancia, el dolor, la desilusión, los sueños, los maestros, pero sobre todo, escribieron sobre lo que ellos quisieron. Y de a poco empezaron a abrirse, a no tener miedo a decir, ni a escribir, a entender que poner en palabras las heridas es una buena forma de sanarse o que narrar un lindo recuerdo es la manera más efectiva de hacerlo eterno.

Estos son algunos de sus textos. Y los invito a leerlos, porque estoy orgullosa de ellos y porque realmente vale la pena hacerse este regalo.

Soledad Gago


Creer

Por Helena Chelle

Dejar de creer para empezar a creer. Muchas de las cosas en las que creía cuando niña o adolescente resultaron ser fantasías de un mundo inventado, creado para evadir ciertas realidades difíciles de tolerar. Muchas de las ideas que tenía y pensaba eran mías, resultaron ser impuestas por mi entorno: mi familia, mis padres, la escuela, la sociedad.

Pensar o creer que ser una niña ‘sote’ era la única manera de tener éxito en la vida, que el portarme ‘bien’ sin enojar a los demás era la manera para que los otros me quisieran, que tener dinero o prestigio me iban a hacer importante, que tener novio y casarme era lo que necesitaba para ser feliz, son algunos de los ejemplos de esas creencias en las que tuve que dejar de creer para poder ser yo.

¿Cuándo dejé de creer?

Cuando la vida me fue demostrando que todas mis creencias eran falsas, eran una ilusión de un mundo soñado. Cuando empecé a creer en otros valores, cuando comencé a tenerme en cuenta y a darme importancia, cuando empecé a cuidarme y atenderme como me merezco. Cuando dejé de creer para empezar a creer.


 

Be the first to comment

Leave a Reply

Tu dirección de correo no será publicada.


*