Desde Cajamarca, la ciudad del Inca, a la Cordillera Blanca


Por Daniel Noya

Cajamarca se encuentra en la sierra norte del Perú. Es una ciudad donde se puede sentir y ver la historia. Cajamarca es la ciudad donde se produjo la famosa captura del Inca Atahualpa; se puede visitar el “Cuarto de rescate” donde los Incas llenaron una habitación de oro y plata para rescatar a su emperador. El cuarto se llenó hasta donde el Inca levantó la mano, pero los conquistadores igualmente no cumplieron su promesa. El oro y plata llegaron de los más diversos lugares del Tahuantinsuyo. Es de destacar que el Cuarto de Rescate es la única reliquia Inca de la ciudad, ya que el resto fue destrozado por los españoles. Cajamarca lleva una impronta muy especial; podemos ver una Cajamarca Inca, una colonial y otra, la contemporánea. El punto central de la ciudad es la Plaza de Armas. Conserva una estética con sus formas coloniales y es muy similar a la Plaza de Cusco. Es considerada una de las plazas más bellas y antiguas del país. Alrededor de la plaza podemos observar las principales de iglesias de la ciudad: La Catedral y San Francisco. Ambas son de estilo barroco. Siempre nos gusta llegar a lo más alto de la ciudad y es así que llegamos al Mirador de Santa Apolonia. Se puede acceder por las trescientas escaleras. No obstante, al llegar todo el cansancio y la falta de aire queda recompensado por la maravillosa vista que se obtiene. Estuvimos muy poco tiempo en Cajamarca y nos quedó mucho para ver. Por supuesto que recorrimos sus calles, plazas, mercados, ferias y hasta presenciamos una presentación de los instrumentos del clarinero y cajón cajamarquino. La situación es graciosa; entramos al predio de la iglesia donde se desarrolla el encuentro de músicos de Cajamarca y nos reciben los organizadores y tras las preguntas de donde soy y que estoy haciendo, al responderles que estoy registrando las realidades de nuestro continente, me invitan a pasar y me explican la importancia de su música y de sus instrumentos. Incluso para que nos quede el registro, la mujer que me recibe y organizadora llama a un músico muy pequeño (unos 7 años aproximadamente) y lo hace tocar el larguísimo clarinero en un patio interno de la iglesia para que pueda grabarlo y llevar esto a muchos lados. En cada palabra que dice ella se le desborda un enorme orgullo de su tierra y de su cultura. También se presenta su marido y me regala un libro sobre los versos de los carnavales de Cajamarca. El sonido de los Andes se metió en mí. El mismo viento que acaricia las montañas de nuestras tierras pasa ahora por ese instrumento y luego se mete en nosotros en forma de hermosa melodía. Lo mismo que el sonido del cajón que emula el latir de un corazón que lucha y sobrevive para que estas historias no se olviden. Una ciudad para quedarse más de tres días.

Uno de los lugares que más me impactaba en la hora de la preparación del viaje era la llamada Cordillera de Huaraz o Cordillera blanca. Las imágenes pintan una zona repleta de montaña con hermosos valles y toda una infinidad de caminos para meterse. Unir Cajamarca con la zona de Huaraz es complicado y para eso tenemos que tomar un bus para la ciudad costera de Chimbote y de ahí esperar para luego tomar otro bus a Caraz. El primer trayecto lo hacemos viajando toda la noche y el otro tramo son unas cuatro horas. Seguimos atravesando Perú a través de su cordillera de norte a sur y los viajes son largos, nocturnos, zigzagueantes y aventureros. Todos estos días son sumamente divertidos, son días de la mejor comida del viaje, del peor internet y de las sonrisas más sinceras y puras. Los peruanos nos reciben con toda su simpatía, parece que la tierra reconoce que ya habíamos estado acá hace años.

El significado de la palabra quechua Huaraz es amanecer. Mayormente el clima de la región es seco y templado. Entre los meses de Mayo a Septiembre, su clima es el llamado “Verano Andino”; aquí el clima es agradable en esta época del año, con días con un sol protagonista y brillante siendo igualmente las noches muy frías. Las lluvias se hacen presentes entre los meses de Octubre a Abril.

Mi idea es atravesar la zona de norte a sur y por eso es que nuestro primer lugar a visitar es el pueblo de Caraz. Es un pequeño pueblo ubicado a unos 67 kilometros de Huaraz y a unos 2250 metros sobre el nivel del mar. Hablamos de un pueblo dedicado a recibir viajeros, a la elaboración de dulces y a la producción de flores. Caraz es un jardín de la cordillera. A unos 34 km al este del pueblo se encuentra la laguna de Parón. Dicha laguna se ubica a unos 4200 msnm y se encuentra bajo la mirada y el cuidado del gigante nevado Pirámide Garcilaso de unos 5885 metros. Para conocerla me levanto a las 5 de la mañana y me dirijo a una terminal de carros que salen para la zona. Espero que todos los asientos se ocupen y así salimos para la laguna. Los ocupantes son un alemán y dos maestros que paran en un pequeño pueblito para dar clases en una escuelita rural. Llegamos y nos espera una larga caminata de unas cuantas horas. Caminamos, paramos a descansar y a desayunar y seguimos viaje. En el comienzo empiezo el camino con el viajero alemán pero este se muestra un poco apurado y se me adelanta. Caminamos por el sendero pero en ocasiones tomamos caminos secundarios pero que nos acercan a nuestro destino. El camino principal es de tierra y, al parecer, pasan vehículos. Ya caminando los últimos kilómetros y por el camino principal es que pasa una camioneta y me tiro desesperado haciéndole dedo. Tengo suerte y adelantamos bastante, llegando directamente a la laguna. Es un lugar que su belleza me deja con los ojos bien abiertos por largo tiempo. Es una combinación perfecta entre la laguna verde turquesa y las montañas que la rodean. El lugar es hermoso y más lo es por su soledad y su silencio. Estoy yo y una familia de colombianos quienes están paseando y un lugareño quien está en la laguna con su pequeño barco. Ese barco y la laguna hacen que nos arrimemos a hablar con el señor y ver si se puede navegar. Me junto con la familia y empezamos la negociación. Navegamos y nos internamos en sus aguas y para nuestra sorpresa, el agua se torna aún más verde. El viento muy suave y el remo en el agua son los únicos sonidos en este paraíso perdido. Luego vuelvo a la costa y rodeo por un lado a la laguna. Quiero seguir recorriendo el lugar pero estoy sin auto ni carpa y hay que volver para Caraz. Justo cuando estoy llegando al camino veo a la familia colombiana en camioneta y me dicen si quiero subir. Dudo pero finalmente subo y llegamos a la tarde a Caraz y sigo disfrutando de su plaza y de la comida peruana en sus locales callejeros.

Nos dirigimos al siguiente pueblo en esta Cordillera Blanca: Yungay. Nos trasladamos 15 kilómetros por el corredor que une a los diversos pueblos y llegamos al pueblo con el objetivo bien marcado de conocer uno de los lugares más increíbles de la cordillera: la Laguna 69. En cuanto a Yungay podemos decir que es una ciudad muy joven ya que fue fundada en 1970 pero tiene un pasado de siglos ya que la Yungay que estamos pisando es la hija de la antigua ciudad española de Santo Domingo de Yungay levantada por la conquista en 1540. Está en 1970 fue sepultada por un alud debido a un terremoto. Es así que a pocos metros se levantó luego la nueva Yungay. Las crónicas y la prensa de la época hablan de este suceso como la mayor tragedia en toda Sudamérica provocada por un terremoto. La gente de la región recuerda muy bien la fecha: 31 de mayo de 1970. El terremoto mayormente no generó incidentes en el pueblo pero lo peor estaba por venir. El terremoto hizo desprender un gigantesco bloque de hielo y nieve de dimensiones gigantescas y en 45 segundos destrozó todo el pueblo. Esta historia nos impacta y más al ver al poderoso Huascarán y otros nevados muy cerca del pueblo.

Salimos muy temprano. Vamos a la terminal y buscamos los carros que nos llegan hasta allá. Tras hablar y negociar precio y condiciones, decidimos partir. El Auto nos deja en un punto en la ruta y de ahí tenemos tres horas de caminata con un duro tramo final hacia arriba. Arreglo también la vuelta con el mismo carro. Al auto subimos varias personas pero todos se quedan sobre la Laguna de Llanganuco. Bajamos, sacamos unas fotos y seguimos viaje a la Laguna 69. Pagamos solo la ida y quedamos en una hora programada para el regreso. La caminata empieza siendo llana, muy agradable bordeando un rio y con un clima cálido, cielo azul y una briza que acariciaba al cuerpo. A medida que nos internaos en la cordillera comienza a cambiar y ya se siente un viento más fuerte y la roca comienza a mandar. A los 4600 metros baja directo del nevado el agua transparente que forma esta laguna. Me quedo unos largos minutos y luego comienzo el descenso; casi corriendo porque me quedába sin transporte para volver al pueblo. La cordillera nos mira, nos deja entrar, nos cuida y nos muestra su silencio perpetuo.


 

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